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El Gran Elefante mecánico de Les Machines de l'Île en Nantes, con pasajeros en la plataforma de su lomo.

Destinos · Francia · Bretaña y Normandía

Nantes en un día: elefantes mecánicos y memoria del estuario

Las Machines de l'Île, el castillo ducal y el pasaje más espectacular del siglo XIX

Lectura de 8 minutos

Nantes es la ciudad que convirtió sus contradicciones en identidad propia. Antigua capital del Ducado de Bretaña, primer puerto negrero de Francia, ciudad industrial que perdió sus astilleros y los transformó en algo completamente inesperado. Con un día disponible se pueden ver los tres momentos de esa historia: las Machines de l'Île como símbolo de la reinvención, el castillo de los Duques como archivo de todo lo que la ciudad fue, y el Passage Pommeraye como muestra de lo que quería ser en el siglo XIX.

Las Machines de l'Île: la reinvención más audaz de Europa

Las Machines de l'Île son el proyecto artístico que ha definido la imagen de Nantes en el siglo XXI. Los artistas François Delarozière y Pierre Orefice crearon en 2007, en los antiguos astilleros de la Île de Nantes, un universo de máquinas gigantes de inspiración Julio Verne que combina la estética industrial del XIX con la fantasía mecánica de la ciencia ficción. No hay nada parecido en Europa, y probablemente en el mundo.

El Grand Éléphant es la pieza central y la más famosa: una estructura mecánica de doce metros de altura y cuarenta y ocho toneladas de madera y acero que pasea a los visitantes —hasta 49 personas a bordo— por la isla en recorridos de cuarenta y cinco minutos, lanzando agua por la trompa y produciendo los sonidos propios de una máquina del siglo XIX. El nivel de detalle mecánico —las articulaciones de las patas, los movimientos de la cabeza, los operarios visibles a través de las estructuras— convierte el paseo en una experiencia que mezcla la emoción de los niños con la admiración técnica de los adultos.

La Galerie des Machines alberga las piezas en desarrollo y las ya terminadas: peces mecánicos que nadan bajo el techo, una araña gigante, insectos de madera y metal con movimientos sorprendentemente orgánicos. Es donde se puede ver de cerca el proceso creativo y los mecanismos que hacen funcionar las máquinas.

El tercer elemento es el Carrousel des Mondes Marins, un carrusel de tres pisos con criaturas marinas mecánicas —medusas, calamares, peces abisales— que funciona de forma diferente a cualquier otra cosa que se haya visto. Se puede subir a él, y la experiencia de girar dentro de esa estructura mezcla el vértigo controlado con la admiración estética.

Reservar las entradas con antelación es casi obligatorio: el Grand Éléphant y el Carrousel tienen capacidad limitada y se agotan especialmente en temporada alta y fines de semana. Calcular entre dos y tres horas para las Machines en su conjunto.

El contexto importa para entender por qué las Machines están donde están. La Île de Nantes fue durante siglos el corazón industrial de la ciudad: aquí estaban los astilleros que construyeron los barcos del comercio colonial y los transatlánticos del siglo XX. Cuando los astilleros cerraron en los años ochenta, la isla quedó como un vacío industrial de cientos de hectáreas en el centro de la ciudad. La decisión de convertir ese vacío en un proyecto de arte y regeneración urbana —en lugar de una operación inmobiliaria convencional— es lo que define la identidad de Nantes contemporánea.

El Castillo de los Duques de Bretaña

El Château des Ducs de Bretagne es el edificio histórico más importante de Nantes y uno de los mejor conservados de toda Bretaña. Los duques medievales de Bretaña residieron aquí antes de que el ducado fuera absorbido por Francia en 1532. Y aquí, en 1598, Enrique IV firmó el Edicto de Nantes, que garantizó la libertad de culto a los hugonotes y fue uno de los documentos más importantes de la historia de la tolerancia religiosa europea —revocado ochenta y siete años después por Luis XIV.

El castillo tiene dos caras que conviven sin estridencia: la exterior, con murallas y torres del siglo XV que se reflejan en el foso, sólida y claramente defensiva; la interior, con su patio de honor rodeado de fachadas de piedra y el pozo con la grúa de madera del siglo XVI aún en pie, con la escala íntima de una residencia aristocrática más que de una fortaleza.

El Museo de Historia de Nantes instalado en el interior es uno de los más honestos de cualquier ciudad francesa. Recorre los siglos de historia sin evitar los episodios incómodos: el comercio de esclavos —Nantes fue el primer puerto negrero de Francia, con más de 1.700 expediciones al África occidental entre 1707 y 1830— ocupa una sección amplia y históricamente rigurosa que no suaviza los datos. Es un modelo de lo que debe ser un museo de historia urbana contemporáneo. El acceso al patio y a las murallas es gratuito. El museo tiene entrada de pago, pero el primer domingo de mes la entrada es libre.

Nantes como capital del Ducado de Bretaña

La historia de Nantes está marcada por la tensión entre su identidad bretona y su incorporación a Francia. El Ducado de Bretaña fue una entidad política independiente desde el siglo IX hasta 1532, cuando la duquesa Ana de Bretaña se casó con el rey de Francia y el ducado fue anexionado a la corona. Nantes fue la capital de ese ducado durante los siglos más importantes de su historia, y el castillo que hoy se visita es el edificio que los duques construyeron para afirmar esa capitalidad.

La anexión de Bretaña a Francia no acabó con la identidad regional, que sigue siendo muy viva hoy. Los bretones de pura cepa recuerdan con cierta irritación que Nantes fue capital del Ducado de Bretaña antes de ser capital de los Pays de la Loire, y la discusión sobre si Nantes es o no "bretona" es uno de esos debates regionales que en Francia se toman con una seriedad que sorprende al visitante de fuera.

El Passage Pommeraye: la joya del siglo XIX

A diez minutos caminando desde el castillo hacia el centro comercial, el Passage Pommeraye es una de las joyas más singulares del siglo XIX francés. Esta galería comercial cubierta de tres niveles fue construida entre 1841 y 1843 por los arquitectos Jean-Baptiste-André Bühler e Hippolyte Durand, y tiene una exuberancia decorativa que hace palidecer a la mayoría de las galerías del XIX: las escaleras de madera labrada, las barandillas de hierro forjado, las estatuas de yeso en los balcones, y sobre todo la luz que entra por la cubierta acristalada creando esa atmósfera de luz difusa que es característica de los grandes pasajes del siglo XIX.

Nantes tenía en los años cuarenta del XIX la ambición de una ciudad comercial en expansión, y el Passage Pommeraye es la materialización de esa ambición. Hoy funciona como galería con tiendas boutique y restaurantes. Merece el desvío aunque sea solo para subir al tercer nivel y ver el conjunto desde arriba: la perspectiva sobre las escaleras, los balcones y la luz de la cubierta es una de las imágenes más sorprendentes que la ciudad puede ofrecer.

La historia colonial: el triángulo esclavista

Nantes fue el principal puerto del comercio triangular en Francia. Entre 1707 y 1830, más de 1.700 expediciones salieron de este río hacia las costas de África occidental para cargar personas esclavizadas y transportarlas a las colonias del Caribe y de América del Sur. Los cargamentos de regreso —azúcar, algodón, cacao— financiaron buena parte de la riqueza que construyó los palacios del XVIII que se ven en el centro histórico.

Esa historia está presente de manera muy explícita en la ciudad. El Museo de Historia del Castillo la cuenta sin eufemismos. El Mémorial de l'Abolition de l'Esclavage, a orillas del Loire frente al centro histórico, es un pasaje subterráneo de cien metros de longitud —con las paredes cubiertas de citas sobre la esclavitud en varios idiomas— que es una de las instalaciones conmemorativas más logradas de Europa. Si queda tiempo antes del final del día, es una visita que funciona como contrapunto íntimo y sereno a la vitalidad ruidosa de las Machines.

Cómo moverse

Nantes tiene una red de tranvía y autobuses que cubre bien la ciudad. Para las Machines de l'Île, el tranvía de la línea 1 para en la Île de Nantes. Para el castillo, la línea 1 también llega, parada Duchesse Anne. El centro histórico y el Passage Pommeraye están a unos diez minutos a pie del castillo.

Desde París, el TGV desde Montparnasse hace el trayecto en dos horas. Desde Bilbao o San Sebastián, el trayecto en coche por la A63 y luego la N165 son unas cuatro horas. Desde Rennes, menos de una hora en tren.

Un día completo bien organizado permite ver las Machines, el castillo y el Passage Pommeraye con comodidad. Si se incluye el Memorial de la Abolición, hay que calcular una hora adicional y ajustar el resto del itinerario.