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Haifa en 1 día: los jardines de la tolerancia
Los Jardines Bahá'í sobre el Monte Carmelo, el barrio alemán de los Templarios y la ciudad más tolerante de Israel
Haifa tiene fama de ser la ciudad más tranquila de Israel, lo que en ese contexto es un elogio considerable. Mientras Jerusalén acumula siglos de tensión religiosa y Tel Aviv se consume en su propia energía nocturna, Haifa —la tercera ciudad del país, la primera en el norte, el gran puerto industrial del Mediterráneo israelí— funciona de manera diferente. Los locales lo repiten con ese orgullo ligeramente defensivo de quien sabe que su ciudad no recibe el reconocimiento que merece: en Haifa, judíos, árabes, drusos y bahá'ís conviven de una manera que en otras ciudades del país sería impensable. No es un idilio —ninguna ciudad del conflicto israelí-palestino lo es— pero es distinto.
Lo que diferencia visualmente a Haifa del resto de Israel es su topografía: la ciudad se despliega en terrazas desde el Monte Carmelo hasta la orilla del Mediterráneo, creando un paisaje urbano en pendiente que no existe en ninguna otra ciudad israelí. Y sobre esa pendiente, los Jardines Bahá'í descienden en dieciocho terrazas de geometría perfecta hasta el Santuario del Báb.
Un día en Haifa es el tiempo mínimo para ver sus tres grandes atractivos: los jardines, el barrio alemán y Wadi Nisnas. Para quien llega desde Tel Aviv en tren (noventa minutos) y vuelve por la tarde, el itinerario cabe bien.
Los Jardines Bahá'í: la geometría de lo sagrado¶
Los Jardines Bahá'í son lo primero que hay que ver en Haifa, y hay que verlos a primera hora de la mañana cuando la luz es la mejor y la affluencia es menor. Dieciocho terrazas escalonadas descienden por la ladera occidental del Monte Carmelo durante un kilómetro de desnivel, perfectamente simétricas, con setos recortados, fuentes, senderos de mármol blanco y una variedad de plantas seleccionadas para que algo florezca todo el año. En el centro exacto de las terrazas, el Santuario del Báb —con su cúpula dorada que brilla desde varios kilómetros de distancia— es el lugar de entierro de Ali Muhammad Shirazi, el Báb (la "Puerta"), figura fundacional de la fe bahá'í.
La fe bahá'í nació en Persia a mediados del siglo XIX como religión que proclama la unidad esencial de todas las religiones, la igualdad de hombres y mujeres, y la necesidad de unidad de la humanidad. Sus fundadores fueron deportados por el Imperio Otomano hasta Akko, la ciudad a doce kilómetros al norte de Haifa, donde llegaron encadenados. Que el centro mundial de una religión que predica la unidad universal acabara en el Monte Carmelo —colina sagrada para el judaísmo, el cristianismo y el islam— no parece casual. La UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 2008.
El acceso tiene reglas estrictas. Hay dos opciones: la visita guiada desde la parte alta (la más recomendable, permite descender por las propias terrazas con vistas sobre la bahía de Haifa), o el acceso libre por la parte baja desde el Centro del Peregrino. La visita guiada sale a hora fija por la mañana; el número de plazas es limitado y hay que llegar temprano o reservar con antelación. Los jardines cierran en los días de festivos bahá'ís.
Las vistas desde la terraza superior son extraordinarias: la bahía de Haifa a los pies, el Mediterráneo abriéndose hacia el oeste, el puerto y los contenedores industriales a la derecha, el mosaico de la ciudad desplegándose ladera abajo. En los días claros puede verse la costa libanesa al norte.
El barrio alemán: una Suabia en el Mediterráneo¶
Al pie de los Jardines Bahá'í, en la zona baja de la ciudad, el barrio alemán —Deutsche Kolonie en alemán, Moshava HaGermanit en hebreo— es uno de los barrios más singulares de Israel y probablemente el menos conocido fuera del país. Fue fundado en 1868 por los Templarios alemanes, una secta pietista protestante de Württemberg que interpretó literalmente el llamamiento bíblico a "preparar el camino del Señor" en Tierra Santa.
Los Templarios llegaron desde Suabia en varias oleadas, compraron tierras en Palestina y construyeron colonias agrícolas en Haifa, Jaffa, Jerusalén y otros puntos. Las casas que levantaron en Haifa —de piedra caliza, con tejados de tejas, jardines delanteros e inscripciones bíblicas en alemán sobre las puertas— tienen una arquitectura que no se parece a nada en Israel. Es una Suabia trasplantada al Mediterráneo: fachadas de piedra caliza local con carpintería centroeuropea, jardines con rosas y geranios, calles con nombres en alemán.
La arteria principal del barrio, la calle Ben Gurion, está hoy flanqueada por cafeterías, restaurantes y hoteles boutique instalados en los antiguos establos y graneros de la colonia. Los edificios más importantes tienen placas que explican su historia y su función original.
La historia de los Templarios de Haifa tiene un capítulo oscuro que ninguna visita al barrio puede ignorar: cuando el nazismo llegó al poder en los años treinta, una parte de la comunidad —ya culturalmente muy asimilada a Alemania— abrazó el ideario nacionalsocialista con entusiasmo. Varios líderes de las colonias se afiliaron al NSDAP. Los británicos, que controlaban Palestina en ese período bajo mandato de la Sociedad de Naciones, los internaron durante la Segunda Guerra Mundial y finalmente los deportaron. La comunidad Templaria dejó de existir en Palestina.
Los edificios quedaron. Y los israelíes que llegaron después los habitaron, les dieron nuevos usos y los convirtieron en el barrio que hoy puede visitarse.
Wadi Nisnas: convivencia activa¶
Subiendo desde el barrio alemán hacia las laderas del Carmelo, el barrio de Wadi Nisnas es el corazón de la comunidad árabe cristiana de Haifa. Callejuelas de piedra, casas antiguas con ventanas arqueadas, tiendas de barrio que llevan décadas en el mismo local: Wadi Nisnas tiene una autenticidad que los barrios árabes renovados para el turismo no tienen.
Lo que hace especialmente interesante a Wadi Nisnas no es solo su estética, sino su tradición de tolerancia intercultural activa. El Festival de las Fiestas (Chag HaChagim) que se celebra aquí en diciembre es el evento más visible de esa convivencia: judíos, musulmanes y cristianos celebran simultáneamente Janucá, el Eid al-Adha y la Navidad en las calles del barrio, con decoraciones de las tres religiones coexistiendo en el mismo espacio. No es un espectáculo para turistas: es una fiesta de barrio que lleva décadas haciéndose porque la gente que vive aquí lo quiere así.
Los murales callejeros que cubren varias fachadas de Wadi Nisnas son obra de artistas locales y forman un recorrido visual que cuenta la historia del barrio, de sus comunidades y de la convivencia que las caracteriza. Algunos son de gran calidad artística; todos son documentos de una realidad social diferente a la que se ve en el resto de Israel.
La vista desde el Carmelo y el Carmelit¶
Antes de bajar hacia la estación para el tren de vuelta, vale la pena subir al mirador del Monte Carmelo para ver la ciudad desde arriba una última vez. La ruta panorámica Yefe Nof recorre la ladera media del Carmelo con vistas sobre la bahía, el puerto y la ciudad baja, con los Jardines Bahá'í en primer plano en algunos tramos.
Para subir, el Carmelit —el único metro subterráneo de Israel, de solo seis estaciones y cuatro minutos de recorrido— sube en línea prácticamente recta desde el puerto hasta el barrio del Carmelo. Es corto, pintoresco y funcional: un cable que tira de los vagones por una pendiente que a pie llevaría veinte minutos difíciles.
Desde el Carmelo, el atardecer sobre la bahía y el Mediterráneo tiene la escala tranquila que caracteriza a Haifa: no el espectáculo teatral de las ciudades que se ofrecen al turismo, sino la belleza cotidiana de una ciudad mediterránea que vive de cara al mar sin hacer demasiado ruido al respecto.
Cómo llegar desde Tel Aviv¶
El tren desde Tel Aviv (estación HaShalom o HaHagana) hasta Haifa (estación Merkaz-HaShmona) tarda entre cincuenta y noventa minutos dependiendo del servicio. Los trenes son frecuentes durante el día. Desde la estación de Haifa, el barrio alemán y los Jardines Bahá'í están a quince minutos a pie cuesta arriba o en taxi.
Los trenes no funcionan el Shabat (de viernes al atardecer al sábado por la noche). Un día de visita a Haifa entre semana o en sábado —cuando sí circulan los autobuses aunque no los trenes— es la opción más cómoda.
Haifa como base para el norte de Israel también tiene sentido: desde la estación Merkaz-HaShmona hay conexión en veinte minutos hasta Acre (Akko), la ciudad cruzada amurallada que es uno de los destinos más impresionantes del país, con sus callejuelas del casco histórico y sus criptas de los caballeros cruzados de los siglos XII y XIII.
Lo que Haifa dice sobre Israel¶
Haifa no responde todas las preguntas sobre el conflicto israelí-palestino —ninguna ciudad puede hacer eso— pero plantea algunas que vale la pena llevarse de vuelta. En una región donde la narrativa dominante es la del conflicto irresolvable, Haifa es la demostración práctica de que existen modos de convivencia, imperfectos pero reales, que otras ciudades del país no han conseguido o no han intentado de la misma manera.
Los Jardines Bahá'í, el barrio alemán y Wadi Nisnas no son simplemente atracciones turísticas: son testimonios de la variedad de capas que componen la historia de este rincón del Mediterráneo, y de la posibilidad —nunca garantizada, siempre frágil— de que distintas comunidades compartan un mismo territorio sin que una de ellas tenga que desaparecer para que las otras existan.