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El foso y las murallas del Château des Ducs de Bretagne en Nantes.

Destinos · Francia · Bretaña y Normandía

Nantes en dos días: la ciudad reinventada

Las Machines, el castillo y la memoria del estuario. Más Trentemoult, el Lieu Unique y el Memorial

Lectura de 8 minutos

Nantes tiene dos registros que no se pueden ver bien en un solo día. El primer registro es el de la ciudad histórica y artística: las Machines de l'Île, el castillo de los Duques, el Passage Pommeraye. El segundo es el de la ciudad que ha convertido su herencia industrial y colonial en material de trabajo contemporáneo: Trentemoult, el Lieu Unique, el Memorial de la Abolición. Los dos días juntos dan una imagen completa de lo que Nantes es: una ciudad que no huye de su pasado pero tampoco se instala en él.

Día 1: las Machines, el castillo y el centro histórico

Las Machines de l'Île

El primer día empieza en la Île de Nantes con las Machines de l'Île, el proyecto artístico más singular de Francia contemporánea. Los artistas François Delarozière y Pierre Orefice instalaron en los antiguos astilleros de la isla un universo de máquinas gigantes de inspiración Julio Verne que combina la estética industrial del XIX con la fantasía mecánica más desbordante.

El Grand Éléphant —doce metros de altura, cuarenta y ocho toneladas de madera y acero, capacidad para cuarenta y nueve pasajeros— pasea a bordo de él por la isla durante cuarenta y cinco minutos, lanzando agua por la trompa. La Galerie des Machines muestra las piezas en proceso y terminadas, con peces mecánicos bajo el techo y criaturas de una imaginería que solo se puede describir viendo. El Carrousel des Mondes Marins, de tres pisos con criaturas marinas mecánicas, es el tercer elemento del conjunto.

Reservar entradas con antelación para el Grand Éléphant y el Carrousel. Calcular entre dos y tres horas para las Machines en su conjunto. La isla también tiene el Hangar à Bananes, una nave industrial del siglo XX reconvertida en espacio gastronómico y de ocio, donde comer al mediodía tiene el valor añadido del contexto industrial que lo rodea.

El Castillo de los Duques de Bretaña

La tarde del primer día es para el Château des Ducs de Bretagne, el edificio histórico más importante de Nantes. Las murallas y torres del siglo XV, el patio de honor con el pozo y la grúa de madera del siglo XVI, y el Museo de Historia de Nantes en el interior. El museo merece tiempo: es uno de los más honestos de cualquier ciudad francesa, recorriendo la historia sin evitar los episodios incómodos. El comercio de esclavos —Nantes fue el primer puerto negrero de Francia, con más de 1.700 expediciones entre 1707 y 1830— ocupa una sección amplia y rigurosa que no suaviza los datos.

La visita al castillo, patio y murallas es gratuita. El museo tiene entrada de pago.

El barrio de Bouffay y el Passage Pommeraye

A diez minutos del castillo, el barrio de Bouffay es el corazón medieval de Nantes con sus calles empedradas del siglo XV y sus casas de entramado de madera. No tiene la densidad medieval de Rennes, pero conserva rincones de gran autenticidad, especialmente en la Rue de la Juiverie y alrededor de la Place du Bouffay.

El Passage Pommeraye, a pocos minutos hacia el centro comercial, es la gran joya arquitectónica del siglo XIX. La galería cubierta de tres niveles —construida entre 1841 y 1843— con sus escaleras de madera labrada, barandillas de hierro forjado y la luz que entra por la cubierta acristalada es una de las imágenes más sorprendentes que Nantes puede ofrecer. Subir al tercer nivel y ver el conjunto desde arriba.

Día 2: Trentemoult, el Lieu Unique y el Memorial

Trentemoult

El segundo día empieza con uno de los rincones más singulares de Nantes. Trentemoult es un antiguo pueblo de pescadores en la margen sur del Loire —geográficamente absorbido por la ciudad pero con identidad propia e inconfundible— cuyas calles estrechas están bordeadas de casas pintadas en colores vivos: azul, amarillo, rosa, verde. La escala es de pueblo, no de barrio. Nada tiene más de tres pisos. Los gatos pasean por los tejados con la propiedad de quien lleva generaciones haciéndolo.

Se llega en el Navibus, el transbordador fluvial que cruza el Loire desde el muelle frente al Château des Ducs en cinco minutos, por el precio de un billete de autobús. El trayecto ya es parte de la experiencia: cruzar el río en una ciudad donde el río importa tiene algo de los transbordadores de ciudad portuaria. Los restaurantes de Trentemoult con terraza sobre el Loire y vistas al skyline de Nantes al fondo son una de las mejores opciones para comer en la ciudad.

Pasar una mañana en Trentemoult es una de esas experiencias que no aparecen en las guías turísticas convencionales y que son exactamente lo que diferencian el viaje informado del viaje de seguir los carteles de señalización.

El Lieu Unique

La Tour LU es la torre art nouveau del siglo XIX que formaba parte de la antigua fábrica de galletas LU —las mismas galletas de Petit Écolier que se venden en cualquier supermercado francés. La fábrica cerró en 1986, y la torre con su figura dorada en la cima se convirtió en uno de los símbolos de la ciudad. El complejo fue reconvertido en el Lieu Unique, uno de los espacios culturales más activos de Nantes: un centro de artes performativas con teatro, danza, exposiciones, conferencias y un bar que funciona hasta la madrugada.

La reconversión del Lieu Unique es el modelo de lo que Nantes ha hecho repetidamente con su herencia industrial: no demoler, no disimular, sino darle un nuevo uso que mantenga la memoria del edificio y añada una capa nueva de significado. La programación cultural es de primer nivel para una ciudad de tamaño medio. Comprobar la agenda antes del viaje.

El Memorial de la Abolición de la Esclavitud

A orillas del Loire, frente al centro histórico, el Mémorial de l'Abolition de l'Esclavage es una de las instalaciones conmemorativas más logradas de Europa. Inaugurado en 2012, diseñado por los artistas Krzysztof Wodiczko y Julian Bonder, consiste en un pasaje subterráneo de cien metros de longitud que corre paralelo al río, con las paredes cubiertas de citas sobre la esclavitud en varios idiomas e iluminadas de una manera que crea una sensación de inmersión. Al final del pasaje, una abertura devuelve al visitante a la luz del Loire y de la ciudad.

La experiencia es tranquila e íntima, sin el dramatismo efectista que a veces tienen este tipo de memoriales. Lo que amplifica lo que el espacio ofrece es el conocimiento de lo que representan las cifras: los más de 300.000 africanos esclavizados que pasaron por los barcos que salieron de este mismo río entre el siglo XVIII y el XIX. No es un lugar para pasar deprisa.

El Memorial forma parte de un conjunto de intervenciones con las que Nantes ha decidido confrontar su historia colonial de forma directa. El Museo del Castillo, el Memorial, y la señalización en los quais del Loire que marca los lugares donde atracaban los barcos negreros son las piezas de ese conjunto. La ciudad no se disculpa, pero tampoco mira para otro lado. Esa postura es lo que hace del proyecto algo genuinamente notable.

El Jardin des Plantes

Si queda tiempo antes de terminar el día, el Jardin des Plantes de Nantes es uno de los jardines botánicos más importantes de Francia fuera de París, con más de 10.000 especies distribuidas en 7 hectáreas. Lo que lo hace especial es la forma en que las instalaciones de arte contemporáneo se integran en el paisaje vegetal: esculturas entre los árboles, instalaciones junto al estanque, pequeñas intervenciones que se descubren por sorpresa en los recodos del camino. Es un museo al aire libre que también es un jardín donde la gente viene a leer, pasear y merendar.

Nantes reinventada: la ciudad que aprendió a mirarse

El ciclo de transformación de Nantes lleva más de treinta años en marcha. Empezó con la crisis industrial de los años ochenta, cuando los astilleros que habían sido el motor económico de la ciudad cerraron uno tras otro y la Île de Nantes quedó como un vacío de cientos de hectáreas en el centro urbano. Otras ciudades en situaciones similares optaron por operaciones inmobiliarias convencionales o por años de abandono. Nantes eligió la cultura como argumento de regeneración.

Las Machines de l'Île fueron el proyecto más visible de esa elección, pero no el único. El Lieu Unique, el Jardin des Plantes con sus intervenciones artísticas, el Memorial de la Abolición, el Hangar à Bananes: son piezas de un proyecto urbano coherente que ha decidido que la identidad de la ciudad —incluyendo sus partes incómodas— es el material con el que construir su futuro.

El resultado es una ciudad que atrae visitantes no por un monumento espectacular sino por una forma de ser: honesta, inventiva, dispuesta a hacer preguntas difíciles sobre su propio pasado mientras construye algo nuevo sobre él. Esa combinación es más difícil de conseguir de lo que parece, y más escasa de lo que debería ser.

Información práctica

Cómo llegar. Desde París, el TGV desde Montparnasse tarda dos horas. Desde Bilbao o San Sebastián, el coche son unas cuatro horas por la A63 y la N165. Desde Rennes, menos de una hora en tren.

Moverse. Nantes tiene tranvía y autobús. Para las Machines y el Hangar à Bananes, línea 1 del tranvía, parada Chantiers Navals. Para el castillo y el centro, parada Duchesse Anne. Para Trentemoult, el Navibus fluvial desde el muelle frente al castillo.

Cuándo ir. Las Machines tienen horarios reducidos en temporada baja (noviembre-marzo) y capacidad limitada en temporada alta. Reservar siempre con antelación.