
Burgos en 1 día: la Catedral del Cid, el Camino de Santiago y los secretos de Atapuerca
La ciudad que custodian los huesos del Cid y los más antiguos europeos: gótico monumental, morcilla negra y uno de los museos de ciencias más importantes del continente
Hay ciudades que concentran en un espacio pequeño capas históricas de una densidad que resulta casi abrumadora. Burgos es una de ellas. En un radio de apenas dos kilómetros desde la Catedral se superponen la historia medieval castellana, el Camino de Santiago, la tumba del héroe nacional por excelencia y, a pocos kilómetros al este, el yacimiento paleontológico más importante de Europa occidental: los yacimientos de Atapuerca, donde se han encontrado los restos humanos más antiguos jamás hallados en Europa.
Burgos está a 160 kilómetros de Bilbao por la A-1 —poco menos de dos horas— y es un destino de día completo que da para mucho si el ritmo es el correcto. La ciudad tiene la frialdad de la meseta —en invierno puede ser brutal, con temperaturas bajo cero y viento del norte que corta; en verano tiene los cielos despejados y el calor seco de Castilla— pero tiene también una vida urbana compacta, una gastronomía contundente y un Paseo del Espolón que en los atardeceres de verano tiene el mejor vermut de la Meseta Norte.
La Catedral: el gótico en su estado más puro¶
La Catedral de Burgos —oficialmente Catedral de Santa María de Burgos, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1984— es uno de los tres edificios más importantes de la arquitectura gótica española, junto a la Catedral de León y la de Toledo. El gótico que se practica aquí es el gótico de la segunda mitad del siglo XIII y del XIV: el gótico franco-germánico que llegó a Castilla por el camino de Santiago y que en Burgos encontró el mecenazgo de los reyes castellanos.
La primera piedra se puso en 1221 bajo el reinado de Fernando III el Santo, con los planos de un maestro de obras de probable origen alemán o francés. Lo que se ve hoy es el resultado de casi tres siglos de construcción: el cuerpo de la catedral en el siglo XIII, las torres y las agujas flamígeras en el siglo XV, la Capilla del Condestable al fondo del ábside a finales del mismo siglo. La Capilla del Condestable —encargada por el Condestable de Castilla Pedro Fernández de Velasco en 1482— es en sí misma una de las obras maestras del gótico tardío español: la bóveda estrellada del crucero, la decoración de los muros con el heráldico castellano, el sepulcro del Condestable y su esposa en el centro.
La Catedral tiene en sus capillas laterales y en sus dependencias claustrales una colección de arte que justifica sola la visita: retablos de Juan de Flandes, pinturas de Gil de Siloé, tapices flamencos, la sillería del coro en nogal tallado. Pero el lugar que nadie puede perderse es la Capilla de la Virgen del Pilar, donde descansa bajo una losa de mármol gris la tumba de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, junto a la de su esposa Jimena. El Cid nació en Vivar del Cid, a unos 10 kilómetros de Burgos, y la ciudad lo ha reclamado como propio con una insistencia que va desde el Poema de Mio Cid hasta la estatua ecuestre en el paseo fluvial.
El héroe literario que Charlton Heston inmortalizó en el cine en 1961 era un personaje considerablemente más complejo que la figura del cruzado cristiano que el Poema construye: el Cid histórico fue también mercenario al servicio de reinos moros cuando los reinos cristianos lo desterraron, y conquistó Valencia para sí mismo antes que para Castilla. Es una figura en la que caben muchas lecturas, y Burgos no necesariamente las ofrece todas, pero la tumba en la Catedral tiene la solemnidad de lo que ha resistido siglos.
La entrada a la Catedral cuesta alrededor de 8 euros para adultos. La visita completa —catedral, claustro, capillas, museo— ocupa entre dos y tres horas.
El Arco de Santa María y el Paseo del Espolón¶
Saliendo de la Catedral hacia el río, el Arco de Santa María —la puerta medieval en la muralla del siglo XIV, reformada en el siglo XVI como arco triunfal en honor de Carlos I— es el símbolo visual del centro histórico de Burgos. Los seis nichos con estatuas representan a Carlos I, el Cid, el Conde Fernán González y otros personajes de la historia castellana; el conjunto tiene esa vocación propagandística de la arquitectura del poder que en el siglo XVI todavía podía ejercerse a esta escala.
El arco da paso al Paseo del Espolón, el paseo arbolado junto al río Arlanzón que es el corazón de la vida urbana de Burgos. Diseñado en el siglo XIX con la estructura formal de los jardines públicos burgueses —arboleda de platanos, fuentes, quiosco de música, estatua del Cid a caballo— el Espolón es el lugar donde Burgos hace la vida de tarde y noche: el paseo, el vermut en las terrazas, el txapeo de la mañana con el periódico. La estatua ecuestre del Cid, obra de Juan Cristóbal González Quesada de 1955, preside el paseo con la afirmación monumental que la época requería.
En las tardes de verano, el ambiente en las terrazas del Espolón tiene la temperatura social que el verano castellano genera: la hora en que el calor del mediodía ha cedido, la luz es dorada y la gente sale a la calle con esa disponibilidad que el calor seco de la meseta produce en las horas de alivio.
El Castillo de Burgos y las vistas¶
El Castillo de Burgos —o más exactamente, lo que queda del castillo después de que las tropas napoleónicas lo hicieran volar en 1813— ocupa la cima del cerro que domina la ciudad y que ha sido posición defensiva desde la Edad del Hierro. Lo que sobrevivió a la explosión napoleónica es un recinto amurallado parcialmente restaurado con algunos torreones y lienzos de muralla originales.
Las excavaciones arqueológicas en el recinto del castillo llevan décadas revelando capas de ocupación que van desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna: el castillo fue prisión, refugio, cuartel y punto de control visual del territorio que rodea la ciudad. El Museo del Castillo, con los materiales arqueológicos encontrados en las excavaciones, explica esta historia estratigráfica de una manera accesible.
Pero la razón fundamental de subir al castillo —la entrada es gratuita los días señalados, de pago el resto— son las vistas. Desde la muralla se ve la ciudad entera: la Catedral con sus agujas en primer plano, el río Arlanzón describiendo su curva, el Espolón arbolado, los barrios que se extienden hacia la meseta. Es la perspectiva que el torreón del castillo medieval ofrecía al vigía que controlaba el territorio: todo a la vista, todo al alcance de la mirada.
El Museo de la Evolución Humana y Atapuerca¶
Si hay una visita en Burgos que supera en importancia a la propia Catedral desde el punto de vista del impacto histórico y científico, es el Museo de la Evolución Humana. No es una afirmación sin fundamento: los yacimientos de Atapuerca, que el museo documenta y expone, son Patrimonio de la Humanidad UNESCO y han producido los descubrimientos paleontológicos más importantes de Europa occidental en el último siglo.
La Sierra de Atapuerca está a 14 kilómetros al este de Burgos y contiene una serie de yacimientos en cuevas kársticas donde se han encontrado restos humanos de una antigüedad y una cantidad excepcionales. La Gran Dolina aportó los restos del Homo antecessor, una especie humana nueva descrita en 1997 con una antigüedad de 800.000 años —los más antiguos europeos conocidos. La Sima de los Huesos tiene la mayor concentración de fósiles humanos del mundo: más de 6.000 restos de al menos 28 individuos de Homo heidelbergensis datados en unos 400.000 años, en una acumulación que todavía no tiene explicación completamente satisfactoria.
El Museo de la Evolución Humana, inaugurado en 2010 en un edificio de Juan Navarro Baldeweg junto al Paseo del Espolón, organiza estas colecciones y este conocimiento en una exposición permanente que es de las más actualizadas y mejor diseñadas de Europa en su campo. La recreación de los momentos clave de la evolución humana, los esqueletos originales expuestos, las herramientas y los objetos de cada período: la visita completa lleva entre dos y tres horas y sale del museo sabiendo que la historia de la humanidad tiene en este rincón de la meseta castellana una de sus páginas más importantes.
La entrada al museo cuesta alrededor de 6 euros. Los domingos por la mañana es gratuita. Las visitas al yacimiento de Atapuerca propiamente dicho —que requieren transporte al pie de la Sierra— se organizan desde el Museo de la Evolución y tienen temporada (de Semana Santa a octubre, aproximadamente).
Burgos y el Camino de Santiago¶
Burgos es una de las etapas principales del Camino de Santiago en su ruta Francesa, la más transitada de todas las rutas jacobeas. Los peregrinos que llegan desde Francia por los Pirineos y Pamplona llegan a Burgos al final de la primera semana de camino, y los que salen de Burgos todavía tienen por delante 500 kilómetros hasta Santiago.
La ciudad lleva recibiendo peregrinos desde el siglo IX, y esa continuidad milenaria se nota en su estructura urbana: el camino histórico de los peregrinos entraba por el este, cruzaba el río Arlanzón por el Puente de Malatos, seguía por el centro histórico pasando frente a la Catedral —donde se detenían a rezar— y salía por el oeste hacia Castrojeriz y la Meseta.
Hoy el Camino Francés pasa por el centro de Burgos con toda la infraestructura de albergues, restaurantes y servicios orientados al peregrino que una etapa principal requiere. La mezcla de peregrinos con mochilas y viajeros de turismo urbano en el entorno de la Catedral es una de las imágenes más características de Burgos: la ciudad que lleva siendo cruce de caminos desde hace más de mil años.
El Monasterio de las Huelgas, a un kilómetro al oeste del centro, es el monasterio cisterciense fundado en 1187 por Alfonso VIII y su esposa Leonor de Plantagenet —hija de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania— y fue durante siglos el panteón real de Castilla. Sus estilos artísticos y su historia dinástica son de primer orden.
La morcilla de Burgos¶
La morcilla de Burgos es la morcilla de arroz por excelencia de la gastronomía castellana. A diferencia de la morcilla negra de otras regiones españolas —que lleva cebolla como componente principal— la morcilla de Burgos lleva arroz, lo que le da una textura más firme y un sabor diferente. Se come frita, a la plancha o como ingrediente de cocidos y guisos; en los bares del centro de Burgos se sirve como tapa habitual.
Las tapas y los pinchos de Burgos —que aquí se llaman "pinchos", con la ortografía y la pronunciación castellana, no el "pintxo" vasco— tienen precios muy inferiores a los del País Vasco y una generosidad de ración que en el norte sería impensable. El vino es Ribera del Duero o Rueda, los dos grandes Denominaciones de Origen de la zona, y la relación calidad-precio es de las mejores de España.
Información práctica¶
Catedral: Abierta todos los días. Conviene consultar los horarios actualizados en la web, ya que varían según temporada y actos religiosos. La compra de entrada online evita colas.
Castillo: El acceso al recinto y las vistas son gratuitos. El Museo del Castillo tiene precio de entrada reducido. Los domingos por la mañana todo es gratuito.
Museo de la Evolución Humana: Abierto de martes a domingo. Domingos por la mañana entrada gratuita —que puede generar cola, conviene llegar temprano. El resto de los días la entrada cuesta alrededor de 6 euros. Las visitas al yacimiento de Atapuerca se reservan en la web del Museo o en la oficina de turismo de Burgos.
Desde Bilbao: La A-1 en dirección Madrid, 160 kilómetros, unas 90-100 minutos. También hay ALSA con servicio regular, aunque el coche da más flexibilidad para combinar Burgos con algún pueblo del entorno.
Clima: Burgos es fría en invierno (temperaturas bajo cero habituales de noviembre a marzo) y cálida en verano. Para visitas entre noviembre y febrero, el abrigo es imprescindible. La Catedral, el Museo de la Evolución y la morcilla funcionan igual en cualquier estación.