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Calle, templo, paisaje o escena urbana de Japón.

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El monte Fuji: subir al volcán sagrado de Japón

Todo lo que necesitas saber sobre el volcán símbolo de Japón: cómo subir, qué esperar de verdad, los Cinco Lagos y Hakone como alternativa para verlo desde abajo

Lectura de 13 minutos

El Fuji lleva escondido cuando llegamos. La bruma cubre las montañas desde la noche anterior y en el autobús desde Shinjuku nadie espera gran cosa. Dos horas de trayecto, cruzando los barrios periféricos de Tokio, entrando en las zonas verdes de Yamanashi, y la silueta del volcán no aparece en ningún momento. Llegamos al lago Kawaguchiko, buscamos la cima en el horizonte, y no hay nada. Solo nubes bajas y quietud.

Y aun así el día es memorable. Porque el Fuji en sí no es solo la montaña que se ve: es el campo de energía que genera a su alrededor. Los cinco lagos de lava, el bosque negro de Aokigahara, las cuevas volcánicas, las orillas del Kawaguchiko con sus onsen mirando hacia donde el volcán debería estar. Japón lleva doce siglos construyendo cultura alrededor de esta montaña. Estar cerca, aunque no la veas, ya es estar dentro de algo.

Pero si el tiempo acompaña y el Fuji se muestra, lo que aparece en el horizonte es uno de esos momentos de viaje que se recuerdan siempre.

El volcán más sagrado de Japón

El Fuji tiene 3.776 metros de altura, es el punto más alto de Japón, y es un estratovolcán activo clasificado con "bajo riesgo de erupción". La última erupción importante fue la Hoei, en diciembre de 1707, que duró dieciséis días y expulsó tanta ceniza que llegó a cubrir Edo (Tokio) a cien kilómetros de distancia, oscureciendo el cielo durante semanas. El cráter secundario que creó esa erupción, el Hoei-zan en la ladera sudeste, sigue siendo visible y es una de las marcas geológicas más recientes de la montaña.

Que la erupción de 1707 fue la última no significa que el Fuji esté dormido. Los geólogos lo clasifican como "activo" con toda la seriedad del término. Hay actividad sísmica regular bajo la montaña, y los planes de evacuación de la región de Tokio incluyen escenarios de erupción del Fuji con modelos de flujo de lava y lluvia de ceniza sobre la ciudad. No es un volcán inminentemente amenazante, pero tampoco es solo una metáfora.

Para el sintoísmo, el Fuji es la morada de Konohanasakuya-hime, la diosa de los cerezos en flor y del volcán, hija del dios de las montañas. La divinidad del Fuji no es una construcción tardía: la montaña ya aparece en los textos japoneses más antiguos como lugar sagrado, y la red de santuarios Sengen que se extiende por toda su circunferencia fue establecida hace más de dos mil años. El santuario Fujisan Hongu Sengen Taisha en Fujinomiya, al pie de la ladera sur, considera que su jurisdicción religiosa incluye todo el suelo del Fuji desde la octava estación hacia arriba.

La UNESCO declaró el Fuji Patrimonio Mundial en 2013, pero en una categoría que sorprende a quienes la leen sin contexto: no fue incluido como "patrimonio natural" sino como "sitio cultural". Lo que se protegió oficialmente fue su valor como fuente de inspiración artística, espiritual y cultural para Japón durante siglos. Los grabados de Hokusai ("Las treinta y seis vistas del monte Fuji", 1831-1833) son el ejemplo más conocido: la serie que convirtió al Fuji en símbolo internacional, que llegó a Manet y Van Gogh a través de las impresiones llegadas a Europa en los años del japonismo. Pero el Fuji aparece en la poesía japonesa desde el Manyoshu (antología del siglo VIII), en los tapices de los templos, en las pinturas de biombo, en los dibujos de kimono, en los sellos postales. Es el punto de referencia visual de la identidad japonesa.

Las Cinco Estaciones (Fuji Go-gome)

La montaña tiene cuatro rutas de ascensión principales, y cada una tiene su punto de acceso a mitad de ladera llamado Quinta Estación (Go-gome, donde "go" es cinco y "gome" es estación de parada). El nombre viene de la tradición histórica de las "diez estaciones" que los peregrinos usaban para dividir la ascensión: la primera al pie, la décima en la cumbre, con paradas intermedias numeradas.

La Quinta Estación del Yoshida, en el lado norte (acceso desde Kawaguchiko), está a 2.305 metros de altitud y es el punto de partida más popular. Desde aquí salen la mayoría de los excursionistas que hacen la ascensión nocturna (la que busca ver el amanecer desde la cumbre), y en temporada alta tiene una infraestructura considerable: tiendas de souvenirs, restaurantes, servicios sanitarios, estaciones meteorológicas. En días despejados desde aquí ya se ve el mar en el horizonte al sur, lo que da una idea de la escala de la montaña.

La Quinta Estación del Fujinomiya, en el lado sur (acceso desde la ciudad de Fujinomiya), está a 2.400 metros: la más alta de las cuatro quintas estaciones y, por tanto, la que tiene la ruta de ascensión más corta hasta la cumbre. Es la favorita de los excursionistas que quieren hacer la ascensión más eficiente.

La Quinta Estación de Subashiri y la de Gotemba completan las cuatro rutas. La de Gotemba es la más baja (1.440 metros), la que implica más desnivel y la menos concurrida, con fama de ser la ruta más solitaria y técnicamente la más exigente.

Subir el Fuji: la realidad detrás del mito

La temporada oficial de ascensión del Fuji son solo dos meses: julio y agosto. Fuera de esa ventana, las condiciones meteorológicas en la montaña pueden ser extremas (nieve, hielo, vientos de más de 100 km/h) y los refugios de montaña están cerrados. En los meses de temporada, unas 200.000 a 300.000 personas escalan el Fuji, lo que lo convierte en una de las montañas más transitadas del mundo.

La verdad sobre la experiencia de escalar el Fuji que las guías suelen endulzar:

No es una excursión, es una escalada de montaña. El desnivel desde la Quinta Estación del Yoshida hasta la cumbre es de unos 1.450 metros en aproximadamente 6 km de distancia. El terreno es roca volcánica suelta (arena y roca basáltica negra) que hace resbalar en la bajada. La altitud produce síntomas reales de mal de altura en una proporción significativa de excursionistas: dolor de cabeza, náuseas, fatiga extrema. La temperatura en la cumbre en verano ronda los 5-7 grados, con vientos que pueden bajar la sensación térmica a cero o menos. El equipo necesario: capas de ropa técnica, gore-tex para la lluvia, botas de treking con suela gruesa, guantes, linterna frontal (imprescindible si se hace nocturna).

La ascensión nocturna (goraiko) es la forma más popular y la más exigente. La idea es salir de la Quinta Estación a medianoche o a la una de la madrugada, caminar toda la noche en oscuridad, y llegar a la cumbre al amanecer para ver el goraiko, el sol emergiendo sobre el mar de nubes. Es una experiencia que muchos japoneses consideran transformadora y que lleva siendo parte de la cultura del Fuji desde siglos. La realidad práctica: en temporada alta hay literalmente colas de personas en la ruta, el camino está iluminado por las linternas de cientos de excursionistas en fila, el frío a las tres de la mañana en la montaña es considerable, y si las nubes tapan el horizonte (algo que ocurre con frecuencia en verano) el amanecer no se ve. Aun así, quienes lo hacen suelen volver con la sensación de haber hecho algo que merece la pena contar.

El tiempo de ascensión desde la Quinta Estación del Yoshida oscila entre cinco y siete horas de subida para la mayoría de excursionistas, y tres o cuatro de bajada. La jornada completa de ascensión y descenso supone entre ocho y doce horas de caminata activa.

El mal de altura es real y frecuente. La altitud de 3.776 metros ya no es trivial para alguien que ha pasado los días previos a nivel del mar en Tokio. Subir gradualmente, hacer paradas frecuentes, hidratarse bien y no intentar ir rápido son los únicos remedios eficaces. Los refugios de montaña (yamakoya) ofrecen descanso, comida caliente y una cama básica (literalmente una plataforma compartida de madera donde se duerme hacinado con otros excursionistas). Si se hace la nocturna se puede descansar en uno de ellos a mitad de la ascensión antes del amanecer.

El cráter en la cumbre es real y visitable: una caldera de unos 700 metros de diámetro que aún emite vapor sulfuroso en algunas grietas. Hay una pequeña capilla sintoísta en el borde y el correo más alto de Japón (que abre solo en temporada). Hacer el recorrido completo del borde del cráter (Ohachimeguri) dura unos 90 minutos adicionales.

Los Cinco Lagos: la mejor fotografía del Fuji

Para quien no tiene intención de escalar (o para quien sube y quiere ver la montaña desde fuera), los Cinco Lagos del Fuji (Fuji Goko) son la mejor alternativa. Son cinco lagos de origen volcánico formados por las sucesivas erupciones que a lo largo de milenios bloquearon cursos de agua: Kawaguchiko, Yamanakako, Saiko, Shojiko y Motosuko.

El lago Kawaguchiko es el más accesible y el más fotografiado. La imagen clásica del Fuji reflejado en agua quieta, ese espejo perfecto que aparece en los libros y en las postales, está tomada desde la orilla norte del Kawaguchiko al amanecer. Las mejores fotografías del Fuji con cerezo en primer plano vienen del Chureito Pagoda en la cercana Fujiyoshida, donde la pagoda de cinco pisos enenmarca el Fuji entre los cerezos de los escalones. En otoño son los arces; en invierno el Fuji con nieve en la cima se refleja en el agua helada.

Las condiciones para ver el Fuji desde el lago son impredecibles. El volcán solo aparece despejado unos 80 días al año, y en verano la humedad y las nubes reducen aún más ese número. Los días más probables para verlo son los de invierno y primavera con tiempo anticiclónico, cuando el aire es más seco y la visibilidad más clara. En agosto, cuando la mayoría de turistas llegan, la probabilidad estadística de no verlo es alta.

Los alrededores del lago tienen onsen (fuentes termales) con vistas al Fuji. Los ryokan (posadas tradicionales) del lago ofrecen bañarse en agua caliente de origen volcánico mientras el Fuji (si tiene a bien aparecer) ocupa el fondo de la vista desde el baño. Los Fuji Q Highland, el parque de atracciones al pie de la montaña, tiene las montañas rusas más extremas de Japón.

El plato local de la zona es el houto: fideos planos y gruesos en caldo de miso con calabaza kabocha, boniato y setas, servido en olla de hierro. Se atribuye su origen a las campañas militares de Takeda Shingen, el señor feudal de la región en el siglo XVI, que daba este plato a sus samuráis como comida de campaña. Es uno de esos alimentos que calientan desde dentro en un día de montaña.

Hakone: el onsen con vistas al Fuji

La alternativa más popular para ver el Fuji desde la comodidad y combinar la montaña sagrada con una experiencia de onsen es Hakone, un conjunto de pueblos de montaña en el borde del Parque Nacional Fuji-Hakone-Izu, a unos 80 kilómetros al suroeste de Tokio.

Hakone es famoso por tres cosas: sus onsen (fuentes termales geotermales de alta calidad que han funcionado como resort de montaña desde el período Edo), el lago Ashi con vistas al Fuji y el crucero por sus aguas, y el Hakone Open Air Museum, uno de los mejores museos de escultura al aire libre del mundo, con obras de Rodin, Moore, Picasso y artistas japoneses instaladas en jardines de montaña. El parque del museo tiene además una colección permanente de Picasso en interior.

El lago Ashi (Ashinoko) es de origen volcánico, formado hace unos 3.000 años cuando una erupción del monte Hakone bloqueó el valle. Tiene unos doce kilómetros de largo y desde sus orillas, en los días más claros, el cono del Fuji aparece sobre el horizonte del agua con una perfección de estampa que justifica completamente el viaje. El crucero de Moto-Hakone a Togendai, con los toriis del santuario Hakone Gongen emergiendo del agua en primer plano y el Fuji al fondo, es una de las composiciones fotográficas más buscadas de la región.

El Hakone Ropeway ofrece otra perspectiva: un teleférico que cruza el valle volcánico del monte Owakudani, con los cráteres activos y el gas sulfuroso visible en las grietas, y vistas al Fuji en los días despejados. Las famosas kuro-tamago (huevos cocidos en los manantiales de agua sulfurosa que se vuelven negros por la reacción química) se venden aquí, y la leyenda local dice que comer uno alarga la vida siete años.

Logística desde Tokio

Para los Cinco Lagos / Kawaguchiko: el bus expreso desde la estación de Shinjuku (Keio Bus / Fujikyu) llega directamente a Kawaguchiko en unas dos horas, con varias salidas diarias. El Fuji Excursion de JR (tren expreso de la línea Fuji Kyuko) sale desde Shinjuku hasta Kawaguchiko en unos 2 horas y está incluido en el JR Pass. Para quien no tiene JR Pass, el bus es generalmente más conveniente.

Para Hakone: la opción más cómoda es el Romancecar de la compañía privada Odakyu desde Shinjuku hasta Hakone-Yumoto o Odawara en 70-85 minutos. El Hakone Free Pass de Odakyu incluye el transporte ida y vuelta desde Tokio más el uso ilimitado de todos los transportes del área (ropeway, crucero, autobuses, trenes locales), y es la opción más eficiente para hacer Hakone en un día. Los poseedores de JR Pass pueden llegar a Odawara en Shinkansen (40 minutos) y a partir de ahí usar el pass de Hakone para los transportes locales.

El Fuji-Hakone-Izu Pass de JR cubre la región completa incluyendo el acceso desde Tokio y los transportes locales de Hakone; es útil para quien quiere combinar Hakone y los lagos en días consecutivos.

El tiempo mínimo: un día completo para Kawaguchiko y los alrededores del lago, o un día completo para Hakone. La combinación de ambos requiere dos días. La excursión de un día al Kawaguchiko es perfectamente factible desde Tokio si se sale temprano (el bus de las 7:00-8:00 desde Shinjuku llega al lago a las 9-10 y permite una tarde completa antes de volver).

Una nota final sobre el Fuji y la expectativa: es perfectamente posible hacer el viaje, llegar al lago, no ver el volcán por las nubes, y volver a Tokio satisfecho de todas formas. El paisaje volcánico, los onsen, la comida local y la experiencia del entorno ya justifican el viaje. El Fuji que no se ve es, como escribió Kawabata, quizás el más perfecto de todos: el que uno construye con la imaginación a partir de los silencios y los indicios que la niebla deja ver.