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Vistas de la Plaza de San Marcos desde el vaporetto

Destinos · Italia · Norte de Italia

El vaporetto de la línea 1: cómo recorrer el Gran Canal de Venecia

Cuarenta minutos, nueve euros y medio y el mejor recorrido urbano de Europa. La línea 1 no es una excursión turística: es el autobús de Venecia, y da la casualidad de que pasa por delante de cuatro kilómetros de palacios.

Lectura de 8 minutos

Hay pocas gangas culturales tan claras como esta. Por el precio de un billete de transporte público, el vaporetto de la línea 1 recorre el Gran Canal de Venecia de punta a punta, parando en cada embarcadero, con las fachadas de doscientos palacios medievales y renacentistas desfilando a un metro y medio de la ventanilla. Ningún tour de pago mejora ese recorrido, porque el recorrido es el mismo.

Lo hice por primera vez en 2006, llegando a la ciudad, y sigo pensando que es la manera correcta de entrar en Venecia. No por romanticismo: por comprensión. El Gran Canal es el eje sobre el que se organizó la ciudad durante mil años, la calle principal de una urbe que no tenía calles, y verlo entero desde el agua antes de pisar el laberinto de callejones te da un mapa mental que después no se pierde.

Qué es la línea 1 y qué cuesta

El vaporetto es el autobús acuático de Venecia, gestionado por ACTV, y la línea 1 es la que recorre el Gran Canal deteniéndose en todos los embarcaderos: unas veinte paradas entre Piazzale Roma y San Marcos, más su prolongación hasta el Lido. Es la línea más lenta y por eso mismo la más interesante.

El billete sencillo cuesta nueve euros y medio y vale setenta y cinco minutos desde la validación, que da justo para hacer el trayecto completo sin margen. El abono de veinticuatro horas está en veinticinco euros, y compensa a partir del tercer viaje del día. Los billetes son personales, se validan en los lectores amarillos del pontón antes de subir y hay revisores con multas elevadas para quien no lo haga.

Ojo con una confusión frecuente: existe también la línea 2, que hace un recorrido parecido pero salta paradas y es bastante más rápida. Para moverse va mejor; para ver el canal, va peor. Si tu objetivo es el paseo, asegúrate de que subes al 1.

En qué sentido hacerlo y a qué hora

El sentido recomendado es de Piazzale Roma o Ferrovia —es decir, desde la estación de tren— hacia San Marcos. Tiene una lógica narrativa: el canal va ganando en espectacularidad conforme avanza, empieza con palacios más modestos y termina desembocando en la cuenca de San Marcos con la basílica de Santa Maria della Salute a un lado y el Palacio Ducal al otro. Hacerlo al revés funciona, pero es como leer el final primero.

En cuanto a la hora, hay dos ventanas buenas y una mala. La buena de verdad es a primera hora de la mañana, antes de las nueve: el barco va lleno de venecianos yendo a trabajar, no de turistas, la luz es limpia y se consigue sitio en la popa. La otra buena es la última hora de la tarde, con la luz dorada dando en las fachadas del lado oeste, que es cuando el canal está más bonito aunque también más lleno. La mala es de once a cuatro, cuando los barcos van tan cargados que no se ve nada y hay que hacer el trayecto de pie en el centro de la cabina.

Dónde sentarse

Esto marca la diferencia entre un recorrido memorable y cuarenta minutos mirando la nuca de alguien.

Los vaporetti tienen tres zonas. La cabina interior, con ventanas y asientos, desde donde se ve regular. La proa, con unos pocos asientos delante del todo, que es la mejor posición de todas pero también la primera en ocuparse. Y la popa, la plataforma descubierta de atrás, que es la opción realista: se va al aire libre, se ve a ambos lados y se puede uno mover para fotografiar.

Si llegas al embarcadero y ves que el barco viene lleno, no subas. Espera al siguiente, que en horario normal pasa cada diez o doce minutos. Perder un cuarto de hora para hacer el trayecto bien es un cambio excelente.

Lo que se ve, tramo a tramo

No hace falta identificarlo todo, pero sí ayuda saber dónde mirar en cada momento.

Del inicio a Rialto. Nada más salir, la iglesia de San Simeone Piccolo con su cúpula verde desproporcionada frente a la estación, y enseguida el Ponte degli Scalzi, uno de los cuatro únicos puentes que cruzan el Gran Canal. Poco después, a la izquierda, el Fondaco dei Turchi, un palacio bizantino que fue durante siglos la sede comercial de los mercaderes turcos, con esa arquería que parece más de Oriente Medio que de Italia. Y llegando al tramo central, el Ca' d'Oro, la Casa de Oro, que es la fachada gótica más delicada de toda Venecia: se llamó así porque los relieves estuvieron originalmente dorados con pan de oro, hoy desaparecido. Justo enfrente, el Mercato di Rialto, el mercado de pescado, con sus arcadas abiertas al agua.

El Ponte di Rialto. El punto central del canal y su puente más famoso. Durante siglos fue el único que lo cruzaba, y su forma actual, de un solo arco de piedra con dos hileras de tiendas encima, data de finales del siglo XVI: se construyó tras un concurso al que se presentaron Miguel Ángel y Palladio, y lo ganó un arquitecto llamado Antonio da Ponte, apellido que parecía predestinado. Aguantar el peso de un arco único de veintiocho metros sobre suelo fangoso se consideraba imposible y varios contemporáneos predijeron que se hundiría. Sigue ahí.

De Rialto a la Accademia. El tramo con más densidad de palacios. A la derecha, el Palazzo Grimani, con su fachada renacentista de aire romano; el Ca' Foscari, hoy sede de la universidad, en la curva más cerrada del canal; y el Ca' Rezzonico, un palacio dieciochesco convertido en museo del Settecento veneciano. A la izquierda, la sucesión de palacios góticos con sus ventanas ojivales y sus balcones de tracería.

De la Accademia a San Marcos. El tramo final y el mejor. Se pasa bajo el Ponte dell'Accademia, un puente de madera que iba a ser provisional y lleva décadas siéndolo, y a partir de ahí, en la orilla derecha, aparece el Palazzo Venier dei Leoni: una sola planta, blanco y achaparrado, porque la construcción se abandonó en el siglo XVIII y nunca se completó. Hoy alberga la colección Peggy Guggenheim. Unos metros más allá, el Palazzo Dario, con la fachada asimétrica visiblemente inclinada y una fama siniestra de edificio maldito alimentada por la larga lista de propietarios que acabaron mal.

Y entonces el canal se abre y aparece la basílica de Santa Maria della Salute, esa mole barroca octogonal con su cúpula y sus volutas, construida en el siglo XVII como voto de la ciudad tras una epidemia de peste que se llevó a un tercio de la población. Se levantó sobre más de cien mil pilotes de madera hundidos en el fango. Enfrente, la Punta della Dogana, la antigua aduana marítima, cierra el vértice donde el Gran Canal desemboca en la laguna. Y al fondo, ya en la cuenca de San Marcos, el Palacio Ducal, el Campanile y la isla de San Giorgio Maggiore con su iglesia de Palladio.

Ese último minuto de trayecto es, para mi gusto, la mejor entrada a una ciudad que existe en Europa.

Consejos prácticos

Bájate en San Zaccaria o en San Marco Vallaresso, que es justo donde arranca el resto de la ruta en este itinerario de un día en Venecia. Si quieres alargar el paseo, la línea 1 continúa hasta el Lido cruzando la cuenca, lo que añade unas vistas magníficas de la ciudad desde el agua y, si el día acompaña, un rato de playa.

El billete de setenta y cinco minutos da para el recorrido completo y poco más, así que si piensas bajarte a mitad de camino a ver algo y volver a subir, necesitas el abono de un día.

No confundas el vaporetto con el taxi acuático. El taxi es una lancha privada de madera preciosa que cuesta a partir de setenta euros el trayecto; es un lujo legítimo si llegas cargado de equipaje o vas con prisa, pero no tiene nada que ver con el transporte público.

Y una advertencia sobre las fotos: desde un barco en movimiento y con contraluz, la mayoría salen regular. Merece más la pena mirar que fotografiar, y guardar las fotos del canal para el Ponte dell'Accademia o el de Rialto, desde donde se hacen mucho mejor con los pies quietos.

La alternativa gratuita y la alternativa barata

Si el presupuesto está muy ajustado, hay dos maneras de ver el Gran Canal sin pagar los nueve euros y medio.

La primera es a pie, cruzando los cuatro puentes: el de la Constitución junto a Piazzale Roma, el de los Scalzi junto a la estación, el de Rialto y el de la Accademia. Desde cada uno se ve un tramo distinto del canal y todos son gratis. No es lo mismo, pero cubre bastante.

La segunda es el traghetto, la góndola de servicio público que cruza el canal de orilla a orilla en los puntos donde no hay puente. Cuesta dos euros, se hace de pie, dura un par de minutos y te pone en mitad del agua con las fachadas a ambos lados. Es transporte real usado por venecianos, hay siete puntos aunque no todos operan siempre, y es además la manera más barata de subirse a una góndola en esta ciudad.

Pero si puedes permitirte el billete, hazlo. Nueve euros y medio por cuarenta minutos de esto no es caro. Es probablemente lo mejor que vas a comprar en Venecia.