Saltar al contenido
Boston Common con árboles y edificios del centro al fondo.

Destinos · Estados Unidos · Boston

Qué ver en Boston: los imprescindibles de la cuna de la libertad

Una ciudad que no tiene un icono singular, sino una suma de partes extraordinarias

Lectura de 12 minutos

Boston no promete el impacto visual inmediato de Nueva York ni el romanticismo de los grandes destinos europeos. Es una ciudad que se construye de otra manera: a través del peso de su historia, del verde de sus parques, de la elegancia contenida de sus barrios de ladrillo rojo, y de esa mezcla improbable entre universidades de élite, equipos de béisbol con fe de cruzados y una geografía urbana que siempre busca el agua. Quien visite Boston esperando un espectáculo constante se puede decepcionar. Quien le dedique el tiempo que merece y camine sin prisa descubrirá una de las ciudades más ricas e interesantes de Estados Unidos.

Una semana en Boston es suficiente para explorarla con calma. Esta guía recorre los lugares que no deberían faltar en ninguna visita.

El Freedom Trail: cuatro kilómetros de historia americana

El punto de partida de cualquier visita a Boston es el Freedom Trail, un recorrido de cuatro kilómetros marcado por una línea roja en el suelo que conecta dieciséis sitios históricos relacionados con la Revolución Americana y los primeros años de la nación independiente. Creado en 1951, es la columna vertebral del turismo en Boston y con razón: no hay forma más eficiente ni más vívida de entender la historia de Estados Unidos que caminar literalmente por los lugares donde se tomaron las decisiones que fundaron el país.

El recorrido comienza en Boston Common, el parque público más antiguo de Estados Unidos, fundado en 1634. Veinte hectáreas de verde en el corazón de la ciudad que han servido de campo de pastoreo, escenario de discursos revolucionarios, zona de reunión y pulmón urbano durante casi cuatrocientos años. Continúa por la State House con su cúpula dorada, visible desde lejos, sede del gobierno del estado de Massachusetts y uno de los edificios más hermosos de la ciudad —la visita guiada gratuita a su interior los días laborables es muy recomendable—. Pasa por el Granary Burial Ground, donde descansan Samuel Adams, John Hancock y Paul Revere, entre otros fundadores de la nación, en un cementerio de lápidas inclinadas que sobrevive rodeado de edificios modernos con una dignidad sorprendente.

La segunda mitad del Freedom Trail se adentra en el North End, el barrio italiano de Boston, para visitar la Paul Revere House —la estructura de madera más antigua del centro de la ciudad, construida hacia 1680— y la Old North Church, desde cuyo campanario se colgaron en 1775 las dos linternas que avisaron de la llegada de las tropas británicas por mar. El recorrido termina en Charlestown, cruzando el puerto, donde espera el USS Constitution —"Old Ironsides"— el barco de guerra más antiguo aún en servicio de la flota de los Estados Unidos, botado en 1797 y activo durante la Guerra de 1812, y el Bunker Hill Monument, una torre de granito de sesenta y siete metros que conmemora la primera gran batalla de la Revolución.

El Freedom Trail se puede recorrer solo con el mapa gratuito que se consigue en el Boston Common Visitor Center, o con alguno de los tours guiados que parten del mismo punto. La versión completa requiere entre cuatro y seis horas caminando con calma.

Boston Common y Public Garden: el verde del corazón

Boston tiene una abundancia de zonas verdes que la distingue de otras grandes ciudades americanas, y el mejor ejemplo es la combinación de Boston Common y el Public Garden, dos espacios contiguos que suman unas cuarenta hectáreas de parque en pleno centro. El Public Garden, abierto en 1837, es el primer jardín botánico público de Estados Unidos: caminos formales, flores de temporada, una laguna artificial con los famosos Swan Boats —barcas con forma de cisne que surcan el agua desde 1877— y la estatua de los patitos de goma, homenaje al cuento infantil Make Way for Ducklings que es iconografía local desde 1987.

Estos parques son el lugar donde los bostonianos salen a correr, leer, hacer picnic y vivir la ciudad. En otoño —que es cuando Boston es más fotogénica, con los árboles en toda su gama de rojos, naranjas y amarillos— el espectáculo cromático de Boston Common es de los más bonitos que puede verse en una ciudad americana.

Quincy Market y Faneuil Hall: la "cuna de la libertad" como comedor

Faneuil Hall, construido en 1742, fue el lugar de reunión donde los patriotas coloniales debatían su oposición al Imperio Británico antes de la Revolución. Era y sigue siendo el corazón cívico de Boston, y en su planta superior se conserva la sala de reuniones original donde se pronunciaron discursos que cambiaron la historia del país. Pero lo que lo hace imprescindible como parada durante la visita es lo que hay detrás: el Quincy Market, un edificio largo y estrecho construido en la década de 1820 como expansión del área comercial, que hoy alberga decenas de puestos de comida de todo tipo. Es el mejor lugar de Boston para comer a precios razonables con amplia variedad, y también uno de los espacios con más ambiente de la ciudad a cualquier hora del día.

Si hay una comida que hay que probar en Boston, es el lobster roll: langosta fresca en un panecillo tostado, servida fría con mayonesa o caliente con mantequilla clarificada según la variante. No es barata —entre quince y treinta dólares dependiendo del local—, pero es el plato más representativo de la gastronomía de Nueva Inglaterra.

Beacon Hill: el barrio más fotogénico de la ciudad

Beacon Hill es el barrio que aparece en todas las fotos de Boston: calles adoquinadas, farolas de gas, casas de ladrillo rojo georgiano perfectamente conservadas, ventanas con vidriera y escaleras de piedra con barandilla de hierro forjado. Es el Boston que se imagina antes de llegar, y por una vez la realidad supera a la imagen.

La calle más fotografiada es Acorn Street, tan estrecha que dos personas apenas pueden caminar juntas, con sus adoquines irregulares y sus fachadas que parecen salidas de una novela de Henry James. Charles Street, la arteria principal del barrio, concentra las tiendas de antigüedades, cafeterías y restaurantes donde se mueve la vida del vecindario. El State House de cúpula dorada marca el límite superior del barrio, con Boston Common a sus pies.

Beacon Hill se recorre a pie sin prisas, asomándose a las calles laterales y al Mount Vernon Street, donde las mansiones de finales del siglo XVIII y principios del XIX dan una idea de la prosperidad que construyó la ciudad. En octubre, las calabazas de Halloween que los vecinos colocan en los escalones de entrada añaden un elemento festivo que encaja perfectamente con el ambiente del barrio.

Harvard y el MIT: Cambridge, la otra mitad de Boston

Cruzar el río Charles a pie por el Harvard Bridge —que pese a su nombre da acceso al MIT, no a Harvard; el nombre es una broma histórica— lleva a Cambridge, la ciudad universitaria que es, en la práctica, el otro barrio de Boston. Las vistas del skyline de la ciudad desde el puente son espectaculares en cualquier momento del día.

Harvard, fundada en 1636, es la universidad más antigua de los Estados Unidos y una de las más famosas del mundo. Su campus es uno de los más hermosos del país: el Harvard Yard con sus edificios de ladrillo rojo, sus grandes árboles y la estatua de John Harvard —conocida como "la estatua de las tres mentiras" porque el hombre representado no es John Harvard, que fue el primer benefactor pero no el fundador, y la fecha inscrita, 1638, tampoco es la correcta—. La Widener Library, con su fachada de columnas corintias que da al Harvard Yard, es una de las mayores bibliotecas universitarias del mundo. Los tours guiados gratuitos por el campus los organizan los propios estudiantes y son la mejor manera de ver el lugar con contexto.

A unos veinte minutos caminando hacia el este está el MIT, cuya arquitectura es el contraste más radical que puede imaginarse respecto a Harvard: mientras Harvard respira clasicismo y tradición, el MIT abraza la modernidad y la experimentación. El Stata Center de Frank Gehry, con su fachada deconstructivista de aluminio y ladrillos torcidos que parece derrumbarse, es el edificio más singular del campus y uno de los más interesantes de Boston.

Entre Harvard y el MIT está la zona de Central Square y la Graffiti Alley —Richard B. Modica Way—, un callejón de cuarenta y cinco metros completamente cubierto de arte urbano legal que cambia constantemente y que es la nota de color más inesperada en esta ciudad de ladrillo rojo y academicismo.

Copley Square y el Back Bay: la Boston victoriana

El Back Bay es el barrio que los bostonianos construyeron sobre el estuario del río Charles entre 1858 y 1882, rellenando lo que era un estuario pantanoso para crear un nuevo barrio a la moda europea. El resultado es uno de los mejores ejemplos de urbanismo victoriano de Estados Unidos: calles en cuadrícula con nombres de letras y avenidas arboladas, casas de ladrillo de cuatro pisos con bow windows y escaleras de piedra, y la elegante Newbury Street con sus boutiques y galerías de arte.

El corazón del Back Bay es la Copley Square, donde conviven tres de los mejores edificios de la ciudad. La Trinity Church (1877), obra maestra de H.H. Richardson y ejemplo definitivo del romanticismo richardsoniano americano, con su torre central masiva y sus fachadas de piedra rojiza que parecen surgir del suelo por su propio peso. La Biblioteca Pública de Boston (1895), el primer edificio de biblioteca pública de los Estados Unidos en albergar una colección abierta a todos los ciudadanos, y uno de los más hermosos: su vestíbulo de mármol con escalera monumental, la Sala de Lectura Bates con arcos y lámparas de araña, los murales de John Singer Sargent sobre el triunfo de la religión y el patio interior de arcadas inspirado en el Palazzo della Cancelleria de Roma. Y enfrente, el John Hancock Tower —ahora 200 Clarendon— de sesenta y dos pisos, el edificio más alto de Nueva Inglaterra, cuya fachada de vidrio refleja la Trinity Church en un contraste entre antiguo y moderno que es uno de los iconos visuales de Boston.

Fenway Park: el templo del béisbol

Fenway Park, inaugurado en 1912, es el estadio de béisbol más antiguo de las Grandes Ligas y uno de los lugares con más carga simbólica de toda Boston. El béisbol no es solo un deporte en esta ciudad: es religión, identidad, fuente de sufrimiento generacional —los Red Sox no ganaron una Serie Mundial entre 1918 y 2004, lo que sus seguidores atribuyeron durante décadas a "la maldición del Bambino"— y orgullo compartido. El estadio es pequeño para los estándares actuales, con capacidad para 37.755 personas, pero tiene un encanto que los estadios modernos no pueden replicar.

El elemento más icónico es el Green Monster, el muro verde del jardín izquierdo de 11,3 metros de altura que en 1912 se construyó para evitar que los vecinos vieran los partidos desde los edificios del exterior y que hoy es uno de los elementos más reconocibles del deporte americano. Los tours del estadio —disponibles en los días sin partido— permiten sentarse en las gradas del Green Monster, visitar el dugout y conocer la historia de un lugar que ha visto a Ted Williams, Carl Yastrzemski y David Ortiz. Pero la experiencia definitiva en Fenway es ver un partido con entradas compradas con antelación y acompañado de un pretzel y una cerveza.

El Museo de Bellas Artes y los museos

El Museum of Fine Arts de Boston, fundado en 1870, alberga una de las colecciones más completas del mundo: más de 450.000 obras desde el antiguo Egipto hasta el arte contemporáneo, con especial relevancia su colección de arte japonés, considerada una de las mejores fuera de Japón. El edificio neoclásico de 1909 está rodeado de jardines, incluyendo el Tenshin-en, un jardín japonés diseñado con autenticidad que es un oasis de paz junto al museo.

A pocos metros está el Isabella Stewart Gardner Museum, que es uno de los museos más fascinantes y originales de Estados Unidos: un palacio veneciano reconstruido en Boston por una excéntrica coleccionista a finales del siglo XIX, con un patio central lleno de plantas y flores, y galerías donde las obras están colocadas exactamente como Isabella Gardner las dejó antes de morir, sin cartelas ni orden convencional. Su historia incluye también el mayor robo de arte no resuelto de la historia: en 1990, trece obras desaparecieron del museo —incluyendo un Vermeer y tres Rembrandt— y sus marcos vacíos siguen en las paredes como recuerdo del crimen.

El acuario y los muelles

El New England Aquarium, en los muelles del centro, es uno de los mejores de la costa este. Su tanque cilíndrico de cuatro pisos de altura, el Giant Ocean Tank, alberga cientos de especies marinas que se pueden observar desde los distintos niveles de la espiral que rodea el depósito. Los shows de pingüinos y focas son el complemento más familiar de una visita que funciona para todos los públicos.

Desde los muelles salen también los ferries que permiten contemplar Boston desde el agua —la mejor perspectiva de la ciudad para apreciar cómo se funde con el puerto— y las excursiones de avistamiento de ballenas que operan en temporada, con una tasa de éxito sorprendentemente alta en aguas de Nueva Inglaterra.

Consejos prácticos

El sistema de metro de Boston, la "T", tiene cinco líneas que cubren bien el centro y los barrios más visitados. Para una estancia de más de dos días, el CharlieTicket semanal —unos veintiún dólares en el momento del viaje de referencia de este blog, aunque los precios actualizados conviene verificarlos— da acceso ilimitado a metro, autobuses y cercanías zona 1A. El aeropuerto Logan está a apenas cinco kilómetros del centro y la Silver Line lo conecta con South Station de forma gratuita en el sentido aeropuerto-ciudad.

Boston es una ciudad que se camina. La mayoría de los grandes atractivos del centro están a distancias razonables a pie, y los barrios —Beacon Hill, North End, Back Bay— tienen una escala humana que invita al paseo. El clima de octubre, con los colores del otoño y las temperaturas suaves, es el momento ideal para visitarla.