
Qué ver en Madrid: los lugares imprescindibles
Del Triángulo del Arte al Retiro, del Rastro a La Latina: una capital que se vive de barrio en barrio
Madrid no tiene el encanto mediterráneo de Barcelona ni la elegancia barroca de Sevilla. Tiene algo diferente y en algunos aspectos más difícil de articular: tiene escala humana en una ciudad de cinco millones de habitantes. Sus barrios funcionan como pueblos donde la gente se conoce, los bares tienen clientela fija y los domingos por la mañana hay mercadillos en las plazas. Al mismo tiempo, tiene tres de los mejores museos del mundo a quinientos metros de distancia entre sí, el parque urbano más grande de Europa en el centro de la ciudad y una vida nocturna que empieza a las once de la noche cuando en el resto del continente ya se ha cenado hace dos horas. Esta guía recorre lo que no debería faltar en ninguna visita.
El Triángulo del Arte: el Prado, el Reina Sofía y el Thyssen¶
El eje del Paseo del Prado y la Carrera de San Jerónimo concentra en apenas medio kilómetro una densidad de arte de primer nivel que no tiene equivalente en ninguna otra capital europea. El Museo del Prado, el Museo Thyssen-Bornemisza y el Centro de Arte Reina Sofía forman el llamado Triángulo del Arte, y los tres juntos podrían ocupar una semana sin repetir una sola obra.
El Prado es la razón principal para ir a Madrid aunque no se tenga ninguna otra. La colección de pintura española de los siglos XVI y XVII —Velázquez, Goya, El Greco, Murillo, Zurbarán— no tiene equivalente en el mundo: las obras están aquí porque eran de la Corona española y nunca salieron del país, y la densidad de obras maestras por metro cuadrado supera a la de cualquier otro museo europeo. Las Meninas de Velázquez, el Jardín de las Delicias del Bosco, los Fusilamientos del 3 de mayo de Goya, el tríptico del Descendimiento de Van der Weyden: cualquiera de estas obras justificaría por sí sola un viaje. El hecho de que todas estén en el mismo edificio produce una especie de mareo ante la abundancia.
El consejo práctico más importante para el Prado: no intentar verlo todo. La colección permanente tiene más de ocho mil obras, y ver el Prado entero en un día no produce placer sino agotamiento. Merece más la pena elegir dos o tres salas —o dos o tres pintores— y verlas con atención que recorrer todo el museo a la carrera. La sala de Las Meninas, las salas de Goya (incluyendo el sótano donde están las Pinturas Negras), las salas del Bosco y la sala del Descendimiento de Van der Weyden son los puntos de mayor intensidad.
El Reina Sofía es la colección nacional de arte contemporáneo español, con especial énfasis en el siglo XX. El Guernica de Picasso, pintado en 1937 como respuesta a los bombardeos nazis sobre el pueblo vasco durante la Guerra Civil, es la obra más visitada del museo y una de las pinturas del siglo XX más cargadas de significado histórico del mundo. La sala donde se conserva tiene unas dimensiones apropiadas a las del cuadro —tres metros y medio de altura por casi ocho de longitud— y la experiencia de verlo en persona, con el tiempo suficiente para recorrer sus imágenes fragmentadas, es completamente diferente a la de las reproducciones.
El Thyssen-Bornemisza es la colección más ecléctica de los tres y quizás la más accesible para quienes no tienen una formación artística específica. La historia del arte occidental de los siglos XIII al XX, contada a través de las piezas que el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza fue acumulando durante décadas, ofrece una perspectiva panorámica que los otros dos museos —más centrados en sus colecciones nacionales— no dan. Los impresionistas, los expresionistas alemanes, los norteamericanos del siglo XX y los italianos del Renacimiento forman una colección que complementa perfectamente las del Prado y el Reina Sofía.
El Retiro: el parque de todos¶
El Parque del Retiro es el único parque urbano de España donde al mismo tiempo pueden estar tomando el sol adolescentes en el césped, jubilados jugando al ajedrez en los bancos, escolares en visita al Palacio de Cristal, familias alquilando barcas en el estanque y corredores haciendo su quinta vuelta al circuito. Tiene 118 hectáreas en el centro geográfico de la capital, y su uso es completamente libre y gratuito.
El Retiro fue el jardín privado de los Habsburgo —el "Buen Retiro" donde la corte se retiraba cuando necesitaba descansar del Palacio Real— hasta que en el siglo XIX se fue abriendo progresivamente al público. Las estatuas de reyes visigodos y godos que jalonan el Paseo de las Estatuas, la rosaleda que en mayo es el lugar más visitado del parque, el Palacio de Cristal con sus exposiciones del Reina Sofía y el Palacio de Velázquez son los puntos de interés formal. Pero el valor real del Retiro está en otra parte: en los domingos de mañana cuando los madrileños lo toman literalmente como patio de vecinos, en los conciertos al aire libre del verano, en los espectáculos de magia y música que se improvisan alrededor del estanque.
La Plaza Mayor y el Madrid de los Austrias¶
La Plaza Mayor de Madrid es una de las plazas cerradas más perfectas de Europa, diseñada por Juan de Herrera e iniciada en 1617 bajo Felipe III. Sus 237 balcones mirando al espacio central, su perfecta simetría y su historia como escenario de autos de fe, corridas de toros, mercados navideños y celebraciones nacionales la convierten en uno de los espacios más cargados simbólicamente de España.
El entorno de la Plaza Mayor —el llamado "Madrid de los Austrias", por los reyes Habsburgo que construyeron la ciudad en el siglo XVI y XVII— tiene una densidad histórica que no siempre se percibe a primera vista. La calle de los Cuchilleros que baja desde la plaza hasta la Cava Baja, con sus tabernas en los sótanos de los edificios medievales, es uno de los ambientes más característicos del Madrid antiguo. El Arco de Cuchilleros da acceso a una de las calles comerciales más vivas de la ciudad.
La Plaza de la Villa, a dos minutos de la Mayor, es uno de los conjuntos arquitectónicos más coherentes del Madrid medieval: el Ayuntamiento, la Torre de los Lujanes y la Casa de Cisneros forman una plaza de proporciones perfectas que casi nadie visita porque está en una calle lateral sin indicaciones.
La Gran Vía: el Broadway de piedra¶
La Gran Vía es la cicatriz más visible que la modernidad dejó en el centro histórico de Madrid. Su apertura, entre 1910 y 1931, supuso la demolición de más de tres kilómetros de barrio histórico para crear el gran bulevar que la capital del siglo XX necesitaba. Hoy es la calle más cara y transitada de España, con sus tiendas de marcas internacionales, sus teatros de musicales y sus hoteles en los edificios más imponentes del eclecticismo madrileño.
Lo que más sorprende a quien la recorre con atención es la arquitectura. El edificio Metrópolis, en la esquina con la calle de Alcalá, con su cúpula de zinc y sus figuras aladas, es de 1911. La Telefónica, más arriba, fue el primer rascacielos de Europa —con sus 81 metros de altura en 1929 era el edificio más alto del continente— y fue objetivo específico de los bombardeos franquistas durante la guerra civil porque desde su terraza los fotógrafos y corresponsales de guerra podían fotografiar los impactos en la ciudad. El edificio Capitol de 1933, con sus líneas art déco, es posiblemente el más hermoso de toda la avenida.
La terraza del Círculo de Bellas Artes, accesible por un módico precio, es el mirador desde donde la Gran Vía se ve en toda su longitud. Subir allí al atardecer, con la ciudad encendiendo sus luces, es uno de los mejores planes gratuitos —o casi— de Madrid.
El Rastro y La Latina: el Madrid castizo¶
El Rastro de Madrid es el mercadillo al aire libre más antiguo de la ciudad y uno de los más grandes de Europa, con más de tres mil puestos que se extienden desde la Plaza de Cascorro hasta la Ronda de Toledo todos los domingos por la mañana. Su historia se remonta al siglo XV, cuando los curtidores del barrio arrastraban las pieles de los animales sacrificados en los mataderos por las calles del barrio, dejando un rastro.
Lo mejor del Rastro no son los puestos —aunque hay auténticos tesoros si se tiene paciencia para buscarlos entre la bisutería masificada— sino el ambiente. El Madrid castizo en estado puro: el bullicio, los gritos de los vendedores, el olor a churros y café, las conversaciones a voces. Los domingos, el Rastro convierte La Latina en el salón compartido de los madrileños.
El barrio de La Latina, a cualquier hora pero especialmente los domingos, es el Madrid que los madrileños defienden con orgullo frente a la gentrificación. Sus calles empedradas con tabernas que llevan décadas en los mismos locales, sus plazas con terrazas que se llenan de gente que viene de El Rastro y se queda a comer, y su mezcla de historia medieval —la Basílica de San Francisco el Grande, la iglesia de San Andrés, la Capilla del Obispo— con vida cotidiana hacen de este barrio el más genuino del centro.
Los barrios del norte: Malasaña y Chueca¶
Al norte de la Gran Vía, dos barrios contiguos y completamente diferentes entre sí forman el corazón de la Madrid alternativa y cosmopolita.
Malasaña fue el barrio obrero y bohemio que en los años de la Transición post-franquista se convirtió en el epicentro de La Movida madrileña, ese movimiento cultural de los años setenta y ochenta en el que los jóvenes de la capital reaccionaron contra cuarenta años de dictadura con una explosión de creatividad, libertad sexual y celebración de la diferencia. La Plaza del Dos de Mayo —donde el 2 de mayo de 1808 estalló la insurrección popular contra los franceses que Goya inmortalizó en sus Fusilamientos— es el símbolo histórico del barrio. Sus calles están llenas de tiendas vintage, librerías de segunda mano, bares de cerveza artesanal y cafeterías que sirven el mejor café de specialty de Madrid.
Chueca es el barrio LGBTQ+ de Madrid, conocido por su vida nocturna vibrante y su comunidad. Pero Chueca es también uno de los barrios con más personalidad arquitectónica del centro: sus calles de finales del XIX tienen fachadas que el tiempo ha tratado con irregularidad y que producen esa textura urbana de colores desiguales que es una de las marcas estéticas de Madrid. El Mercado de San Antón, en el corazón del barrio, es el mercado gourmet más genuino de los que han proliferado en Madrid en los últimos años.
El Palacio Real y los jardines de Sabatini¶
El Palacio Real de Madrid es el mayor palacio real en uso de Europa occidental —con más de tres mil habitaciones, aunque la familia real solo usa una fracción de ellas para ceremonias oficiales. Construido por Felipe V sobre los restos del Alcázar medieval destruido por un incendio en 1734, el palacio actual es obra de los arquitectos Juan Bautista Sachetti y Ventura Rodríguez, en el estilo barroco tardío que entonces se llamaba churrigueresco.
El exterior, con su fachada de piedra blanca sobre el barranco del Manzanares, impresiona por sus dimensiones: 135 metros de fachada principal, 2.800 habitaciones en cuatro plantas. El interior incluye la Real Armería —con la colección de armaduras de Carlos V y Felipe II más importantes del mundo—, la Real Biblioteca, la Farmacia Real y los Salones del Trono y del Comedor de Gala. La Sala del Trono, con sus frescos de Tiépolo en el techo, es el espacio más espectacular.
Los jardines de Sabatini, al norte del palacio, y el Campo del Moro, al oeste, son los jardines formales del entorno. El Campo del Moro, diseñado en el siglo XIX en estilo paisajístico inglés, tiene la perspectiva más impresionante del palacio desde sus jardines: la fachada occidental vista desde el extremo del jardín, con la ciudad al fondo.
El Templo de Debod: el regalo de Egipto¶
El Templo de Debod, en el Parque del Oeste al norte del Palacio Real, es un templo egipcio del siglo II a.C. que fue trasladado piedra a piedra desde Egipto a Madrid en los años setenta como regalo del gobierno egipcio a España por su ayuda en el rescate de los monumentos de Nubia cuando la construcción de la presa de Asuán amenazó con sumergirlos.
El templo, restaurado y reconstruido en su emplazamiento actual, está rodeado de un estanque artificial que en los atardeceres de verano produce un reflejo sobre el agua que es una de las fotografías más reproducidas de Madrid. La puesta de sol desde la explanada del templo, con la sierra de Guadarrama en el fondo, es una de las experiencias gratuitas más memorables que ofrece la capital.