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Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Los Ángeles.

Destinos · Estados Unidos · Los Ángeles

Los Ángeles en 1 día: Griffith, Hollywood y Venice al atardecer

Un solo día en LA que no pretende abarcarlo todo sino ver lo que más merece

Lectura de 7 minutos

Los Ángeles en un solo día es un ejercicio de prioridad radical. La ciudad tiene casi cinco mil kilómetros cuadrados de área metropolitana, y la distancia entre cualquier par de puntos de interés puede convertirse en una expedición de una hora en coche o más en transporte público. No se puede ver todo en un día, ni en una semana, ni probablemente en un mes. Lo que sí se puede hacer es elegir tres o cuatro experiencias que den una imagen honesta de lo que esta ciudad tiene de particular y no se encuentra en ningún otro lugar del mundo.

Este itinerario de un día tiene una lógica geográfica que empieza en el norte —el Griffith Park y Hollywood— y desciende hacia el sur y el oeste hasta terminar en el Pacífico. Es un recorrido que requiere coche de alquiler o un uso intensivo de Uber y Lyft, porque el metro de Los Ángeles, aunque ha mejorado mucho en la última década, no llega a todos los puntos del recorrido con la frecuencia y la comodidad necesarias para este tipo de día comprimido.

El mejor momento para visitar: los meses de septiembre, octubre y noviembre combinan el mejor tiempo, la menor afluencia turística y la luz dorada de California en su versión más hermosa. El verano es caluroso y más concurrido. La primavera tiene el riesgo de la niebla matinal costera que puede no levantarse hasta mediodía.

Mañana: el Griffith Observatory y el Hollywood Sign

El Griffith Park al amanecer

El Griffith Park es el parque urbano más grande de los Estados Unidos —cuatro mil doscientas hectáreas de chaparral y cañones en el corazón de Los Ángeles— y la primera parada del día merece la mañana temprana, cuando la niebla matinal puede cubrir la ciudad con una capa de luz difusa que hace que el Hollywood Sign emerge de entre la bruma de una manera completamente diferente a la de las fotos del mediodía.

El Griffith Observatory —el edificio de cúpulas blancas art déco de 1935 en la ladera sur del parque— es el punto de partida. La explanada frente al observatorio ofrece la vista más cinematográfica de Los Ángeles: el Hollywood Sign visible en el Monte Lee al norte, el Downtown al este, la ciudad extendiéndose hasta el horizonte del sur, y en los días muy despejados el océano en la distancia. La entrada a las salas de exposición del observatorio es gratuita; el planetario tiene costo para las proyecciones.

El observatorio ha aparecido en decenas de películas —Rebelde sin Causa de 1955, La La Land de 2016, el Terminator original de 1984— y esa historia cinematográfica le da una dimensión extra a la visita. Subir a la terraza superior antes de que lleguen los grupos organizados —antes de las nueve de la mañana— permite disfrutar de las vistas y la arquitectura sin la presión de la multitud.

Hollywood Boulevard: el mito y la realidad

Desde el observatorio, bajar hacia el Hollywood Boulevard en coche o en el autobús del parque lleva al corazón del Hollywood turístico. El Paseo de la Fama con sus estrellas de terrazo rosa, el TCL Chinese Theatre con las huellas de manos y pies de los actores en el cemento del patio exterior, y el Dolby Theatre donde se celebra la ceremonia de los Óscar son los iconos del barrio.

La honestidad obliga a reconocer que Hollywood Boulevard puede decepcionar a quien llega esperando glamour: los vendedores de tours de mansiones, los personajes disfrazados que cobran por fotos y las tiendas de souvenirs forman una capa de turismo manufacturado que tapa los detalles históricos reales. Lo que merece la parada debajo de esa superficie: el vestíbulo del Roosevelt Hotel (1927), donde se celebró la primera ceremonia de los Óscar; el Pantages Theatre de 1930, con su fachada art déco en la que cada detalle es una obra en sí misma; y el Museum del Hollywood Heritage en el antiguo granero de la Paramount, donde en 1913 Cecil B. DeMille rodó la primera película producida en Hollywood.

Mediodía: Los Feliz y Silver Lake

Desde Hollywood, en lugar de seguir por el circuito más turístico, merece la pena desviarse hacia el barrio de Los Feliz, al este, y el vecino Silver Lake. Son los barrios donde la población creativa de Los Ángeles —diseñadores, músicos, directores de cine que no trabajan en las grandes productoras— ha construido una versión alternativa de la ciudad con cafeterías de especialidad, librerías independientes y restaurantes con cocina de autor.

El Sunset Boulevard entre Los Feliz y Silver Lake tiene una concentración de locales interesantes que la versión del Sunset en Beverly Hills no tiene: menos marcas internacionales, más identidad de barrio. El almuerzo en cualquier restaurante de la Vermont Avenue en Los Feliz o de la Sunset Junction en Silver Lake es la mejor comida del día sin la tarifa de los restaurantes del Westside.

Tarde: el Getty Center

Desde Silver Lake o desde cualquier punto del Hollywood central, el Getty Center está a unos cuarenta minutos en coche hacia el oeste, en una colina sobre la autopista 405 en Brentwood. El edificio de Richard Meier —travertino blanco, aluminio, cristal, inaugurado en 1997— es el museo más espectacular de Los Ángeles en términos arquitectónicos y uno de los mejores museos de arte de los Estados Unidos en términos de colección.

La entrada al museo es gratuita; solo se cobra el aparcamiento (dieciséis dólares). La colección incluye pintura europea de los siglos XIII al XIX —Van Gogh, Rembrandt, Monet, Pontormo—, escultura, artes decorativas, manuscritos iluminados y un departamento de fotografía de primer nivel. Las vistas desde la terraza del museo en los cuatro puntos cardinales —el Pacífico al oeste, el Downtown al este, las colinas al norte, Beverly Hills al sur— son únicas en la ciudad.

El Getty merece al menos dos horas: una para la colección más relevante y otra para el edificio mismo y sus jardines en terraza.

Atardecer: Venice Beach

El día termina en el océano, en Venice Beach. Desde el Getty, quince minutos al sur por la autopista 405 y la I-10 llegan a la Boardwalk —el paseo peatonal paralelo a la playa— que en cualquier tarde de la semana concentra una humanidad tan variada que en cualquier otro contexto resultaría surreal: skaters en el parque de skateboarding más famoso del mundo, artistas callejeros, culturistas en Muscle Beach Venice, lectores de cartas y músicos ambulantes. Todo sucede al mismo tiempo, bajo la luz del Pacífico, con las olas de fondo.

El Abbot Kinney Boulevard, a dos manzanas de la playa, tiene la calle de boutiques de diseño, cafeterías de especialidad y restaurantes de moda más concentrada del Westside de Los Ángeles: cara, consciente de serlo, con un nivel de lo que se come y se bebe que justifica los precios.

El atardecer sobre el Pacífico desde Venice Beach es el final que este día merece. La luz de California en las últimas horas del día, con las palmeras silueteadas contra el naranja y el rosa del horizonte, es una imagen que no se parece a ninguna otra ciudad del mundo.

Información práctica

Transporte: Los Ángeles sin coche es posible pero limitado. El metro llega al Hollywood/Highland desde el Downtown en unos veinte minutos, pero no llega al Griffith Park ni al Getty Center con comodidad. Uber o Lyft son la alternativa real al coche propio: en una ciudad con tráfico imprevisible y aparcamiento caro, el vehículo de alquiler puede generar más tensión que libertad en un día corto.

Griffith Observatory: La subida en coche al observatorio tiene aparcamiento limitado; llegar antes de las nueve de la mañana o usar el autobús gratuito del parque desde el barrio de Los Feliz son las opciones más cómodas. El autobús del parque sale desde la parada de Vermont/Sunset del metro línea Red.

Getty Center: La reserva de aparcamiento online es posible (y recomendable en fines de semana), pero no es obligatoria. El acceso en transporte público —autobús 761 desde Westwood— funciona pero implica un recorrido largo.


¿Dos días en Los Ángeles? El segundo merece el Santa Monica Pier y la playa, con una visita al LACMA o al Broad Museum en el Downtown para quien prefiere el arte a la playa.