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Un molino de viento de madera tradicional sueco en Skansen, bajo un cielo despejado

Destinos · Suecia · Estocolmo

Skansen: el museo al aire libre más antiguo del mundo

Skansen se fundó en 1891 con una idea que entonces no existía en ninguna parte: si la industrialización estaba borrando la vida rural sueca, había que trasladar los edificios originales a una colina de Estocolmo y conservarlos allí. El modelo se ha copiado en decenas de países desde entonces, pero el primero sigue siendo este.

Lectura de 7 minutos

En la isla de Djurgården, a un paseo corto del Museo Vasa, hay treinta hectáreas de colina ocupadas por más de ciento cincuenta edificios históricos traídos desde todos los rincones de Suecia. Casas de campesinos, granjas, talleres, una iglesia de madera, un barrio urbano de principios del siglo XX con farmacia, panadería y colmado. Todo original, todo trasladado pieza a pieza desde su emplazamiento de partida.

Skansen no es un parque temático ni una reconstrucción. Es un archivo de arquitectura habitada, y también un zoológico de fauna escandinava, y también el lugar donde Estocolmo celebra sus fiestas grandes. Esa mezcla desconcierta un poco al llegar, pero es exactamente lo que su fundador tenía en la cabeza.

La idea que inventó un género de museo

El responsable fue Artur Hazelius, etnógrafo, que en la segunda mitad del siglo XIX vio algo que le preocupó: Suecia se estaba industrializando a una velocidad enorme y la cultura rural que había definido al país durante siglos desaparecía sin que nadie la documentara. Los edificios se derribaban, los oficios se abandonaban, las costumbres se perdían con la generación que las practicaba.

Su solución fue radical para la época. En lugar de guardar objetos en vitrinas, decidió trasladar los edificios enteros y recrear la vida que los había habitado, con personas trabajando dentro. Skansen abrió en 1891 sobre esta colina con vistas al agua, y el concepto resultó tan potente que se exportó a medio mundo. Cada museo etnográfico al aire libre que existe hoy —y hay decenas, incluido el Norsk Folkemuseum de Oslo, fundado tres años después con la misma intuición— desciende de esta idea.

Hay algo que conviene tener presente mientras se pasea: no se está visitando un ejemplo del género, sino su origen.

Qué hay dentro

El recorrido está organizado geográficamente, de modo que caminar por Skansen es atravesar Suecia de sur a norte. Cada región está representada por sus construcciones características, con las diferencias de materiales, tejados y distribución que imponen el clima y los recursos de cada zona.

Entre las piezas destacadas está la granja de Skogaholm, una casa señorial rural del siglo XVIII pintada del rojo falun característico, con sus establos y huertos mantenidos como en su época. La iglesia de Seglora, de 1729, es un templo de madera todavía consagrado donde siguen celebrándose bodas y oficios en temporada. Y el barrio urbano de la entrada reconstruye la ciudad sueca de comienzos del siglo XX, con una farmacia, una panadería y una tienda de ultramarinos en funcionamiento.

Lo que convierte la visita en algo distinto a mirar casas vacías son los intérpretes. En temporada alta hay personal vestido de época demostrando oficios tradicionales: herrería, soplado de vidrio, panadería, tejido en telares antiguos, danza folclórica. Los horarios cambian según el día y la estación, y merece la pena mirar el programa diario al entrar para organizar el recorrido en función de las demostraciones que interesen.

El zoo escandinavo, que casi nadie espera

Skansen incluye un recinto zoológico dedicado exclusivamente a fauna nórdica, y para muchos visitantes acaba siendo lo más recordado del día. Hay osos pardos en un cercado grande y naturalista, una manada de lobos, glotones, linces, nutrias, focas del Báltico, renos y alces.

Dos consejos prácticos. Los osos son más activos a primera hora de la mañana y a última de la tarde; a mediodía en verano suelen estar dormidos y no se ve nada. Y los lobos, los glotones y los linces tienden a moverse en las horas de alimentación, cuyos horarios están en el programa diario.

Para quien llega del sur de Europa, ver un alce de cerca tiene un efecto curioso: son mucho más grandes de lo que uno imagina, casi del tamaño de un caballo. Ayuda a entender el país de una forma que ninguna sala de museo consigue.

Hay además dos secciones pensadas para familias: Lill-Skansen, una granja infantil con animales domésticos, y el Baltic Sea Science Center, dedicado al ecosistema del Báltico. El acuario funciona con entrada aparte.

Horarios, precios y cuánto tiempo hace falta

Skansen abre todos los días del año, con horarios que varían bastante según la estación y con cierres anticipados en Nochebuena y Nochevieja. Conviene consultarlo antes de ir, porque la diferencia entre el horario de verano y el de invierno es considerable.

Sobre el precio, la entrada de adulto se mueve aproximadamente entre las ciento noventa y las trescientas coronas según la temporada y el canal de compra, con las tarifas más altas en verano y durante el mercado de Navidad. Comprarla por internet siempre sale más barata que en la taquilla. Los menores de quince años entran gratis, y al comprar una entrada de adulto se puede añadir la del niño sin coste. Está incluida en las tarjetas turísticas de la ciudad.

En cuanto al tiempo, aquí es donde mucha gente se equivoca. Treinta hectáreas en cuesta no se ven en dos horas. Tres o cuatro es el mínimo razonable, y con medio día no sobra nada. Si el plan es combinarlo con el Vasa el mismo día, lo lógico es el Vasa por la mañana temprano y Skansen desde el mediodía hasta el cierre.

La época del año lo cambia todo

Esto es lo más particular de Skansen y lo que más condiciona la visita: no es el mismo sitio en junio que en diciembre.

En verano funciona a pleno rendimiento, con todas las casas abiertas, los intérpretes en activo y los jardines cuidados. La celebración del solsticio, el midsommar, es una de las fiestas más importantes del calendario sueco y aquí se vive en su versión más tradicional, con el palo engalanado, las danzas y la ciudad entera participando.

En invierno, el mercado de Navidad de Skansen se celebra desde 1903 y es una institución en Estocolmo: artesanía, dulces, velas hechas a mano, todo en un decorado de casas de madera con nieve. Y el 13 de diciembre, la procesión de Santa Lucía, con las coronas de velas y los cantos, es probablemente el momento del año en que este lugar tiene más sentido: una fiesta de la luz en el punto más oscuro del invierno nórdico.

Fuera de esas fechas, en primavera y otoño, hay menos actividad y menos gente, lo que tiene su propio atractivo si lo que interesa es la arquitectura y no el ambiente.

Cómo llegar y qué hay al lado

Skansen está en Djurgårdsslätten 49-51, en la isla de Djurgården. Se llega en el tranvía número 7 desde el centro, en el autobús 67, o en el ferry de SL desde Slussen, incluido en el billete normal de transporte y con diferencia la llegada más agradable. También se puede ir andando desde el centro en unos treinta o cuarenta minutos.

Al lado están el Museo Vasa, a diez minutos a pie, el Nordiska Museet y el parque de atracciones Gröna Lund, abierto aproximadamente de finales de abril a septiembre. La isla entera está recorrida por caminos de paseo y carril bici, de modo que una jornada completa aquí se organiza sin fricción.

¿Merece la pena?

Depende bastante de qué se espere. Quien busque monumentalidad no la va a encontrar: son casas de madera, granjas y talleres, y buena parte del interés está en los detalles y en las explicaciones. Quien vaya con dos horas y prisa tampoco le sacará partido.

Ahora bien, para entender Suecia como país —no como capital— no hay nada mejor a mano. En una jornada se recorren cinco siglos de vida rural, se ve cómo se construía en cada región según lo que daba el terreno, se prueban oficios que ya no existen y se conoce la fauna que explica por qué la gente de aquí vive como vive. Y todo con las vistas de Estocolmo al fondo desde lo alto de la colina.

Es, junto con el Vasa, la visita que mejor justifica una jornada entera en Djurgården. Con la diferencia de que el Vasa impresiona en quince segundos y Skansen necesita toda la tarde para hacer efecto.