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Calle, templo, paisaje o escena urbana de Japón.

Destinos · Japón · Gran Tokio

Yokohama en 1 día: el primer puerto japonés abierto al mundo

Chinatown, Minato Mirai, los almacenes de ladrillo rojo y el jardín con arquitectura transplantada: Yokohama desde Tokio

Lectura de 8 minutos

Antes de 1859, Yokohama era un pueblo de pescadores tan pequeño que cuando el comodoro Matthew Perry llegó con sus "barcos negros" en 1853 para forzar la apertura de Japón al comercio exterior, el pueblo ni siquiera aparecía en los mapas importantes. Fue esa misma insignificancia la que lo convirtió en la elección del gobierno shogunal para el primer puerto abierto: mejor que los extranjeros comerciaran en un lugar alejado de las grandes ciudades, sin contacto directo con la población establecida. El plan no funcionó exactamente como estaba previsto. En menos de un siglo, Yokohama era la segunda ciudad más grande de Japón.

Hoy Yokohama tiene casi cuatro millones de habitantes y funciona como ciudad independiente, no como suburbio de Tokio —aunque el tren las conecte en veinticinco minutos. Tiene su propio frente portuario, su propio Chinatown, sus propios jardines históricos y su propio carácter cosmopolita que la diferencia de la capital. Merece un día completo o, mejor todavía, quedarse a ver el skyline de Minato Mirai al atardecer: una de las vistas más impresionantes del área de Tokio.

Minato Mirai 21: el skyline del puerto del futuro

El nombre lo diseñaron a propósito: Minato Mirai significa "puerto del futuro siglo XXI". En los años ochenta, durante la burbuja económica japonesa, los antiguos astilleros Mitsubishi se reconvirtieron en un distrito moderno con rascacielos, parques, museos y centros comerciales. El resultado funciona mejor de lo que el nombre prometía.

El icono arquitectónico es la Landmark Tower: 296 metros de altura, inaugurada en 1993, que fue el edificio más alto de Japón hasta 2012. Su ascensor sube los 69 pisos hasta el Sky Garden en 40 segundos. Las vistas desde el mirador abarcan toda la bahía de Tokio, el puente de la bahía de Yokohama y, en días despejados, el monte Fuji al noroeste. El mirador tiene entrada de pago.

La Cosmo Clock 21 —la noria de 112 metros que fue la más alta del mundo en 1989 y que también funciona como reloj con iluminación que marca la hora— es, al caer la tarde cuando se enciende, uno de los elementos más fotogénicos del skyline.

El Nippon Maru —un velero de entrenamiento de 1930 reconvertido en museo— añade escala histórica al conjunto moderno. El paseo marítimo de Minato Mirai, con los rascacielos reflejados en el agua, es la mejor forma de orientarse en el frente portuario.

Los Akarenga: almacenes de ladrillo rojo

En el extremo norte del paseo, los Akarenga Warehouses son dos almacenes de ladrillo rojo construidos en 1911 como aduana del puerto. Sobrevivieron al Gran Terremoto de Kantō de 1923, sobrevivieron al uso militar durante la posguerra y sobrevivieron a la especulación inmobiliaria de los noventa, cuando estuvieron a punto de demolerse. En 2002 fueron restaurados como centro cultural y comercial con tiendas de artesanía, restaurantes y salas de exposición.

La arquitectura de ladrillo rojo de finales del siglo XIX —con sus arcos de ventanas y sus muelles de carga convertidos en terraza— tiene un encanto que los centros comerciales de vidrio y acero cercanos no alcanzan. Y el contraste entre los almacenes de ladrillo y los rascacielos de cristal al fondo es uno de esos gestos de ciudad que resumen mucho de lo que Yokohama quiso ser cuando decidió conservar este pasado mientras construía el presente.

El Chinatown de Yokohama: el más grande de Japón

El Chinatown de Yokohama es el más grande de Japón y uno de los más grandes del mundo fuera de China. Su historia comienza en 1859, cuando Yokohama abrió su puerto y los primeros comerciantes cantoneses, shanghaineses y de la provincia de Fujian llegaron para servir de intermediarios entre los mercaderes occidentales —que no hablaban japonés— y los japoneses —que no hablaban inglés ni inglés.

Ocupa unas quince manzanas densas en el centro de Yokohama y tiene cuatro puertas guardianas orientadas a los puntos cardinales, cada una dedicada a un dios tutelar chino diferente. El interior es un laberinto de calles estrechas con tiendas de comida, restaurantes, puestos de calle y farolillos rojos y dorados. El ambiente es completamente diferente al de cualquier barrio japonés: más colorido, más ruidoso, más perfumado.

Lo que comer: los nikuman (bollos al vapor de cerdo) y anman (con pasta de judía dulce) en los puestos de la calle, el pato laqueado que cuelga en los escaparates, el dim sum en las casas de té. El templo Kanteibyo, en el interior del barrio, está dedicado a Guan Yu —el general deificado como dios del comercio— con sus columnas rojas lacadas y las nubes de incienso permanentes.

El Chinatown está más orientado al ocio que al comercio mayorista: es ante todo una zona gastronómica y de entretenimiento. La calidad de la comida es buena y el ambiente es genuino en cuanto a las comunidades que lo habitan y lo mantienen.

El Jardín Sankeien: arquitectura trasplantada

Sankeien es uno de los jardines japoneses más singulares del país: no por el jardín en sí —que es hermoso, con estanques, colinas y senderos bien cuidados— sino por lo que alberga. Fue construido entre 1902 y 1906 por Tomitaro Hara, un comerciante de seda enriquecido en la primera era de apertura internacional, que decidió dedicar parte de su fortuna a preservar la arquitectura histórica japonesa amenazada.

La particularidad de Sankeien: sus edificios son reales y fueron físicamente trasladados desde sus emplazamientos originales en todo Japón. Hay una pagoda de tres pisos del siglo XIV procedente de Kioto. Una villa de té del siglo XVI. Una villa de retiro del período Edo. Casas de campo rurales. Pabellones de meditación. Todos funcionan como arquitectura viva, no como piezas de museo: algunos albergan ceremonias de té, otros se pueden visitar por dentro, otros simplemente componen el paisaje.

Pasear por Sankeien en una tarde de entre semana, cuando hay poca gente y los estanques reflejan los edificios, es una de las experiencias más tranquilas de Yokohama. En primavera, los cerezos y los ciruelos enmarcan los edificios históricos con una naturalidad que no necesita producción.

Sankeien está a unos veinte minutos del centro en autobús desde la estación de Yokohama.

Cómo combinar con Tokio

Yokohama está a veinticinco minutos de Tokio en tren expreso. La línea Tōkaidō desde la estación de Tokio y la línea Tōkyū Tōyoko desde Shibuya son las opciones principales. Ambas están cubiertas por la tarjeta IC, sin necesidad de comprar billete adicional.

Las opciones de combinación en el mismo día:

Yokohama como día completo desde Tokio. Salida temprana, Chinatown al mediodía (cuando está más animado), Minato Mirai por la tarde y el skyline al atardecer cuando las luces de la noria y los rascacielos se encienden sobre el agua. Vuelta a Tokio en el tren nocturno.

Yokohama + Kamakura. Desde la estación de Yokohama (no Shin-Yokohama), la línea Yokosuka lleva en treinta minutos a Kita-Kamakura y Kamakura, con el Gran Buda al aire libre y los templos de bambú. Kamakura de mañana, Yokohama de tarde: uno de los mejores días posibles en el área de Tokio.

Yokohama como base. Para quien quiere evitar el coste y la densidad de los hoteles de Tokio, Yokohama tiene alojamiento más accesible y el acceso a la capital en veinticinco minutos lo hace perfectamente viable como base de operaciones.

Yokohama y el 1859 que cambió Japón

La fecha de apertura del puerto de Yokohama —1859— es el punto cero de la historia moderna de Japón. Antes de ese año, el país llevaba más de dos siglos en un aislamiento deliberado: el shogunato Tokugawa había prohibido el comercio exterior y la entrada de extranjeros salvo en Nagasaki, y los japoneses tenían prohibido salir del país bajo pena de muerte.

Lo que Perry forzó con sus barcos de vapor armados en 1853 fue el fin de ese sistema. Los tratados que siguieron —primero el de Kanagawa (1854) y después el de Harris (1858)— abrieron varios puertos japoneses al comercio occidental. Yokohama fue el primero en operar, y su crecimiento en los sesenta años siguientes fue exponencial: de pueblo de pescadores a la segunda ciudad del país.

Los comerciantes extranjeros que llegaron a Yokohama —y que dejaron las ijinkan de Kitano en Kobe— también dejaron su huella en Yokohama: los Akarenga como almacén aduanero, el Chinatown como comunidad mercantil, los edificios de estilo colonial en el barrio de Yamate (el barrio alto de los extranjeros, en las colinas al sur). Yokohama es, en ese sentido, el museo más vivo de lo que fue la apertura de Japón al mundo occidental: no una colección de objetos sino una ciudad que funciona con el carácter que ese momento histórico le dio.

Consejos prácticos

Transporte interno. La línea Minato Mirai (metro) conecta la estación de Yokohama con Minato Mirai y el Chinatown en cinco a diez minutos. Los Akarenga están a cinco minutos a pie de la estación de Minato Mirai.

Sankeien. Llegar en autobús desde la estación de Yokohama (líneas 8 y 99, veinte minutos). No hay metro hasta allí. El jardín abre desde las nueve hasta las diecisiete (dieciséis y media el último acceso).

El atardecer en Minato Mirai. La noria Cosmo Clock 21 empieza a iluminarse cuando anochece. En verano (julio-agosto) eso es después de las diecinueve y media. En invierno, después de las dieciséis y media. El paseo marítimo con el skyline reflejado en el agua al atardecer es la imagen más fotogénica de Yokohama.