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Qué ver en Los Ángeles: la ciudad que inventó su propio mito
Una megalópolis diseñada para el coche que tiene más de lo que parece cuando uno aprende a moverse por ella
Los Ángeles no es una ciudad que se entienda de inmediato. La primera impresión que la ciudad produce al viajero que llega desde Europa o desde las ciudades del este americano es habitualmente de desorientación: no hay un centro claro, no hay una escala peatonal comprensible, las distancias entre los puntos de interés son incongruentes con cualquier lógica urbana habitual. Lo que se llama "Los Ángeles" es en realidad una conurbación de casi cinco mil kilómetros cuadrados que absorbe municipios independientes —Beverly Hills, Santa Monica, Culver City, Burbank, Pasadena— dentro de una mancha urbana que desde el aire parece no tener fin.
La ciudad está diseñada para el automóvil de una manera que ninguna otra gran ciudad del mundo lo está. Las autopistas —la 405, la 101, la 10— no son solo infraestructuras de transporte; son el sistema nervioso central de Los Ángeles, y el tiempo que se pasa en ellas, habitualmente en atascos que transforman cualquier distancia en una expedición, es parte constitutiva de la experiencia de vivir y visitar la ciudad. Sin coche, Los Ángeles es posible pero limitada; con coche, es una ciudad diferente.
Y sin embargo, cuando se acepta su lógica —o su falta de lógica—, Los Ángeles tiene una concentración de lugares interesantes que pocas ciudades del mundo pueden igualar. El problema no es que no haya nada que ver; el problema es que está demasiado disperso para verlo todo con comodidad.
Hollywood: el mito y la realidad¶
Hollywood es el barrio que el mundo entero conoce y el que más decepción genera a quien llega con expectativas cinematográficas. El Hollywood Boulevard —con su Paseo de la Fama, las estrellas de terrazo rosado y granito incrustadas en la acera desde 1958, los vendedores de tours de mansiones de celebrities, los personajes disfrazados cobrando por fotos— tiene la densidad de entretenimiento de un parque de atracciones y la autenticidad de un producto turístico manufacturado.
Lo que hace que la visita valga la pena, a pesar de todo lo anterior, es el contexto: estas calles son donde se construyó la industria que produjo el imaginario visual del siglo XX. El TCL Chinese Theatre —conocido durante décadas como Grauman's Chinese Theatre— con sus huellas de manos y pies de actores en el cemento del patio exterior, el Dolby Theatre donde se celebra la ceremonia de los Óscar cada año, el Pantages Theatre con su fachada de art déco de 1930: el barrio tiene capas históricas que el turismo de superficie no agota.
El Museo del Hollywood Heritage en el antiguo granero de la Paramount —donde Cecil B. DeMille rodó la primera película producida en Hollywood, The Squaw Man, en 1913— tiene una colección de documentación sobre el Hollywood silente que merece más atención de la que habitualmente recibe.
El Hollywood Sign, las nueve letras blancas de casi quince metros de altura en el Monte Lee, no se puede visitar de cerca sin una caminata de entre cinco y nueve kilómetros por el Griffith Park, pero desde varios puntos de la ciudad y del parque se ven perfectamente. El mirador del Griffith Observatory —el observatorio art déco de 1935 donde se filmó la escena del planetario de Rebelde sin Causa— ofrece la mejor vista simultánea del Hollywood Sign y del skyline del Downtown, y el acceso es gratuito.
Getty Center y Getty Villa¶
El Getty Center es el museo más espectacular de Los Ángeles en términos arquitectónicos y uno de los mejores museos de los Estados Unidos en términos de colección. El edificio, diseñado por Richard Meier e inaugurado en 1997 en una colina sobre la autopista 405 en Brentwood, es una composición de travertino blanco, aluminio y cristal que se extiende a lo largo de la cima con vistas de los cuatro puntos cardinales: al norte el San Fernando Valley, al sur Beverly Hills y Westwood, al este el Downtown y al oeste el Pacífico.
La colección incluye pintura europea de los siglos XIII al XIX, escultura, artes decorativas, manuscritos iluminados y un departamento de fotografía de primer nivel mundial. Las obras son de una calidad que justifica el viaje aunque la arquitectura no existiera: Van Gogh, Rembrandt, Monet, Pontormo. La entrada al museo es gratuita; solo se cobra el aparcamiento.
El Getty Villa, el otro campus del J. Paul Getty Trust, está en Malibú, en la costa del Pacífico. Está dedicado al arte de la Grecia antigua, la Roma antigua y Etruria, y el edificio mismo —modelado sobre la Villa dei Papiri de Herculano, la villa romana sepultada por el Vesubio en el 79 d.C.— es una recreación arqueológica de primer nivel. Los jardines con sus fuentes y sus mosaicos, la colección de bronces griegos y los relieves romanos justifican la visita independientemente de la colección completa. Requiere reserva anticipada.
El Downtown renovado¶
El Downtown de Los Ángeles fue durante décadas el lugar que los angelinos evitaban. La inversión en infraestructura y la renovación del siglo XXI lo han transformado en un barrio habitable y, en algunos aspectos, sorprendente.
El Broad Museum, inaugurado en 2015 en el edificio diseñado por Diller Scofidio + Renfro, tiene la colección de arte contemporáneo más importante de la costa oeste: Koons, Basquiat, Cindy Sherman, Jeff Koons y una instalación permanente de Yayoi Kusama, la Infinity Mirrored Room, que es probablemente la obra de arte más fotografiada de Los Ángeles en la última década. La entrada es gratuita pero requiere reserva.
El Walt Disney Concert Hall, a dos manzanas del Broad, es el edificio más importante de Los Ángeles desde el punto de vista arquitectónico. Frank Gehry diseñó en 1999 un edificio de acero inoxidable que se despliega sobre Grand Avenue como un conjunto de velas o de pétalos metálicos —dependiendo del ángulo desde el que se mira—, y que resulta tan perturbador y tan convincente en persona como en las fotografías. Es la sede de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, una de las mejores del mundo, y el interior —madera de madera de Douglas con su forma orgánica diseñada para la acústica— es tan extraordinario como la cubierta exterior. Hay visitas autoguiadas gratuitas.
El MOCA (Museum of Contemporary Art) ocupa dos edificios en el Downtown, el principal diseñado por Arata Isozaki, y tiene una de las colecciones de arte contemporáneo más serias de los Estados Unidos, con obras de Pollock, Rothko, De Kooning y la generación del expresionismo abstracto en las salas permanentes.
Olvera Street, en el extremo norte del Downtown, es el barrio mexicano más antiguo de Los Ángeles y el punto de partida histórico de la ciudad: aquí, en 1781, un grupo de cuarenta y cuatro colonos fundaron el Pueblo de Los Ángeles. La calle peatonal, con sus tiendas de artesanía mexicana y sus restaurantes de tacos y tamales, tiene algo de escenografía construida —fue "rescatada" como atracción turística en los años veinte—, pero el contexto histórico le da una dimensión que el Hollywood Boulevard no tiene.
Santa Monica y la costa¶
Santa Monica es la ciudad autónoma —con su propio ayuntamiento y sus propias normas— que San Francisco compartiría con el Mediterráneo si estuviera en Europa. La localidad tiene todo lo que los visitantes buscan en Los Ángeles sin los aspectos más fatigosos de la megalópolis: una escala peatonal real, el Paseo del Mar sobre el acantilado con sus palmeras y sus vistas del océano, la Third Street Promenade con su comercio y su ambiente, y el Santa Monica Pier, el muelle de madera con su parque de atracciones pequeño que lleva en el Pacífico desde 1909 y que es el punto final de la Ruta 66 —la carretera mítica que une Chicago con Los Ángeles, cuya última sección termina aquí, en el océano.
La playa de Santa Monica tiene esa amplitud y esa luz del Pacífico que el Mediterráneo no puede imitar: la arena blanca, las olas largas, el ambiente deportivo de los bodybuilders en Muscle Beach y las canchas de beach volleyball, el carril de bicicletas que continúa hacia el norte hasta Malibu y hacia el sur hasta Venice.
Venice Beach y el barrio de Abbot Kinney¶
Venice Beach está a dos kilómetros al sur de Santa Monica y es uno de los lugares más singulares de la costa californiana. La Boardwalk —el paseo peatonal de madera paralelo a la playa— concentra una humanidad variada que en cualquier otro contexto resultaría surreal: skaters en el parque de skateboarding más famoso del mundo, artistas callejeros, vendedores de todo lo imaginable, culturistas en el gimnasio al aire libre de Muscle Beach Venice, lectores de cartas y músicos ambulantes. Todo sucede al mismo tiempo, bajo el sol del Pacífico, con el mar de fondo.
El Canal de Venice, diseñado en 1905 por el millonario Abbot Kinney como una réplica de Venecia con canales navigables y puentes de piedra, sobrevive como barrio residencial de lujo a pocas manzanas de la playa. Los canales —mucho más modestos que su modelo italiano, pero genuinamente pintorescos— están rodeados de casas de precio millonario y el paseo por sus orillas es uno de los más tranquilos que se pueden dar en Los Ángeles.
La Abbot Kinney Boulevard, que lleva el nombre del fundador de Venice, es la calle de boutiques de diseño, cafeterías de especialidad y restaurantes de moda más concentrada del lado oeste de Los Ángeles. Es cara, es consciente de serlo y el nivel de lo que se come y bebe en ella justifica los precios.
Griffith Park y el Observatorio¶
El Griffith Park es el parque urbano más grande de los Estados Unidos —cuatro mil doscientas hectáreas de chaparro y cañones en el corazón de Los Ángeles— y el contrapeso verde de una ciudad que tiene muy poco espacio verde per cápita para su tamaño.
El Griffith Observatory en la ladera sur del parque es el punto de encuentro entre astronomía, arquitectura art déco y vistas panorámicas que ningún otro lugar de Los Ángeles ofrece. El edificio de cúpulas blancas, construido en 1935, ha aparecido en decenas de películas —Rebelde sin Causa, La La Land, Terminator— y la explanada frente a él ofrece la vista más cinematográfica del Hollywood Sign y el Downtown simultáneamente. La entrada a las salas de exposición y al planetario es gratuita en la mayoría de los casos; algunas proyecciones del planetario tienen un coste adicional.
La subida al observatorio puede hacerse en coche, en el autobús gratuito del parque o caminando desde el barrio de Los Feliz en unos cuarenta y cinco minutos por senderos bien marcados. A primera hora de la mañana, con la ciudad todavía con niebla y el Hollywood Sign emergiendo de entre las nubes, es uno de los momentos más memorables que Los Ángeles ofrece.
Beverly Hills y Mulholland Drive¶
Beverly Hills es el municipio incorporado dentro del área de Los Ángeles donde la riqueza se expresa en términos arquitectónicos con una consistencia que resulta casi irreal. Las mansiones de las colinas norte, las palmeras perfectamente alineadas del Sunset Boulevard, las tiendas de la Rodeo Drive —el kilómetro de boutiques de lujo donde una camiseta puede costar lo que un vuelo a Europa— forman el escenario que el cine ha reproducido hasta convertirlo en cliché. Pero el cliché es preciso: Beverly Hills es exactamente así.
La Mulholland Drive, la carretera que recorre la cresta de las colinas de Santa Mónica desde Hollywood hasta el Valley, es uno de esos recorridos que cambian la perspectiva de Los Ángeles de manera radical: desde la carretera, con los valles en cada lado y la extensión completa de la megalópolis visible en todas las direcciones, la ciudad se entiende como lo que es —un organismo de dimensiones geológicas— mejor que desde cualquier otro punto de vista.
Estudios de cine¶
Los Ángeles tiene varios estudios que ofrecen visitas guiadas con distintos niveles de acceso a los sets de rodaje activos. El Universal Studios Hollywood es el más conocido: combina parque de atracciones con visita real a los backlots donde se han rodado centenares de películas y series. La visita en tranvía por los backlots es el componente más genuinamente cinematográfico; el parque de atracciones que rodea al estudio es correcto pero no único en el mundo.
El Warner Bros. Studio Tour en Burbank es la opción más seria para quien tiene interés real en la industria: la visita incluye acceso a sets activos, al departamento de vestuario, al departamento de props y a los archivos de producción, con guías que tienen conocimiento detallado de lo que se ha rodado en cada rincón del estudio. Es cara —supera los cien dólares por persona— pero es la visita más auténtica que existe al interior de la maquinaria de producción cinematográfica.
Malibú¶
La Costa de Malibú —el tramo de unos cincuenta kilómetros de la Pacific Coast Highway entre Santa Monica y Oxnard— es uno de los paisajes costeros más espectaculares de California. Los acantilados, las calas con playas de difícil acceso y las casas de lujo literalmente sobre el agua forman el contexto en el que Los Ángeles tiene momentos de belleza genuina que ninguna otra metrópoli americana puede ofrecer.
La Zuma Beach y la El Matador State Beach —esta última con sus formaciones de roca y sus cuevas accesibles cuando la marea está baja— son los puntos más fotogénicos de la costa de Malibú. El acceso a las playas del estado es público aunque el aparcamiento sea limitado, y en invierno la soledad de estas playas contrasta con la masificación del verano.
El Getty Villa en la Pacific Coast Highway es la última parada antes de que la costa de Malibú se aleje del área metropolitana: la villa romana con sus jardines y su colección griega es el broche perfecto de un recorrido costero que sale del Downtown hacia el Pacífico.
Consejos prácticos¶
Los Ángeles sin coche es posible pero limitada. El metro de Los Ángeles —que hasta los años noventa prácticamente no existía y que sigue siendo insuficiente para la escala de la ciudad— conecta el Downtown con Hollywood, Koreatown y los barrios del centro, pero no llega a la costa ni a buena parte de los barrios que justifican la visita. El tren Expo Line conecta el Downtown con Santa Monica —un trayecto de unos cincuenta minutos que cruce la ciudad de este a oeste— y es la opción de transporte público más útil para los visitantes.
El Uber y Lyft son la alternativa real al coche propio: en una ciudad con tráfico imprevisible y aparcamiento complicado y caro, el vehículo de alquiler puede generar más tensión que libertad. Para trayectos dentro de un mismo barrio o para distancias cortas, estas plataformas funcionan mejor que intentar aparcar en Beverly Hills o en Santa Monica un sábado por la tarde.
Los mejores meses para visitar son septiembre, octubre y noviembre: el verano es caluroso y más concurrido, el invierno es templado pero con más días de lluvia. La primavera tiene el riesgo de la niebla matinal de "la gris" —June Gloom o May Gray, como lo llaman los locales— que puede cubrir la costa hasta mediodía. El otoño combina el mejor clima, la menor afluencia y la luz de California en su versión más dorada.