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Río atravesando una ciudad histórica con edificios junto al cauce.

Destinos · España · Alicante

Orihuela: la ciudad que el turismo no ha encontrado todavía

Catedrales góticas, conventos renacentistas y la ciudad natal de Miguel Hernández en el Bajo Segura

Lectura de 10 minutos

Hay ciudades que tienen todo lo que hace falta para estar en los circuitos turísticos del Levante español y que sin embargo siguen siendo desconocidas para la mayoría de viajeros que pasan a cuarenta minutos por la autopista. Orihuela es una de ellas. Ciudad episcopal durante siglos, sede de una de las primeras universidades pontificias del reino de Valencia, capital de una comarca agrícola que convirtió la huerta del Segura en una de las más productivas del Mediterráneo, Orihuela concentra en un casco histórico compacto y casi inabordable más monumentos por metro cuadrado que muchas ciudades que aparecen en todas las guías.

Es también la ciudad que dio al mundo a Miguel Hernández. Eso, por sí solo, ya justifica el desvío.

La catedral del Salvador

El punto de partida es la Catedral del Salvador, un edificio que resume tres siglos de historia y cuatro estilos arquitectónicos sin que ninguno de los añadidos haya destruido la coherencia del conjunto. La construcción comenzó en el siglo XIII sobre los restos de la mezquita mayor de la medina musulmana, en el mismo solar de tierra sagrada que los diferentes poderes de la ciudad fueron reclamando sucesivamente.

El interior es gótico valenciano, con sus bóvedas de crucería y sus pilares esbeltos que suben sin interrupciones hasta los nervios. La luz entra de manera lateral, a través de ventanas alargadas que crean franjas de claridad sobre el suelo de piedra. El órgano monumental del siglo XVIII cuelga sobre el coro como una arquitectura dentro de la arquitectura, con sus tubos dorados y sus esculturas de ángeles músicos visibles desde el centro de la nave.

La portada de la Anunciación, en el lado norte, es la joya gótica del edificio: un relieve flamígero de finales del XV con figuras talladas en la piedra caliza local con una delicadeza que el tiempo ha erosionado apenas. La iconografía es la habitual —el ángel, la Virgen, el libro, el Espíritu Santo— pero la calidad de la talla y el encuadre arquitectónico la convierten en una de las obras mejores del gótico tardío valenciano.

La sacristía guarda varias sorpresas. Se conservan lienzos atribuidos a Velázquez —la atribución es debatida, como siempre en estos casos, pero la calidad de las obras habla por sí misma— y una Dolorosa de Matías Stommer, el pintor holandés que trabajó en España en el siglo XVII con una técnica tenebrista de primera magnitud. En un museo nacional estas piezas tendrían cola. Aquí se pueden ver en silencio.

El Colegio de Santo Domingo

Si la catedral es el corazón religioso de Orihuela, el Colegio de Santo Domingo es su monumento civil más impresionante. Lo fundó en 1552 el arzobispo Fernando de Loazes —oriolano de nacimiento, cardenal de la Corona, inquisidor general de Aragón— como universidad pontificia, y durante casi tres siglos formó a los clérigos y juristas que gobernaban la diócesis y administraban la justicia del Bajo Segura.

El conjunto ocupa una manzana entera del casco histórico y tiene la escala de un monasterio mayor. La iglesia, con su bóveda barroca del siglo XVIII decorada con frescos, contrasta con la austeridad renacentista del resto del edificio, donde la piedra trabaja sin ornamentación superflua. Los dos claustros —el mayor, con sus arquerías de medio punto sobre columnas toscanas, y el menor, más íntimo— tienen la proporción y el silencio de los grandes conventos del Renacimiento español.

La escalera imperial que sube al piso superior es uno de esos elementos arquitectónicos que se fotografían mucho pero que se deben subir despacio: los tramos cambian de dirección sin apoyarse los unos en los otros, creando una sensación de levitación controlada que es exactamente lo que los arquitectos del XVI llamaban "escalera de honor". El juego de luz que producen los huecos a distintas horas del día es diferente cada vez.

El edificio alberga hoy dependencias municipales y un instituto de educación secundaria, lo que significa que está vivo pero que el acceso a ciertas zonas puede ser irregular. Los claustros se pueden visitar de manera relativamente libre en horario escolar; para el resto conviene informarse en el ayuntamiento.

Los palacios del casco histórico

Orihuela fue durante siglos una ciudad noble. Los obispos, los hidalgos y los comerciantes enriquecidos con la huerta construyeron casas señoriales que hoy alinean las calles empinadas del casco histórico como un catálogo involuntario de la arquitectura doméstica del Levante entre los siglos XV y XVIII.

El Palacio del Conde de Granja, con su fachada renacentista de piedra labrada y su balconada corrida, es el más fotogénico del conjunto. El Palacio de Rubalcava, isabelino, tiene los escudos de armas todavía legibles sobre la puerta principal. La Casa de los Almunia conserva sus rejas de forja originales en los balcones, del tipo que los herreros oriolanos fabricaban en sus fraguas de la calle homónima.

Lo que hace singular al casco histórico de Orihuela no es ningún edificio en particular sino la densidad del conjunto: casi no hay calle donde no haya al menos un portal con escudo, una esquina con una imagen en hornacina, un fragmento de moldura que recuerde que aquí vivió alguien que tenía dinero y quería que se supiera. Es un tejido urbano sin lagunas, sin los solares vacíos y los edificios de los años setenta que han destruido la coherencia de tantas otras ciudades históricas españolas.

El Museo Diocesano de Arte Sacro

A dos pasos de la catedral, en el antiguo Palacio Episcopal, el Museo Diocesano guarda lo que han ido acumulando los obispos de la diócesis a lo largo de ocho siglos: orfebrería religiosa, textiles litúrgicos, pinturas, esculturas, libros corales. No es un museo de masas —no lo pretende— pero tiene piezas que en otro contexto serían la atracción principal de una sala del Prado.

La pieza más importante es la Cruz de los Caballeros, una cruz procesional gótica del siglo XV en plata sobredorada y esmaltes traslúcidos. Los esmaltes de Limoges que decoran los brazos tienen todavía su color original, un azul profundo y un rojo que no parece de quinientos años sino de ayer. La orfebrería gótica tardía española tiene en esta pieza uno de sus mejores ejemplos fuera de los grandes museos nacionales.

El museo tiene también una sección de vestiduras litúrgicas medievales y renacentistas que raramente se exhiben en ninguna otra parte: los tejidos se deterioran con la luz y los museos los guardan con celo. Ver estas piezas en el contexto del palacio que las vio usarse da una dimensión diferente a la que tendrían en una vitrina aséptica.

Miguel Hernández

Orihuela es la ciudad natal de Miguel Hernández (1910–1942), el poeta que empezó siendo pastor de cabras en las sierras del Bajo Segura y que murió en la cárcel de Alicante, a los treinta y un años, de tuberculosis, preso desde el final de la Guerra Civil. Entre esas dos fechas escribió una de las obras más importantes de la poesía española del siglo XX.

La Casa Museo del poeta, en la calle Arriba del Casco Histórico, es la vivienda donde nació y creció. Es una casa humilde, de las que todavía quedan en los barrios históricos del interior levantino: techos bajos, suelos de baldosa, muebles de uso sin ornamentación. Los objetos personales conservados —primeras ediciones de sus libros, algunos manuscritos, cartas— dan una dimensión física a la figura del poeta que los textos solos no proporcionan. En uno de los cuartos se reproduce el escritorio de la cárcel donde escribió el "Cancionero y romancero de ausencias" —sus últimos poemas, dedicados a su hijo y a su mujer Josefina Manresa.

El Sendero del Poeta conecta los lugares significativos de su vida en la ciudad: la casa natal, la tahona donde trabajó de adolescente, el instituto donde estudió brevemente gracias a la generosidad del canónigo Luis Almarcha, la iglesia donde fue bautizado. El recorrido completo son unos cuarenta minutos a pie y tiene la ventaja añadida de obligar a cruzar el casco histórico en su totalidad, incluyendo calles que de otra manera no se encontrarían.

En la plaza del Colegio hay una escultura de Hernández sentado en un banco, obra de José Gutiérrez. La figura tiene la pose de alguien que está esperando o pensando, con las manos sobre las rodillas y la mirada hacia el suelo. Es de las esculturas urbanas que invitan a sentarse al lado, cosa que hacen los visitantes que saben quién fue y también algunos que simplemente buscan un banco a la sombra.

La relación de Hernández con Orihuela es compleja: la ciudad lo formó y lo expulsó, lo ignoró mientras vivía y lo celebra ahora que es símbolo. El poeta que el régimen de Franco dejó morir en una celda de Alicante es hoy el mejor argumento turístico de la ciudad que le dio la espalda. Esta tensión no desaparece del todo cuando se visitan los monumentos en su memoria, y eso es exactamente lo que conviene que pase.

Cómo llegar y cuándo ir

Orihuela está a 50 kilómetros al suroeste de Alicante, a 45 minutos en coche por la A-7 o la CV-91. Tiene estación de tren en la línea de Cercanías C-1 de Renfe que conecta Alicante con Murcia; el trayecto desde Alicante dura entre 40 y 55 minutos según el servicio.

El calor del verano en el Bajo Segura es considerable —los meses de julio y agosto registran temperaturas que superan con frecuencia los 40°C. La visita ideal es en otoño (octubre-noviembre) o primavera (marzo-mayo), cuando el casco histórico se puede recorrer a pie sin que el calor dicte el ritmo. En invierno la ciudad es agradable y la luz de la tarde sobre la piedra ocre de los monumentos es especialmente buena.

Información práctica

Cómo llegar

  • En coche: 50 km desde Alicante por la A-7 (autopista de peaje) o la CV-91 (nacional, algo más lenta)
  • En tren: Cercanías Renfe C-1 desde la estación de Alicante, 40-55 minutos; frecuencia cada hora aproximadamente
  • Desde Murcia: 25 km por la A-30, 30 minutos en coche

Tiempo recomendado

  • Visita básica (catedral, Colegio de Santo Domingo, Casa Museo Hernández): 3-4 horas
  • Visita completa con Museo Diocesano y paseo por el casco histórico: día completo

Horarios

  • Catedral del Salvador: abre en horario de misas y visitas; consultar en la web del obispado o llamar antes
  • Colegio de Santo Domingo: acceso libre a claustros en horario escolar de lunes a viernes; acceso completo limitado
  • Casa Museo Miguel Hernández: martes a sábado, 10:00-14:00 y 16:00-19:00; domingos, 10:00-14:00; lunes cerrado
  • Museo Diocesano de Arte Sacro: horario reducido, consultar en el museo

Combinación con otros destinos

  • Elche (Palmeral UNESCO, Dama de Elche) queda a 30 km al norte: una jornada completa para las dos ciudades es factible saliendo temprano
  • Murcia capital, con su extraordinaria catedral barroca, está a 25 km al sureste
  • Torrevieja y las salinas del parque natural quedan a 20 km hacia la costa