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Burdeos

Abril 2009

Burdeos

En abril de 2009, decidimos repetir destino pero ampliando horizontes. Del 9 al 11 de abril, los mismos cinco amigos volvimos a subir al Ford Fiesta para regresar a Burdeos, aunque esta vez con la intención de conocer algunos de los tesoros que habían quedado pendientes en nuestra primera visita. La fórmula seguía siendo la misma: tres días, cinco amigos y ganas de descubrir rincones nuevos de esa región francesa que ya nos había conquistado cinco años antes.

Saint-Émilion: primera parada en tierra de vinos #

El jueves 9 de abril dedicamos la mañana y parte de la tarde a visitar Saint-Émilion, ese pueblo que aparece en todas las guías como uno de los imprescindibles de la región bordelesa. El desvío desde la ruta directa a Burdeos mereció absolutamente la pena, porque Saint-Émilion resultó ser mucho más que un simple pueblo vinícola.

Lo primero que sorprende de Saint-Émilion es su condición de Patrimonio Mundial de la UNESCO, reconocimiento que recibió en 1999 como paisaje cultural. El pueblo medieval, construido sobre piedra caliza y rodeado de viñedos, conserva una arquitectura que se ha mantenido prácticamente intacta durante siglos.

La iglesia monolítica, excavada directamente en la roca caliza durante el siglo XII, es la más grande de Europa en su tipo. Aunque no pudimos hacer la visita guiada por falta de tiempo, el exterior y la atmósfera del lugar resultaron impresionantes. Las calles empedradas, denominadas "tertres", son empinadas y requieren cierta habilidad montañera para subir y bajar, pero cada esquina ofrece una perspectiva diferente de este pueblo que parece detenido en el tiempo.

La historia del lugar se remonta al siglo VIII, cuando un monje bretón llamado Emilion se instaló aquí como ermitaño. Los romanos ya habían plantado viñedos en la zona desde el siglo II, pero fueron los monjes posteriores quienes comenzaron la producción comercial de vino. Esta combinación de historia religiosa y tradición vitivinícola se respira en cada rincón del pueblo.

Una curiosidad que nos llamó la atención fue el origen de los macarons de Saint-Émilion, que se remontan a 1620 cuando las hermanas ursulinas establecieron su convento en el pueblo. Aunque no son los macarons parisinos que todos conocemos, sino una versión más tradicional hecha con almendras, claras de huevo y azúcar.

Saint-Émilion Saint-Émilion Saint-Émilion Saint-Émilion
Saint-Émilion

Burdeos revisitado #

Llegamos a Burdeos por la tarde para pasar allí la noche y dedicar todo el viernes 10 de abril a recorrer nuevamente la ciudad. Cinco años después de nuestra primera visita, pudimos apreciar mejor los detalles que se nos habían escapado en 2004 y disfrutar con más calma de sus calles y plazas.

El centro histórico seguía manteniendo esa elegancia que nos había impresionado la primera vez, pero ahora podíamos comparar y apreciar mejor las diferencias con otros destinos que habíamos conocido en nuestras escapadas anteriores. La Place de la Bourse continuaba siendo nuestro punto de referencia, y el espejo de agua seguía atrayendo la atención de visitantes y locales por igual.

Tener un día completo nos permitió adentrarnos más en el ambiente de la ciudad, alternar visitas culturales con paradas gastronómicas y, sobre todo, disfrutar del ritmo pausado que requieren estas ciudades para ser realmente apreciadas. La experiencia previa nos había enseñado que Burdeos no es una ciudad para visitar con prisas.

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Burdeos

Arcachon: el descubrimiento del día #

El sábado 11 de abril, en lugar de regresar directamente a Bilbao, decidimos hacer una parada en Arcachon, una localidad costera que había despertado mi curiosidad por una razón muy particular: mi conocimiento previo de esta ciudad provenía del relato corto "Venus Marítima" de Pierre Gripari, un escritor francés que había leído años antes.

Arcachon resultó ser una ciudad dividida conceptualmente en cuatro "estaciones": la Ville d'Été (ciudad de verano) donde se concentra la actividad turística junto a la playa principal, la Ville d'Hiver (ciudad de invierno) en las colinas con sus villas del siglo XIX, y las otras dos estaciones que completan esta división original.

La Ville d'Hiver fue desarrollada en el siglo XIX por los hermanos Pereire como complejo para tratar la tuberculosis, aprovechando el clima suave del golfo de Arcachon. Las más de 300 villas construidas en estilo ecléctico, mezclando elementos neoclásicos, neogóticos, coloniales y de chalet suizo, crean un conjunto arquitectónico realmente llamativo.

El Parc Mauresque, construido en 1843 sobre una colina, ofrece vistas panorámicas de 360 grados sobre Arcachon y la bahía. Para llegar hasta allí sin esfuerzo existe un ascensor que conecta la ciudad baja con este mirador natural, perfecto para tener una perspectiva general del lugar.

Las playas de Arcachon son amplias, de arena blanca y aguas claras, con vistas espectaculares sobre la cuenca oceánica y la península de Cap-Ferret. Aunque visitamos la ciudad fuera de la temporada alta, se percibía perfectamente por qué este lugar se había convertido en un destino de veraneo tan popular para los burgueses de Burdeos desde finales del siglo XIX.

Arcachon Arcachon Arcachon Arcachon
Arcachon

Contrastes y descubrimientos #

Esta segunda escapada a la región bordelesa nos permitió apreciar la diversidad que puede ofrecer una zona geográfica relativamente compacta. Saint-Émilion con su ambiente medieval y vinícola, Burdeos con su elegancia urbana, y Arcachon con su atmósfera balnearia del siglo XIX representaban tres facetas completamente diferentes del mismo territorio.

La referencia literaria previa a Arcachon añadió una dimensión interesante al viaje, demostrando cómo la literatura puede influir en nuestras expectativas y percepciones de los lugares reales. Aunque "Venus Marítima" es un relato de ficción, las evocaciones marítimas de Gripari habían creado en mi mente una imagen de ciudades costeras francesas que Arcachon cumplió de manera inesperada.

Mi Ford Fiesta había vuelto a demostrar su utilidad para este tipo de escapadas, y los cinco amigos habíamos confirmado que la fórmula funcionaba: destinos accesibles, planificación flexible y la certeza de que el viaje en sí mismo formaba parte del placer de la experiencia.

Foto de perfir de Juanjo Marcos

Juanjo Marcos

Desarrollador y diseñador web actualmente afincado en Bilbao. Desde que tengo uso de razón viajar es una de mis grandes pasiones, junto a la tecnología, la fotografía y los largos paseos sin rumbo definido.

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