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El paseo de Lluís Companys visto desde lo alto del Arco de Triunfo, con las palmeras y farolas modernistas y el Castell dels Tres Dragons al fondo

Destinos · España · Barcelona

Barcelona en 5 días: la versión completa

Cinco jornadas para conocer la ciudad en profundidad y escapar a Sitges o Montserrat

Lectura de 9 minutos

Cinco días en Barcelona es el tiempo en que la ciudad empieza a revelarse de verdad. No solo sus monumentos —que con tres días ya se han cubierto—, sino su ritmo, sus barrios secundarios, la vida que existe fuera de los circuitos turísticos. Con cinco días hay tiempo para la Sagrada Família sin prisa, para perderse en el Poblenou una tarde, para subir al Tibidabo y para hacer la excursión que le da al viaje una dimensión que la ciudad sola no puede dar: Sitges al sur o Montserrat al norte.

Este itinerario está pensado para quien quiere conocer Barcelona más allá de lo que cualquier guía cubre, sin sacrificar ninguno de los grandes monumentos.

Día 1: La Sagrada Família y el Eixample modernista

Mañana: la Sagrada Família

El primer día empieza a primera hora en la Sagrada Família. La franja más temprana disponible —las nueve de la mañana o antes en temporada baja— tiene la ventaja de la luz matinal y la menor afluencia. Con cinco días disponibles, la visita puede hacerse con una calma que los itinerarios cortos no permiten: tiempo para sentarse en los bancos de la nave central y observar cómo la luz cambia en las vidrieras a lo largo de una hora, para rodear el exterior con atención, para subir a las torres y bajar despacio.

La fachada de la Pasión —al suroeste, obra del escultor Josep Maria Subirachs que generó polémica desde su inauguración por su lenguaje geométrico y abstracto que muchos consideraban incompatible con el espíritu de Gaudí— tiene detalles que se pasan por alto en las visitas apresuradas: la secuencia de escenas de la Pasión y la Muerte de Cristo narradas en un orden de lectura específico, los números del cuadrado mágico que siempre suman 33 (la edad de Cristo en su muerte), la figura del propio Subirachs trabajando en la piedra como referencia autobiográfica.

Media mañana: el Hospital de Sant Pau y la Manzana de la Discòrdia

El Hospital de Sant Pau a diez minutos de la Sagrada Família y la Manzana de la Discòrdia en el Passeig de Gràcia —la Casa Batlló, la Casa Amatller y la Casa Lleó Morera en cien metros de acera— son la secuencia natural después del templo de Gaudí. Con cinco días, hay tiempo para entrar en la Casa Batlló y en La Pedrera, y para hacerlo con calma.

Tarde: La Pedrera y Gràcia

La Pedrera —la azotea ondulante, las chimeneas-guerrero, el Espai Gaudí— y la tarde en Gràcia con sus plazas y sus bares de barrio auténtico forman el cierre natural del primer día de Gaudí.

Día 2: El centro histórico en profundidad

Mañana: el Barrio Gótico y el Museu d'Història de Barcelona

El segundo día dedica la mañana entera al Barrio Gótico con tiempo de verdad: la Catedral de Barcelona —que con calma incluye el claustro, las capillas laterales y el subir al techo con vistas de la ciudad—, la Plaza del Rey con la visita completa al Museu d'Història de Barcelona y su recorrido subterráneo por la Barcino romana, y las calles del barrio sin itinerario fijo: la iglesia de Sant Just, la plaza del Pi con su mercado de los sábados, la calle del Call con los restos de la sinagoga mayor medieval.

La Boquería vale la parada a primera hora —antes de las nueve y media— cuando los puestos están en plena actividad y el mercado todavía es accesible.

Tarde: el Born y el Mercat del Born

La tarde del segundo día pertenece al Born: el Mercat del Born con su arqueología de 1714 bajo la cubierta de hierro, el Passeig del Born con sus bares y sus terrazas, y las calles del barrio con sus galerías y sus tiendas. La iglesia de Santa Maria del Mar —la catedral gótica del pueblo, construida entre 1329 y 1384 con el dinero y el trabajo de los ciudadanos del barrio, sin mecenas reales ni institucionales— es el edificio gótico más puro y más emocionante de Barcelona.

Día 3: Montjuïc y el Raval

Mañana: el MNAC y el Pavelló Mies van der Rohe

El tercer día sube a Montjuïc para las dos visitas que el cerro tiene de primer nivel. El MNAC con su colección de arte románico —los frescos del Pirineo catalán en los ábsides reconstruidos, el Panteocrátor de Taüll, las tallas de madera medievales— merece dos horas de visita dedicada. El Pavelló Mies van der Rohe a sus pies es la visita de arquitectura más importante que puede hacerse en Barcelona.

El Jardí Botànic de Barcelona, también en Montjuïc, es uno de los jardines más interesantes de la ciudad para quien tiene interés en la botánica mediterránea: las colecciones de plantas del Mediterráneo, Chile, Sudáfrica, California y Australia forman un recorrido por los cinco climas del mundo similares al clima de Barcelona.

Tarde: el Raval y el MACBA

El Raval y el MACBA —el museo de arte contemporáneo de Richard Meier con su explanada de skaters y su colección permanente— son la tarde del tercer día. Las calles del Raval con su diversidad cultural y su escena gastronómica más asequible que el resto del centro son el complemento natural de la visita al museo.

Día 4: El Poblenou, la costa y el Fòrum

Mañana: el Poblenou

El cuarto día es el día de la Barcelona contemporánea. El Poblenou —el barrio industrial reconvertido al norte del Port Olímpic— tiene la versión más actual de la ciudad: la Rambla del Poblenou con sus terrazas de vecinos, el barrio del 22@ con sus antiguas fábricas convertidas en oficinas creativas y centros culturales, y los murales de arte urbano que llenan las paredes de los edificios industriales. El Poblenou es lo que fue Williamsburg para Brooklyn en los años noventa: el barrio donde viven los artistas antes de que llegue el dinero.

La playa del Bogatell y la de la Mar Bella, más al norte de la Barceloneta, tienen las aguas y la arena que la playa de la Barceloneta tiene, con mucha menos afluencia turística.

Tarde: el Port Olímpic y el Tibidabo

El atardecer desde el Tibidabo —la montaña al fondo de Barcelona, con el parque de atracciones más antiguo de España y la iglesia del Sagrat Cor en la cima a 512 metros— tiene las vistas más amplias de la ciudad. En los días despejados de otoño y primavera se ve toda la costa catalana y, en condiciones excepcionales, las islas Baleares en el horizonte.

El acceso: tranvía azul desde la parada de Plaça Kennedy (metro línea L7) hasta el funicular que sube a la cima. El trayecto tiene su propio encanto: el tranvía azul que sube por la Avenida del Tibidabo con sus mansiones modernistas a ambos lados es una de las experiencias de transporte más anacrónicas y más bonitas de la ciudad.

Día 5: La excursión fuera de la ciudad

Opción 1: Sitges

Sitges está a treinta y cinco kilómetros al sur de Barcelona por la costa, y el tren de Rodalies (línea R2 Sud) llega desde la estación de Sants en treinta y cinco minutos. El pueblo tiene la combinación más perfecta de arquitectura modernista, playa mediterránea y gastronomía que existe en la costa catalana: la calle de Guadalupe con sus casas de indianos —los emigrantes que volvieron de América con dinero en el siglo XIX— y la Rambla que baja hasta el mar tienen una calidad arquitectónica que el pueblo turístico medio de la Costa Dorada no tiene.

El Cau Ferrat —la casa-museo del pintor Santiago Rusiñol en el paseo marítimo— tiene una colección de hierros forjados medievales, pinturas del siglo XIX catalán y obras de El Greco que ningún viajero esperaría encontrar en un pueblo de veraneo. El Museu Romàntic en la Casa Llopis-Garriga, con su colección de mobiliario y muñecas del siglo XIX, es otra sorpresa de un pueblo que tiene más capas de lo que parece.

En octubre, cuando el turismo de playa ha pasado y el pueblo recupera su escala humana, Sitges es uno de los mejores destinos de un día en toda España.

Opción 2: Montserrat

Montserrat está a cincuenta kilómetros al norte de Barcelona, y el acceso combina el tren de Rodalies hasta la estación de Monistrol de Montserrat (línea R5 desde Plaça d'Espanya) con el tren de cremallera o el teleférico que suben a la montaña. El recorrido completo desde Barcelona ciudad hasta el monasterio dura unos noventa minutos.

La montaña de Montserrat —con sus formaciones de roca erosionada en formas imposibles, el monasterio benedictino del siglo IX, la figura de la Moreneta (la Virgen negra patrona de Cataluña) y los senderos de montaña que suben a las ermitas medievales en los picos— es una de las excursiones de un día más completas que puede hacerse desde cualquier ciudad de España.

El Museu de Montserrat tiene una colección de pintura sorprendentemente buena para estar en un monasterio de montaña: El Greco, Caravaggio, Picasso y los pintores catalanes del siglo XIX tienen su representación en las salas. La visita al interior del monasterio, con el acceso a la figura de la Moreneta, tiene la dimensión religiosa y cultural que justifica el viaje independientemente de las convicciones de quien la hace.

Los senderos de montaña que suben desde el monasterio —el de Sant Joan hasta la cima, el de Sant Jeroni hasta el punto más alto— requieren una hora o más de caminata con desnivel, pero ofrecen vistas de los Pirineos al norte y el Mediterráneo al sur que compensan el esfuerzo.

Información práctica

Distribución de la energía: Los días 1 y 2 son los más intensos en monumentos; el día 3 combina museo y barrio a un ritmo más relajado; el día 4 es el más libre y cambiable; el día 5 es la excursión.

Sitges vs. Montserrat: Sitges para quien prefiere el mar, la arquitectura y la gastronomía; Montserrat para quien prefiere la naturaleza, la historia religiosa y el senderismo. Las dos son opciones de primer nivel.

Tren a Sitges: La línea R2 Sud desde Sants (no desde l'Arc de Triomf ni desde Passeig de Gràcia, que son líneas diferentes). El billete de ida y vuelta cuesta alrededor de ocho euros.

Tren a Montserrat: El pack combinado tren+cremallera desde Plaça d'Espanya incluye todos los trayectos y la entrada a la montaña; es la opción más económica y más cómoda.


¿Una semana en Barcelona? Con siete días se puede añadir el Monestir de Pedralbes —el monasterio gótico del siglo XIV en las afueras del centro con sus claustros y sus capillas medievales—, el barrio de Sarrià-Sant Gervasi con sus calles de pueblo en el interior de la ciudad, y tiempo para descubrir los bares de vermut del barrio de Sant Antoni que los barceloneses frecuentan los domingos por la mañana.