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Carcasona en un día: la ciudad medieval más impresionante de Europa
Cincuenta y dos torres, la herejía cátara y cómo llegar desde Toulouse en tren
Hay momentos en los que la realidad supera genuinamente lo que la imaginación había construido. Carcasona es uno de esos. Por mucho que se hayan visto fotografías —y hay muchas, y son buenas—, la primera visión de la Cité desde la distancia, con sus 52 torres y sus dos murallas concéntricas sobre la colina, produce un silencio espontáneo que es la señal de que lo que se tiene delante es excepcional.
Carcasona se puede hacer perfectamente como excursión de un día desde Toulouse —50 minutos en tren, con trenes frecuentes durante todo el día. Lo que sigue es un recorrido para aprovechar bien esas horas.
Cómo llegar desde Toulouse¶
Desde la Gare de Matabiau en Toulouse, los trenes regionales hacia Carcasona salen varias veces al día. El trayecto dura entre 50 y 55 minutos según el servicio, y el precio del billete es razonable. La estación de Carcasona está en la ciudad baja, a veinte minutos a pie de la Cité por el camino del Pont Vieux.
Desde el centro de Toulouse en coche, la distancia es de unos 90 kilómetros por la A61, con un tiempo de trayecto de unos cincuenta minutos en condiciones normales.
La primera visión: la Cité desde la ciudad baja¶
Acceder a la Cité desde la ciudad baja requiere cruzar el Pont Vieux sobre el río Aude y subir la colina. Ya en la subida la silueta de las torres va creciendo y define el horizonte de una manera que los castillos medievales que uno ha visto hasta entonces raramente consiguen: no es un edificio aislado sino un recinto completo, una ciudad dentro de la ciudad.
La entrada principal es la Porte Narbonnaise, la puerta del siglo XIII con sus dos enormes torres gemelas —el espolón central tiene 30 metros de altura— que custodiaban el acceso desde el este, la dirección de Narbona y el Mediterráneo. La estatua de la Dama Carcas junto a la puerta recuerda la leyenda que dice que la ciudad lleva el nombre de una reina sarracena que defendió la ciudadela de Carlomagno y luego llegó a un acuerdo de rendición honorable con él. La leyenda es probablemente medieval —creada para dar una etimología a un nombre de origen pre-romano— pero la estatua se ha convertido en el punto de encuentro obligatorio.
Las Lices: entre las dos murallas¶
Una vez atravesada la Porte Narbonnaise, se accede a las Lices, el espacio entre las dos murallas de unos veinte metros de anchura. Las murallas exteriores —construidas principalmente por Luis IX y Felipe III en el siglo XIII— tienen 26 torres. Las murallas interiores, más antiguas —con partes romanas y visigodas— tienen 18 torres. Caminar por las Lices, con las dos líneas de defensas a cada lado, da la escala real del sistema defensivo: no era solo un obstáculo para los asaltantes sino un campo de fuego cruzado donde cualquier ejército que consiguiera superar la muralla exterior quedaba atrapado en un espacio donde las torres interiores lo destruirían.
La acumulación de capas históricas es lo que hace de la Cité algo más que un castillo medieval: los celtas estuvieron en esta colina, los romanos construyeron las primeras murallas de piedra en los siglos I y II, los visigodos ampliaron las defensas en el siglo V, y los reyes medievales de Francia construyeron el sistema complejo de doble muralla que vemos hoy. Es uno de los sitios históricos más densos del sur de Europa.
El Castillo Condal¶
El Castillo Condal es el núcleo duro de todo el sistema defensivo: una fortaleza dentro de la ciudadela, construida en el siglo XII por los Trencavel, los vizcondes que gobernaron Carcasona hasta la Cruzada Albigense. Si un ejército enemigo conseguía superar las dos murallas y tomar las calles de la Cité, el castillo era el último refugio.
La visita al interior —de pago, diferente del acceso gratuito a la muralla exterior— incluye el patio central con el aljibe del siglo XII, las salas con las colecciones arqueológicas del sitio, y el acceso a las murallas del castillo desde donde las vistas son las mejores de toda la Cité. Desde lo alto se ve el interior completo de la ciudadela —tejados de teja roja, el campanario almenado de la basílica, las calles estrechas— y más allá los viñedos del Languedoc extendiéndose hasta el horizonte, y en los días claros del invierno o la primavera, la cadena de los Pirineos al sur.
La Basílica de Saint-Nazaire: la joya gótica de la Cité¶
La Basílica de Saint-Nazaire, en la parte occidental de la ciudadela, es menos conocida que el castillo pero arquitectónicamente más sofisticada. Tiene dos períodos de construcción claramente diferenciados que conviven en el mismo edificio: la nave central románica del siglo XI, severa y robusta, y los dos transeptos góticos del siglo XIII-XIV, luminosos y elaborados, con las vidrieras más importantes de la región.
El rosetón sur, del siglo XIV, tiene 7,5 metros de diámetro y representa a Cristo en majestad rodeado de los apóstoles con una profusión de colores —rojos, azules, amarillos— que crean en el interior un efecto comparable, en escala reducida, a la Sainte-Chapelle de París. Los dos rosetones transeptuales son los mejores conjuntos de vidrieras medievales del sur de Francia.
La basílica es de acceso gratuito y raramente tiene las aglomeraciones del castillo. Es el lugar de la Cité donde la arquitectura medieval funciona mejor: en silencio, con la luz filtrándose por las vidrieras, sin la presión del flujo turístico.
La historia que hace comprensible la arquitectura: los cátaros¶
No se puede entender Carcasona sin entender la Cruzada Albigense, el episodio que definió para siempre la historia de la ciudad y de toda la región de Occitania.
En el siglo XII, el sur de Francia albergaba una herejía cristiana llamada catarismo —o albigensismo, por la ciudad de Albi— que rechazaba la Iglesia romana, negaba los sacramentos y predicaba una ascesis radical. Para el Papado, era una amenaza que podría extender el cisma por todo el occidente cristiano. En 1208, el Papa Inocencio III predicó una cruzada contra los herejes del sur de Francia.
En agosto de 1209, el ejército de la cruzada tomó la Cité de Carcasona. El vizconde Raimond-Roger Trencavel negoció la rendición a cambio de la vida de los habitantes, pero él mismo fue hecho prisionero y murió en el castillo pocos meses después. La ciudadela fue entregada a Simón de Montfort, el comandante de la cruzada, que la convirtió en su base de operaciones.
La Cruzada Albigense duró veinte años y destruyó la cultura occitana —la lengua de los trovadores, la sociedad relativamente tolerante que había producido el amor cortés y la poesía lírica medieval— de una manera cuyas consecuencias se sintieron durante siglos. Carcasona fue anexionada a la corona francesa en 1226, y Luis IX y sus sucesores construyeron y reforzaron las murallas que vemos hoy para asegurarse de que la Cité nunca volviera a ser un foco de resistencia. El resultado involuntario fue una de las fortalezas medievales más completas del mundo.
La Ville Basse y el Canal du Midi¶
El turismo masivo se concentra en la Cité, lo que hace que la Bastide Saint-Louis —la ciudad baja construida en el siglo XIII por los reyes de Francia para los habitantes desplazados de la Cité— sea un lugar tranquilo y auténtico que merece también tiempo.
La bastide tiene el trazado ortogonal característico de las nuevas ciudades medievales francesas: calles rectas organizadas alrededor de la Place Carnot central. Fue diseñada en el siglo XIII por Luis IX —Saint Louis— como parte del proyecto de dominio del territorio conquistado en la Cruzada Albigense. El mercado que se instala en la Place Carnot tiene la escala humana de los mercados de provincia.
El Canal du Midi pasa justo al sur de la ciudad baja. El paseo a lo largo del canal, bajo la bóveda de plataneros centenarios, tiene esa serenidad particular que tiene el agua cuando fluye despacio en un entorno verde. El canal fue construido entre 1667 y 1681 por Pierre-Paul Riquet y es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
El Cassoulet de Carcasona¶
El cassoulet es el plato regional por excelencia, y la versión de Carcasona compite con la de Toulouse y Castelnaudary en una discusión que en la región se toma tan en serio como el partido de rugby. El cassoulet de Carcasona lleva judías blancas, salchicha de Toulouse, confitado de cerdo y, en la versión más tradicional, perdiz. La cocción a fuego lento durante horas en una cazuela de barro es parte de la receta.
Los restaurantes de la ciudad baja son el lugar correcto para comerlo: menús del día a precios razonables, clientela local y esa contundencia que los platos de invierno del sur de Francia llevan como condición necesaria.
Consejos prácticos¶
La Cité se puede visitar a cualquier hora del día. La entrada al recinto amurallado es gratuita —se paga solo para acceder al Castillo Condal y a las murallas exteriores—, y a primera hora de la mañana o después de las 18:00 la afluencia de visitantes es notablemente menor.
El aparcamiento en la ciudad baja —y el traslado a pie por el Pont Vieux— es más recomendable que intentar aparcar cerca de la Cité, donde los parkings son caros y la congestión es habitual en temporada alta.
En julio y agosto, el Festival de Carcasona llena la ciudadela de conciertos, teatro y ópera al aire libre, con el escenario instalado frente a las murallas iluminadas. Es uno de los festivales de verano más cinematográficos de Francia.
Para quien hace Carcasona como excursión desde Toulouse, los últimos trenes de vuelta por la tarde dan margen para ver la Cité, el castillo, la basílica y comer algo en la ciudad baja con comodidad.