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La Casa del Guarda de Park Güell, con su tejado de trencadís y la fuente de la salamandra en primer término, entre los visitantes que hacen cola

Destinos · España · Barcelona

Gaudí en Barcelona: la obra completa del genio modernista

Siete edificios, una mente, y la pregunta de hasta dónde puede llegar la arquitectura

Lectura de 11 minutos

Antoni Gaudí murió en 1926 atropellado por un tranvía en la Gran Via de Barcelona. Llevaba unos días trabajando en la Sagrada Família con tan poco dinero que iba mal vestido y los transeúntes que le recogieron pensaron que era un mendigo. Tenía setenta y tres años y había dedicado los últimos cuarenta y tres de su vida a un proyecto que sabía que no vería terminado. Hoy, casi cien años después de su muerte, esa obra sigue creciendo. Es posiblemente el caso más extraordinario de continuidad arquitectónica de los tiempos modernos.

Pero Gaudí no fue solo la Sagrada Família. Fue también siete edificios completamente diferentes entre sí, cada uno un laboratorio donde desarrolló ideas que el resto de sus contemporáneos tardaron décadas en comprender. Este artículo recorre su obra construida en Barcelona, de la más temprana a la más tardía, para entender cómo la mente de este arquitecto evolucionó a lo largo de su vida.

Casa Vicens: el primer Gaudí

La Casa Vicens, en el barrio de Gràcia, es el primer edificio importante de Gaudí, construido entre 1883 y 1885 como residencia de verano del corredor de bolsa Manuel Vicens. Tenía Gaudí treinta y un años cuando la proyectó, y ya es evidente en ella la personalidad que desarrollaría durante el resto de su carrera: la negativa a repetir formas conocidas, la búsqueda de inspiración en la naturaleza y en las tradiciones orientales, y el uso del color y la cerámica como elementos estructurales de la composición.

La fachada está cubierta de azulejos de cerámica con motivos de hojas de palma, flores de caléndula y diseños geométricos claramente influidos por el arte árabe e islámico. Las rejas de hierro de las ventanas son palmeras estilizadas. El conjunto tiene un carácter exótico y festivo que nada tiene que ver con el eclecticismo historicista que dominaba la arquitectura barcelonesa de la época. No es un edificio fácil de comprender en la primera visita, pero quien lo mira con atención empieza a ver en él todos los Gaudí posteriores en estado embrionario.

Estuvo en manos privadas hasta 2017, cuando fue restaurado y abierto al público como museo. Es el edificio gaudiano menos visitado de Barcelona, lo que lo convierte en la opción ideal para quien quiera disfrutar de Gaudí sin colas y con el tiempo para observar cada detalle.

Palau Güell: el mecenazgo que hizo posible todo

Eusebi Güell era el heredero de una fortuna hecha en América y uno de los burgueses más cultos y progresistas de la Barcelona de finales del siglo XIX. Su encuentro con Gaudí en 1878, en la Exposición Universal de París, fue el inicio de una colaboración que duraría tres décadas y que hizo posibles las obras más ambiciosas del arquitecto. El Palau Güell, construido entre 1885 y 1890 como residencia urbana de la familia, fue el primer encargo de esta asociación y el proyecto que convirtió a Gaudí en el arquitecto más famoso de Cataluña.

El palacio está en el Raval, cerca del puerto, y su fachada de piedra caliza con las dos puertas parabólicas de hierro forjado es severa y casi intimidante desde la calle. Pero el interior es completamente diferente: un espacio central con cúpula de paraboloide hiperbólico perforado de pequeños agujeros que actúan como estrellas cuando la luz del exterior atraviesa la cerámica, seis plantas de habitaciones dispuestas alrededor de ese espacio central, y una azotea con chimeneas revestidas de trencadís que son los primeros experimentos de Gaudí con la técnica que usaría después en el Park Güell.

El palacio fue sede de la Diputació de Barcelona durante décadas, lo que probablemente lo salvó de un deterioro mayor. Su restauración, completada en 2011, lo devolvió a un estado que permite ver con claridad cómo Gaudí entendía el espacio doméstico: como un continuo que va desde el sótano con su sistema de establos hasta la azotea, con cada planta resuelta de manera diferente según su uso.

Casa Calvet: el Gaudí más convencional

La Casa Calvet, construida en el Eixample entre 1898 y 1900, es el edificio de Gaudí que más se parece a lo que sus contemporáneos consideraban arquitectura respetable. La fachada tiene elementos barrocos reconocibles, referencias al santo patrón del propietario talladas en piedra sobre la entrada, y una composición relativamente simétrica que la hace legible en los códigos del modernismo catalán de la época. Fue el único edificio de Gaudí que obtuvo el Premio al Mejor Edificio de Barcelona del Ayuntamiento, en 1900, lo que quizás dice más sobre los límites de los premios que sobre la obra.

Donde Gaudí sí se muestra es en los detalles: las aldabas de hierro con forma de cruz y cucaracha aplastada —el insecto es símbolo de mal agüero, y la cruz aplasta el mal—, el vestíbulo interior con su escalonata en espiral, y los muebles que diseñó para el propietario, que pueden verse en el Museu Nacional d'Art de Catalunya y que anticipan el lenguaje orgánico que desarrollaría en los edificios posteriores.

Casa Batlló: la bestia y el caballero

La Casa Batlló, en el Passeig de Gràcia, es la transformación más radical que Gaudí hizo de un edificio existente. El industrial Josep Batlló había comprado en 1900 un edificio de viviendas convencional y encargó a Gaudí no su demolición sino su transformación. Lo que entregó Gaudí entre 1904 y 1906 era tan diferente de cualquier edificio conocido que los barceloneses empezaron a llamarlo la casa dels ossos (la casa de los huesos) o la casa del drac (la casa del dragón), en referencia a los balcones con forma de cráneos y huesos y al tejado que algunos interpretaban como el lomo escamoso de un reptil.

La interpretación más extendida hoy es la del mito de Sant Jordi, el patrón de Cataluña. La fachada representaría el dragón que el santo venció: el tejado sería el lomo del animal, las columnas del piso principal los huesos de sus víctimas, y la espadaña superior la lanza del caballero. Esta lectura tiene cierta coherencia interna, pero el propio Gaudí nunca la confirmó y probablemente la obra era más compleja que cualquier alegoría única.

El interior puede visitarse hoy en recorridos nocturnos con realidad aumentada que recrean las distintas fases de vida del edificio. Las paredes curvas del patio de luces, revestidas de azulejos en degradado de azul más intenso en la parte inferior y más claro en la superior para compensar el descenso de luz natural, son uno de los detalles técnicos más sofisticados de toda la obra de Gaudí: comprendió que la luz disminuye exponencialmente con la profundidad de un patio, y diseñó la composición cromática para compensar ese efecto.

La Pedrera (Casa Milà): la última casa

La Casa Milà, construida entre 1906 y 1912, fue el último edificio de viviendas que proyectó Gaudí antes de dedicarse exclusivamente a la Sagrada Família. El promotor, Pere Milà, era un hombre rico y algo extravagante que le dio a Gaudí plena libertad. El resultado, que los barceloneses bautizaron La Pedrera (la cantera) por su fachada de piedra sin pulir que imita la roca natural, escandalizó a parte de la crítica de la época y fascinó a la otra parte.

El edificio no tiene ni una sola pared recta ni un ángulo de noventa grados. La estructura de pilares y vigas de hierro —sin muros de carga— libera las plantas de cualquier obligación formal y permite que cada habitación tenga la forma que requiere la vida de sus habitantes. Los patios interiores, de planta elíptica, son columnas de luz que distribuyen la iluminación natural a todas las viviendas. Y la azotea, con sus chimeneas enmascaradas —los "soldados" o "guerreros" que salen en todas las fotografías— es un espacio escultórico que no tiene equivalente en ninguna otra azotea del mundo.

La planta bajo cubierta del edificio, con sus arcos catenarios que Gaudí calculó matemáticamente y que hoy sabemos son estructuralmente óptimos, alberga el Espai Gaudí, el museo más completo sobre su vida y obra fuera de la Sagrada Família. Es aquí donde se pueden ver las maquetas y los paneles que explican el método de trabajo del arquitecto, incluyendo su sistema de maquetas funiculares invertidas —estructuras colgantes que, al fotografiarse y voltearse, muestran la forma que tomaría una estructura sometida únicamente a compresión.

Park Güell: la ciudad que nunca fue

Entre 1900 y 1914, Eusebi Güell encargó a Gaudí la transformación del cerro del Carmel en una urbanización de lujo inspirada en las ciudades jardín inglesas. El proyecto incluía sesenta parcelas, equipamientos comunitarios, vías de acceso y un mercado cubierto. Solo se vendieron dos parcelas —una de ellas la compró Gaudí mismo y vivió en ella hasta 1925, y es hoy la Casa Museu Gaudí— y en 1914 el proyecto se abandonó.

Lo que quedó es el parque que conocemos: los viaductos de piedra que se adaptan a la topografía del cerro con esas columnas inclinadas que parecen árboles petrificados, la escalinata con la salamandra de trencadís que es hoy la imagen más reproducida de toda la obra de Gaudí, la sala hipóstila con sus ochenta y seis columnas dóricas y su techo de mosaico de cerámica, y el gran mirador de la terraza con el banco serpenteante.

El banco es quizás el elemento más sorprendente en términos técnicos: su forma fue diseñada a partir de moldes tomados directamente de cuerpos humanos sentados, de manera que la curvatura del respaldo se adapta perfectamente a la columna vertebral. Es ergonomía preindustrial, desarrollada setenta años antes de que la ergonomía existiera como disciplina.

La Sagrada Família: el proyecto imposible

La Sagrada Família es el edificio más visitado de España —más que el Museo del Prado, más que la Alhambra— y el único en el mundo que sigue construyéndose según los planos de un arquitecto muerto hace casi un siglo. Gaudí tomó el relevo del primer arquitecto en 1883 y trabajó en él durante cuarenta y tres años. Los planos y maquetas originales fueron destruidos durante la Guerra Civil en 1936, lo que obligó a los arquitectos continuadores a reconstruir los proyectos a partir de fotografías y de los principios geométricos que conocían de otros edificios de Gaudí.

El templo tiene dieciocho torres: doce para los apóstoles, cuatro para los evangelistas, una para la Virgen y la central —la de Jesucristo— que cuando esté terminada alcanzará los 172,5 metros, exactamente un metro menos que el Montjuïc para que ninguna obra humana supere a la naturaleza, según dijo Gaudí. Las cuatro torres de los evangelistas y la torre de la Virgen se completaron entre 2021 y 2022. La de Jesucristo sigue en construcción.

La fecha prevista de finalización del templo es 2026, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí. Pero "finalización" es un término relativo cuando se habla de un edificio que lleva más de ciento cuarenta años creciendo y que incluye espacios —como los museos en los sótanos o los jardines exteriores— que aún no están terminados. Lo que sí parece cierto es que la esencia de lo que Gaudí imaginó —esa catedral boscosa donde los fieles caminen entre columnas-árbol bajo bóvedas que imitan el dosel de un bosque— ya es hoy perfectamente perceptible para quien entre con tiempo y disposición para mirar.

Practicidad: cómo organizar la ruta Gaudí

Las obras de Gaudí están repartidas por diferentes barrios de Barcelona. La Casa Vicens y el Park Güell están en la zona alta, en Gràcia y el Carmel. La Casa Batlló y La Pedrera están en el Passeig de Gràcia, en pleno Eixample. El Palau Güell está en el Raval. La Sagrada Família está en el Eixample derecho, a unos veinte minutos a pie del Passeig de Gràcia.

Una ruta eficiente para quienes quieran ver los exteriores de todos los edificios en un día podría empezar en el Park Güell a primera hora —cuando las colas son menores y la luz matinal sobre el trencadís es especialmente buena—, bajar en metro al Palau Güell y el Raval, subir por las Ramblas hasta el Passeig de Gràcia para ver la manzana de la Discòrdia, La Pedrera y la Casa Batlló, y terminar en la Sagrada Família al atardecer.

Para las visitas al interior, hay que elegir: los presupuestos ajustados deberían priorizar el interior de la Sagrada Família y la azotea de La Pedrera. Los que tengan más tiempo deberían añadir el Palau Güell, que está siempre menos masificado que los otros dos y ofrece una perspectiva del arquitecto joven que complementa la comprensión de toda su obra posterior.