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Teleférico de subida al Teide

Destinos · España · Canarias

Un día en Tenerife: el Teide o Santa Cruz

El Parque Nacional del Teide con el teleférico a 3.555 metros, o la capital con el Auditorio de Calatrava y el Mercado de África. El dilema norte-sur explicado

Lectura de 9 minutos

Un día en Tenerife es un día para tomar una decisión que define completamente el tipo de experiencia que se va a tener: subir al Teide o quedarse en la ciudad. No hay forma de hacer bien las dos cosas en un solo día, y el intento de hacerlas a medias resulta en no hacer bien ninguna. La buena noticia es que ninguna de las dos opciones es una segunda opción: son experiencias de primera categoría que merecen el día entero.

Antes de decidir, hay que entender una cosa sobre Tenerife que no siempre se explica en las guías convencionales.

El dilema norte-sur de Tenerife

Tenerife tiene dos caras que comparten el mismo nombre de isla pero poco más. El sur —Playa de las Américas, Los Cristianos, Costa Adeje— es el destino de sol y playa más masificado de Europa: resorts, playas de arena importada del Sahara, turismo europeo de masa con garantía de sol los 365 días del año. No tiene historia, no tiene ciudad, no tiene patrimonio. Tiene playa, sol y temperatura garantizada.

El norte es una isla completamente diferente: La Laguna con su centro histórico Patrimonio de la Humanidad, Puerto de la Cruz con su elegancia de ciudad turística de los años setenta, el Valle de la Orotava, los bosques de laurisilva del Parque Rural de Anaga. Es el Tenerife con historia, arquitectura y una vegetación exuberante que el sur nunca tiene por razones climáticas directamente relacionadas con el Teide.

Y el Teide está en medio de los dos, en el centro geográfico y simbólico de la isla: el pico más alto de España, visible desde cualquier punto, que condiciona el clima, la vegetación y la psicología de Tenerife de la misma manera que el Fuji condiciona la de Japón. Es la visita más importante de la isla y la más difícil de combinar con cualquier otra cosa, porque el Parque Nacional está a unos 50 kilómetros de los núcleos turísticos del sur y a similar distancia del norte.

Con un día, hay que elegir.

Opción A: el Teide y el Parque Nacional

La mañana: la subida al Parque

La ascensión al Parque Nacional del Teide desde el sur —la ruta más habitual desde los resorts de la costa— es ya en sí misma un recorrido por varios mundos diferentes. La carretera sube desde el paisaje costero árido con tabaibas y cardones —la vegetación adaptada a la sequía del sur— pasando por el pinar canario, hasta llegar a las Cañadas del Teide: la caldera de un volcán más antiguo dentro de la cual el Teide creció posteriormente. El paisaje de las Cañadas —roca volcánica en tonos ocre, naranja, negro y rojo, sin vegetación, con la silueta del cono del Teide dominando todo el horizonte— es efectivamente extraterrestre, y la expresión no es retórica: ha sido usado como escenario de películas de ciencia ficción porque no requiere artificio.

Los Roques de García son la primera parada obligada: formaciones rocosas de traquita erosionada con formas caprichosas —columnas, arcos, perfiles que recuerdan figuras humanas— sobre el fondo liso de las Cañadas. El sendero circular de tres kilómetros que los rodea es el más transitado del parque y el mejor para entender la geología del conjunto sin prisa.

El teleférico: la perspectiva desde 3.555 metros

El teleférico del Teide sube desde la estación base —a unos 2.356 metros— hasta los 3.555 metros en ocho minutos. Es una de las experiencias visuales más extraordinarias que ofrece España: en la estación superior, el viajero está por encima del mar de nubes que cubre el norte de la isla en la mayoría de los días —ese mar blanco y compacto que queda varios cientos de metros más abajo y que hace que el Teide parezca una isla dentro de una isla—, con las demás islas del archipiélago visibles en el horizonte en días claros y con el horizonte del Atlántico extendiéndose hasta el infinito en todas las direcciones.

El último tramo —desde la estación del teleférico hasta el cráter, otros 200 metros de desnivel— requiere permiso previo que se agota con meses de antelación en temporada alta. Pero la vista desde la estación del teleférico a 3.555 metros ya justifica la subida sin necesidad de llegar al cráter.

Atención importante: el teleférico tiene capacidad limitada y funciona solo en condiciones meteorológicas favorables. En días de viento o niebla en la cima puede estar cerrado sin previo aviso. Reservar en línea con antelación y consultar el estado antes de salir. La llegada temprana al parque —a las 9:00 o antes— evita las colas más largas y permite ver la mañana en las Cañadas con mejor luz.

El almuerzo y la vuelta

En el interior del parque hay un restaurante en el parador de Las Cañadas del Teide —uno de los paradores más singulares de España, en plena caldera volcánica a 2.200 metros— donde es posible comer con las vistas más improbables del menú del día en toda Canarias. También hay bocadillos en el área del teleférico para quienes prefieren comer rápido y seguir.

La vuelta desde el parque al sur o al norte tarda entre 45 minutos y una hora dependiendo del origen. Si hay tiempo y la visita al parque termina a media tarde, el mirador de La Ruleta —en la carretera de bajada hacia el norte— tiene una de las mejores vistas del mar de nubes desde arriba, con el cono del Teide en primer plano y la alfombra blanca de nubes cubriendo el norte de la isla hasta el horizonte.

Opción B: Santa Cruz de Tenerife

Para quien no pueda o no quiera subir al Teide —por condiciones meteorológicas, por no tener coche, por preferir la ciudad a la montaña— Santa Cruz de Tenerife es una mañana completa de primera categoría.

El Auditorio de Calatrava

El Auditorio de Tenerife, diseñado por Santiago Calatrava e inaugurado en 2003, es el edificio más reconocible de la arquitectura española contemporánea después del Guggenheim de Bilbao. La estructura de hormigón blanco con la cubierta en forma de ola que se eleva sobre el horizonte del puerto tiene una presencia escultórica que recuerda inevitablemente la Ópera de Sídney —Calatrava lo reconoció abiertamente como referencia—. La silueta blanca sobre el azul del Atlántico es la imagen más reproducida de Tenerife y una de las más potentes de la arquitectura española de los últimos treinta años.

Se puede visitar el interior en visita guiada o simplemente rodear el exterior, que tiene suficiente interés escultórico para justificar una hora de deambulación. La zona del puerto frente al Auditorio tiene también perspectivas sobre la ciudad y el mar que son parte del mismo conjunto.

El Mercado de Nuestra Señora de África

El Mercado de Nuestra Señora de África —el Mercado de África, como lo llaman en Santa Cruz— es el mercado más importante de Tenerife y uno de los mercados más singulares de Canarias. El edificio, de los años cuarenta del siglo XX, tiene una estructura de galerías cubiertas alrededor de un patio central con fuente que recuerda la arquitectura de los mercados coloniales. Dentro, los puestos de frutas tropicales —plátanos canarios, papayas, mangos— conviven con el pescado fresco del Atlántico, las flores y las plantas tropicales, los quesos del interior de la isla y los puestos de comida cocinada donde los empleados de Santa Cruz almuerzan de pie.

El Mercado de África es el lugar más auténtico de Santa Cruz —la ciudad que existe para sí misma, no para el turismo— y la comida en los puestos del interior es la mejor introducción posible a la gastronomía canaria real: las papas arrugadas con mojo verde y mojo rojo, el queso de cabra canario a la plancha con miel de palma, el pescado a la espalda. Sin pretensiones y sin la inflación de precio que acompaña al turismo costero.

El Parque García Sanabria y el centro histórico

El Parque García Sanabria, a unos diez minutos a pie del mercado, es el parque urbano más importante de Santa Cruz y uno de los más hermosos de Canarias: jardines con árboles tropicales, palmeras de varios metros de altura, fuentes y esculturas de artistas contemporáneos integradas en el paisaje del parque. En Santa Cruz hace el papel que el Retiro en Madrid o el Ciutadella en Barcelona: el parque central donde la ciudad respira.

El centro histórico de Santa Cruz —la Plaza de España con el monumento a los Caídos, la Iglesia de la Concepción con su torre del siglo XVI, las calles comerciales del entorno— no tiene la carga de La Laguna como patrimonio histórico, pero tiene la escala y la animación de una ciudad que vive su vida normal, lo cual en el contexto del turismo de Tenerife tiene un valor diferente.

Por qué el Teide cambia la perspectiva de todo lo demás

Sea cual sea la elección para el día, hay una cosa que vale la pena entender sobre el Teide aunque no se suba: el volcán no es solo el punto más alto de España. Es el elemento que condiciona todo lo que se ve en Tenerife desde cualquier otro lugar de la isla.

La diferencia climática entre el norte verde y exuberante y el sur árido es consecuencia directa de la altura del Teide y de cómo intercepta los vientos alisios. Los bosques de laurisilva del norte —un ecosistema del Terciario que desapareció del continente hace millones de años— existen porque el Teide crea las condiciones de humedad que los mantienen. Las playas del sur tienen sol garantizado porque el Teide retiene las nubes en el norte. La isla entera, en todos sus aspectos, es una consecuencia del volcán.

Eso hace que subir al Teide no sea solo una excursión de montaña sino la única manera de ver Tenerife desde la posición que lo explica todo. Con un día, es la opción que da más perspectiva.

Lo práctico

El Teide está a unos 50 kilómetros de los principales resorts del sur y del norte; el coche es imprescindible. El teleférico tiene su web de reservas y es muy recomendable reservar con antelación en temporada alta. Los permisos para subir al cráter se agotan meses antes; si es una prioridad, hay que gestionarlos con tiempo.

Santa Cruz está bien conectada con el aeropuerto norte (TFN) y con los resorts del sur por autovía. El tranvía urbano de Santa Cruz conecta el Auditorio con el centro histórico en pocos minutos.

La mejor época para el Teide —cielos despejados, nieve en la cima, visibilidad de las islas— es diciembre a febrero. Para Santa Cruz, cualquier época del año es válida.