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Tokio en 5 días: la versión completa
Cinco jornadas para entender la ciudad, con excursión a Nikko o Kamakura
Cinco días en Tokio permiten bajar el ritmo, repetir los sitios que merecen una segunda visita y añadir las capas que el itinerario de dos días deja necesariamente fuera: los barrios más tranquilos, los museos que requieren tiempo propio, la gastronomía de mercado a primera hora de la mañana, y al menos una excursión de un día que amplíe el radio más allá de la metrópolis. Tokio en cinco días ya empieza a parecer comprensible. Empieza.
Este itinerario asume que se llega descansado el primer día (o con margen de recuperación del jet lag). El viaje desde Europa son doce o trece horas de vuelo con una diferencia horaria de siete u ocho horas. El primer día conviene dejarlo liviano, aunque sea tentador intentar verlo todo desde el principio.
Día 1: Asakusa, Skytree y primera noche en Shinjuku¶
El primer día sigue la lógica del despistado: un barrio que no abruma, un monumento vertical que da perspectiva, y una noche en el barrio más estimulante de la ciudad para calibrar el nivel de sobreestimulación que uno puede aguantar.
Mañana: Asakusa y Senso-ji. El templo más antiguo de Tokio, la Kaminarimon con su farol de cuatro metros, la Nakamise-dori con sus tiendas del siglo XVII, el quemador de incienso frente al pabellón principal. Una hora y media paseando sin prisa, comprando un onigiri en un conbini cercano para desayunar si aún no hay hambre de restaurante.
Tarde: Tokyo Skytree. Cruzar el río Sumida a pie desde Asakusa y subir a los miradores. Reserva online con antelación los fines de semana. El Tembo Galleria (450 metros) tiene una rampa en espiral con pared de cristal que produce vértigo genuino. La vista de Tokio desde ahí arriba —plana, infinita, sin montañas que la detengan salvo el Fuji al oeste en días despejados— es la mejor orientación geográfica que se puede tener.
Noche: Shinjuku. Primera cena en izakaya. Deambular por Kabukicho. Asomarse al Golden Gai si hay curiosidad por las barras diminutas con décadas de historia. Volver al hotel tarde.
Día 2: El Tokio viejo (Yanaka, Ueno, Akihabara)¶
Un día dedicado a recorrer el eje norte de la ciudad Yamanote, de barrio en barrio.
Mañana: Yanaka. El único barrio shitamachi superviviente de Tokio. Casas de madera, calles estrechas, talleres artesanos, más de setenta templos budistas, el cementerio donde duerme el último shogun. La calle Yanaka Ginza, la escalinata del atardecer (aunque sea por la mañana, la luz sobre los tejados vale la pena). Una hora y media.
Mediodía: Ueno. Museo Nacional de Tokio: las salas de grabados ukiyo-e, las armaduras samurái, las figuras haniwa. Comer en el mercado Ameyoko bajo las vías del tren: yakitori de pie con cerveza.
Tarde: Akihabara. Dos horas en Electric Town: el Radio Kaikan (electrónica bajo las vías del tren), una visita a Mandarake (ocho plantas de cultura pop japonesa), el paseo por la calle principal con sus carteles de anime de cuatro pisos.
Noche. Ramen en un local de barrio en Akihabara o Kanda Kajicho. La máquina de tickets, el cuenco en cinco minutos, el caldo que lleva treinta años perfeccionándose.
Día 3: Harajuku, Omotesando, Meiji y Shibuya¶
El día de la moda, la arquitectura y la energía joven de Tokio.
Mañana: Meiji y Yoyogi. Entrar al santuario Meiji por el gran torii de madera y caminar por el bosque artificial de cien años plantado por ciudadanos de todo Japón. Silencio, gravier crujiendo bajo los pies, cedros gigantes. Si es domingo, el parque Yoyogi tiene sus rockabillies de siempre: señores de cincuenta años con tupés enormes bailando rock de los años cincuenta con altavoz portátil.
Mediodía: Harajuku. La Takeshita-dori con sus subculturas de moda juvenil. Una crêpe gigante con plátano y nata porque no irse sin crêpe de Harajuku sería perderse parte del ritual. Luego Omotesando: el paseo lento por los flagships de diseño (Tod's de Toyo Ito, Prada de Herzog, Dior de SANAA, Omotesando Hills de Tadao Ando). Comer en un café de una calle lateral.
Tarde: Shibuya. El cruce. Observar desde el Shibuya Sky (en el Scramble Square, 229 metros) si se quiere la vista aérea, o desde el Starbucks del Q-Front si se prefiere a nivel de calle. Después, cruzar: entrar en la marea humana y salir al otro lado. Explorar el barrio de Daikanyama, a diez minutos a pie: la Tsutaya con su librería de diseño, las boutiques pequeñas.
Noche. Cenar en Shibuya o volver a Shinjuku.
Día 4: Excursión a Nikko o Kamakura¶
El cuarto día merece salir de Tokio. Nikko y Kamakura son las dos excursiones de un día más habituales desde la capital, y las dos requieren el JR Pass (o comprar los billetes de tren por separado).
Opción A: Nikko. Dos horas de tren desde Tokio (Shinkansen a Utsunomiya + tren local). Nikko concentra el santuario Tosho-gu (dedicado al shogun Tokugawa Ieyasu, con la Yomeimon o Puerta de la Luz del Sol cubierta de 508 tallas), el santuario Futarasan, el templo Rinno-ji, los famosos tres monos sabios (no ver el mal, no oír el mal, no hablar el mal), el gato dormido que en realidad está vigilante, y el dragón que llora (un fenómeno acústico real en el Honjido). Todo en medio de un bosque de cedros de cuatrocientos años con una avenida arbolada de 35 kilómetros de longitud. Nikko es el Japón barroco, recargado, desbordante: la antítesis del minimalismo zen de Kioto.
Hay un dicho japonés: "Nikko wo minai uchi wa kekkō to iu na". No digas que algo es espléndido hasta que no hayas visto Nikko. Kekkō significa espléndido y también se pronuncia como el nombre de la ciudad. Un juego de palabras que se aprende en el colegio. Las expectativas altas no decepcionan.
Opción B: Kamakura. Una hora en tren desde Tokio por la línea Yokosuka. La antigua capital samurái (1185-1333) tiene el Gran Buda de Kamakura al aire libre (13,35 metros de bronce, fundido en 1252), la Amida Nyorai que ha estado sentada mirando al vacío durante ocho siglos con la misma serenidad después de que el tifón del siglo XV destruyera la sala que lo cobijaba. También los templos Engaku-ji y Kencho-ji con sus jardines zen en silencio, el Hase-dera con sus miles de pequeñas estatuillas de Jizo cubiertas de gorritos rojos tejidos a mano (en memoria de los niños no nacidos), y la línea de tren Enoden, un tranvía de 1902 que pasa rozando las ventanas de las casas de los vecinos. Combinar Kamakura con una tarde en Yokohama permite ver el Gran Buda por la mañana y el skyline moderno del frente portuario de Yokohama por la tarde.
Día 5: Roppongi, Ginza y el Tokio de Tsukiji¶
El último día combina mercado, cultura y elegancia.
Mañana: Tsukiji. Llegar a Tsukiji a las nueve para el sushi de mercado. El mercado exterior sigue funcionando y los pequeños sushiya del Jogai Shijo siguen siendo el mejor sitio de Tokio para desayunar pescado recién cortado. El toro se deshace. Una de las experiencias más memorables del viaje.
Mediodía: Ginza y Nihonbashi. Pasear por Ginza de día (más sobria que de noche, más fácil de apreciar la arquitectura). El puente Nihonbashi, kilómetro cero de todas las carreteras del Japón desde el siglo XVII, con la autopista elevada construida en 1963 cruzando encima que los urbanistas japoneses llevan décadas intentando demoler y enterrar. La estación de Tokio, con su fachada de ladrillo rojo de 1914 restaurada en 2012.
Tarde: Roppongi Hills y Mori Art Museum. La araña Maman de Bourgeois a la entrada del complejo, el mirador de la Tokyo City View a 250 metros, el Mori Art Museum con sus exposiciones de arte contemporáneo japonés. El complejo es una demostración de lo que un promotor puede hacer cuando se le da diecisiete años y presupuesto sin límite aparente.
Última noche. Elegir entre el Shinjuku de siempre (la izakaya de barrio, la cerveza bajo el neón) o probar algo nuevo: el Yurakucho (el yakitori bajo las vías del tren entre Ginza y la estación de Tokio, uno de los ambientes más auténticos de la ciudad), o una última subida al mirador gratuito del Gobierno Metropolitano para despedirse de Tokio desde las alturas.
Consideraciones generales para cinco días¶
El JR Pass. Si la visita a Japón incluye otras ciudades (Kioto, Osaka, Hiroshima, Nikko), el JR Pass de siete días es una compra brillante: cubre todos los Shinkansen (excepto el Nozomi, el más rápido), los trenes JR de las ciudades y muchos ferries. Hay que comprarlo antes de salir de España y activarlo en Japón.
Base de alojamiento. Shinjuku y Shibuya son las zonas más prácticas para cinco días: acceso directo a la Yamanote (el tren circular que toca todos los barrios importantes) y a las líneas de Shinkansen para excursiones. Asakusa es la opción más característica si se prefiere estar en el barrio histórico, con la desventaja de estar algo más alejada del oeste de la ciudad.
Horarios. Tokio funciona a horas diferentes según el barrio. Los mercados de pescado y los templos son de primera hora de la mañana. Las tiendas de moda y los centros comerciales abren sobre las diez u once. Los restaurantes de ramen y las izakayas tienen su mejor momento entre las doce y las dos del mediodía y entre las siete y las diez de la noche. Los miradores son espectaculares al atardecer y por la noche. Planificar el día por franjas horarias, no solo por barrios, marca la diferencia.