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Burdeos

Abril 2004

Burdeos

En abril de 2004, cinco amigos decidimos aprovechar los días libres de Semana Santa para hacer una escapada a Burdeos. No buscábamos nada extraordinario, simplemente cambiar de aires y conocer una ciudad francesa relativamente cercana que ninguno de nosotros había visitado antes. Lo que no imaginábamos era que esos tres días nos depararían algunas sorpresas curiosas, incluyendo ciertas similitudes urbanas con Bilbao que nos resultaron bastante llamativas.

El viaje como parte de la aventura #

Del 8 al 10 de abril de 2004, los cinco nos metimos en mi Ford Fiesta dispuestos a que el trayecto fuese tan importante como el destino. Apretados pero con buen humor, convertimos esas horas de carretera en una oportunidad perfecta para ponernos al día, compartir historias y disfrutar del paisaje que separa el País Vasco de la región de Aquitania.

Las paradas para estirar las piernas, tomar café y repostar gasolina se convirtieron en pequeños rituales del viaje. Cada área de servicio era una excusa para bromear sobre lo reducido del espacio en el coche y hacer apuestas sobre cuánto tardaríamos en llegar. Esa filosofía de viaje, donde el camino importa tanto como el destino, marcó el tono de toda la escapada.

Primera impresión de Burdeos #

Mi primera visita a Burdeos me causó una impresión inmediata y muy positiva. La ciudad desprendía esa elegancia francesa característica, pero con una escala humana que la hacía especialmente acogedora. Las fachadas de piedra clara del centro histórico creaban una armonía visual que invitaba a perderse por sus calles sin rumbo fijo.

Lo que más llamó mi atención fue la sensación de estar en una ciudad que había sabido conservar su patrimonio histórico mientras se adaptaba a los tiempos modernos. En 2004, Burdeos estaba viviendo una transformación urbana notable, algo que no tardamos en percibir durante nuestros paseos por el centro.

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Burdeos

Dos días descubriendo la perla de Aquitania #

Con apenas dos días completos para explorar la ciudad, nos centramos en los puntos más emblemáticos. La Place de la Bourse se convirtió en nuestro primer gran descubrimiento, con su arquitectura del siglo XVIII perfectamente conservada. El espejo de agua que la acompaña, aunque era una novedad relativamente reciente en aquel entonces, ya se había convertido en uno de los lugares más fotografiados de la ciudad.

El casco antiguo nos regaló horas de paseo entre las calles Saint-Pierre y Saint-Michel, donde cada esquina parecía esconder una historia diferente. La Catedral de San Andrés, con su campanario separado, nos ofreció una perspectiva única de la arquitectura religiosa francesa. No pudimos resistirnos a subir a la Torre Pey-Berland para contemplar la ciudad desde las alturas, una experiencia que valió cada uno de los escalones subidos.

La rue Sainte-Catherine, una de las calles peatonales más largas de Europa, se convirtió en nuestro eje de movimiento durante esos días. Perfecta para alternar momentos de compras con paradas en cafeterías, nos permitió sentir el pulso real de la ciudad bordelesa.

Conexiones inesperadas con Bilbao #

Una de las sorpresas más gratas del viaje fue descubrir las similitudes entre Burdeos y Bilbao, algo que no esperábamos encontrar. Ambas ciudades portuarias, situadas en la desembocadura de ríos importantes, parecían haber seguido caminos paralelos en su desarrollo urbano moderno.

El tranvía de Burdeos, inaugurado poco antes de nuestra visita, nos resultó especialmente familiar. Las líneas, la disposición de las vías y el diseño general del sistema guardaban un parecido notable con el tranvía de Bilbao, aunque los vagones bordeleses eran considerablemente más grandes. Esta similitud no era casual: ambas ciudades habían apostado por soluciones de transporte sostenible como parte de sus respectivos planes de revitalización urbana.

La regeneración de las zonas ribereñas también mostraba paralelismos interesantes. Mientras Bilbao transformaba su ría industrial en un espacio cultural y de ocio, Burdeos hacía lo propio con las orillas del Garona. Esta coincidencia en las estrategias de desarrollo nos hizo reflexionar sobre cómo ciudades con historias similares pueden encontrar soluciones parecidas a sus desafíos urbanos.

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Burdeos

Parada obligada en San Juan de Luz #

El viaje de regreso incluyó una parada de varias horas en San Juan de Luz, un pueblo que todos habíamos visitado anteriormente por su proximidad al País Vasco. Sin embargo, esa tarde de abril nos tenía preparada una anécdota que aún recordamos con diversión.

Sentados en una terraza del puerto, disfrutando del ambiente marinero y de las últimas horas de nuestra escapada, uno de nosotros señaló discretamente hacia una mesa cercana. Allí, tomando tranquilamente un café como una vecina más, estaba la duquesa de Alba. Su presencia, completamente natural y sin protocolo alguno, nos sorprendió gratamente y se convirtió en la guinda perfecta de un viaje lleno de pequeñas sorpresas.

Compartiendo terraza con la Duquesa de Alba
Compartiendo terraza con la Duquesa de Alba

Reflexiones de una escapada agradable #

Aquella escapada a Burdeos de Semana Santa 2004 resultó ser un viaje muy satisfactorio. No solo por haber descubierto una ciudad interesante, sino por la forma en que lo hicimos: cinco amigos apretujados en un Ford Fiesta, dispuestos a que cada momento del viaje fuera parte de la experiencia.

Las conexiones urbanas entre Burdeos y Bilbao añadieron una dimensión curiosa al viaje, demostrando que las ciudades con características similares pueden adoptar soluciones parecidas para sus desafíos urbanos. Y la aparición casual de la duquesa de Alba en San Juan de Luz nos recordó que los viajes siempre pueden deparar pequeñas sorpresas inesperadas.

Foto de perfir de Juanjo Marcos

Juanjo Marcos

Desarrollador y diseñador web actualmente afincado en Bilbao. Desde que tengo uso de razón viajar es una de mis grandes pasiones, junto a la tecnología, la fotografía y los largos paseos sin rumbo definido.

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