Saltar al contenido
Fotografía de la fachada exterior de Antiguo Depósito de Aguas de Dolaretxe resaltando sus principales elementos arquitectónicos.

Bilbao

Antiguo Depósito de Aguas de Dolaretxe

Un centinela silencioso del pasado de Bilbao

Enclavado a los pies de la Basílica de Begoña, el barrio de Dolaretxe es un pequeño oasis en pleno centro de Bilbao. Su historia se remonta a principios del siglo XX, cuando en 1913 el arquitecto Enrique de Epalza diseñó y construyó 18 chalés para familias acomodadas de la Villa.

El nombre "Dolaretxe" proviene del euskera y significa "casa que tiene un lagar", haciendo referencia a un antiguo caserío que existía en la zona, rodeado de viñedos.

Este barrio residencial, caracterizado por sus viviendas unifamiliares y su tranquilidad, ha mantenido a lo largo de los años un carácter único, resistiendo el paso del tiempo y los cambios urbanísticos de su entorno. A pesar de estar rodeado por bloques de viviendas más modernos, Dolaretxe ha conservado su esencia, convirtiéndose en un testimonio vivo de la historia de Bilbao.

El Depósito de Aguas: Testigo de una Época

En este contexto histórico y arquitectónico, se alzaba el antiguo depósito de aguas de Dolaretxe. Cada vez que mis pasos me llevaban por allí, no podía evitar alzar la vista hacia aquella torre de agua. Su presencia era un recordatorio constante de otra época, cuando el suministro de agua a los hogares era todo un desafío de ingeniería.

El depósito, con su característica forma cilíndrica sobre altas patas de hormigón, destacaba como un anacronismo en medio del paisaje urbano moderno. Su función original, vital en su momento para abastecer de agua a las viviendas del barrio, hacía tiempo que había quedado obsoleta. Sin embargo, ahí seguía, como un monumento no oficial a la historia del desarrollo de nuestra ciudad.

Imagen de recuerdo del Antiguo Depósito de Aguas de Dolaretxe

La Pérdida de un Icono Urbano

Lamentablemente, en 2021, la decisión de demoler esta estructura marcó el fin de una era. Con su desaparición, Bilbao perdió no solo un elemento arquitectónico singular, sino también un trozo tangible de su historia. Es una pérdida que nos recuerda la importancia de preservar nuestro patrimonio industrial y urbano, o al menos, de documentarlo exhaustivamente para las generaciones futuras.

La demolición del depósito de Dolaretxe me hizo pensar en otras estructuras similares que han ido desapareciendo del paisaje bilbaíno. Recuerdo, por ejemplo, otro depósito más bajo que existía en la zona industrial de Zorrozaurre, que también sucumbió al paso del tiempo y al desarrollo urbano. Aunque quizás en una zona industrial su presencia pareciera más lógica, no deja de ser otra pieza perdida del puzle histórico de nuestra ciudad.

Foto de otro antiguo (y ya desaparecedo) depósito de aguas en Zorrozaurre

Reflexiones sobre el Patrimonio Urbano

Estas pérdidas nos plantean una reflexión importante: ¿cómo equilibramos el progreso y la modernización con la preservación de nuestra historia? No todas las estructuras antiguas pueden o deben ser conservadas, es cierto, pero es fundamental mantener viva la memoria de lo que fueron y representaron. Ya sea a través de fotografías, documentos o relatos orales, debemos asegurarnos de que estas piezas de nuestro pasado no caigan en el olvido.

El antiguo depósito de aguas de Dolaretxe ya no forma parte del skyline de Bilbao, pero su recuerdo permanece en la memoria de quienes lo vimos alzarse día tras día. Sirva este pequeño homenaje para mantener viva su historia y para recordarnos la importancia de valorar y documentar nuestro patrimonio urbano, por modesto que pueda parecer. Porque en estas estructuras, aparentemente simples, se esconde la historia de cómo nuestra ciudad ha crecido y evolucionado a lo largo de los años.

Dolaretxe Hoy: Entre la Tradición y la Modernidad

Actualmente, Dolaretxe sigue siendo un barrio singular en Bilbao. A pesar de la pérdida de su icónico depósito de agua, mantiene su carácter residencial y tranquilo. El barrio ha evolucionado con los tiempos, acogiendo no solo a familias en sus chalés originales, sino también a instituciones como centros de acogida gestionados por la Diputación y espacios dedicados a la atención de personas con discapacidad.

Esta mezcla de lo antiguo y lo nuevo, de lo residencial y lo institucional, hace de Dolaretxe un microcosmos de la evolución de Bilbao. El barrio nos recuerda que, aunque perdamos elementos físicos de nuestro pasado, la esencia de nuestra historia puede perdurar en la forma en que vivimos y nos adaptamos al cambio.