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Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Shanghái.

Destinos · China · Shanghái

El Bund y Pudong: el contraste más fotogénico de Asia

Arquitectura art déco colonial frente a un skyline futurista, separados por el río Huangpu y cuatro décadas de historia

Lectura de 9 minutos

Hay imágenes que te hacen decidir que tienes que ir a un sitio. Para mí, con Shanghái, fue una fotografía nocturna del Bund: los edificios coloniales iluminados en la orilla izquierda y el skyline de Pudong ardiendo de luces en la derecha, con el río Huangpu negro y brillante entre los dos. Me pareció una imagen tan improbable, tan claramente perteneciente a otro tiempo —o a varios tiempos al mismo tiempo— que necesitaba ver si era real. Lo es. Y en persona es todavía más difícil de procesar que en cualquier fotografía.

El Bund y Pudong son la razón por la que Shanghái aparece en todos los libros sobre ciudades del futuro. No por ninguno de los dos lados por separado, sino por la conversación que mantienen uno con el otro a través del agua.

El Bund: cuarenta y ocho edificios y una historia colonial

El Bund —palabra de origen angloindio que designa un terraplén o malecón— es el paseo de 1,5 kilómetros sobre la orilla occidental del río Huangpu que fue el centro del poder financiero y comercial de la Shanghái colonial entre 1843 y 1943. Cuando Gran Bretaña, Francia y otros países occidentales establecieron sus concesiones en Shanghái tras la Primera Guerra del Opio, el Bund fue donde construyeron sus bancos, sus sedes comerciales, sus clubs y sus hoteles.

Los cuarenta y ocho edificios que se conservan son un catálogo de los estilos arquitectónicos en boga en la arquitectura de representación de las primeras décadas del siglo XX: neoclásico en el Hong Kong and Shanghai Bank y el Customs House, art déco en el Cathay Hotel —hoy Peace Hotel— y el Bank of China, neorrenacentista en el antiguo Consulado de Francia. Todos fueron proyectados por arquitectos británicos principalmente, con una escala pensada para impresionar a quien llegara por el río desde el mar.

Lo que hace especial al Bund desde el punto de vista arquitectónico no es ningún edificio en particular sino la continuidad del conjunto: la misma línea de cornisa se mantiene a lo largo de todo el paseo, los edificios tienen una escala comparable y una alineación rigurosa con la orilla del río. El resultado es una fachada urbana coherente que en su momento era la más impresionante del Extremo Oriente.

El Customs House —la Aduana— es el edificio que mejor cuenta la historia de poder del Bund: su reloj de torre, que durante décadas marcó el tiempo de las transacciones comerciales de toda la región, sigue en funcionamiento. Durante la Revolución Cultural fue modificado para tocar La Internacional, pero el mecanismo original fue restaurado después.

El Peace Hotel —el antiguo Cathay Hotel de Victor Sassoon, inaugurado en 1929 y considerado el hotel más lujoso de Asia en su momento— tiene su fachada art déco de cobre verde en el extremo sur del paseo. Fue el hotel donde residían los viajeros más ricos del mundo en los años treinta, y su restaurante y bar siguen siendo uno de los sitios más elegantes para sentarse a contemplar el río y Pudong al otro lado.

El paseo del Bund en sí es peatonal, ancho y completamente público. La mejor forma de recorrerlo es sin prisa: caminar desde el extremo norte hasta el extremo sur, detenerse a leer los carteles que explican la historia de cada edificio, y encontrar el banco o la terraza desde donde la perspectiva del skyline de Pudong al otro lado resulte más satisfactoria. La vista más clásica —la que aparece en todas las fotografías— es desde la orilla del Bund mirando al este, con la Perla Oriental, la Jin Mao y el World Financial Center alineados en la orilla de Lujiazui.

El río Huangpu y el ferry

El Huangpu divide Shanghái en dos sectores históricamente distintos. El lado occidental —el Puxi, literalmente "al oeste del Huangpu"— es donde está el Bund, el Barrio Francés y la ciudad histórica. El lado oriental —Pudong, "al este del Huangpu"— era terreno agrícola hasta que en 1990 el gobierno decidió convertirlo en el laboratorio urbanístico más ambicioso del mundo.

El ferry público que cruza el Huangpu entre el Bund y Pudong es la forma más barata y más auténtica de ver el contraste entre las dos orillas: un billete de unos dos yuanes, un trayecto de diez minutos, y la perspectiva que cambia completamente según desde qué orilla se esté mirando. Desde el ferry, la escala de Pudong resulta todavía más desproporcionada que desde tierra firme: los rascacielos son tan altos que la cámara tiene que inclinarse hacia atrás para encuadrarlos.

Hay también cruceros turísticos por el Huangpu —tanto de día como de noche— que ofrecen vistas más amplias y más tiempo en el agua. Los de noche, cuando ambas orillas están iluminadas al completo, son los más espectaculares.

Pudong: la ciudad que se construyó en veinte años

En 1990, Pudong era un conjunto de aldeas de pescadores, arrozales y pequeñas fábricas. El gobierno chino tomó la decisión de convertir todo ese terreno en el nuevo distrito financiero de Shanghái, y en los treinta años siguientes Pudong pasó de 600.000 habitantes a más de cinco millones, y de ningún edificio de altura a algunos de los más altos del mundo.

La zona de Lujiazui —el extremo de la península que apunta hacia el Bund— concentra los cuatro edificios que definen el skyline moderno de Shanghái.

La Torre Perla Oriental —468 metros, terminada en 1994— fue el primer gran rascacielos de Pudong y durante años el símbolo indiscutible de la nueva Shanghái. Su diseño de once esferas de diferentes tamaños conectadas por columnas no tiene equivalente en ninguna otra ciudad: es inconfundiblemente asiático en su estética, inspirado en un poema clásico chino que habla de perlas cayendo sobre jade. Vista de cerca, la escala resulta absurda. Vista desde el Bund, parece más razonable aunque no menos insólita.

La Torre Jin Mao —420 metros, 1999— tiene un diseño que combina modernidad y tradición de manera más armoniosa: su silueta escalonada en vertical evoca la pagoda china en una versión multiplicada hacia arriba. El Grand Hyatt instalado en sus pisos superiores tiene uno de los atrios más espectaculares que se pueden ver en un hotel: un cilindro de cristal de treinta pisos de altura que sube desde la planta 56 hasta la 87, con los balcones de los corredores en espiral visible desde abajo.

El Shanghai World Financial Center —492 metros, 2008— es el que tiene el agujero: un corte trapezoidal en la parte superior del edificio que fue diseñado originalmente como círculo (una referencia al sol) pero que tuvo que cambiarse a forma cuadrada por protestas de los vecinos chinos que veían en el círculo un símbolo de la bandera japonesa. El resultado, un trapecio en el extremo de un edificio altísimo, es extraño y memorable al mismo tiempo. El mirador en el piso 100 —el Sky Walk 100— tiene un tramo de suelo de cristal que desafía el sentido de equilibrio de manera bastante eficaz a 492 metros de altura.

La Shanghai Tower —632 metros, 2015— es la más nueva y la más alta del conjunto, con un diseño helicoidal que en las fotografías parece girar mientras el edificio sube. Tiene el ascensor más rápido del mundo —74 km/h— y el mirador más alto accesible al público en el mundo, en el piso 118.

El mejor mirador para ver el contraste

La pregunta práctica que todos hacen es: ¿desde dónde se ve mejor el contraste entre el Bund y Pudong?

Desde el Bund mirando a Pudong: la vista clásica, disponible a cualquier hora y sin coste. De noche, cuando los rascacielos están completamente iluminados, es cuando resulta más impresionante.

Desde Pudong mirando al Bund: menos conocida pero igualmente fascinante. Desde la orilla del Huangpu en Lujiazui se ve el Bund como una línea continua de arquitectura histórica, con el pañuelo de cielo entre los edificios coloniales y el río. Esta perspectiva invierte el argumento: el pasado colonial mirando hacia el espectador desde el futuro.

Desde los miradores de Pudong: la vista de 360 grados desde cualquiera de los tres miradores (World Financial Center, Jin Mao, Shanghai Tower) incluye tanto el Bund como el resto de Shanghái extendiéndose en todas las direcciones. A esa altura, el río Huangpu parece un hilo de plata entre dos mundos.

Desde el ferry: la perspectiva en movimiento, con el ángulo cambiando a medida que el barco cruza, es quizás la más cinematográfica y definitivamente la más económica.

La noche del Bund: Blade Runner hecho realidad

El Bund de noche es una experiencia diferente al Bund de día, no solo por las luces sino por el ambiente. Las personas que pasean de noche tienen un ritmo distinto: más lento, más contemplativo. Las parejas se sientan en los bancos mirando al río. Los turistas fotografían con trípode el skyline iluminado. Los lugareños pasean en grupos familiares.

Y al otro lado, Pudong se enciende. Las pantallas LED de los rascacielos muestran anuncios animados de tamaño colosal. Los colores de la Torre Perla Oriental cambian cada pocos minutos. Las luces del World Financial Center y la Shanghai Tower crean un skyline que por momentos parece sacado de una película de ciencia ficción de los años ochenta, de ese futuro imaginado que nunca llegó a Europa pero que Shanghái construyó de verdad.

Las fotografías de este espectáculo son las más compartidas de Shanghái, y aun así no preparan para verlo en persona. La escala, el color, el reflejo en el agua, la mezcla entre el art déco iluminado del Bund y el futurismo desbocado de Pudong: es una de esas imágenes que se llevan de un viaje y que resulta difícil explicar sin sonar exagerado.