
El Castel Sant'Angelo: mausoleo, fortaleza y prisión de Roma
El edificio más reutilizado de la historia romana guarda diecinueve siglos de capas: emperadores, papas, prisioneros y ángeles
Si hay un edificio en Roma que encarna mejor que ningún otro la idea de que la historia no es una línea sino una espiral, es el Castel Sant'Angelo. No el Coliseo, que es demasiado grande para pertenecer a nadie en particular. No el Panteón, que ha permanecido relativamente coherente consigo mismo durante veinte siglos. El Castel Sant'Angelo es el edificio que ha sido más cosas diferentes a lo largo de su historia: mausoleo imperial romano, fortaleza medieval, residencia papal de lujo, prisión de Estado, repositorio de tesoros del Vaticano, escenario de ópera, y hoy museo. Cada uno de esos usos ha dejado capas físicas en la estructura, y recorrerlo de abajo arriba es atravesar la historia de Roma de una manera que ningún libro puede igualar.
El mausoleo de Adriano: el origen¶
Todo empieza con el emperador Adriano, que decidió que el mausoleo de Augusto —el gran cilindro de piedra que todavía se puede ver en el Campo de Marte— era demasiado pequeño para él y su dinastía. Adriano fue uno de los emperadores más viajeros, más cultos y más arquitectónicamente ambiciosos de la historia de Roma: a él se deben el Panteón en su forma actual, la Villa Adriana en Tívoli, y docenas de obras en las provincias del Imperio. Su mausoleo tenía que estar a la altura de su ambición.
La construcción comenzó hacia el año 123 d.C. y se completó en el 139, un año después de la muerte del propio Adriano en Bayas. El edificio que Adriano imaginó era una estructura cilíndrica de 64 metros de diámetro y unos 21 metros de altura, montada sobre un cuadrado de base de 84 metros de lado, todo coronado por un jardín plantado de cipreses y una cuadriga de bronce dorado con la figura del propio emperador. La rampa helicoidal interna que sube en espiral desde el nivel del suelo hasta las cámaras funerarias —un diseño de ingeniería extraordinario para la época, que todavía puede recorrerse hoy— fue construida para que el cortejo fúnebre pudiera subir los sarcófagos sin dificultad.
Adriano fue el primero en ser enterrado allí, junto a su esposa Sabina. Después vinieron Antonino Pío, Marco Aurelio, Septimio Severo y Caracalla, entre otros. El mausoleo sirvió como sepulcro dinástico hasta el año 217, cuando Caracalla fue asesinado. Las cámaras funerarias originales, excavadas en el núcleo de la estructura, contenían los sarcófagos de mármol de los emperadores y sus familias. Aquellos sarcófagos llevan siglos desaparecidos —saqueados durante la Edad Media, cuando el edificio dejó de ser un lugar de culto y se convirtió en fortaleza— y hoy solo quedan los espacios vacíos.
La fortaleza: murallas medievales sobre cimientos romanos¶
El paso del mausoleo imperial a la fortaleza medieval fue gradual pero inevitable. Cuando el Imperio de Occidente empezó a tambalearse en el siglo V, la solidez de la estructura cilíndrica de Adriano no pasó desapercibida para los generales visigodos que saquearon Roma en 410. Pocos años antes, el mausoleo había sido incorporado a las murallas aurelianas como baluarte defensivo: la lógica era puramente militar, la misma que había llevado a los romanos a construirlas en el siglo III. Un cilindro macizo de mampostería de casi sesenta metros de diámetro es una fortaleza natural que solo necesita paredes y almenas para ser impugnable.
Durante la Alta Edad Media, el castillo pasó por manos diversas —ostrogodos, papas, familias nobles romanas— hasta que en el siglo X la figura del papado comenzó a establecerse como poder político permanente en Roma. La posición del edificio era estratégica desde varios puntos de vista: controlaba el Tíber en uno de sus puntos más transitados, quedaba a menos de un kilómetro de la Basílica de San Pedro —que ya empezaba a ser el centro del poder papal— y era prácticamente inexpugnable con las tecnologías militares de la época. Los papas empezaron a usarlo como refugio de emergencia cuando las facciones nobiliarias o los ejércitos externos amenazaban la ciudad.
En los siglos XI y XII, las familias nobiliarias romanas —los Crescenzi, los Colonna, los Orsini— se disputaron el control del castillo como símbolo de poder político en la ciudad. Los papas alternaron períodos de dominio sobre la estructura con períodos en que otras facciones lo controlaban y ellos se refugiaban fuera de Roma. La historia del Castel Sant'Angelo durante este período es en gran medida la historia del conflicto entre el poder temporal del papado y los poderes laicos que lo rodeaban.
El Pasetto di Borgo: el corredor de los papas¶
La construcción más característica del Castel Sant'Angelo en términos de función política no es la fortaleza en sí misma sino el Pasetto di Borgo: el corredor elevado y cerrado de 800 metros de longitud que conecta el castillo con el Vaticano, corriendo a lo largo de la cima de las murallas que bordean el Borgo, el barrio histórico entre el castillo y la basílica.
El Pasetto fue construido en 1277 por el papa Nicolás III. La lógica era simple y brutal: si Roma estaba siendo atacada o si el papa corría peligro en el Vaticano, necesitaba una ruta de escape que no pasara por las calles de la ciudad —donde podía ser interceptado, secuestrado o asesinado— sino por encima de ellas, en un corredor protegido directamente conectado con la fortaleza más sólida de Roma.
El corredor fue usado en varias ocasiones históricas documentadas, pero la más famosa y dramática fue en mayo de 1527, durante el Sacco di Roma —el Saqueo de Roma—. Las tropas del ejército de Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, compuestas en su mayoría por lansquenetes alemanes luteranamente hostiles al papado y por tercios españoles sin paga desde hacía meses, cruzaron las murallas de Roma el 6 de mayo. Lo que siguió fue uno de los saqueos más devastadores que una ciudad europea había sufrido desde las invasiones bárbaras: tres días de pillaje, violencia y destrucción que dejaron Roma prácticamente vacía. Murieron entre veinte y cuarenta mil personas. El papa Clemente VII, que en un primer momento creyó que podría negociar, comprendió que su vida estaba en peligro cuando los primeros soldados llegaron al Vaticano.
El pontífice, acompañado por un puñado de cardenales y guardias, huyó por el Pasetto di Borgo hacia el Castel Sant'Angelo mientras los soldados de Carlos V mataban a los últimos miembros de la Guardia Suiza en los escalones de la basílica. La escena ha sido pintada múltiples veces y es uno de los episodios más dramáticos de la historia del Renacimiento italiano. Clemente VII permaneció encerrado en el castillo durante siete meses, hasta que se negoció un rescate y pudo partir hacia el exilio. Roma tardó décadas en recuperarse del saqueo.
El Pasetto todavía existe y puede visitarse en algunas ocasiones, aunque no forma parte del recorrido habitual del museo. Su longitud real —ochocientos metros de corredor estrecho en lo alto de una muralla, con ventanas en saetera que dan a los tejados del Borgo— da una idea vívida de la desesperación de quien tuvo que recorrerlo bajo el ruido de un ejército saqueando la ciudad a su alrededor.
La leyenda del ángel y el nombre¶
El nombre del edificio viene de una visión. En el año 590, Roma estaba siendo devastada por una epidemia de peste —probablemente la Plaga de Justiniano, una de las primeras grandes pandemias de la historia europea— que había matado ya al papa Pelagio II y amenazaba con despoblar la ciudad. El nuevo papa, Gregorio I, que sería recordado como Gregorio el Grande, organizó una procesión de penitencia por las calles de Roma para implorar el fin de la plaga. Según la tradición, cuando la procesión llegó al puente frente al antiguo mausoleo de Adriano, Gregorio tuvo una visión: el arcángel Miguel sobre las almenas del edificio, envainando su espada ensangrentada. La interpretación fue que el ángel señalaba el fin de la plaga, que efectivamente remitió poco después.
El edificio fue renombrado Castel Sant'Angelo —Castillo del Santo Ángel— en memoria de esa visión. La escultura de un ángel fue instalada en lo alto de la estructura en diferentes versiones a lo largo de los siglos. La escultura que corona el castillo hoy es una copia de bronce del siglo XX que reproduce el original de 1753, obra del escultor Pieter Verschaffelt: el ángel Miguel enfundando la espada, en una pose de movimiento contenido que funciona magníficamente como coronación de la mole cilíndrica. El original del siglo XVIII está dentro del museo, preservado de los elementos.
Los papas y el castillo de lujo: Alejandro VI, los Borgia y las salas papales¶
A partir del siglo XIV, con la consolidación del poder papal sobre Roma, el Castel Sant'Angelo adquirió una función dual que resulta fascinante por sus contradicciones: era simultáneamente una fortaleza de emergencia y una residencia de lujo donde los papas se instalaban cuando querían alejarse del Vaticano.
Los papas del Renacimiento —especialmente Alejandro VI, el papa Borgia, y Julio II— invirtieron sumas considerables en decorar las salas superiores del castillo con frescos, muebles y obras de arte. Las Salas Papales, que hoy forman la parte más espectacular del recorrido museístico, son el resultado de esas reformas del siglo XV y XVI: la Sala Paolina, con sus frescos de Perin del Vaga que incluyen algunos de los trompe-l'œil arquitectónicos más elaborados del Renacimiento romano; las salas privadas del papa con sus bóvedas decoradas; las logias con vistas al Tíber. Todo ello construido sobre y dentro de la estructura romana original, aprovechando los espacios que la rampa helicoidal de Adriano y las cámaras funerarias habían dejado en el interior macizo del cilindro.
El contraste entre el lujo de las salas papales y las mazmorras del nivel inferior es el contraste que define la doble naturaleza del castillo. Mientras los papas dormían en habitaciones con frescos de Rafael, en las plantas inferiores los prisioneros de Estado languidecían en celdas sin luz natural excavadas en el núcleo de la estructura romana.
La prisión: Beatrice Cenci, Giordano Bruno, Benvenuto Cellini¶
Las mazmorras del Castel Sant'Angelo forman parte de la historia oscura del papado como poder político. Durante los siglos XV, XVI y XVII, el castillo fue la principal prisión de Estado de los Estados Pontificios, el lugar donde se encerraba a quienes se enfrentaban al poder papal —herejes, conspiradores, artistas demasiado insubordinados, nobles demasiado incómodos.
Beatrice Cenci es probablemente el caso más famoso. En 1599, a los veintidós años, fue ejecutada en el Castel Sant'Angelo acusada de parricidio: ella y varios miembros de su familia habían organizado el asesinato de su padre, Francesco Cenci, un noble romano conocido por su brutalidad y por los abusos continuados que cometía sobre sus hijos, incluyendo violaciones documentadas. El proceso fue un escándalo público en su época: la opinión popular estaba mayoritariamente del lado de Beatrice, cuya belleza y dignidad ante el tribunal y ante la ejecución la convirtieron en un símbolo romántico de la víctima injustamente castigada. Shelley escribió sobre ella, Stendhal la incluyó en sus crónicas de Italia, su retrato —que durante siglos se atribuyó a Guido Reni, aunque la atribución es discutida— sigue siendo una de las imágenes más reproducidas de la Roma barroca.
Giordano Bruno pasó por el Castel Sant'Angelo durante el proceso inquisitorial que terminó en 1600 con su ejecución en la hoguera en la Campo de' Fiori, a pocos minutos a pie. Bruno era un filósofo y cosmólogo que había propuesto, entre otras ideas inaceptables para la Iglesia del siglo XVI, que el universo era infinito y que existían otros mundos habitados además de la Tierra. Pasó siete años en las mazmorras de la Inquisición, parte de ellos en el Castel Sant'Angelo, antes de ser condenado.
Benvenuto Cellini, el orfebre y escultor florentino cuya autobiografía es uno de los documentos más vívidos y brutales de la vida artística del Renacimiento, estuvo preso en el castillo en dos ocasiones distintas, la segunda vez durante más de un año. Sus memorias incluyen un relato detallado de la vida en las mazmorras, de su intento de fuga —que consistió en descolgarse desde las almenas con una sábana, con resultados desastrosos pero no fatales—, y de las maniobras políticas que necesitó para obtener su liberación. La perspectiva de un artista del siglo XVI sobre la vida cotidiana en una prisión papal es un documento histórico sin equivalente.
La terraza y las vistas: el mejor mirador poco conocido de Roma¶
La terraza del Castel Sant'Angelo está a 48 metros de altura sobre el nivel del Tíber, y la vista que ofrece es, en mi opinión, la mejor de Roma después del Monte Aventino: no la más alta, no la más panorámica en términos de amplitud, pero sí la más cinematográficamente perfecta.
Al norte, la basílica de San Pedro con su cúpula de Miguel Ángel dominando el horizonte a menos de un kilómetro de distancia. Al sur y al este, los tejados y cúpulas del centro histórico: el Panteón, el Vittoriano, la cúpula de Sant'Ivo alla Sapienza de Borromini. Al oeste, el Tíber serpenteando entre sus márgenes de plataneros. Y directamente abajo, el Ponte Sant'Angelo, el puente que conecta el castillo con el centro de la ciudad, cuyos diez ángeles de mármol fueron diseñados por Gian Lorenzo Bernini en el siglo XVII: figuras en movimiento que sostienen los instrumentos de la Pasión de Cristo, quizás el trabajo de escultura en espacio público más elaborado y dinámico del Barroco romano.
La terraza también tiene los cañones. La artillería del castillo jugó un papel importante en la defensa de Roma durante varios siglos, y los cañones que aún se conservan en las plataformas exteriores —datan de los siglos XVI al XVIII— dan al lugar un toque de fortaleza real que los museos de arte puro no tienen. La bola de piedra apilada junto a los cañones es un recordatorio de que esto no era solo arquitectura: era tecnología militar activa durante siglos.
Tosca: el castillo en la ópera¶
En el año 1900, Giacomo Puccini estrenó en el Teatro Costanzi de Roma —hoy el Teatro dell'Opera— su ópera Tosca, ambientada en Roma durante la ocupación napoleónica de 1800. El tercer y último acto transcurre en su totalidad en el Castel Sant'Angelo: el tenor Mario Cavaradossi es ejecutado por el pelotón de fusilamiento en la terraza, y la soprano Floria Tosca, que acaba de matar al barón Scarpia con un cuchillo en el segundo acto, salta desde los muros del castillo cuando comprende que el fusilamiento que se supone fingido ha sido real.
La elección del Castel Sant'Angelo como escenario del desenlace de Tosca no es casual: Puccini y su libretista buscaron un escenario romano que tuviera suficiente carga histórica para sostener el drama y suficiente iconicidad visual para que el público de 1900 lo reconociera inmediatamente. El castillo cumplía ambas condiciones. Desde el estreno, la asociación entre Tosca y el Castel Sant'Angelo ha sido indisoluble. Hay representaciones al aire libre de la ópera en la terraza del castillo de forma irregular —no es un festival permanente, pero las producciones especiales que se han realizado en el lugar tienen una resonancia particular.
Cómo visitar el Castel Sant'Angelo¶
El castillo abre todos los días excepto los lunes, de 9:00 a 19:30 (última entrada a las 18:30). El precio de la entrada es considerablemente más bajo que el de los Museos Vaticanos o el Coliseo, y la afluencia, aunque notable en temporada alta, nunca alcanza los niveles abrumadores de las grandes atracciones. La reserva online es conveniente pero raramente imprescindible, a diferencia de lo que ocurre con la Capilla Sixtina.
El recorrido interior es vertical: se empieza en el nivel del suelo, donde se pueden ver los restos de las estructuras romanas originales —los cimientos del mausoleo de Adriano, con su base cuadrada de travertino todavía visible—, y se sube en espiral a través de los diferentes niveles hasta la terraza. La rampa helicoidal de la época romana todavía forma parte del recorrido, aunque en algunos tramos ha sido reemplazada por escaleras más convencionales.
El Museo Nacional del Castel Sant'Angelo, que gestiona el edificio, ha hecho un trabajo razonable de señalización y contextualización histórica, aunque la complejidad de los diecinueve siglos de historia del lugar hace que muchos visitantes salgan con una comprensión incompleta de lo que han visto. Una guía o audioguía añade una dimensión considerable.
La visita combinada con el Ponte Sant'Angelo —que está en la calle de abajo y es gratuito— es imprescindible. El puente, con sus ángeles de Bernini, es una de las piezas de escultura pública más elaboradas de Roma, y verlos desde arriba desde la terraza del castillo y desde abajo caminando por el puente son dos experiencias complementarias que juntas dan la medida del genio de Bernini para ocupar el espacio urbano.