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Vista de un camino en un cementerio histórico flanqueado por tumbas en un día nublado de otoño.

Destinos · Francia · París

El Père Lachaise: el cementerio más visitado del mundo

3,5 millones de visitantes al año, 70.000 árboles y el mapa de la historia cultural europea del siglo XIX

Lectura de 12 minutos

Hay lugares que no deberían necesitar justificación y sin embargo siempre la exigen. El Père Lachaise es uno de ellos. "¿Un cementerio? ¿De turismo en un cementerio?" La respuesta corta es sí, porque si hay algo que vale la pena ver en París que no sea un edificio religioso o un museo clásico, es este. La respuesta larga es que el Père Lachaise no es solo un cementerio: es un parque con 70.000 árboles, un museo de escultura al aire libre con piezas de los mejores artistas del siglo XIX, el repositorio físico de la historia cultural europea de los últimos tres siglos, y el lugar donde más de trescientas mil personas esperan el fin de los tiempos rodeadas de arte que compitió por impresionar a la posteridad. Los tres millones y medio de visitantes al año que lo recorren no van a llorar: van a entender algo sobre París que no se puede entender de ninguna otra manera.

La historia: Napoleón y el problema de los cementerios

El Père Lachaise abrió en 1804, por decisión directa de Napoleón. Su nombre viene del confesor de Luis XIV, el padre François de la Chaise, que había tenido su residencia de verano en la colina del 20.º arrondissement donde hoy se extiende el cementerio. El nombre es lo único que recuerda a ese personaje: el lugar que lleva su nombre fue creado por el Imperio y tiene una historia que nada tiene que ver con la monarquía que sirvió.

La apertura fue parte de la misma reforma sanitaria que produjo las Catacumbas: Napoleón prohibió los enterramientos dentro de las ciudades y creó cementerios exteriores organizados. El problema fue que nadie quería ser enterrado en el Père Lachaise. El cementerio estaba demasiado lejos del centro —en 1804, la colina del 20.º arrondissement era prácticamente campo abierto en el extrarradio de la ciudad—, y las familias parisinas preferían los viejos cementerios parroquiales que habían cerrado o los enterramientos en iglesias. El lugar era bonito, con sus avenidas arboladas y su trazado paisajístico diseñado por Alexandre-Théodore Brongniart, el mismo arquitecto de la Bolsa de París, pero estaba vacío.

La solución que la administración napoleónica encontró fue tan simple como efectiva: trasladar allí los restos de personas famosas que no tenían nada que ver con el lugar pero que su nombre garantizaría el prestigio del cementerio. En 1817, con gran pompa y procesiones solemnes, se trasladaron al Père Lachaise los restos del dramaturgo Molière y del fabulista Jean de la Fontaine. Un año después, siguieron los restos de Pierre Abélard y su amante Heloísa, la pareja medieval más famosa de Francia, cuya historia de amor trágico y separación forzada llevaba siglos siendo un referente romántico. La tumba de los dos amantes, con sus figuras yacentes medievales —o en realidad una reconstrucción romántica del siglo XIX—, fue inmediatamente el punto más visitado del cementerio.

El truco funcionó con una precisión que los responsables seguramente no esperaban. De pronto, ser enterrado en el Père Lachaise se convirtió en una cuestión de estatus cultural. Las familias de la gran burguesía parisina comenzaron a competir por obtener concesiones, y los arquitectos y escultores de los siguientes cincuenta años encontraron en el cementerio uno de sus principales clientes. La ciudad fue creciendo hacia el este y el norte durante todo el siglo XIX hasta rodear completamente al cementerio. Lo que era campo abierto es hoy el corazón residencial del 20.º arrondissement.

Las tumbas: un mapa de la cultura europea

Con más de 300.000 tumbas en 44 hectáreas, el Père Lachaise es lo suficientemente grande como para perderse en él, lo cual no es una metáfora: hay visitantes que llevan horas buscando la tumba de alguien concreto sin encontrarla. El mapa gratuito disponible en la entrada principal marca las tumbas más conocidas con una numeración que permite orientarse, pero la lógica de los caminos internos —avenidas principales que se cruzan con callejuelas secundarias que se cruzan con senderos sin nombre— requiere paciencia y disposición para caminar sin prisas.

Jim Morrison

La tumba más visitada del cementerio pertenece a James Douglas Morrison, cantante de The Doors, que murió en París el 3 de julio de 1971 a los veintisiete años. La causa oficial fue insuficiencia cardíaca, aunque no hubo autopsia y la lista de versiones alternativas —sobredosis de heroína accidental, sobredosis de cocaína, incluso la teoría de que Morrison fingió su muerte y vivió décadas después en el anonimato— sigue siendo materia de debate entre sus seguidores cincuenta años después.

La tumba en sí misma es modesta: una lápida de piedra con el nombre y las fechas de nacimiento y muerte, y la inscripción griega ΚΑΤΑ ΤΟΝ ΔΑΙΜΟΝΑ ΕΑΥΤΟΥ, que puede traducirse como "fiel a su propio espíritu" o "de acuerdo con su propio demonio". Durante décadas, la tumba estuvo cubierta de flores, notas escritas a mano, fotografías, latas de cerveza vacías, ropa, parafernalia diversa y, ocasionalmente, personas sentadas en silencio escuchando música con auriculares. El Ayuntamiento de París ha intentado en varias ocasiones limpiar la zona y mantenerla más ordenada, con éxito parcial.

El proceso de encontrar la tumba sin mapa tiene su propio atractivo. El Père Lachaise tiene una comunidad de visitantes regulares que saben exactamente dónde está todo, y no es difícil encontrar a alguien que te oriente si se pregunta con educación. La tumba está en la división 6, relativamente cerca de la entrada de la rue de la Roquette, y quien la busca suele encontrar el camino siguiendo a otros visitantes que van en la misma dirección.

Edith Piaf

La "Moineau de Paris", el Gorrión de París, está enterrada en la división 97, la más alejada de las entradas principales y la que menos visitantes alcanza simplemente por cansancio o porque el cementerio cierra antes de que lleguen allí. Quien llega a la tumba de Piaf la encuentra generalmente con flores frescas: sus admiradores son constantes y hay quien viene específicamente a dejarlas, a veces recorriendo los 44 kilómetros de caminos internos del cementerio para llegar.

Édith Giovanna Gassion nació en 1915 en Belleville, el barrio adyacente al 20.º arrondissement —su nacimiento en las escaleras de un edificio de la rue de Belleville es una de las historias más románticas y más cuestionadas de la mitología francesa—, y murió en 1963 a los cuarenta y siete años en Grasse, aunque su cuerpo fue trasladado a París para los funerales. Cien mil personas acompañaron su féretro hasta el Père Lachaise.

Frédéric Chopin

El compositor polaco que pasó la mayor parte de su vida adulta en París y que murió en la ciudad en 1849 a los treinta y nueve años está enterrado en la división 11, una de las más visitadas. El corazón de Chopin —extraído y conservado en coñac según su deseo, para que no tuviera que quedarse en tierra francesa—, fue trasladado a Varsovia y descansa bajo el suelo de la Iglesia de la Santa Cruz. El resto del cuerpo está en el Père Lachaise.

La tumba atrae visitantes polacos de forma constante y regular. Es frecuente encontrar notas escritas en polaco, flores de los colores de la bandera polaca, e incluso reproducciones de partituras de sus obras. Chopin pertenece a la tradición francesa en el sentido de que vivió y trabajó aquí, pero pertenece a la tradición polaca en el sentido de que es probablemente la figura más importante de la cultura nacional polaca. Las dos tradiciones coexisten en su tumba con una cordialidad que habla bien de ambas.

Oscar Wilde

En 1900, Oscar Wilde murió en París en un hotel de mala muerte del 6.º arrondissement, arruinado, exiliado de Inglaterra después de sus dos años de prisión por "indecencia grave y obscena", y convertido sin saberlo en el símbolo europeo de la persecución de la homosexualidad por el Estado victoriano. Sus últimas palabras documentadas, atribuidas a varias fuentes con versiones ligeramente distintas, son de las más citadas en la historia de la literatura: mirando el papel pintado del cuarto de hotel, dijo algo parecido a "uno de los dos tiene que irse".

Su tumba en la división 89 es obra del escultor Jacob Epstein, un monumento art déco de 1912 con una figura que combina rasgos del ángel asirio con elementos de la estética modernista. Es, simplemente, una de las esculturas funerarias más hermosas de toda la historia del arte funerario europeo. Y durante décadas estuvo cubierta de besos.

La tradición de besar la tumba de Oscar Wilde comenzó espontáneamente en los años ochenta o noventa —nadie sabe exactamente cuándo ni quién la inició—, y se convirtió en uno de esos fenómenos virales antes de que existieran las redes sociales: los visitantes dejaban marcas de labios pintados en el monumento en señal de afecto y homenaje. El problema era que el lápiz labial, especialmente el de colores intensos, daña la piedra porosa del monumento. En 2011, los conservadores instalaron una barrera de metacrilato transparente que rodea la escultura y que ha resuelto el problema de conservación aunque ha creado un nuevo elemento visual que los puristas deploran. Detrás del cristal, si uno busca con atención, todavía se pueden ver manchas rosadas en la piedra que el tiempo no ha borrado del todo.

Marcel Proust

La tumba de mármol negro de la división 85 tiene una austeridad que contrasta con la extravagancia verbal de los siete volúmenes de En busca del tiempo perdido. El escritor que pasó los últimos años de su vida en una habitación forrada de corcho para aislarse del ruido y el tiempo exterior descansa en una lápida lisa sin adornos. Hay siempre alguien sentado cerca.

El Mur des Fédérés

En el extremo oriental del cementerio, junto al muro que cierra el recinto por ese lado, hay una sección que no es una tumba individual sino un lugar de memoria colectiva. El Mur des Fédérés —el Muro de los Federados— es el lugar donde el 28 de mayo de 1871 fueron fusilados los últimos 147 combatientes de la Comuna de París.

La Historia necesita contexto. La Comuna de París fue el gobierno revolucionario autónomo que controló la capital francesa durante setenta y dos días de la primavera de 1871, tras la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana. Fue el primer gobierno obrero de la historia europea, una experiencia de autogestión política y social que duró menos de dos meses y medio y que terminó con la entrada del ejército versallés —el gobierno republicano legítimo, instalado en Versalles precisamente porque no controlaba París— en la ciudad. La llamada Semana Sangrienta, entre el 21 y el 28 de mayo, fue una cacería sistemática de comuneros que dejó entre diez y treinta mil muertos según las estimaciones, la gran mayoría ejecutados sin juicio.

Los últimos resistentes hicieron retroceder a las tropas hacia el Père Lachaise, donde los combates callejeros habían reducido el número de defensores a un puñado. Fueron capturados, conducidos al muro este del cementerio, y fusilados. Su cuerpo fue enterrado en fosa común al pie del mismo muro.

Desde entonces, el Mur des Fédérés es el lugar de peregrinación de la izquierda francesa. Cada año, el último domingo de mayo, una procesión parte del centro de París hasta el cementerio para depositar flores al pie del muro. El Partido Socialista, el Partido Comunista, los sindicatos, los movimientos de extrema izquierda: todos vienen, en la misma fecha, aunque con sus propias delegaciones y sin mezclarse demasiado. El muro tiene una placa y está rodeado de fotografías, flores y banderas durante todo el año, pero especialmente en mayo.

Cómo visitar el Père Lachaise

Las 44 hectáreas del cementerio son suficientes para que una visita sin estrategia resulte agotadora e inconclusa. Hay dos modos de abordar el lugar: el modo "busco tumbas específicas" y el modo "paseo y me dejo sorprender".

El mapa gratuito disponible en la entrada principal marca las tumbas más visitadas con números. Es un documento práctico, aunque la escala del cementerio hace que las distancias sean mayores de lo que el mapa sugiere. Una estrategia sensata es elegir entre ocho y diez nombres y trazar un recorrido que las conecte de forma eficiente, en lugar de intentar verlas todas en un solo día.

El modo "paseo libre" funciona para quien tiene tiempo y disposición. Sin ninguna agenda concreta, el Père Lachaise se convierte en una experiencia de arquitectura funeraria del siglo XIX donde las tumbas más interesantes no son necesariamente las más famosas. Los mausoleos de familias burguesas del Segundo Imperio, con sus columnas, sus ángeles de mármol, sus medallones con retratos en bronce, sus inscripciones que resumen vidas enteras en tres líneas, cuentan una historia del París del siglo XIX que ningún museo puede ofrecer de la misma manera. La escultura funeraria francesa del siglo XIX es un género en sí mismo, con figuras de primera categoría como Paul-Albert Bartholomé —cuyo Monumento a los Muertos, en el centro del cementerio, es una de las esculturas monumentales más poderosas del arte europeo del XIX— trabajando específicamente para este espacio.

Las principales entradas son la de la rue du Repos, la de la rue de la Roquette y la de la avenue du Père Lachaise. La primera es la más central para las tumbas de la parte norte; la segunda facilita el acceso a Chopin, Piaf y el Mur des Fédérés. El cementerio abre todos los días, con horario que varía según la estación.

El Père Lachaise es uno de esos lugares de París donde la ciudad se muestra de una forma que no tiene equivalente en ningún otro punto: sin turismo defensivo, sin multitudes que empujen, sin colas. Solo un parque enorme y sombrio donde la gente pasea en silencio entre los que hicieron el mundo que habitamos.