
Shanghái en 3 días: el itinerario completo para leer la ciudad en capas
Del Bund al templo de jade, del Barrio Francés al M50: tres jornadas para entender la ciudad más ambiciosa de Asia
Tres días en Shanghái permiten hacer algo que dos días no pueden: bajar el ritmo el tiempo suficiente para que la ciudad te explique sola lo que es. No hace falta correr. Hace falta elegir bien y dejar que cada barrio haga su trabajo, que es considerable. Esta ciudad tiene capas visibles y capas que se revelan solo si uno se detiene: el contraste entre las dos orillas del Huangpu, la vida escondida de los callejones de Tianzifang, el jade birmano que brilla en la penumbra del Templo del Buda de Jade. Tres días son suficientes para ver todo eso y regresar con algo que no tiene equivalente en ningún otro lugar del mundo.
Este itinerario está pensado para tres jornadas bien diferenciadas: el primer día, el contraste visible que define Shanghái; el segundo, la ciudad histórica y creativa; el tercero, los templos y el comercio más auténtico. Cada día tiene su propio carácter y su propio ritmo.
Día 1: el contraste visible — el Bund y Pudong¶
Mañana: el Bund en la hora dorada
El primer día empieza donde tiene que empezar Shanghái: en el Bund, antes de las nueve de la mañana, cuando la luz matinal es todavía oblicua y la ciudad tiene la quietud breve que precede al ruido. El paseo de 1,5 kilómetros a orillas del río Huangpu es la imagen más reproducida de Shanghái y también una de las más complejas de leer si uno se toma el tiempo necesario.
A un lado del paseo, los cuarenta y ocho edificios de estilos neoclásico, art déco y beaux-arts que los bancos y las compañías comerciales europeas construyeron aquí entre 1900 y 1940: el Customs House con su reloj, el Peace Hotel con su techo piramidal verde, el Hong Kong and Shanghai Bank con su cúpula. Son edificios de representación, construidos para que Shanghai pareciera una capital financiera a la par con Londres o Hamburgo, y lo consiguieron. Hoy son patrimonio histórico y dan al paseo una gravedad arquitectónica que contrasta radicalmente con lo que hay al otro lado del río.
Al otro lado está Pudong: la Perla Oriental con sus esferas rosadas, la Torre Jin Mao con su silueta de pagoda multiplicada, el World Financial Center con su agujero rectangular en lo alto —el "sacacorchos" de 492 metros— y la Shanghai Tower, que con sus 632 metros es el segundo edificio más alto del mundo. Este skyline no tiene equivalente en ninguna otra ciudad del planeta, y lo más sorprendente es que hace cuarenta años Pudong era un conjunto de aldeas de pescadores y campos de cultivo.
Caminar el paseo completo de norte a sur lleva entre cuarenta minutos y una hora con las paradas necesarias. El ferry del Huangpu desde el muelle del Bund cruza al otro lado en diez minutos por unos pocos yuanes, y la perspectiva del Bund colonial vista desde el agua es completamente diferente a cualquier ángulo desde tierra.
Tarde: Pudong desde dentro
En Pudong, el objetivo de la tarde es uno de los miradores. El Sky Walk del World Financial Center en el piso 100 —492 metros de altura con un tramo de suelo de cristal— es la experiencia más recomendada: ver el río, los coches y las personas a esa distancia a través del cristal bajo los pies activa instintos de supervivencia que ninguna fotografía puede preparar. Shanghái vista desde esa altura se extiende en todas las direcciones hasta el horizonte como un organismo vivo de proporciones casi incomprensibles. La cifra —doscientos kilómetros cuadrados de ciudad continua— no transmite lo mismo que verla con los ojos.
La alternativa, o complemento para quien tenga energía, es la Shanghai Tower en el piso 118: el mirador accesible al público más alto del mundo, con el ascensor más rápido del planeta subiendo a 74 km/h. La visibilidad en un día despejado alcanza los 130 kilómetros.
Desde Pudong, el regreso en metro o en el ferry desde el muelle de Lujiazui.
Noche: el Bund iluminado
El cierre del primer día no puede ser otro que volver al Bund al atardecer y quedarse hasta que Pudong esté completamente iluminado. La transformación entre el Bund de día y el Bund de noche es suficientemente marcada para justificar el regreso: los edificios coloniales se iluminan con luz cálida y dorada, los rascacielos de Pudong se encienden pantalla por pantalla con colores que cambian continuamente, y el reflejo de todo ello en el río Huangpu convierte el conjunto en algo que desde las fotografías parece exagerado y en directo resulta completamente real.
Es Blade Runner hecho realidad. Y la descripción sigue siendo la más exacta.
Día 2: la Shanghái histórica y el arte¶
Mañana: Yu Garden y la ciudad antigua
El segundo día empieza en el Jardín Yuyuan, a unos veinte minutos del Bund en dirección sur. El jardín clásico Ming —construido en 1577 durante la dinastía Ming por el funcionario Pan Yunduan como regalo para sus padres, un espacio de felicidad y contemplación para su vejez— es el contrapeso temporal necesario después del primer día en los rascacielos: cuatrocientos cincuenta años de historia en dos hectáreas que podrían pertenecer a la China imperial si los rascacielos no asomaran por encima de las tapias.
La filosofía del jardín clásico chino no es la del jardín occidental: no se busca la simetría ni la exhibición de poder, sino la ilusión de infinitud en un espacio pequeño. El Yuyuan lo consigue con una eficiencia asombrosa. Cada recodo del camino abre una perspectiva nueva, cada pabellón enmarca una composición distinta de roca, agua y vegetación.
Los puntos de detención más recomendados son el Puente de los Nueve Giros sobre el estanque central —un puente zigzagueante de madera que según la tradición confunde a los espíritus malignos, que solo pueden viajar en línea recta— y la Casa de Té Huxinting, la más antigua de Shanghái, que parece flotar sobre el agua. La Roca de Jade Exquisita, una formación porosa de cinco toneladas rescatada del río Huangpu, es el objeto más antiguo del jardín y tiene una presencia física que sorprende: está llena de agujeros naturales, y la tradición dice que encendiendo varillas de incienso en un extremo, el humo emerge por todos los demás.
El jardín requiere entre una hora y hora y media para recorrerse con calma.
Alrededor del jardín, el Mercado de Yuyuan —el bazaar de las calles en torno al jardín— es ruidoso, comercial y completamente necesario para entender la capa más accesible de la Shanghái tradicional. Los puestos de xiaolongbao —los dumplings de sopa shanghaineses que estallan al morderlos liberando un caldo caliente— son la experiencia gastronómica más característica del barrio.
Tarde: el Barrio Francés, Xintiandi y Tianzifang
La tarde del segundo día pertenece al circuito del Barrio Francés. La transición desde la ciudad antigua hasta aquí es uno de los cambios de atmósfera más marcados de Shanghái: de los pabellones Ming a los plátanos centenarios de Fuxing Road, donde las aceras cambian de anchura, los edificios bajan de altura y el ritmo de la calle se vuelve más amable.
La Concesión Francesa —el distrito que los franceses controlaron entre 1849 y 1943— es hoy el barrio más seductor de Shanghái para el visitante con sensibilidad urbana. Sus calles arboladas, las villas art déco de los años veinte y treinta y las antiguas mansiones de los comerciantes chinos ricos que vivían aquí crean un ambiente completamente distinto al resto de la ciudad. El Parque Fuxing —diseñado en estilo francés y hoy el pulmón verde del barrio— es donde los shangaineses de mayor edad salen a practicar tai chi por las mañanas y a bailar en grupo al atardecer. Veinte minutos aquí son veinte minutos de Shanghái cotidiana sin filtros turísticos.
Xintiandi, a diez minutos caminando hacia el norte desde el parque, es el experimento de rehabilitación urbana más exitoso de la ciudad: una manzana de casas shikumen —las construcciones de ladrillo con puertas de entrada monumentales que son el tipo de vivienda más característico de la ciudad antigua— restaurada y convertida en zona peatonal con restaurantes, galerías y tiendas de diseño. La Casa de la Reunión del Primer Congreso del Partido Comunista Chino —donde el partido fue fundado en 1921— está integrada en el conjunto como museo y es visitable gratuitamente.
Desde Xintiandi, Tianzifang está a unos quince minutos al sur: una red de callejones del barrio de Luwan con talleres de artistas locales, tiendas pequeñas de objetos de diseño chino contemporáneo, cafeterías independientes y galerías. Menos pulida que Xintiandi, más auténtica en el sentido de que la gentrificación no la ha limpiado todavía del todo. Los callejones más estrechos, los gatos durmiendo en los escalones, la ropa tendida entre ventanas: es el lilong original con una capa de economía creativa encima.
Atardecer: el M50 Arts District
Al atardecer del segundo día, M50 —el complejo de arte contemporáneo instalado en las antiguas fábricas textiles a orillas del Suzhou Creek, en el barrio de Putuo— cierra el día con una nota industrial y creativa. El trayecto desde el Barrio Francés lleva unos veinte minutos en metro.
Más de cien galerías de arte contemporáneo ocupan los almacenes de ladrillo de las fábricas. La calidad de las exposiciones es variable, pero el espacio en sí —con los techos industriales altos, los patios convertidos en zonas de tránsito entre galerías y las vistas al Suzhou Creek desde el paseo exterior— tiene un interés propio más allá del arte que contiene. Es el barrio artístico de Shanghái que los circuitos turísticos convencionales suelen pasar por alto, y eso habla bien de él.
El paseo a lo largo del Suzhou Creek desde M50 hacia el este, con el canal, los puentes y los edificios industriales reconvertidos en estudios, es uno de los recorridos más tranquilos y menos turísticos de toda la ciudad.
Día 3: la Shanghái espiritual y comercial¶
Mañana: el Templo del Buda de Jade
El tercer día empieza en el Templo del Buda de Jade (Yufo Si), en el barrio de Putuo. Construido en 1882 durante la dinastía Qing y reconstruido en su ubicación actual en 1928, este templo budista es uno de los pocos activos de la ciudad, con monjes residentes y ceremonias regulares que le dan un carácter genuino que los templos convertidos en museos no pueden reproducir.
Sus dos estatuas de Buda talladas en jade blanco birmano —traídas desde Birmania por el monje Huigen— son el centro de atracción: el Buda sentado y el Buda reclinado, en su momento de entrada al nirvana. El jade utilizado es de una calidad y un tamaño raramente vistos fuera de Birmania, y las estatuas tienen una presencia que va más allá de lo decorativo. La luz filtrada por los ventanales, el aroma del incienso mezclado con el murmullo de las oraciones de los devotos, los patios de madera con sus techos curvos: cuando se llega a ellos después de ignorar la estrategia comercial de entrada —siempre orientan a los turistas hacia una "tienda-museo" al principio del recorrido, conviene sortearla con amabilidad y seguir directamente hacia los patios— la visita tiene una dimensión más genuina y más silenciosa de lo que el entorno urbano haría prever.
Desde el templo, Jing'an está a pocos minutos en metro.
Mediodía: el barrio de Jing'an
El barrio de Jing'an es el resultado más irónico de la modernización de Shanghái: el Templo de Jing'an, con su arquitectura Song reconstruida y sus tejados curvos de cerámica, está literalmente rodeado de centros comerciales de lujo. La contradicción es tan visual y tan marcada que resulta fotográficamente perfecta: el templo activo con sus fieles y su incienso, enmarcado por las fachadas de vidrio de los grandes almacenes.
Las Jing'an Villas —las casas adosadas de estilo Tudor de 1928, construidas para los residentes extranjeros de la época colonial y hoy convertidas en restaurantes y boutiques— están a tres minutos del templo y tienen una escala doméstica que resulta completamente inesperada en pleno centro de la ciudad. El Parque de Jing'an, adyacente al templo, es donde los residentes del barrio salen a caminar y a hacer ejercicio, y donde la vida cotidiana de Shanghái tiene una presencia más visible que en los grandes circuitos turísticos.
Para comer, los restaurantes de las calles laterales de Jing'an son buenos y tienen precios más razonables que los del entorno de Xintiandi o el Bund.
Tarde y noche: la Nanjing Road
La Nanjing Road peatonal —cinco kilómetros de la calle comercial más transitada de China— es el cierre lógico del tercer día y del viaje entero. No porque sea el lugar más bello de Shanghái —no lo es— sino porque es el lugar más elocuente sobre lo que es esta ciudad en su versión más directa y sin mediaciones: una megápolis comercial de proporciones que no tienen equivalente occidental, donde la densidad de personas, los carteles luminosos, los centros comerciales de todos los tamaños y la mezcla de marcas internacionales con tiendas tradicionales chinas crean una experiencia sensorial completamente diferente a cualquier calle peatonal europea.
La Nanjing Road de noche, cuando los neones se encienden y el número de personas en la calle no disminuye, es la Shanghái más vertiginosa. No hace falta comprar nada para que el recorrido tenga sentido. Es suficiente con caminar, mirar y confirmar que la escala de esta ciudad —la densidad, la velocidad, la ambición— no tiene comparación posible con nada que se haya visto antes.
El People's Square (Plaza del Pueblo) está en el extremo oeste de la Nanjing Road peatonal y es el corazón cívico de Shanghái: una gran plaza con el Museo de Shanghái —considerado uno de los mejores museos de historia china del país— y el Museo de Urbanismo, con su maqueta gigante de la ciudad a escala. Si queda energía, merece una visita.
Información práctica para tres días¶
Transporte: El metro de Shanghái es moderno, limpio, eficiente y tiene señalización en chino e inglés. Es la forma más eficiente y económica para todos los desplazamientos del itinerario. El ferry del Huangpu desde el muelle del Bund cruza a Pudong en diez minutos y vale la experiencia aunque solo sea por la perspectiva del Bund desde el agua.
Alojamiento: El Barrio Francés es la zona más recomendada para alojarse en Shanghái por la combinación de conexión con el metro, arquitectura agradable en los alrededores y opciones para todos los presupuestos. Los hoteles del Bund son los más caros y tienen las mejores vistas. Los hostales y hoteles boutique del Barrio Francés tienen más carácter y más comodidad para base de operaciones.
Gastronomía: Los restaurantes de los barrios residenciales —Jing'an, Barrio Francés, Putuo— son más baratos y con frecuencia de mayor calidad que los del entorno de las atracciones turísticas. Los xiaolongbao son obligatorios. Los puestos alrededor del mercado de Yuyuan los sirven bien; los restaurantes locales de Fuxing Road los hacen igual de bien y con menos cola. Un principio útil: cuanto más lejos del Bund o de Xintiandi, más probable que el precio sea justo y la comida sea lo que los locales eligen por gusto propio.
Dinero: China funciona mayoritariamente con pagos por móvil (Alipay y WeChat Pay). Los turistas extranjeros pueden vincular una tarjeta bancaria internacional a Alipay con el pasaporte. Llevar algunos yuanes en efectivo es útil para las situaciones donde no se acepten tarjetas. Los cajeros automáticos de Bank of China e ICBC suelen aceptar tarjetas Visa y Mastercard.
Idioma: El mandarín es el idioma de Shanghái. El inglés se habla en los hoteles y en las atracciones turísticas principales, pero en la calle y en los restaurantes locales puede no haber quien lo entienda. Una aplicación de traducción con reconocimiento de texto resulta muy útil para leer menús.
Visado: Shanghái está en China continental y requiere visado para ciudadanos españoles y de la UE en la mayoría de los casos. Existe la excepción del tránsito sin visado de 144 horas para determinadas nacionalidades con vuelos de conexión; conviene verificar la normativa actualizada con antelación.
El mejor momento para ir: Los meses de octubre y noviembre son los más recomendados: temperaturas de entre 15 y 25 grados, cielos generalmente despejados y la luminosidad otoñal que hace que el Bund y el Barrio Francés luzcan en su mejor versión. La primavera —marzo y abril— es la segunda opción. El verano es muy húmedo y caluroso, y los meses de invierno traen frío y niebla que pueden tapar los rascacielos de Pudong durante días enteros. Aunque la Shanghái entre la niebla tiene su propia belleza.