
Cómo llegar a Andorra desde Bilbao en coche
Entre Bilbao y Andorra hay unos seiscientos kilómetros y dos rutas que tardan prácticamente lo mismo: una baja por Zaragoza y Lleida, y la otra sube a Francia por Pau y Toulouse. Elegir bien no es cuestión de minutos, sino de a qué parte del principado vas, en qué época del año y qué quieres ver por el camino.
Andorra es uno de esos destinos que desde el norte peninsular parecen más lejos de lo que están. En el mapa se ve al otro extremo de los Pirineos y uno se imagina una jornada entera al volante, pero la realidad es más amable: entre Bilbao y La Seu d'Urgell hay algo menos de seiscientos kilómetros que se cubren en unas cinco horas y media largas, y desde allí quedan veinte minutos hasta Andorra la Vella. Con paradas razonables, el viaje son seis o seis horas y media.
Lo interesante es que existen dos rutas radicalmente distintas y que ambas tardan prácticamente lo mismo, en torno a seis horas y cuarto de conducción efectiva. Esa igualdad convierte la elección en una decisión de criterio y no de reloj, que es exactamente lo que hace que este trayecto merezca un artículo propio.
Las dos rutas posibles¶
La primera es la ruta española, que baja por el valle del Ebro hasta Zaragoza, continúa hacia Lleida y sube al Pirineo por las carreteras catalanas hasta La Seu d'Urgell, para entrar en Andorra por el sur, por la aduana de Sant Julià de Lòria.
La segunda es la ruta francesa, que cruza la frontera por Irún, recorre las Landas y el Bearne por autopista hasta Toulouse, y baja después por la N-20 hacia Foix y Ax-les-Thermes para entrar en Andorra por el norte, por el Pas de la Casa, tras cruzar el puerto de Envalira o el túnel de peaje que lo evita.
Sobre el papel son equivalentes. En la práctica no lo son en absoluto, y la diferencia depende de tres factores: adónde vas exactamente dentro de Andorra, en qué época viajas y si te importa el paisaje del camino.
La ruta española: Zaragoza, Lleida y el Pirineo catalán¶
Es la opción más previsible y la que la mayoría de la gente acaba eligiendo. Se toma la AP-68 desde Bilbao en dirección a Logroño y Zaragoza, que son unos trescientos veinte kilómetros de autopista cómoda y sin complicaciones, con Tudela como punto de parada natural más o menos a mitad de camino. Desde Zaragoza se continúa por la A-2 hasta Lleida.
A partir de ahí empieza la parte que cambia el carácter del viaje. Se abandona la autovía para tomar la C-13 hacia Balaguer y después la C-14 hacia Ponts, Oliana y La Seu d'Urgell, una carretera de montaña bien asfaltada pero con tramos revirados y tráfico lento en verano. El paisaje mejora mucho a partir de Oliana, con el pantano y el desfiladero de Organyà, que es donde uno empieza a sentir que ya está en el Pirineo de verdad. De La Seu d'Urgell a Andorra la Vella quedan unos veinte kilómetros por la N-145, que se convierte en la CG-1 al pasar la aduana.
La ventaja principal de esta ruta es que te deja directamente en Andorra la Vella, sin cruzar el país entero. La desventaja es que los últimos ciento cincuenta kilómetros son bastante más lentos de lo que sugiere el mapa, y que la entrada por el sur se colapsa los sábados por la mañana y los domingos por la tarde en temporada alta.
La ruta francesa: Pau, Toulouse y el Pas de la Casa¶
La alternativa consiste en salir por Irún y enlazar la A-63 y la A-64 hacia Pau y Tarbes, en un recorrido de autopista larguísimo y monótono pero rápido, con el Pirineo francés siempre a la derecha. Desde Toulouse se baja por la N-20 hacia Foix, Tarascon-sur-Ariège y Ax-les-Thermes, y desde allí se sube al puerto de Envalira, a más de dos mil cuatrocientos metros, o se usa el túnel de peaje que lo atraviesa.
Esta ruta tiene una ventaja concreta y una desventaja igual de concreta. La ventaja es que si tu destino es el Pas de la Casa, Soldeu o cualquier punto de la zona alta de Grandvalira, llegas directamente sin tener que atravesar todo el principado ni pasar por el atasco de la capital. La desventaja es la contraria: si vas a Andorra la Vella, todavía te quedan treinta kilómetros de descenso por la CG-2 después de haber cruzado la frontera, y eso en un domingo de febrero puede ser una hora larga.
Hay que sumar dos consideraciones más. La primera es el coste: el peaje francés no es barato y hay que añadir el del túnel de Envalira. La segunda es la vigilancia: los radares en Francia son abundantes y las sanciones se cobran, así que el ahorro de tiempo desaparece si uno se despista.
Cuál elegir según destino y estación¶
Con lo anterior en la mano, la regla práctica es sencilla. Si vas a Andorra la Vella, Escaldes, Sant Julià o cualquier punto del sur del principado, la ruta española es la mejor. Si vas al Pas de la Casa, Soldeu o Grandvalira, la francesa te ahorra tiempo real y bastante desnivel.
El invierno inclina la balanza hacia España. La ruta francesa termina en un puerto de alta montaña y en una zona donde la nieve es frecuente entre noviembre y abril; el túnel resuelve buena parte del problema, pero el acceso desde Ax-les-Thermes sigue siendo carretera de montaña y hay días en que se exigen cadenas o se cierra directamente. La entrada por La Seu d'Urgell está a mucha menos altitud y rara vez se complica.
En verano, en cambio, la francesa gana atractivo. La N-20 entre Foix y Ax-les-Thermes es una carretera preciosa, hay pueblos que merecen la parada y el tráfico es más fluido que en la C-14 catalana, saturada de coches con destino a los valles pirenaicos.
La fórmula que mejor funciona: ir por una y volver por la otra¶
Si el viaje incluye al menos una noche, la decisión más inteligente no es elegir una ruta sino usar las dos. Se sube por España y se vuelve por Francia, o al revés, y el trayecto deja de ser un peaje que se paga para llegar y se convierte en parte del viaje.
La diferencia es real y no solo estética. Los dos lados de los Pirineos tienen arquitectura distinta, vegetación distinta y una luz distinta, y recorrer los mismos seiscientos kilómetros dos veces en sentido contrario por el mismo sitio se hace mucho más largo de lo que cuesta variar. Además, permite repartir las paradas interesantes entre la ida y la vuelta en lugar de amontonarlas todas en un mismo día.
Por el lado francés, la parada obligada es Foix, con su castillo de tres torres dominando el pueblo desde un peñasco y un casco antiguo que se recorre en un paseo tranquilo. Un par de horas allí rompen el viaje perfectamente y justifican la ruta por sí solas. Ax-les-Thermes, con sus aguas termales y su ambiente de balneario de montaña, es otra opción si se prefiere parar más cerca de la frontera.
Por el lado español, la parada natural es La Seu d'Urgell, con su catedral románica de Santa Maria, la única catedral románica que queda en Cataluña, y un casco antiguo con soportales que sorprende a quien solo la conocía como el pueblo de antes de la aduana. Más atrás, Balaguer y el desfiladero de Organyà dan de sobra para estirar las piernas.
Peajes, combustible y presupuesto del viaje¶
Conviene hacer números antes de salir, porque la diferencia entre las dos rutas no es despreciable. La española combina un tramo largo de autopista de peaje entre Bilbao y Zaragoza con autovía gratuita y carreteras convencionales después. La francesa es casi toda autopista de peaje, más el túnel de Envalira si se opta por él, lo que la convierte en la opción claramente más cara.
Hay una compensación que casi todo el mundo aplica: repostar dentro de Andorra, donde el combustible es sensiblemente más barato que en España y bastante más que en Francia. Llegar con el depósito bajo y llenarlo antes de volver es una costumbre tan extendida que las gasolineras del principado tienen colas los domingos por la tarde. Si vas por Francia, la recomendación clásica es cargar en Irún antes de cruzar.
Conducir dentro de Andorra y la aduana de vuelta¶
Dentro del principado hay que contar con dos cosas. La primera es que las carreteras son buenas pero de montaña, con límites bajos y controles de velocidad frecuentes, y que el eje que atraviesa Andorra la Vella se colapsa a media mañana y a última hora de la tarde. La segunda es el invierno: hay tramos donde las cadenas o los neumáticos de invierno son obligatorios cuando lo indica la señalización, y conviene consultar el estado de las carreteras el mismo día.
Y hay un detalle que sorprende a quien no lo ha vivido: al salir de Andorra se cruza una aduana de verdad, porque el principado no pertenece a la Unión Europea. Hay controles aleatorios que se intensifican los fines de semana y en temporada alta, y existen límites de franquicia sobre lo que se puede pasar sin declarar, tanto por España como por Francia. Si el viaje incluye compras, merece la pena revisar antes qué compensa comprar en Andorra y cuáles son esos límites, porque afectan más de lo que la gente supone.
Un último consejo sobre cómo plantear el viaje¶
Seiscientos kilómetros son muchos para un fin de semana corto y muy pocos para una semana. El punto dulce está en tres días: salir temprano el primero, llegar a media tarde con tiempo para instalarse y bajar al agua caliente, dedicar el día central íntegramente al país y volver el tercero por la otra ruta, parando donde apetezca.
Planteado así, el trayecto deja de ser un obstáculo. Las paradas dejan de ser interrupciones y se convierten en parte del plan, las conversaciones dentro del coche acaban siendo uno de los recuerdos que quedan, y uno llega a Andorra sin la sensación de haber quemado el día entero en la carretera. Que es, al final, la diferencia entre un desplazamiento y un viaje.