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Destinos · Israel · Mar Muerto

El Mar Muerto en Ein Bokek: guía para bañarse gratis

Las playas públicas como alternativa real a los resorts

Lectura de 9 minutos

Todo el mundo ha visto la foto. Alguien tumbado sobre el agua, leyendo un periódico o un libro, flotando sin esfuerzo aparente con las piernas y los brazos fuera del agua. La imagen del Mar Muerto es tan icónica que existe el riesgo de que la experiencia real decepcione. No decepciona. La sensación de flotar en ese agua densa como aceite, de notar cómo el cuerpo se eleva sin ningún esfuerzo muscular, es una de esas experiencias físicas verdaderamente difíciles de anticipar desde la teoría.

La mayoría de los artículos y tours organizados presentan el baño en el Mar Muerto como algo que requiere pagar la entrada a un resort o una playa privada con vestuarios acondicionados y barro negro incluido. Pero existe una alternativa completamente gratuita que funciona perfectamente para quien viaja de forma independiente: las playas públicas de Ein Bokek. Este artículo explica la diferencia entre ambas opciones y cómo sacarle el máximo partido a la gratuita.

Qué es el Mar Muerto (y por qué en realidad no está muerto)

El nombre es dramático e impreciso a partes iguales. El Mar Muerto no es un mar, sino un lago salado endorreico: no tiene desagüe al océano, y el agua que llega —principalmente del río Jordán, aunque el caudal ha disminuido drásticamente en las últimas décadas— se evapora directamente. La evaporación continua concentra las sales hasta niveles que ningún organismo complejo puede tolerar: la salinidad del Mar Muerto es aproximadamente diez veces superior a la del océano, en torno al 30-34% dependiendo de la zona y la profundidad.

A esa concentración de sales no sobreviven peces ni plantas acuáticas, de ahí el nombre, aunque sí existen microorganismos extremófilos que viven en sus aguas. Lo que sí hace esa concentración es convertir el agua en un líquido de una densidad tan superior a la del cuerpo humano que la flotabilidad se vuelve automática e inevitable. Intentar hundirse en el Mar Muerto es prácticamente imposible; mantener la postura vertical, también.

El lago está situado en el punto más bajo de la superficie terrestre: la orilla está a unos 430 metros bajo el nivel del mar, aunque este número cambia cada año porque el nivel del agua desciende aproximadamente un metro anualmente por la combinación de evaporación acelerada, reducción del caudal del Jordán (desviado masivamente para uso agrícola) y extracción industrial de minerales en la cuenca sur. Es un proceso de regresión que los geólogos llevan décadas documentando con preocupación.

La cuenca norte y la cuenca sur: una distinción importante

El Mar Muerto está dividido en dos zonas distintas que conviene conocer antes de planificar la visita. La cuenca norte es la más profunda y la más antigua geológicamente; las aguas son más limpias y el entorno más natural. Las playas de esta zona, como Kalia Beach, son principalmente privadas y de pago.

La cuenca sur es en realidad artificial. La zona más meridional del lago se secó completamente hace décadas y ha sido sustituida por piscinas de evaporación industriales gestionadas por las fábricas de potasio y otros minerales. Es en este entorno de industria química y playas hoteleras donde se encuentra Ein Bokek. Dicho así puede sonar decepcionante, pero la experiencia del baño es prácticamente idéntica a la de la cuenca norte, y las vistas del desierto de Judea al oeste y las montañas de Jordania al este son igual de impresionantes.

Playas de pago vs. playas gratuitas: las diferencias reales

Existe una variedad de opciones para bañarse en el Mar Muerto que va del todo incluido al acceso totalmente libre:

Las playas privadas de pago más conocidas son Kalia Beach, en la cuenca norte, y Biankini, en la zona de Ein Bokek. Kalia ofrece instalaciones completas: vestuarios, duchas de agua dulce, hamacas, sombrillas, bar, restaurante, área de barbacoa y barro negro incluido en el precio de entrada (alrededor de 60-65 NIS por adulto, unos 15-16 euros). Es la opción más popular para los tours organizados, que suelen parar aquí. Biankini tiene un perfil más orientado al ocio y el ambiente nocturno, con instalaciones similares.

Varios hoteles de la zona de Ein Bokek permiten el acceso diurno a sus instalaciones a no huéspedes, a cambio de un precio que generalmente va desde los 50 hasta más de 100 euros dependiendo del establecimiento y los servicios incluidos. La ventaja es el acceso a piscina de agua dulce, restaurantes y duchas climatizadas; el inconveniente obvio es el coste.

Las playas públicas y gratuitas de Ein Bokek son la alternativa que la mayoría de guías ignora o menciona de pasada. Y son, en realidad, más que suficientes para disfrutar plenamente de la experiencia.

Ein Bokek: todo lo que necesitas saber sobre las playas gratuitas

Ein Bokek es la zona hotelera más desarrollada del Mar Muerto israelí. Un paseo marítimo relativamente nuevo conecta dos playas públicas —la playa sur y la playa central— que se extienden frente a los grandes resorts. La entrada es totalmente libre y gratuita, y las instalaciones son mejores de lo que el término "playa pública" podría sugerir.

Las playas disponen de hamacas y sombrillas (de pago), duchas de agua dulce al aire libre, servicios, una barra de snacks y una zona de barbacoa para uso en festivos. Hay socorristas en horario de servicio (habitualmente de 7:00 a 17:00), fuentes de agua potable y acceso para personas con movilidad reducida. El fondo es pedregoso en las orillas y va haciéndose fangoso según te adentras, así que el calzado de agua es muy recomendable, especialmente porque la sal cristalizada en las orillas puede resultar cortante.

Lo que no encontrarás gratis en la playa pública es el barro negro mineral, esa pasta oscura y densa que es uno de los grandes atractivos terapéuticos del Mar Muerto. En las playas privadas de pago viene incluida; en Ein Bokek puedes comprar paquetes de barro en las tiendas de recuerdos de la zona, a un precio razonable. Para una experiencia completa sin pagar resort, la solución es comprar un paquete de barro —los venden en varios comercios cercanos— y aplicarlo en la orilla antes de entrar al agua.

Cómo es el baño: sensaciones, precauciones y normas básicas

La entrada al agua en el Mar Muerto no es como en ningún otro lugar. Los primeros pasos son difíciles porque el fondo resbaladizo de sedimentos y sal dificulta el equilibrio, y en cuanto el agua llega a la cadera la flotabilidad ya actúa con tal fuerza que mantener los pies en el suelo requiere esfuerzo. El momento de tumbarse sobre el agua y dejar que te sostenga es indescriptible: el cuerpo flota con los hombros y las piernas fuera de la superficie sin ningún esfuerzo muscular, como si el agua fuera un colchón sólido.

La posición natural es boca arriba. Intentar ponerse boca abajo es desaconsejable porque el riesgo de que el agua entre en contacto con los ojos o la boca es muy alto, y las consecuencias son inmediatas e intensas: el altísimo contenido en sales produce un dolor agudo que puede durar varios minutos. Si te cae agua en los ojos, dirígete directamente a la ducha de agua dulce más cercana.

Las recomendaciones habituales para el baño son claras: no te afeites ni dejes heridas abiertas en las últimas 24 horas antes del baño (el escozor sería considerable), no entres si tienes cortes recientes, limita el tiempo en el agua a unos 15-20 minutos por sesión (la piel puede irritarse con exposición prolongada), y dúchate con agua dulce inmediatamente después para eliminar los residuos de sal.

El suelo al salir del agua es otro peligro a tener en cuenta: la sal cristaliza formando estructuras blancas y afiladas en las orillas que pueden cortar la piel de los pies desprotegidos. El calzado de agua es imprescindible tanto para entrar como para salir.

El mejor momento para visitar

Aunque el Mar Muerto puede visitarse en cualquier época del año, las condiciones varían considerablemente. En invierno (diciembre-febrero) las temperaturas son frescas pero perfectamente tolerables —entre 15 y 20 grados en la orilla—, el baño es posible aunque frío al principio, y la afluencia de turistas es mucho menor. Las vistas del desierto con luz de invierno son especialmente hermosas.

En primavera (marzo-mayo) las temperaturas son ideales: soleadas pero sin el aplastamiento del verano, perfectas para combinar el baño con las excursiones a Ein Gedi o Masada. Es quizás la mejor época para visitar toda la zona.

En verano (junio-septiembre) las temperaturas en la orilla pueden superar los 40°C. El baño es refrescante, pero el entorno es durísimo: protección solar máxima, hidratación constante y evitar las horas centrales del día son obligaciones, no sugerencias.

En otoño (octubre-noviembre) las condiciones vuelven a ser agradables, con temperaturas que bajan poco a poco hasta rangos muy cómodos.

Cómo llegar a Ein Bokek en transporte público

Desde Jerusalén, los autobuses de las líneas 486 y 444 paran en Ein Bokek, con un trayecto de hora y media a dos horas según el tráfico. La línea 444 requiere reserva de plaza anticipada. Desde Beerseba hay conexión directa con el autobús 384.

La zona tiene un número importante de hoteles y resorts, lo que hace que el alojamiento en Ein Bokek sea una opción para quien quiera quedarse a dormir y disfrutar del atardecer o el amanecer en el Mar Muerto. Los precios de los hoteles, sin embargo, son elevados: en temporada media raro es el establecimiento que baja de los 100 euros la noche. Para quien viaje con presupuesto ajustado, Ein Bokek es mejor como excursión de día desde Jerusalén o desde cualquier otro punto de la región.

Una reflexión final sobre el lugar

El Mar Muerto es uno de esos fenómenos naturales que no necesitan adornos ni presentaciones elaboradas para impresionar. El agua densa y turquesa, las montañas de Jordania al fondo con su palette de ocres y malvas, el silencio del desierto interrumpido solo por el chapoteo de los bañistas: es un escenario que se graba en la memoria de una forma peculiar, íntima. Y la posibilidad de vivirlo sin pagar un resort, simplemente llegando en autobús y sentándote en la orilla pública, lo convierte también en una experiencia genuinamente democrática. Eso, en los tiempos que corren, no es poco.