
Amberes en 1 día: itinerario completo
Diamantes, Rubens y la estación de tren más hermosa de Europa
Amberes es la ciudad más sorprendente de Bélgica. Mientras Bruselas ejerce como capital burocrática de media Europa y Brujas lleva décadas rentabilizando su condición de museo viviente, Amberes es otra cosa: una ciudad con ambición propia, con un ego de metrópoli que se ha ganado a pulso. Capital mundial del diamante. Puerto más importante del norte de Europa después de Rotterdam. Ciudad de Rubens. Epicentro de la moda europea desde los años ochenta, cuando un grupo de seis estudiantes de la Real Academia de Bellas Artes llegaron a Londres con una furgoneta cargada de colecciones y cambiaron para siempre la industria del vestido. Todo eso en un casco histórico perfectamente manejable a pie, con una densidad de obras maestras por kilómetro cuadrado que rivaliza con cualquier ciudad del continente.
Un día bien estructurado permite ver lo esencial: la catedral con sus Rubens, la Grote Markt, la casa-estudio del pintor, el museo más arquitectónicamente ambicioso de Bélgica y la que muchos consideran la estación de tren más hermosa del mundo. No es poco.
La Catedral de Nuestra Señora¶
Cualquier itinerario en Amberes comienza, necesariamente, en la Onze-Lieve-Vrouwekathedraal. No por protocolo ni por posición geográfica, sino porque es el edificio que más merece tiempo y atención de cuantos hay en la ciudad. La catedral gótica más grande de los Países Bajos históricos se levanta sobre el centro de Amberes con una torre de 123 metros que actúa como faro vertical visible desde cualquier punto de la ciudad. La construcción empezó en 1352 y no se daría por terminada hasta 1521, lo que explica esa acumulación de capas, estilos y ambiciones que caracteriza a los grandes edificios góticos del norte de Europa.
Pero la razón de verdad para entrar —y para quedarse más de lo que uno inicialmente planea— son las pinturas de Rubens. Cuatro obras del pintor más importante del Barroco flamenco cuelgan en el interior, incluyendo dos de las más célebres de la historia del arte occidental: "El Descendimiento de la Cruz" y "La Elevación de la Cruz", encargadas por los arqueros y los arcabuceros de la ciudad respectivamente entre 1610 y 1614. "El Descendimiento" en particular —esa figura de Cristo cuyo cuerpo muerto se desliza lentamente hacia abajo sostenido por varios personajes en una composición de diagonal perfecta— es una de esas obras que las reproducciones nunca capturan bien. La escala del tríptico, la precisión de la luz, la expresión de cada rostro: exige contemplación directa.
El interior de la catedral es la razón principal para visitar Amberes para cualquier persona con el más mínimo interés en la pintura flamenca. Conviene llegar temprano para ver las obras sin las multitudes que llenan el espacio a media mañana.
La Grote Markt y la leyenda de Brabo¶
A cinco minutos a pie de la catedral, la Grote Markt es la plaza mayor de Amberes y uno de los conjuntos urbanísticos más elegantes del norte de Europa. En el centro, la fuente de Brabo: el joven soldado romano que, según la leyenda fundacional de la ciudad, cortó la mano del gigante Antigoon —que exigía peaje a quienes cruzaban el río Escalda y mutilaba a quienes se negaban a pagar— y la lanzó al río. Del gesto procede el nombre de la ciudad: hand werpen, lanzar la mano.
La leyenda es, como se sospecha de casi todas las leyendas etimológicas, probablemente apócrifa. Pero ha funcionado tan bien como símbolo que las manos de chocolate y la confitería local llevan siglos explotándola. Antigoon sigue siendo el villano mítico más reconocible del norte de Europa.
En torno a la plaza, el Stadhuis renacentista de 1565 ocupa toda la fachada norte con su elegancia italiana ligeramente fuera de lugar en un contexto flamenco —fue construido en un período en que los Países Bajos miraban hacia el sur para definir su imagen de grandeza pública. Las casas gremiales del siglo XVI que completan la plaza por el lado este, con sus frontones escalonados y sus fachadas doradas, representan la otra versión de la misma ambición: la de una ciudad mercantil que en el siglo XVI era el puerto más rico del mundo.
El Rubenshuis¶
A quince minutos a pie del Grote Markt, en la Wapper 9, se encuentra la casa que Pieter Paul Rubens construyó para sí mismo en 1611 y en la que vivió y trabajó hasta su muerte en 1640. El edificio que compró era una casa ordinaria del siglo XVI; lo que Rubens proyectó sobre ella fue otra cosa: un palacete italianizante de dos plantas con galería de cuadros, estudio de grandes dimensiones y un jardín formal separado del conjunto doméstico por un pórtico barroco que él mismo diseñó.
Ese pórtico es, a juicio de muchos, la pieza arquitectónica más original de Amberes. Un arco de triunfo privado en miniatura, con columnas, alegorías esculpidas y una escala calculada para impresionar sin resultar obscena: la síntesis perfecta entre la monumentalidad romana que Rubens había estudiado durante su estancia en Italia y las dimensiones más contenidas de una ciudad flamenca del siglo XVII. El hombre que lo encargó era el pintor más famoso y mejor pagado de Europa, diplomático ocasional, coleccionista de arte antiguo y constructor de su propio mito con la misma destreza con que construía sus composiciones barrocas.
El museo conserva parte de la colección personal de Rubens —incluyendo una selección de esculturas antiguas en el jardín— y permite recorrer los espacios donde vivió y trabajó durante casi tres décadas. Las salas de recepción, el gran estudio con su luz norte regulable, los aposentos: todo contribuye a restituir la imagen de un artista que era también un empresario, un intelectual y un hombre de mundo con una comprensión muy sofisticada de cómo quería ser recordado.
El barrio de los diamantes¶
Entre la estación central y el centro histórico, el Diamantkwartier es el corazón del comercio de diamantes mundial. El dato es difícil de procesar en su escala: el 80% de los diamantes en bruto del planeta pasan por estas manzanas. No es una cifra histórica ni un vestigio del pasado colonial: es la realidad de hoy, en un barrio de joyerías, edificios de oficinas anónimos y vitrinas donde descansan piedras de valor extraordinario con la misma naturalidad con que otras vitrinas exhiben bolsos o zapatos.
El carácter del barrio lo define la comunidad judía hassídica que domina el negocio desde hace generaciones: hombres con sombrero negro y tirabuzones, cadencias de hebreo y yidis en las conversaciones, una vida ritual visible en las sinagogas y en los restaurantes kosher que salpican las calles. El contraste entre esta comunidad ultraortodoxa y los rascacielos de cristal de las multinacionales del sector crea un paisaje cultural que no se parece a ningún otro sitio de Europa.
El barrio no es un destino turístico convencional: no hay visitas guiadas al interior de las bolsas, no hay museo público que explique el proceso completo. El DIVA (museo del diamante y la joyería) es la única opción museística. Pero recorrer las calles del Diamantkwartier a pie, observar la actividad en las aceras, asomarse a las vitrinas: es uno de esos paseos que no cuestan nada y que explican la ciudad mejor que cualquier explicación.
El MAS¶
El Museum aan de Stroom es el museo de la historia de la ciudad, instalado en una torre de diez plantas de cristal rojo y arenisca diseñada por Neutelings Riedijk Architects e inaugurada en 2011. El edificio, en el antiguo barrio portuario del Eilandje al norte del centro histórico, es uno de los más interesantes de Bélgica desde el punto de vista arquitectónico: la torre se va estrechando a medida que sube, con plantas en voladizo alternadas en diferentes orientaciones, creando una silueta escalonada que desde el exterior parece un juego de cubos apilados con cierta irregularidad calculada.
El contenido del museo narra la historia de Amberes como puerto global: las conexiones entre la ciudad y el mundo a lo largo de los siglos, la trata de esclavos en la que participaron comerciantes flamencos, las especias y los tejidos que pasaron por estas orillas, los migrantes que llegaron y los que partieron. Es la historia de una ciudad que durante siglos fue uno de los nodos centrales del capitalismo mundial, con todo lo que eso implica de grandeza y de complicidad con sus peores aspectos.
Pero la razón más inmediata para subir al MAS es la terraza panorámica de la azotea, de acceso gratuito. Las vistas sobre el puerto y el río Escalda desde los cuarenta metros de altura permiten comprender de un vistazo por qué Amberes fue, y sigue siendo, lo que es: el agua, los barcos, la industria, el espacio inmenso del puerto al fondo. Es una de las mejores perspectivas urbanas de Bélgica, y no cuesta nada.
La Estación Central¶
Para terminar el día —o para empezarlo, si se llega en tren— la Antwerpen-Centraal es en sí misma un destino. Construida entre 1895 y 1905 bajo la dirección del arquitecto Louis Delacenserie, es uno de esos edificios del siglo XIX que todavía consiguen producir asombro en quien los ve por primera vez aunque ya tenga experiencia con la arquitectura ferroviaria europea.
La descripción técnica no hace justicia: una cúpula de cristal y hierro de 57 metros de altura sobre el andén principal, mármol italiano en las paredes y columnas, escaleras de piedra que suben hacia los niveles superiores con una generosidad de escala que recuerda más a una ópera que a una infraestructura de transporte. La estación fue diseñada para que los viajeros que llegaban a Amberes entendieran desde el primer momento en qué tipo de ciudad estaban: una que tenía los recursos y la ambición para construir así.
Vale la pena entrar aunque no se coja ningún tren. Y si se llega desde Bruselas o Gante, la sorpresa del espacio al bajar del andén —porque los andenes están en el nivel inferior y la gran sala de viajeros se descubre al subir las escaleras— es uno de esos momentos que la arquitectura regala pocas veces.
Información práctica¶
Cómo llegar
- Desde Bruselas: tren desde Bruselas Zuid/Midi, 35-40 minutos, con salidas cada 30 minutos
- Desde Gante: tren directo, 50 minutos
- Desde Brujas: tren con trasbordo en Gante, aproximadamente 1 hora y 20 minutos
- La estación central está a 15 minutos a pie del Grote Markt, o a 5 minutos en metro (línea 3 o 5 hasta Groenplaats)
Moverse en la ciudad
- El centro histórico es completamente a pie: catedral, Grote Markt, Rubenshuis y barrio de los diamantes están a menos de 20 minutos a pie entre sí
- Para el Eilandje (MAS): 30 minutos a pie desde el centro histórico, o tranvía 7 hasta MAS
- Para barrios exteriores: tranvías y metro de De Lijn, con títulos de transporte válidos también en bus
Museos y entradas
- Catedral de Nuestra Señora: entrada de pago, abrir temprano para ver los Rubens sin aglomeraciones
- Rubenshuis: entrada de pago, recomendable reservar online en temporada alta
- MAS: las colecciones permanentes tienen entrada de pago, la terraza panorámica es gratuita
- DIVA (museo del diamante y la joyería): entrada de pago, opción interesante si queda tiempo después del Diamantkwartier
Los diamantes
- El barrio del diamante es más interesante recorrerlo a pie que visitar con guía
- Las joyerías de la Pelikaanstraat y alrededores tienen vitrinas accesibles desde la calle
- No existe acceso público a las bolsas de diamantes; el DIVA es la única opción museística sobre el sector
Un consejo de horario
Empezar en la catedral a primera hora —antes de las diez— permite ver los Rubens en condiciones. El Rubenshuis conviene visitarlo a media mañana. El MAS, con su terraza, funciona bien a cualquier hora del día, aunque la luz sobre el puerto es especialmente buena por la tarde. La estación central, si se llega en tren desde Bruselas, ya se habrá visto al llegar; si no, es el cierre natural de la jornada antes de tomar el tren de vuelta.