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Plaza del Capitolio de Toulouse con el edificio del ayuntamiento.

Destinos · Francia · Sur de Francia

Toulouse en un día: la ciudad rosa que se lo toma en serio

El románico más grande de Francia, el Capitole y el ladrillo que da nombre a una ciudad

Lectura de 8 minutos

Toulouse es una de esas ciudades que no tienen un argumento único —no tiene una torre Eiffel ni una catedral de Notre-Dame— pero tienen personalidad acumulada durante dos mil años que se nota en cada calle. Un día permite ver lo esencial: la basílica más grande de la Europa románica, la plaza que es el corazón de la ciudad, los mercados que le dan el pulso cotidiano, y ese ladrillo rojo que ha dado a la ciudad el nombre con el que todo el mundo la conoce.

Por qué todos los edificios son de ladrillo rojo

La Ville Rose no es un apodo caprichoso. El ladrillo tolosano —cocido con la arcilla del Garona, de un tono cálido que va del ocre al rosado según la hora del día— es el material de construcción dominante desde la Edad Media, y da a la ciudad una uniformidad cromática que cambia radicalmente con la luz: al mediodía es casi naranja, al atardecer se vuelve genuinamente rosado, y con la lluvia adquiere ese tono oscuro y pesado que hace parecer a la ciudad más antigua de lo que ya es.

La razón es simple y geológica: Toulouse está en una llanura aluvial sin piedra de construcción accesible. La piedra caliza que usó Burdeos para sus palacios del XVIII hay que traerla desde lejos; la arcilla del Garona está debajo de los pies. Durante siglos, construir en ladrillo fue la única opción económicamente razonable. El resultado involuntario es una ciudad con una coherencia cromática que ningún plan urbanístico podría haber diseñado.

La Place du Capitole: el corazón que todo lo organiza

El punto de partida obligatorio de cualquier visita a Toulouse es la Place du Capitole. Con sus 120 metros de lado, es amplia sin ser intimidante —esa proporción donde los edificios y el espacio exterior se complementan en lugar de competir. El Capitole, el edificio que domina la plaza con su fachada de ladrillo rosa y piedra blanca de 136 metros de longitud, es la sede del gobierno municipal desde el siglo XII, aunque la fachada que se ve hoy —con sus ocho columnas de mármol rosa representando los ocho capitouls que gobernaban los ocho distritos de la ciudad— se terminó en 1750.

El interior del Capitole puede visitarse gratuitamente. El Salle des Illustres, con sus pinturas del siglo XIX que narran la historia de Toulouse con la grandilocuencia característica del academicismo francés, es más interesante para la arquitectura que para la pintura, pero merece el desvío. En el pavimento de la plaza hay una instalación que a menudo pasa desapercibida: la cruz de Occitania de Raymond Moretti, donde cada una de las doce puntas lleva inscrito un signo del zodiaco. Es el mapa identitario de la región incrustado en el suelo de su capital.

Las terrazas alrededor de la plaza son el escenario favorito de los tolosanos para el café de la mañana y el aperitivo de la tarde. Los precios son más caros que en el barrio, pero la localización compensa.

La Basílica de Saint-Sernin: el románico en su máxima expresión

A cinco minutos caminando hacia el norte de la Place du Capitole, subiendo la Rue du Taur, la Basílica de Saint-Sernin aparece de repente como una aparición del siglo XI en medio de un barrio de tiendas y cafés. Es la iglesia románica más grande de toda Europa occidental, y una de las más importantes del mundo.

Su construcción comenzó en 1080 sobre los restos de un templo anterior que guardaba las reliquias de San Saturnino —Sernin en occitano—, el primer obispo de Toulouse mártirizado en el año 250 atado a un toro y arrastrado cuesta abajo desde la colina del Capitole. La basílica formaba parte del Camino de Santiago: parada obligatoria para los peregrinos que venían desde el norte de Francia y la Península Ibérica. Su planta en cruz con doble colateral y el deambulatorio que rodea la capilla mayor son soluciones arquitectónicas diseñadas específicamente para organizar los flujos de peregrinos sin interrumpir los oficios litúrgicos.

El campanario octogonal que domina el exterior es uno de los elementos más fotografiados de Toulouse: cinco pisos de ventanas en arco que se van multiplicando hacia arriba, terminados en una aguja del siglo XIV, todo en ese ladrillo rosado que aquí combina con la piedra caliza de las molduras. Define el skyline de una ciudad plana desde la distancia de una forma que ningún otro campanario de la región puede igualar.

El interior sorprende por su tamaño y por la profusión de capillas laterales, muchas con retablos barrocos que contrastan con la austeridad románica de la estructura. El ábside mayor guarda un relicario con las reliquias de los apóstoles Jacobo, Andrés, Felipe y Tomás: la colección de reliquias apostólicas más importante de Francia después de la Sainte-Chapelle de París. La cripta, visitable, guarda algunos de los capiteles románicos originales del siglo XI con esa escultura rígida y expresiva que es la marca del románico meridional.

Hay que calcular al menos una hora larga para Saint-Sernin, y entrar sin prisas.

El Mercado Victor Hugo

A dos minutos de la Place du Capitole, el Marché Victor Hugo es el mercado cubierto de referencia de los tolosanos. Planta baja con puestos de charcutería, quesos, frutas, verduras y esas salchichas de Toulouse de carne gruesa que se venden en espiral; planta superior con restaurantes donde comer bien y barato a la hora del almuerzo. Es el mejor lugar para entender la cultura gastronómica cotidiana de la ciudad.

El cassoulet tolosano —el guiso de alubias blancas con salchicha de Toulouse, confitado de pato y corteza, cocido a fuego lento durante horas— es la comida de invierno más contundente del sur de Francia y compite con los de Carcasona y Castelnaudary en una discusión que en la región se toma tan en serio como el partido de rugby del domingo. En el mercado hay varios restaurantes que lo ofrecen como plato del día; el de la planta superior tiene el mérito adicional de estar rodeado de los puestos que le dan los ingredientes.

El barrio de Saint-Aubin

El barrio de Saint-Aubin, al este del centro histórico, es el Toulouse que los itinerarios turísticos raramente cubren. Sus calles del siglo XIX tienen esa mezcla de vida de barrio genuina —tiendas de proximidad, mercadillo dominical, bares sin pretensiones, plazas con gente de todas las edades— que define los mejores barrios de las ciudades europeas que aún tienen escala humana.

El Mercado Saint-Aubin del domingo por la mañana, en la plaza del mismo nombre, es una de las mejores experiencias de proximidad de Toulouse: productos locales, artesanos, fruta y verdura de temporada, y ese ambiente de mercado de barrio donde los locales compran de verdad y los visitantes son bienvenidos pero no son el destinatario principal.

Toulouse y el espacio: la conexión aeronáutica

Toulouse es la capital europea de la industria aeronáutica y espacial, y eso se nota más allá de los museos. Airbus tiene aquí su sede central y sus plantas de ensamblaje. La Agencia Espacial Europea tiene instalaciones importantes. El Centre National d'Études Spatiales también. La tradición se remonta a los pioneros del siglo XX, y la ciudad ha convertido esta identidad en uno de sus argumentos de identidad más sólidos.

La Cité de l'Espace, en las afueras orientales, es el parque temático y museo que materializa esta vocación: una réplica a escala real del cohete Ariane 5 de 54 metros, una réplica de la estación espacial soviética MIR, un simulador de lanzamiento y exposiciones interactivas sobre la historia de la exploración espacial. No entra en el itinerario de un día completo de centro histórico, pero si el viaje incluye niños —o adultos con curiosidad científica— merece planificar la visita por separado o como segunda jornada.

Para quien quiera asomarse sin desplazarse lejos del centro, la silueta de los hangares de Airbus es visible desde los alrededores del aeropuerto, y la ciudad tiene una presencia constante del universo aeronáutico que va desde los decorados de los cafés hasta las vitrinas de los museos de ciencia.

La gastronomía: cassoulet y violeta

Toulouse tiene dos especialidades con denominación de origen local. El cassoulet ya se ha mencionado: uno de los platos más identitarios del sur de Francia, con una densidad gastronómica que requiere buenas piernas para el resto de la tarde.

La segunda es la violeta de Toulouse, una violeta cultivada en los alrededores de la ciudad desde el siglo XIX y usada en confitería, perfumería y licores. El cristal de violeta —la violeta confitada en azúcar— es uno de los souvenirs más representativos de la ciudad y también uno de los más sinceros: algo que realmente se produce aquí, que tiene historia y que sabe bien.

Cómo moverse

Toulouse tiene metro —dos líneas que se cruzan en la Place de la République— y una red de autobús que cubre toda la ciudad. Pero el centro histórico es perfectamente recorrible a pie: de la Place du Capitole a Saint-Sernin hay cinco minutos, del Capitole al Marché Victor Hugo tres, de Saint-Sernin al barrio de Saint-Aubin quince.

Desde Madrid, Toulouse está a tres horas y media en tren o una hora en avión. Desde Barcelona, la conexión en tren ronda las tres horas. Desde Bilbao, el coche por la autopista del Cantábrico y la A64 hace el trayecto en unas tres horas y cuarto. Es también la base natural para visitar Carcasona, a cincuenta minutos en tren, uno de los conjuntos medievales más impresionantes de Europa.