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Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Nueva York.

Destinos · Estados Unidos · Nueva York

Central Park: 341 hectáreas en el corazón de Manhattan

El parque urbano más famoso del mundo fue diseñado a mano, árbol a árbol, para parecer completamente natural

Lectura de 14 minutos

Hay una ironía en el corazón de Central Park que la mayoría de quienes lo visitan no llega a ver: ese espacio verde que parece una pieza de naturaleza preservada entre los rascacielos de Manhattan es, en realidad, completamente artificial. Cada colina fue diseñada y construida. Cada lago fue excavado y llenado. Cada arboleda fue plantada siguiendo un plan específico. El parque más "natural" de Nueva York no tiene nada de natural. Es un proyecto de paisajismo más ambicioso que cualquier edificio de la ciudad que lo rodea, una obra de ingeniería pensada para parecer lo que no es.

Y funciona. Eso es lo extraordinario.

El diseño: Olmsted, Vaux y el Greensward Plan

En 1857, la ciudad de Nueva York convocó un concurso de diseño para un parque de 341 hectáreas en el centro de la isla de Manhattan. El terreno era una zona pantanosa y accidentada, habitada por comunidades de trabajadores pobres y cerdos que pastaban entre las rocas de Manhattan schist. El objetivo era transformarla en un espacio verde que compitiera con los grandes parques de las ciudades europeas y que diera a los trabajadores de clase obrera de la ciudad un "pedazo de campo" accesible sin salir de ella.

El concurso lo ganó una propuesta presentada por dos hombres que entonces apenas se conocían: Frederick Law Olmsted, de 35 años, periodista y agricultor autodidacta sin ninguna formación formal en arquitectura paisajista, y Calvert Vaux, un arquitecto inglés afincado en Nueva York. Su propuesta se llamaba "Greensward Plan". Proponía un parque que pareciera completamente natural pero que fuera absolutamente construido: colinas que ocultaban depósitos de agua, arboledas distribuidas para crear perspectivas calculadas, caminos en curvas suaves que simulaban senderos rurales, y un sistema de cuatro travesías subterráneas (los transversals) que cruzaban el parque de este a oeste enterradas bajo el nivel del suelo para que el tráfico de la ciudad no interrumpiera la experiencia del parque.

La construcción duró veinte años, de 1858 a 1878. Se movieron cinco millones de metros cúbicos de tierra. Se plantaron más de medio millón de árboles y arbustos traídos de viveros de toda la costa este. Se importaron toneladas de tierra fértil para cubrir la roca desnuda. Trabajaron en la obra más de 3.000 obreros durante años, en condiciones brutales.

El resultado fue algo que Nueva York no tenía y que ninguna ciudad americana había tenido antes: un espacio urbano diseñado no para impresionar ni para mostrar poder, sino para curar. Olmsted creía que la naturaleza tenía efectos terapéuticos sobre la mente y el espíritu de la gente que vivía en las ciudades industriales, y que el objetivo del parque era proporcionar esos efectos de la manera más efectiva posible. Cada decisión de diseño —la anchura de los caminos, la colocación de los árboles, la relación entre las zonas abiertas y las cerradas— respondía a esa filosofía.

Los lugares imprescindibles

Strawberry Fields: el memorial a John Lennon

El 8 de diciembre de 1980, John Lennon fue asesinado a tiros a la entrada del Dakota Building, el edificio de apartamentos neogótico de 1884 en el 1 West 72nd Street, con vistas directas a Central Park. Lennon y Yoko Ono vivían allí desde 1973. Ono siguió viviendo en el Dakota después del asesinato y donó un millón de dólares a la ciudad de Nueva York para crear un memorial en la zona del parque más cercana a su apartamento.

Strawberry Fields es ese memorial: 0,8 hectáreas al oeste del parque, a la altura de la Calle 72, denominadas así por la canción Strawberry Fields Forever del album Magical Mystery Tour de 1967. El elemento central es un mosaico circular de mármol blanco y negro con la palabra "Imagine" en el centro, donado por la ciudad de Nápoles en 1985 como símbolo de paz internacional. El diseño reproduce el original que hay en el suelo del ayuntamiento de Nápoles.

Siempre hay alguien en Strawberry Fields. No importa el día ni la hora. Habrá flores frescas sobre el mosaico, probablemente un músico tocando Imagine o Working Class Hero con guitarra acústica, personas sentadas en los bancos alrededor contemplando el lugar en silencio. Es uno de esos lugares que genera su propio estado de ánimo. El Dakota se ve al fondo, a través de los árboles, desde el mosaico: la misma fachada de ladrillo oscuro que Lennon cruzó por última vez cuatro décadas atrás.

Bethesda Fountain y la Terraza

Si hay un corazón geográfico y emocional en Central Park, es la Bethesda Fountain y la terraza que la rodea. El conjunto está al final del Mall, el paseo central del parque, a la altura de la Calle 72, junto al lago.

La fuente fue inaugurada en 1873 y tiene la distinción de ser la única escultura encargada originalmente para el parque en su diseño inicial. La diseñó Emma Stebbins, la primera mujer en recibir un encargo público de arte en la ciudad de Nueva York. La figura central es el Ángel de las Aguas, que hace referencia al pasaje del Evangelio de Juan donde un ángel desciende a agitar las aguas del estanque de Bethesda en Jerusalén para dar poder curativo al agua. La escultura se encargó para conmemorar la inauguración, en 1842, del sistema de agua potable de Croton que por primera vez llevó agua limpia a Manhattan.

La arquitectura de la terraza que rodea la fuente es extraordinaria: el nivel inferior tiene una arcada con techos decorados con 16.000 azulejos de encaustica diseñados por el arquitecto Jacob Wrey Mould, cada uno diferente, una de las obras decorativas más elaboradas de Central Park. El nivel superior, con vistas al lago y a la fuente, es el escenario de docenas de películas y series televisivas rodadas en Nueva York. Si una película tiene una escena "central park", lo más probable es que sea en Bethesda.

El ambiente alrededor de la fuente es invariablemente festivo: músicos, mimos, artistas, turistas, neoyorquinos con perros, ciclistas que se detienen. Es el salón principal del parque.

The Lake y el Bow Bridge

El lago de Central Park ocupa casi doce hectáreas en la zona central-oeste del parque. Fue excavado a mano durante la construcción y alimentado con agua del sistema Croton. En verano se pueden alquilar barcas de remos en el Loeb Boathouse, en el extremo nordeste del lago, y pasar una hora remando entre los árboles que se reflejan en el agua. Es uno de los planes más idílicos que se pueden hacer en la ciudad.

El Bow Bridge cruza el lago en su punto más estrecho, conectando Cherry Hill con la Ramble (la zona más boscosa del parque). Fue diseñado por Calvert Vaux y construido en 1862 con hierro fundido. Es el puente más largo y más fotografiado de Central Park: sus arcos de hierro decorado y sus barandillas ornamentales crean la imagen más icónica del parque, ese reflejo perfecto en el agua del lago que aparece en infinitas fotografías. En otoño, con los arces de la Ramble al fondo en tonos ocres y rojos, es de una belleza absurda.

El Belvedere Castle

Subiendo desde el lago, en lo alto de Vista Rock —el punto más alto de la mitad sur del parque, con sus 37 metros sobre el nivel del parque— está el Belvedere Castle. Lo diseñó Calvert Vaux en 1869 como puro capricho visual: una construcción de granito y schist de Manhattan sin función específica, construida solo para ser mirada desde abajo y para mirar desde arriba.

"Belvedere" significa literalmente "bella vista" en italiano, y la razón del nombre es obvia desde sus torres: el parque entero se extiende hacia el norte y hacia el sur, el Great Lawn visible a un lado y el Turtle Pond al otro, con los rascacielos de la Quinta Avenida asomando por los bordes del horizonte. Es, para mi gusto, el mirador más hermoso de Central Park.

El interior alberga desde 1919 el observatorio meteorológico oficial de la ciudad de Nueva York: los datos de temperatura y humedad que la ciudad registra y publica provienen del equipo instalado en las almenas del Belvedere Castle. Es también sede del Henry Luce Nature Observatory, donde se pueden ver de cerca especímenes de mariposas, plantas y aves del parque.

The Mall: los olmos americanos

El Mall es el único tramo completamente recto de Central Park, una excepción deliberada de Olmsted en un diseño que por lo demás evitaba sistemáticamente las líneas rectas. Es un paseo de unos 400 metros bordeado por la mayor colección de olmos americanos de un entorno urbano en el mundo: más de 250 ejemplares que en las décadas de su madurez crean un túnel de ramas que cierra el cielo sobre el camino.

Los olmos americanos estuvieron a punto de desaparecer del continente en el siglo XX a causa de la grafiosis, una enfermedad fúngica traída de Europa que entre 1930 y 1980 mató al 75% de los olmos de Norteamérica. Los del Mall sobrevivieron gracias a un programa intensivo de tratamiento y vigilancia que el Conservancy mantiene desde los años ochenta. Caminar por el Mall con sus olmos centenarios cerrándose sobre la cabeza es una de las experiencias más hermosas del parque.

En el extremo sur del Mall hay varias estatuas: Shakespeare (la más famosa, inaugurada en 1872), Robert Burns, Walter Scott, Cristóbal Colón. En el extremo norte está el Naumburg Bandshell, un escenario al aire libre donde se celebran conciertos gratuitos en verano.

Los fines de semana, el Mall es el dominio de los músicos callejeros, los patinadores en línea y los fotógrafos.

Conservatory Garden: el secreto mejor guardado

En el extremo nordeste del parque, en la Quinta Avenida con la Calle 105, está la entrada a Conservatory Garden: el único jardín formal de Central Park, dividido en tres secciones con estilos diferentes, y uno de los rincones menos conocidos y más hermosos del parque entero.

La entrada es a través de las puertas Vanderbilt, unas verjas de hierro forjado de 1894 que pertenecieron originalmente a la mansión de Cornelius Vanderbilt II en la Quinta Avenida, demolida en 1944 y cuyas puertas fueron donadas al parque.

La sección central, de estilo italiano, tiene una fuente con una figura de una mujer bailando bajo un chorro de agua y dos pérgolas simétricas cubiertos de glicinas que en primavera convierten el jardín en algo irreal. La sección sur, de estilo inglés, está organizada alrededor de la Burnett Fountain, una figura de bronce del niño Dickon y su compañera del libro El jardín secreto, de Frances Hodgson Burnett, rodeada de rosales que florecen entre junio y octubre. La sección norte, de estilo francés, tiene parterres formales con bulbos de primavera —diez mil tulipanes que florecen cada abril— reemplazados en verano por lechos de anémonas de China.

En un parque donde la multitud puede ser agotadora, el Conservatory Garden mantiene una tranquilidad extraordinaria. Los grupos de turistas raramente lo visitan. Es el lugar donde van los fotógrafos que conocen bien el parque y los neoyorquinos que quieren sentarse sin ruido.

El parque según la estación

Central Park es cuatro parques en uno, y la elección de cuándo visitarlo cambia radicalmente la experiencia.

Invierno: Central Park bajo la nieve es una imagen de la que no se sale fácilmente. Los senderos cubiertos de blanco, los estanques helados, los rascacielos de Manhattan asomando sobre el manto blanco de los árboles desnudos. El Wollman Rink, en el extremo sur del parque, abre de octubre a abril como pista de patinaje sobre hielo: es uno de los planes más neoyorquinos que existen, patinando bajo los rascacielos de la Quinta Avenida con las luces del horizonte al fondo.

Primavera: La temporada más corta y más intensa. Los cerezos del parque florecen en dos o tres semanas entre finales de marzo y principios de abril, dependiendo del año. Los de Conservatory Garden, los del Cherry Hill junto al lago, los del North Meadow. Central Park en flor de cerezo tiene algo que los comparables japoneses también tienen: dura muy poco y hay que pillarla. Además, en mayo llegan las aves migratorias que hacen escala en Central Park en su camino hacia el norte, y la Ramble se convierte en uno de los puntos de birdwatching más concurridos de la costa este.

Verano: El parque es el pulmón de la ciudad. Las praderas del Great Lawn, la explanada de 22 acres en el centro del parque, son en verano el escenario de dos series de conciertos gratuitos legendarios: la Metropolitan Opera in the Parks y la New York Philharmonic in the Parks, ambas con entrada completamente libre y espectadores que llevan mantas y cestas de picnic desde primera hora de la tarde para conseguir sitio. Cien mil personas a veces, bajo las estrellas, escuchando a la Filarmónica en el parque. Es una de las cosas más generosas que ofrece Nueva York.

Otoño: La temporada fotográfica por excelencia. El parque se llena de robles, arces, tilos y liquidámbares en todos los tonos del naranja, el rojo y el amarillo. Los fotógrafos de todo el mundo llegan en octubre y noviembre para hacer las fotos que se hacen imposible de no hacer: el Bow Bridge reflejado en el lago con los arces rojos al fondo, el Mall con los olmos dorados, Bethesda Fountain con las hojas caídas alrededor. Olmsted eligió con cuidado las especies arbóreas para que el otoño fuera espectacular. Dos siglos después, sigue funcionando.

Correr y moverse por el parque

Central Park es uno de los grandes circuitos de running urbano del mundo. El loop exterior, el camino que bordea el perímetro del parque, mide exactamente 9,7 kilómetros. El loop interior, que recorre las zonas centrales, mide 2,3 kilómetros. Ambos están señalizados y tienen marcas de distancia periódicas.

Los domingos de 7:00 a las 19:00, y los sábados de 7:00 a las 9:00, los loops están cerrados al tráfico motorizado. El resto de la semana comparten el carril con los ciclistas y, en las partes más transitadas, con los taxis de pedicló y los coches de caballos. La regla básica del loop: los corredores y ciclistas mantienen el sentido contrario a las agujas del reloj, a una velocidad de entre 15 y 25 kilómetros por hora para las bicicletas. El sentido contrario es para peatones lentos.

Se pueden alquilar bicicletas en varios puntos alrededor del parque —el más conveniente es en Columbus Circle o en la Quinta Avenida con la Calle 59— o usar el servicio de Citi Bike, el sistema de alquiler por minutos de Nueva York, que tiene estaciones en todos los accesos principales al parque.

El mapa oficial de Central Park lo gestiona el Central Park Conservancy, la organización sin ánimo de lucro que desde 1980 gestiona y mantiene el parque con fondos principalmente privados. En su web hay mapas descargables con todos los puntos de interés señalizados, los horarios de los eventos gratuitos de verano, y una app para identificar los árboles por especie.

El otro personaje de Nueva York

Central Park tiene la particularidad extraña de existir en el imaginario de mucha gente que nunca ha estado en Nueva York. Aparece en una cantidad incomprensible de películas, series y novelas: Macaulay Culkin corriendo entre las palomas, Meg Ryan y Billy Crystal caminando en Harry Met Sally, John Cusack con el ghettoblaster en Say Anything —esa es en realidad Chicago, pero da igual—, los cisnes y los patos de Salinger en El guardián entre el centeno, el cobertizo de botes de Annie Hall, la lona de la pista de patinaje de El ángel de las Tinieblas. El parque es un personaje de la ciudad como lo es el skyline o el metro.

Lo curioso es que, en persona, el parque consigue estar a la altura de su reputación. Algo que rara vez ocurre con los lugares demasiado famosos. La proporción entre el parque y la ciudad que lo rodea —341 hectáreas de verde en el centro de la isla más densa del mundo— produce un efecto de contraste que ninguna fotografía termina de capturar del todo. Estás en el parque y Nueva York está literalmente encima de ti, mirándote desde los rascacielos. Pero también está detrás de los árboles y no se oye.

Olmsted lo diseñó así. Quería que la gente se olvidara de la ciudad en cuanto entrara al parque. Quería que el verde y el agua y el aire fueran suficientemente absorbentes como para que el cerebro descansara. Después de 150 años, el truco sigue funcionando.