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Coney Island: el parque de atracciones que inventó el siglo XX
La Cyclone de 1927, la Wonder Wheel, Nathan's Famous y el boardwalk donde América aprendió a divertirse
Coney Island no es el parque de atracciones más grande de Nueva York. Tampoco el más moderno, ni el mejor señalizado, ni el más fácil de llegar. Está en el extremo sur de Brooklyn, a casi una hora de Manhattan en metro, y cuando llegas te recibe un boardwalk de madera con casetas de tiro al blanco y fritangas que llevan el mismo siglo ahí. La primera reacción puede ser preguntarse si merece el trayecto.
Merece el trayecto.
Coney Island es el lugar donde América inventó el ocio popular moderno. Los tres grandes parques que funcionaron aquí a principios del siglo XX —Luna Park, Dreamland y Steeplechase— fueron el primer ensayo a escala masiva de lo que significa diseñar un espacio específicamente para que la gente se divierta. Antes de Hollywood, antes de la radio, antes de la televisión, Coney Island era el mayor espectáculo del país. En su apogeo, un millón de personas llegaban aquí en un solo día de verano. Hoy lo que queda es un eco de ese esplendor, y ese eco —desvencijado, ruidoso, oliendo a azúcar y a mar— sigue siendo extraordinario.
La historia de los tres parques¶
El Steeplechase Park fue el primero, fundado en 1897 por George Tilyou. Tilyou tenía una teoría: la gente no va a los parques de atracciones para ver cosas sino para hacer cosas, y preferiblemente para hacerlas con desconocidos y con el cuerpo. El Steeplechase ofrecía una pista mecánica de caballos que los visitantes montaban en parejas, el Funny Face (una máscara enorme que era el logotipo del parque y la imagen en todas las postales), y cientos de dispositivos diseñados para que la ropa se levantara con el viento, los cuerpos se rozaran sin querer y los adultos se comportaran como niños durante unas horas. Funcionó durante 67 años, hasta que un incendio lo destruyó en 1907 y Tilyou lo reconstruyó en doce semanas. Lo que no sobrevivió fue la segunda versión: cerró definitivamente en 1964.
El Luna Park de 1903 fue diferente y más ambicioso. Sus fundadores, Frederic Thompson y Elmer Dundy, querían crear una ciudad de sueños: una arquitectura de torres y minaretes y cúpulas de colores que no se pareciera a nada que existiera en el mundo real, iluminada por un millón de bombillas eléctricas en un momento en que la electricidad doméstica era todavía un lujo. De noche, el Luna Park visible desde los barcos que entraban a la bahía de Nueva York era uno de los espectáculos más asombrosos del planeta. Duró hasta 1944, cuando otro incendio lo destruyó.
Dreamland, el más grandioso de los tres, abrió en 1904 con una inversión de un millón de dólares y quiso superar a los otros dos en escala y en espectáculo. Tenía un circo con enanos, un simulacro de incendio de un edificio de seis plantas que se representaba diez veces al día, una recreación del Canal de Venecia y una exposición de bebés prematuros en incubadoras —los bebés eran reales, la exhibición fue la primera de su tipo en América y salvó decenas de vidas porque los hospitales de la época no tenían incubadoras. En 1911, un fallo eléctrico provocó un incendio que destruyó todo el parque en pocas horas. Nunca se reconstruyó.
Lo que sobrevivió a todos los incendios, a la Gran Depresión, al declive de los años setenta y a décadas de abandono son las dos atracciones que hoy definen Coney Island: la Cyclone y la Wonder Wheel.
La Cyclone¶
La montaña rusa Cyclone abrió el 26 de junio de 1927 y lleva funcionando desde entonces sin interrupción salvo breves cierres por mantenimiento. Es una montaña rusa de madera de 26 metros de altura, 853 metros de recorrido y una velocidad máxima de 97 kilómetros por hora. El trayecto completo dura menos de dos minutos.
En 1991 fue declarada New York City Landmark —monumento protegido de la ciudad— y en 2006 National Historic Landmark a nivel federal. Hay pocas montañas rusas en el mundo con ese estatus, y ninguna que todavía esté en activo con su estructura original.
La clave de la Cyclone no es la velocidad ni la altura, que por los estándares modernos son modestas, sino la sensación. Las montañas rusas de acero modernas tienen curvas suaves y calculadas, diseñadas para el confort y el espectáculo visual. La Cyclone de madera traquetea. Cruje. Las vigas suenan bajo el peso del vagón. Hay un momento en la primera caída, cuando la estructura entera parece vacilar, en que la cabeza sabe perfectamente que el diseño es seguro y el cuerpo no está convencido del todo. Eso es lo que llevaba haciendo a la gente gritar desde 1927.
El precio de la entrada a la Cyclone es independiente del parque principal —compra el billete en la taquilla exterior antes de subir. No requiere reserva. En temporada alta hay cola, que se mueve rápido.
La Wonder Wheel¶
La Wonder Wheel es la noria de Coney Island, construida en 1920 por la empresa Eccentric Ferris Wheel Company —el nombre lo dice todo. Mide 46 metros de altura y tiene 24 cabinas: dieciséis de ellas se deslizan por raíles curvos mientras la noria gira, lo que significa que su movimiento no es el suave arco predecible de una noria convencional sino una combinación de rotación y deslizamiento que produce una sensación de mareo controlado que sus creadores consideraban una mejora. Ocho cabinas no se deslizan, por si alguien quiere la experiencia tradicional.
Está gestionada desde 1983 por la familia Vourderis, que la compró cuando nadie más la quería. También fue declarada monumento histórico en 1989. Desde arriba se ve toda la costa de Brooklyn, el Atlántico, el puente de Verrazzano y en días claros las torres de Manhattan al fondo.
El boardwalk y el Circus Sideshow¶
El boardwalk —el paseo marítimo de madera— tiene 4 kilómetros de longitud y es el elemento más constante de Coney Island desde 1923. La madera original fue reemplazada en 2017 por un material compuesto más resistente, pero la escala y la disposición son las mismas: casetas de juegos, puestos de comida, bancos mirando al mar, y el rumor de las atracciones al fondo.
El Coney Island Circus Sideshow es una institución que funciona desde 1985 y que recupera la tradición del sideshow clásico americano: hombre fuego, mujer serpiente, tragador de espadas, contorsionistas, fakires. Nada de esto se hace ya con la crueldad ni la explotación que definían los sideshows originales de principios del siglo XX —los artistas son profesionales que dominan sus disciplinas— pero el formato, la carpa, el presentador que habla con megáfono desde la puerta y el precio de entrada son deliberadamente retro. Es kitsch con intención y funciona exactamente por eso.
El Coney Island Museum, en la misma manzana, tiene archivos fotográficos y objetos originales de los tres grandes parques y es el mejor lugar para entender qué fue este sitio antes de ser lo que es hoy.
Nathan's Famous¶
El Nathan's Famous de la esquina de Surf Avenue con Stillwell Avenue es uno de los negocios gastronómicos más antiguos de Nueva York, fundado en 1916 por Nathan Handwerker, un inmigrante polaco que trabajaba en otro puesto de perritos calientes del boardwalk y decidió abrir el suyo. Los competidores intentaron arruinarlo difundiendo el rumor de que los hot dogs de Nathan eran peligrosos, hasta que el propio Nathan contrató a médicos para que comieran delante del negocio en uniforme. El negocio sobrevivió.
El hot dog de Nathan's tiene una textura y un sabor específicos que sus seguidores describen como inconfundibles y que los escépticos describen como ordinarios. No hay término medio. La cebolla frita que se sirve encima —rebozada, crujiente, con un punto de vinagre— es el elemento que convierte el sándwich en algo más que un embutido en un pan.
El concurso de perritos calientes del 4 de julio se celebra aquí desde 1972 (aunque la leyenda fundacional lo sitúa en 1916) y es uno de los eventos deportivos —si se puede llamar así— más vistos del verano americano. Joey Chestnut, el dominador moderno de la competición, ha llegado a comer 76 hot dogs en diez minutos. El récord se bate con regularidad. La transmisión televisiva tiene más audiencia que algunos partidos de béisbol.
De día y de noche¶
Coney Island funciona diferente según la hora. De día es una playa pública de dos kilómetros y medio —la arena es ancha, el agua es fría, las gaviotas compiten con los visitantes por los restos de comida— y un parque de atracciones bajo el sol que muestra sin piedad el estado de mantenimiento de las estructuras. Hay algo entrañable en el contraste entre la escala de lo que fue esto y la realidad de lo que es hoy.
Al anochecer, las luces de neón del Luna Park encienden el cielo y el boardwalk se transforma. Los colores, la música de las máquinas, el olor a algodón de azúcar y a cebolla frita, el mar negro al fondo con la luz de los barcos en el horizonte. El parque iluminado de noche tiene la misma lógica que tenía en 1903: la electricidad convierte un lugar ordinario en algo mágico, y el cuerpo lo registra sin preguntar si debería.
Cómo llegar y cuándo ir¶
El metro es la única opción razonable. Las líneas D, F, N y Q terminan en la estación Coney Island–Stillwell Avenue, que está literalmente a la salida del parque. Desde Midtown Manhattan el trayecto dura entre 45 y 60 minutos. Desde Brooklyn hay combinaciones más rápidas.
El parque es de temporada: Luna Park abre habitualmente de abril a octubre, con mayor actividad de junio a septiembre. El boardwalk, la playa y Nathan's están abiertos todo el año. En invierno, Coney Island tiene un silencio de fuera de temporada que tiene su propio atractivo —las atracciones paradas, las casetas cerradas con tablas, el mar en noviembre.
Información práctica¶
Cómo llegar
- Metro líneas D, F, N o Q hasta Coney Island–Stillwell Avenue
- Desde Midtown Manhattan: 45-60 minutos
- Cubierto por el MetroCard habitual; sin coste adicional
Luna Park
- Temporada: abril a octubre (fin de semana en primavera/otoño; todos los días en verano)
- Las atracciones se pagan individualmente o con pases de día; consultar precios actualizados en lunaparknyc.com
- La Cyclone tiene taquilla propia, independiente del parque
- La Wonder Wheel está operada por Deno's Wonder Wheel Amusement Park, en el mismo complejo
El Circus Sideshow y el museo
- Coney Island Circus Sideshow: funciona principalmente en verano, fines de semana y festivos
- Coney Island Museum: entrada de precio simbólico; imprescindible para el contexto histórico
Nathan's Famous
- Abierto todo el año, todos los días
- El concurso de perritos calientes del 4 de julio es un espectáculo gratuito (sin entrada) aunque hay que llegar temprano para ver bien
Cuándo ir
- Verano (junio-agosto): pleno funcionamiento, máxima animación, máximas colas
- Finales de septiembre y octubre: menos gente, el parque todavía abierto, temperatura agradable para el boardwalk
- El atardecer y el principio de la noche son el mejor momento: el parque iluminado en la oscuridad es la experiencia que Coney Island lleva ofreciendo desde 1903