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Cañón de Matka desde Skopje: cómo llegar, la cueva Vrelo y el sendero del río
A quince kilómetros del centro de Skopje hay un desfiladero con paredes de trescientos metros, un lago verde encajado en la roca y la cueva submarina explorada más profunda del mundo. Se llega en autobús urbano y es la mejor excursión de medio día del país.
Que una capital europea tenga un cañón fluvial a cuarenta y cinco minutos en autobús urbano es raro. Que ese cañón albergue la cueva submarina más profunda que se ha explorado en el mundo y que un domingo de invierno puedas recorrerlo prácticamente en soledad ya es directamente anómalo. Matka es exactamente eso, y explica bastante bien por qué Macedonia del Norte funciona tan bien como destino: aquí las cosas grandes están sin estrenar.
La excursión ocupa medio día largo, no requiere ningún tipo de preparación física y cuesta menos de diez euros en total contando el transporte. Es, con diferencia, la mejor relación entre esfuerzo y recompensa de todo el viaje.
Qué es el cañón de Matka¶
El cañón lo excavó el río Treska durante millones de años, cortando la roca caliza hasta abrir paredes que en algunos tramos superan los trescientos metros de altura. En 1938 se construyó una presa en la garganta, una de las más antiguas de los Balcanes, y el fondo del cañón se convirtió en un lago alargado de color verde oscuro encajado entre los cortados. El resultado es un paisaje que combina lo natural y lo construido de una forma bastante armoniosa, cosa que no siempre ocurre con los embalses.
El conjunto está protegido y alberga una biodiversidad notable, con especies de mariposas y de flora endémicas de la zona, además de una red de cuevas de la que solo una parte está explorada. También hay presencia humana antigua: varios monasterios medievales colgados de las paredes, que son parte importante del atractivo del lugar.
En invierno el agua adopta un tono quieto y denso que le da la luz baja de diciembre, y el silencio en el cañón es casi total. En verano el ambiente es otro, con kayaks en el agua, escaladores en las paredes y bastante más gente, aunque tampoco al nivel de saturación de destinos equivalentes en otros países.
Cómo llegar en transporte público¶
La forma barata y perfectamente viable de llegar es el autobús urbano. La línea que va a Matka sale de la estación de autobuses de Skopje y tarda unos cuarenta y cinco minutos, cruzando la periferia oeste de la ciudad antes de meterse en una carretera que se va estrechando conforme el terreno se quiebra.
El detalle crítico son las frecuencias: entre autobús y autobús pasan aproximadamente cien minutos. Eso condiciona el día entero. Perder uno significa hora y media larga de espera, y en invierno, con la noche encima a las cuatro y media, no es una opción realista. Hay que consultar los horarios el día anterior y salir de casa con margen.
Para pagar el billete hay que tener la tarjeta de transporte de Skopje, que se compra en la estación —en una taquilla instalada dentro de un autobús amarillo reconvertido, sin cartel visible— y que hay que cargar con un pase. Aquí está el segundo detalle importante: existen dos modalidades de pase, una para las líneas urbanas y otra algo más cara que incluye las poblaciones del entorno. Matka entra en la segunda, así que hay que comprar esa desde el principio.
Un aviso adicional para temporada alta: en fines de semana muy concurridos el autobús no siempre llega hasta el aparcamiento del cañón y deja a los pasajeros antes, lo que añade entre treinta y cuarenta minutos de caminata por carretera. Fuera de temporada no suele ocurrir.
La alternativa del taxi y del coche¶
Los taxis en Skopje son baratos y un trayecto de quince kilómetros no dispara la factura, así que para quien viaje en grupo de tres o cuatro puede salir a cuenta y ahorra toda la servidumbre de los horarios. Lo lógico es acordar con el conductor la hora de recogida a la vuelta, o pedir el número para llamarlo desde allí.
Con coche de alquiler el problema es el contrario: el aparcamiento del cañón se llena en temporada alta y en fines de semana con buen tiempo, y la carretera de acceso es estrecha. Fuera de esas franjas, sin ningún problema.
Del aparcamiento a la presa¶
Desde donde deja el autobús, el camino discurre junto al Treska durante unos diez minutos hasta llegar a la presa. Es un paseo suave, con el río a la izquierda y la roca empezando a cerrarse por encima. La presa marca el punto donde el cañón se convierte en lago, y es el primer momento en que uno entiende la escala del sitio.
Otros cinco o diez minutos más allá se concentra todo lo que hay: el restaurante, el embarcadero principal, una iglesia pequeña encajada entre las rocas y el arranque del sendero. Es un núcleo mínimo, de cuatro edificios, que funciona como base de operaciones para cualquier cosa que se quiera hacer en el cañón.
Los dos embarcaderos: cuál es el que sirve¶
Este es el error más fácil de cometer y el que más tiempo hace perder. Hay dos puestos de alquiler de embarcaciones a lo largo del camino. El primero que se encuentra ofrece únicamente paseos por el lago, sin visita a las cuevas. El segundo, situado junto al restaurante, es el que hace la ruta hasta la cueva Vrelo.
Quien quiera ver la cueva, que es el motivo principal de venir hasta aquí, tiene que seguir hasta el segundo. No está especialmente bien señalizado y es fácil pararse en el primero pensando que es el único.
Los barcos salen cuando se completa el grupo, así que puede haber una espera de quince o veinte minutos, sobre todo en temporada baja, cuando hay menos gente. El rato se aprovecha bien dando una vuelta por los alrededores.
El barco y la cueva Vrelo¶
La excursión en barco con visita a la cueva ronda los quinientos denares por persona, unos ocho euros. Puede parecer caro para los precios habituales del país, pero es la entrada que mejor se amortiza de todo el viaje y no hay ninguna razón para saltársela.
La navegación dura unos veinte minutos y transcurre entre las paredes del cañón, que se levantan a ambos lados como si el agua hubiera partido la montaña por la mitad. Desde el nivel del agua la escala se aprecia mucho mejor que desde el sendero. Después el barco se detiene ante la entrada de la cueva Vrelo.
Vrelo es una cueva subacuática y ahí está su interés. Los buzos han descendido hasta ochenta y ocho metros de profundidad sin encontrar el fondo, lo que la convierte en la cueva submarina explorada más profunda del mundo, y existen estimaciones que apuntan bastante más abajo. La parte visitable se recorre a pie en unos veinte minutos, entre estalactitas y reflejos del agua sobre la roca. No es una cueva espectacular en términos de formaciones, pero saber lo que hay debajo de los pies le añade una dimensión que se queda contigo.
El regreso al embarcadero ofrece perspectivas distintas a las de la ida, con la luz cambiada y los reflejos en otra posición.
El sendero junto al río¶
Con el barco hecho, lo que queda es caminar. El sendero recorre el cañón siguiendo la orilla y es prácticamente llano en todo su trazado, así que no requiere ninguna condición especial. Se puede caminar lo que apetezca y dar la vuelta cuando convenga, aunque una hora en cada dirección da una idea bastante completa del sitio.
El camino discurre entre la pared y el agua, a veces excavado en la roca, y en invierno se hace en silencio absoluto y sin cruzarse con casi nadie. Después de días de lluvia hay tramos embarrados, sin más complicación que acabar con las zapatillas sucias. La sensación de pequeñez entre esas paredes recuerda bastante a la Ruta del Cares en Asturias, con la diferencia de que aquí no hay cola de excursionistas.
Los monasterios del cañón¶
Junto al embarcadero, pegado a la pared del cañón como si hubiera crecido allí, está un monasterio del siglo XIV que se puede ver por fuera sin ningún esfuerzo y que compone bien con la roca y el agua.
El otro, del siglo XVII, está al otro lado del lago y se accede por un sendero que sube por la ladera. Es una caminata más seria y su estado depende mucho de las lluvias recientes: en épocas húmedas el camino se deteriora y los propios trabajadores del embarcadero desaconsejan intentarlo. Con los días cortos del invierno tampoco suele haber margen horario para plantearlo. Queda como buena excusa para volver.
Comer, beber y cuánto tiempo hace falta¶
El restaurante del cañón tiene un emplazamiento inmejorable y una reputación bastante discreta en cuanto a la relación entre lo que sirve y lo que cobra. La opción sensata es tomar allí algo caliente —el chocolate después de la navegación se agradece más de lo previsto, porque el frío del agua no es el mismo que el de caminar— y resolver la comida en Skopje, o llevar algo y aprovechar las zonas de picnic que hay junto al aparcamiento.
En cuanto al tiempo total, contando los desplazamientos, el barco, la cueva y un par de horas de sendero, la excursión ocupa entre cinco y seis horas desde que se sale de Skopje hasta que se vuelve. Es un plan de medio día largo que deja la tarde libre, o de día completo si se le suma algo más de caminata.
Una última nota sobre el regreso: conviene estar en la zona del aparcamiento con antelación y no confiarse, porque el autobús puede aparecer con retraso, dar la vuelta sin detenerse del todo y obligar a una carrera poco elegante. Y porque el siguiente tarda cien minutos.