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Murano: la isla que guardó el secreto del vidrio durante dos siglos
En 1291 la República de Venecia confinó a sus sopladores de vidrio en una isla propia. Les dieron privilegios de nobleza. También les dijeron que no podían marcharse.
Venecia tiene muchas capas y la mayoría de los visitantes ven solo la exterior: el Gran Canal, la Piazza San Marco, el Ponte di Rialto, las góndolas. Hay otra Venecia que se extiende por la laguna, en las islas que rodean la ciudad principal y que forman con ella un archipiélago de historias particulares. Murano es la más conocida de esas islas y la que tiene la historia más novelesca: un lugar que durante setecientos años ha sido simultáneamente una prisión y un palacio, una cárcel dorada para los artesanos que poseían el conocimiento más valioso de Europa.
Murano está a un kilómetro y medio al noreste de Venecia. Son en realidad cinco isletas unidas por puentes, con sus propios canales, sus propias iglesias, sus propias calles de adoquín desgastado por los mismos siglos de lluvia y acqua alta que las del vecino mayor. La población no llega a los cinco mil habitantes. El tráfico de turistas que llega cada día en los vaporetti y que sale dos horas después cargado de vasos y marcos de fotos puede cuadruplicar esa cifra en temporada alta.
El decreto de 1291 y lo que escondía¶
En el año 1291 el Gran Consejo de la República de Venecia promulgó un decreto ordenando el traslado de todos los hornos de soplado de vidrio desde Venecia hasta Murano. El motivo oficial era el fuego: la ciudad, construida sobre pilotes de madera y con las plantas bajas de los edificios en contacto permanente con la humedad de los canales, era extraordinariamente vulnerable a los incendios, y los hornos de los vidrieros —que necesitaban temperaturas de más de mil grados para fundir la arena y la sosa y la cal— eran un riesgo permanente que varios incendios graves habían demostrado como real.
La razón oficial era verdad. También era solo parte de la verdad. La otra parte era de carácter estratégico: concentrar a todos los vidrieros en un solo lugar permitía vigilarlos, controlarlos, y, sobre todo, evitar que el conocimiento técnico que habían acumulado saliera de la laguna. El vidrio veneciano era en el siglo XIII el producto manufacturado más sofisticado de Europa. El secreto de su fabricación era una ventaja competitiva que la República trataba con la misma atención que hoy se tratan las patentes farmacéuticas o los algoritmos de los sistemas de inteligencia artificial.
Los vidrieros de Murano sabían lo que valían. La República lo sabía también. El decreto de 1291 fue acompañado de un conjunto de privilegios que convirtieron a los maestros vidrieros en una casta singular dentro de la sociedad veneciana: podían portar espada, sus hijas podían casarse con nobles venecianos sin pérdida de estatus, tenían su propio consejo de gobierno en la isla. Eran, en muchos sentidos, más libres que la mayoría de los artesanos de Europa.
Pero no podían marcharse. Cualquier vidriero que intentara llevar su oficio al extranjero, que intentara vender o compartir los secretos del proceso con comerciantes o artesanos de otras naciones, se exponía a la pena de muerte. La República enviaba emisarios a perseguir a los fugados. A veces los enviaba de vuelta. A veces no necesitaba enviarlos porque resolvía el problema de otra manera.
Dos siglos de monopolio¶
El período de mayor esplendor de Murano fue entre los siglos XV y XVII. En ese tiempo los maestros de la isla perfeccionaron técnicas que el resto de Europa no podría replicar durante generaciones.
La más importante fue el cristallo, desarrollado hacia 1450 por Angelo Barovier: el primer vidrio genuinamente transparente e incoloro de Europa. Las tecnologías de vidrio anteriores producían materiales con coloraciones verdosas o pardas causadas por las impurezas del material de partida. Barovier encontró la forma de eliminar esas impurezas y producir un material tan claro como el agua. El efecto sobre el mercado fue inmediato: los espejos de vidrio de Murano reemplazaron rápidamente a los espejos de bronce pulido que habían dominado el mercado europeo durante siglos, y se vendían a precios que hoy parecerían absurdos. Un espejo veneciano de tamaño medio costaba en el siglo XVII lo que un barco de carga. Los nobles y los reyes de Francia, España, Inglaterra y los Países Bajos los compraban a cualquier precio.
El latticino, desarrollado hacia 1527, era vidrio con hilos de vidrio blanco o de colores incrustados en patrones geométricos: espirales, redes, trenzados. El millefiori —mil flores— producía secciones de vidrio multicolor que contenían patrones florales microscópicos visibles en la sección transversal, conseguidos fundiendo varillas de vidrio de colores en configuraciones precisas. Estas técnicas requieren un control de temperatura, velocidad y geometría que solo se adquiere con años de práctica y que no se puede deducir mirando el producto terminado. El secreto no estaba en el concepto sino en la mano.
A mediados del siglo XVII el monopolio empezó a erosionarse. Algunos vidrieros habían escapado a Bohemia, a Francia, a los Países Bajos y a Inglaterra, llevando consigo lo que sabían. Luis XIV de Francia contrató maestros de Murano para establecer manufacturas en su reino. El proceso fue lento —los escapados raramente sabían todo lo que necesitaban los compradores— pero irreversible. En el siglo XVIII el monopolio veneciano había terminado.
El cementerio del camino¶
En el recorrido en vaporetto desde Venecia hasta Murano —quince minutos en la línea 4.1 desde el embarcadero de Fondamente Nove— el barco pasa junto a San Michele, la isla-cementerio de Venecia. Es una isla rectangular cercada por un muro de ladrillo rojo que la separa completamente del agua, con un acceso por una puerta de piedra blanca visible desde el agua. La vegetación de los cipreses asoma por encima del muro.
San Michele lleva siendo el cementerio de Venecia desde 1807, cuando Napoleón prohibió los entierros en el interior de la ciudad. En sus suelos están Igor Stravinsky, que eligió que lo enterraran en Venecia porque la ciudad había acogido muchas veces el estreno de sus obras, y que descansa junto a su mujer y su libretista Diaghilev. Ezra Pound, que vivió sus últimos años en Venecia y murió allí en 1972, está en una sección apartada. Sergei Diaghilev, el fundador de los Ballets Russes, está enterrado rodeado de zapatillas de ballet y notas que los bailarines del mundo entero siguen dejando en su tumba.
El vaporetto no se detiene en San Michele en todos los trayectos; algunos solo pasan junto a la isla. El cementerio está abierto a visitas.
Visitar Murano hoy¶
El problema de Murano como destino turístico es el mismo que el de muchos lugares con una reputación formidable: la industria que se ha construido alrededor de esa reputación no siempre sirve al visitante. Los embarcaderos principales están rodeados de tiendas que venden vidrio de Murano —o que dicen venderlo— y de agentes que ofrecen demostraciones gratuitas de soplado que son en realidad argumentos de venta. Las demostraciones son reales pero breves; lo que se vende a continuación puede o no ser vidrio fabricado en Murano, y la diferencia entre el vidrio muranés y el vidrio checo o chino vendido bajo la misma etiqueta es difícil de verificar para quien no es del oficio.
El vidrio genuino sigue fabricándose en Murano. Hay maestros que trabajan de la misma manera que sus predecesores del siglo XV, con los mismos hornos y las mismas técnicas, y que venden piezas a precios acordes con el trabajo que representan. La diferencia entre una pieza artesanal de un maestro establecido y un souvenir de precio bajo es enorme, en el objeto y en el coste. Ninguna de las dos es necesariamente una estafa, pero conviene saber qué se está comprando.
El Museo del Vetro —el Museo del Vidrio— está en el Palazzo Giustinian, un palacio del siglo XVII en el fondamenta principal de la isla. Su colección recorre la historia del vidrio en Venecia y Murano desde la Antigüedad hasta el presente, con piezas millefiori del siglo I d.C., espejos del siglo XVII, y una sección dedicada al período de Art Nouveau que produjo algunas de las piezas más extraordinarias del vidrio moderno. Es el lugar más honesto de Murano para entender qué es lo que la isla lleva siglos haciendo.
Murano tiene además algo que Venecia ya no puede ofrecer: silencio. No en los embarcaderos ni en la calle principal junto al museo, que en temporada alta tienen la misma densidad de turistas que cualquier punto de la ciudad vecina. Pero en los fondamente secundarios, en las calles interiores, en el costado norte de la isla donde los canales se ensanchan y los palacios se vuelven más austeros, Murano tiene la textura de una ciudad provinciana tranquila. Los niños en bicicleta, la ropa tendida entre ventanas, el café con los vecinos en el bar de siempre. La vida que Venecia perdió hace décadas cuando el turismo masivo convirtió su centro histórico en escenario.
Una hora en esa Murano interior, alejada del circuito turístico, da una idea de lo que debía de ser Venecia antes de serlo todo para todo el mundo.
Información práctica¶
Cómo llegar
- El vaporetto es la única manera de llegar: la línea 4.1 parte del embarcadero de Fondamente Nove (norte de Venecia) y tarda entre diez y quince minutos; otras líneas (3, 12, 13) también llegan según el punto de partida y la temporada
- Los billetes se compran en las máquinas de los embarcaderos o en la app ACTV; el billete de 75 minutos de transporte público cubre el trayecto y permite trasbordo; el bono de 24 o 48 horas es más económico si se usa el vaporetto varias veces en el día
El trayecto y San Michele
- Desde Fondamente Nove, el vaporetto pasa junto a San Michele antes de llegar a Murano; si se quiere visitar el cementerio, la parada Cimitero permite bajarse y esperar el siguiente barco hacia Murano
- Los horarios de San Michele son de 7:30 a 18:00 (hasta 16:30 en invierno); la entrada es gratuita
Murano: orientación
- El embarcadero de llegada principal es Murano Colonna; los otros embarcaderos son Murano Faro y Murano Navagero, en distintos puntos de la isla
- La isla se recorre completamente a pie en veinte o treinta minutos; no hay transporte interno
- El Museo del Vetro está en Fondamenta Giustinian 8; abre todos los días de 10:00 a 18:00 (noviembre-marzo hasta 17:00); tiene precio de entrada reducido con la Venezia Unica City Pass
El vidrio
- Las piezas con el sello oficial Vetro Artistico Murano son las que garantizan fabricación en la isla; no todos los vendedores lo tienen y no todos los que no lo tienen venden vidrio falso, pero el sello es la única garantía verificable
- Las tiendas más interesantes están en los fondamente alejados del embarcadero principal; los precios no son necesariamente más bajos pero la selección suele ser más auténtica
Combinar con Burano
- La isla de Burano, conocida por sus casas de colores y su tradición de encaje, está a veinte minutos en vaporetto desde Murano (línea 12); la combinación Murano-Burano en un mismo día es un recorrido clásico de la laguna