Saltar al contenido
Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.

Destinos · España · Valencia

La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia

El complejo de Calatrava que redefinió el perfil de una ciudad mediterránea

Lectura de 7 minutos

Cuando Santiago Calatrava recibió el encargo del gobierno valenciano en 1991 para diseñar un complejo cultural en el cauce seco del río Turia, la ciudad llevaba décadas discutiendo qué hacer con esos nueve kilómetros de lecho seco que los ciudadanos habían salvado de una autopista. La respuesta de Calatrava fue de una ambición que en aquel momento parecía desproporcionada: cinco edificios de diseño radicalmente vanguardista, construidos sobre láminas de agua, que transformarían el extremo este del Jardín del Turia en uno de los espacios arquitectónicos más reconocibles de Europa.

El complejo tardó más de quince años en completarse —el último edificio, el Ágora, abrió en 2009— y su coste final superó en varias veces las previsiones iniciales, lo que generó polémica política en Valencia durante años. Pero el resultado es incontestable: la Ciudad de las Artes y las Ciencias se ha convertido en el símbolo visual de Valencia en el mundo, en uno de los destinos turísticos más fotografiados de España y en un ejemplo de cómo la arquitectura pública puede transformar la identidad de una ciudad.

El conjunto: cinco edificios, cinco lenguajes

Los cinco edificios principales del complejo tienen formas tan diferentes entre sí que podría pensarse que son obra de arquitectos distintos. Todos comparten el mismo vocabulario material —el blanco, el agua, las superficies curvas, el trencadís— pero cada uno tiene una personalidad arquitectónica propia.

El Hemisfèric fue el primero en inaugurarse, en 1998. Su forma de ojo humano —la cúpula semiesférica del planetario como iris, el párpado superior articulado que se abre para revelar la pantalla— es la más directamente figurativa de todo el conjunto. Tiene una planta de 110 metros de eje mayor y la capacidad del cine IMAX es de 900 personas. El reflejo del edificio en la lámina de agua que lo rodea completa la ilusión óptica: el ojo visto desde el exterior parece parpadear cuando el viento mueve el agua.

Por la noche, la iluminación del Hemisfèric produce uno de los efectos más espectaculares del complejo: la cúpula iluminada desde abajo, con su reflejo invertido en el agua, crea una imagen que hace difícil distinguir cuál es el edificio real y cuál el reflejo.

El Museo de las Ciencias Príncipe Felipe (1999-2000) es el edificio más grande del conjunto, con 43.000 metros cuadrados en tres plantas. La estructura exterior, de hormigón blanco y aluminio, tiene la forma de un esqueleto de ballena gigante o —en la lectura más técnica— una serie de arcos parabólicos que forman la carcasa del edificio. El interior está organizado como una espina dorsal: la nave central, alta y diáfana, con las galerías abriéndose en los laterales como costillas.

Las exposiciones permanentes del museo se centran en ciencia y tecnología para públicos de todas las edades, con especial atención a las exposiciones interactivas que permiten experimentar físicamente los principios científicos. En temporada escolar, el museo es principalmente un destino de excursiones escolares; en temporada turística, es el recinto de pago más visitado del complejo.

El Oceanogràfic (2003) es el único edificio del complejo no diseñado por Calatrava sino por el ingeniero Félix Candela, y su diferencia formal respecto a los demás es evidente: sus estructuras de cúpulas de hormigón en paraboloide hiperbólico tienen un carácter más austero y funcional, menos figurativo. El Oceanogràfic es el acuario más grande de Europa, con 42.000 metros cuadrados de superficie y doce ecosistemas marinos representados, desde el Mediterráneo hasta las regiones árticas y antárticas.

El jardín del Mediterráneo, al aire libre, reproduce con una fidelidad sorprendente los diferentes hábitats marinos de esta cuenca: las praderas de posidonia, las zonas rocosas, los fondos arenosos. El túnel submarino, que permite caminar literalmente bajo el agua con tiburones y rayas nadando sobre la cabeza, es la experiencia más memorable del recinto.

El Palau de les Arts Reina Sofía (2005) es el edificio más ambicioso y el que más tardó en completarse. Su estructura exterior, cubierta de mosaico de trencadís blanco y lacado, tiene la forma de un casco de guerrero medieval colosal, con la cubierta de doble piel que actúa como aislamiento térmico y da al edificio ese perfil inconfundible. Alberga cuatro salas de espectáculos con capacidades entre 400 y 1.700 localidades, y es la sede de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y del circuito de ópera de Valencia.

Para quienes quieran visitar el interior sin ir a un espectáculo, el acceso a las zonas comunes es libre y permite ver la escala y la calidad de los materiales del edificio. Para una visita completa con entrada al recinto, la programación de ópera y conciertos está disponible en la web del Palau.

El Ágora (2009), el último en completarse, es una elipse de cristal y acero de 75 metros de altura que funciona como espacio multifuncional para eventos deportivos, congresos y espectáculos. Su forma —que desde lejos se asemeja a un colosal insecto con las alas abiertas— es la más industrial del conjunto. Se usa para el Open de Tenis de Valencia y otros eventos de gran formato.

Cómo visitarlo: exteriores e interiores

El paseo por los exteriores del complejo es completamente gratuito y puede hacerse a cualquier hora. El recorrido desde el Hemisfèric hasta el Ágora, pasando por los estanques que rodean todos los edificios, requiere entre una y dos horas a paso tranquilo. Se puede entrar y salir de las zonas ajardinadas que rodean los edificios, sentarse en los bordes de los estanques y recorrer los puentes y pasarelas que conectan las diferentes partes del complejo.

Las mejores horas para los exteriores son primera hora de la mañana, cuando la luz es baja y los edificios proyectan sombras largas sobre el agua, y el atardecer, cuando la iluminación artificial comienza a activarse y los reflejos en el agua adquieren mayor intensidad.

Para los recintos de pago, las opciones son:

  • Oceanogràfic: la visita más larga y más cara, pero la que ofrece la experiencia más singular. Las entradas se compran en taquilla o en línea.
  • Museo de las Ciencias: más orientado a familias con niños. La entrada permite visita de toda la jornada.
  • Hemisfèric: las sesiones de cine IMAX y el planetario requieren reserva. La programación se actualiza en la web del complejo.
  • Palau de les Arts: entrada libre a las zonas comunes; los espectáculos requieren entrada por separado.

El bono combinado Ágora Plus (Oceanogràfic + Hemisfèric + Museo de las Ciencias) ofrece descuento respecto a las entradas individuales y es la opción más económica para quien quiera visitar los tres recintos.

El contexto urbano: el Jardín del Turia

La Ciudad de las Artes y las Ciencias forma parte del Jardín del Turia, el parque lineal de nueve kilómetros que ocupa el cauce seco del río. Llegar al complejo desde el centro histórico siguiendo el jardín —a pie o en bicicleta— es la mejor manera de entender la escala del parque y la lógica de su posición en el extremo este: el punto de llegada natural de un recorrido que empieza en el casco histórico y termina en la arquitectura más radicalmente contemporánea de la ciudad.

El trayecto desde el centro hasta el complejo, siguiendo el jardín, son aproximadamente cuatro kilómetros que se recorren en unos cuarenta minutos a pie o en quince minutos en bicicleta. Las bicicletas de Valenbisi, el sistema de bicicletas públicas de Valencia, tienen estaciones en múltiples puntos del jardín.