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El paso Vršič y el valle del Soča: la mejor carretera de Eslovenia
Cincuenta curvas de herradura numeradas, construidas en la Primera Guerra Mundial por prisioneros rusos, que cruzan el Parque Nacional de Triglav y bajan al río más bonito del país. Guía completa de la ruta, parada a parada.
Hay carreteras que son un medio para llegar a un sitio y carreteras que son el sitio. El paso Vršič pertenece a la segunda categoría. Une Kranjska Gora, al norte, con Bovec, en el valle del Soča, atravesando el corazón del Parque Nacional de Triglav, y en cincuenta kilómetros concentra más paisaje, más historia y más paradas que jornadas enteras en otros países.
De todo el viaje por Eslovenia, esta fue la mejor jornada. Y lo fue en parte porque no es solo un puerto de montaña bonito: es una carretera con una historia detrás bastante dura, que conviene conocer antes de subirla porque cambia por completo la manera de mirarla.
Diez mil prisioneros rusos y cuatrocientos muertos bajo la nieve¶
La carretera se construyó entre 1915 y 1916. La levantaron aproximadamente diez mil prisioneros de guerra rusos capturados por las fuerzas austrohúngaras durante la Primera Guerra Mundial, y no fue una obra civil: era una necesidad militar. Los austrohúngaros tenían que abastecer el frente del Isonzo, la línea de combate que enfrentó a Italia contra el imperio en once batallas consecutivas entre 1915 y 1917, y necesitaban un paso que cruzara la montaña.
En enero de 1916, una avalancha sepultó a unos cuatrocientos de aquellos prisioneros mientras trabajaban. La capilla que se levantó en su memoria, justo después de la curva 8, es hoy la primera parada obligada del recorrido y el motivo por el que esta carretera no se sube igual sabiéndolo.
La ruta, curva a curva¶
Son unos cincuenta kilómetros con cincuenta curvas de herradura perfectamente numeradas, veinticuatro subiendo y veintiséis bajando. Muchas están adoquinadas en lugar de asfaltadas, lo que mejora el agarre en condiciones adversas pero no hace el trazado menos exigente. Se tarda entre dos y tres horas en hacerlo entero si se para en todo, y merece la pena pararse en todo.
Curva 8: la capilla rusa
Ruska Kapelica es una construcción pequeña de madera, sin vistas espectaculares ni interés paisajístico particular. Su peso es otro: jóvenes conscriptos de un ejército derrotado, forzados a construir una carretera de montaña en pleno invierno alpino y sepultados por la nieve. Diez minutos de parada que convierten el resto del día en algo más que una excursión.
El aparcamiento, a la derecha justo después de la curva, tiene sitio para una docena de coches y es claramente insuficiente para la afluencia que recibe.
El alto: 1.611 metros
Es el punto más alto del recorrido y el puerto más alto de Eslovenia. Hay un ensanchamiento donde la gente aparca como puede, de pago y sin organización aparente, con un servicio prestado que en la práctica es nulo.
Aviso honesto: las vistas desde el alto son buenas, pero no las mejores del recorrido. Tengo la sensación de que en varios puntos de la subida quedaron atrás panorámicas superiores que no pude apreciar bien porque iba conduciendo, y las posibilidades de parar con seguridad son escasas: las autoridades no han hecho ningún esfuerzo por habilitar miradores o señalizar las cumbres visibles. Si viajáis dos, que el copiloto mire por los dos.
Desde la zona inferior del aparcamiento sale una carretera secundaria que en quince minutos lleva a un mirador con buenas vistas hacia las cumbres, y esa sí compensa.
La bajada sur
El descenso hacia el valle del Soča es pronunciado. Conviene circular en marcha corta y no abusar del freno, que es el consejo de siempre y el que siempre se ignora hasta que huele a pastilla quemada.
En la curva 48 hay una estatua del escritor y alpinista Julius Kugy, pero el espacio para detenerse es de dos coches como máximo. Mejor seguir hasta el aparcamiento amplio que aparece poco después.
El nacimiento del Soča¶
En la curva 49 sale a la derecha una carretera que cruza un pequeño puente y lleva al nacimiento del río. El Soča —Isonzo en italiano— es el río más famoso de Eslovenia por su turquesa intenso, producto de la disolución del carbonato cálcico de la caliza del Triglav. Y es tan limpio que se usa como referencia de calidad del agua en toda la región alpina.
La carretera termina en un restaurante y un aparcamiento siempre insuficiente. Desde ahí, quince minutos de camino entre bosque con el río a la izquierda, con varios accesos hasta el cauce para acercarse al agua. En agosto el Soča lleva poco caudal aquí arriba.
Un aviso serio sobre el tramo final: a partir de cierto punto el sendero deja de ser un paseo. Hay que agarrarse a un cable y no es recomendable para niños ni para quien no esté habituado a terreno de montaña. El problema añadido es la congestión: mucha gente yendo y viniendo por el mismo paso estrecho, lo que dificulta apoyar los pies y usar el cable con seguridad. Nosotros no llegamos al nacimiento propiamente dicho por eso, y nos quedamos a unos metros del punto donde el agua brota de la roca. No me pareció ninguna tragedia: el valor está en el recorrido y en el color del agua, no en tocar el manantial.
Las dos paradas que casi nadie hace¶
Un poco más abajo hay un aparcamiento amplio junto a un puente sobre el Soča, con mesas de picnic. Es un sitio excelente para comer y desde ahí salen a pie dos puntos que la mayoría se salta.
El mirador de Julius Kugy. Cien metros de carretera hacia abajo y un sendero a la izquierda que cruza el río por un puente colgante de madera. Kugy fue alpinista, botánico y escritor, nacido en Trieste en 1858; exploró los Alpes Julianos con una meticulosidad casi científica durante décadas, marcó más de cincuenta rutas nuevas hacia las cumbres del Triglav y dejó escritos que siguen siendo referencia. La estatua está colocada para que contemple eternamente las cimas que recorrió. El sitio tiene una paz que no tiene ningún otro punto del recorrido, seguramente porque llegar exige un esfuerzo que casi nadie hace.
La garganta Mlinarica. De vuelta al puente colgante, en lugar de cruzarlo se sigue de frente hacia Korita Mlinarice. Hay carteles avisando de posibles desprendimientos. Al final del sendero, un mirador de madera da sobre la garganta y una pequeña cascada que surge entre las paredes de roca. Diez minutos de paseo y ni un alma.
Bajando hacia Bovec: la cascada Boka¶
Pasada la curva 50 —la última de herradura— la carretera sigue siendo estrecha y sinuosa durante un buen rato. Poco después de Bovec, antes de un puente con barandilla de piedra, hay un aparcamiento pequeño a la izquierda para visitar la cascada Boka, ciento seis metros de caída y una de las más altas del país.
Si está lleno, que suele estarlo, la solución es retroceder hasta el aparcamiento de un restaurante cercano y tomar desde ahí una senda que evita caminar por la carretera, que no tiene arcén. El camino tiene desnivel pero es sencillo. El pero es que el mirador queda bastante alejado del salto y cuesta apreciar la escala.
Cuándo se puede hacer y cuándo no¶
Esto es crítico y hay que planificarlo: el paso Vršič cierra por nieve en invierno. No es un cierre ocasional sino estacional, y afecta a buena parte del año fuera de la temporada cálida.
Con el paso cerrado, ir del valle del Soča al norte del país implica un rodeo enorme por Italia, o subir el coche al tren lanzadera que atraviesa la montaña, que funciona pero consume mucho tiempo. Si el viaje es de invierno o de principios de primavera, hay que comprobar el estado del paso antes de montar la ruta, porque toda una jornada depende de ello.
En verano, el problema no es la nieve sino los ciclistas. La dificultad principal de esta carretera no es técnica sino de paciencia: la cantidad de gente que sube el puerto en bicicleta es enorme y adelantar en curvas cerradas con visibilidad reducida obliga a esperar el momento adecuado una y otra vez. Quien tenga prisa, que elija otra carretera.
Cómo encajarlo en el viaje¶
Esta ruta ocupa una jornada completa y encaja de forma natural entre la zona de los lagos y el valle del Soča, que es exactamente donde la sitúo en la ruta de 7 días por Eslovenia. Se sube desde Kranjska Gora por la mañana y se termina en Kobarid o en Bovec, donde conviene dormir.
Si el viaje es más corto, es la primera jornada que se cae por logística, según explico en el itinerario de 4 o 5 días. Y es una lástima, porque para mí es lo mejor que tiene el país.
Del final del recorrido cuelga además la otra gran historia de este valle: la batalla de Caporetto, que se libró aquí abajo en 1917 y que cambió el curso de la guerra. Eso da para su propio artículo: Kobarid y el frente del Isonzo.
Cuatro consejos para el día¶
Sal temprano. Los aparcamientos de la capilla rusa, del nacimiento del Soča y de la Boka son todos pequeños y se llenan desde media mañana.
Lleva picnic. El área de mesas junto al puente sobre el Soča es el mejor sitio para comer de toda la ruta, y la alternativa son restaurantes de carretera con precios de sitio turístico.
Calzado de monte, no zapatillas. El tramo final del nacimiento del Soča y el descenso hacia la Mlinarica lo agradecen.
Reparte la conducción si podéis. Cincuenta curvas de herradura miradas desde el volante son cincuenta curvas que no ves. Es el único modo de que quien conduce se lleve también el paisaje.