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Paisaje, ciudad, monumento o escena de Macedonia.

Destinos · Macedonia del Norte · Ohrid

Las iglesias de Ohrid: patrimonio bizantino en la Jerusalén de los Balcanes

Guía para descubrir siglos de arte religioso concentrados en una sola ciudad

Lectura de 8 minutos

Hay ciudades que acumulan historia en capas visibles, donde cada siglo ha dejado una huella arquitectónica tan clara que recorrerla equivale a leer un libro de texto en piedra. Ohrid es una de esas ciudades, pero con un detalle que la hace única en los Balcanes: buena parte de esa historia se concentra en sus iglesias. Tantas que durante siglos se decía que había una para cada día del año, trescientas sesenta y cinco en total, lo que le valió el apodo de Jerusalén de los Balcanes. El número real es mucho menor hoy en día, pero incluso así, la concentración de arte religioso medieval por metro cuadrado sigue siendo extraordinaria.

La herencia de san Clemente y el origen de un centro espiritual

Para entender por qué Ohrid tiene tantas iglesias hay que remontarse al siglo IX, cuando san Clemente de Ohrid llegó a la ciudad y estableció aquí lo que muchos historiadores consideran la primera universidad de Europa. Clemente era discípulo de los santos Cirilo y Metodio, los creadores del alfabeto glagolítico que después evolucionaría hacia el cirílico, y su proyecto en Ohrid no era únicamente religioso sino también educativo: llegó a formar a más de 3.500 estudiantes en escritura, teología y lengua eslava.

Este impulso intelectual y espiritual convirtió a Ohrid en el centro del cristianismo ortodoxo eslavo durante varios siglos, atrayendo monjes, teólogos y donantes que financiaron la construcción de templos por toda la ciudad y sus alrededores. Cuando el Imperio Otomano tomó el control en el siglo XV, muchas iglesias fueron convertidas en mezquitas o abandonadas, pero otras sobrevivieron y con ellas los frescos medievales que hoy son el principal atractivo artístico de la ciudad.

Qué esperar antes de entrar: precios, horarios y consejos prácticos

Antes de hablar de las iglesias concretas conviene explicar cómo funciona el sistema de visitas, porque tiene varias particularidades que conviene conocer. La mayoría de los templos que se pueden visitar cobran entrada, con precios que rondan los 100-200 denares por iglesia (entre 1,50 y 3 euros). Existen tickets combinados que permiten acceder a varios templos a un precio conjunto mejor, y merece la pena preguntar en la primera iglesia que se visite si están disponibles ese día.

Los horarios son uno de los aspectos más imprevisibles de la visita. Las iglesias de Ohrid tienen fama de abrir y cerrar con una cierta informalidad: el horario publicado no siempre coincide con el real, y en temporada baja es frecuente encontrarse con puertas cerradas a horas en que deberían estar abiertas. La explicación es que en muchos casos el cuidador de la iglesia vive en las inmediaciones y hay que buscarlo; preguntar en el vecindario con un cortés "zdravo" suele dar resultado. Llevar alguna vela para ofrecer es un gesto bien recibido que a veces facilita el acceso incluso cuando la entrada oficial está cerrada.

Dentro de las iglesias, la fotografía está generalmente prohibida, o al menos restringida. Conviene respetar esta norma sin intentar saltársela, especialmente porque los frescos son obras de arte extremadamente delicadas que se han conservado durante siglos gracias al cuidado de generaciones de guardianes.

Santa Sofía: la catedral medieval que sobrevivió a los otomanos

La iglesia de Santa Sofía es el monumento más importante de Ohrid y uno de los más significativos de Macedonia del Norte en su conjunto. Construida en el siglo XI sobre los cimientos de una basílica paleocristiana anterior, fue durante siglos la sede del Arzobispado de Ohrid, una de las instituciones eclesiásticas más influyentes del mundo ortodoxo eslavo. Su arquitectura combina elementos bizantinos y románicos de una manera que no se encuentra en ningún otro edificio de la región.

Cuando los otomanos conquistaron Ohrid a finales del siglo XV, Santa Sofía fue convertida en mezquita y sus frescos, que cubrían prácticamente la totalidad de las paredes y la cúpula, fueron cubiertos con cal. Durante cuatro siglos permanecieron ocultos bajo ese enlucido blanco, lo que paradójicamente los preservó del deterioro que habría causado la luz y la humedad. No fue hasta el siglo XX cuando comenzaron los trabajos de restauración que devolvieron a la vista un conjunto de pinturas del siglo XI considerado uno de los testimonios más importantes del arte bizantino medieval.

La entrada al interior cuesta alrededor de 100 denares. La acústica excepcional del templo lo ha convertido en sede habitual de conciertos durante el Festival de Verano de Ohrid, y algunos viajeros apuntan que una de las mejores formas de experimentar el espacio es asistir a uno de esos eventos.

San Juan Kaneo: la imagen más icónica de Macedonia

Si hay una imagen que define Ohrid, y por extensión toda Macedonia del Norte, es la de la pequeña iglesia de San Juan Kaneo asomada sobre el acantilado con el lago extendiéndose detrás de ella. Es una de esas composiciones fotográficas que parecen diseñadas expresamente para ser fotografiadas, y sin embargo lleva ahí desde el siglo XIII sin haberse movido ni un centímetro.

La iglesia fue construida entre los siglos XIII y XIV en un promontorio de roca calcárea que cae directamente al lago, junto al final de el paseo de madera que bordea el acantilado desde el puerto. Su arquitectura es un ejemplo notable de la fusión entre el estilo bizantino y las influencias de la arquitectura armenia que llegaron a los Balcanes a través de las rutas comerciales medievales: la planta rectangular, la cúpula central elevada sobre un tambor hexagonal y los arcos ciegos de la fachada crean una combinación que resulta elegante incluso para quien no tiene especial interés en la historia del arte.

En los años sesenta del siglo XX se realizaron trabajos de restauración que recuperaron frescos del interior de la cúpula que habían permanecido ocultos durante siglos. El mirador que se alcanza subiendo un pequeño sendero detrás de la iglesia ofrece la vista más fotografiada de toda Macedonia: la iglesia en primer plano, el lago detrás, las montañas albanesas al fondo. Vale la pena armarse de paciencia porque el punto exacto donde convergen todos los elementos suele estar ocupado por otros visitantes, pero la espera merece la pena.

Santa María Peribleptos: los frescos más extraordinarios de la ciudad

Menos conocida fuera de los circuitos especializados que San Juan Kaneo o Santa Sofía, la iglesia de Santa María Peribleptos, también llamada iglesia de Santa Clemente, es para muchos entendidos en arte bizantino el verdadero tesoro de Ohrid. Construida en 1295 por los Progoni, un noble clan macedonio, alberga un conjunto de frescos del siglo XIV que los especialistas consideran una obra maestra del prerrenacimiento ortodoxo.

Lo que hace excepcionales estos frescos es su estilo: pintados en un momento en que el arte bizantino comenzaba a incorporar una mayor expresividad y humanismo en la representación de las figuras, anticipan en varias décadas los cambios que el Renacimiento italiano llevaría al extremo. Hay una escena de la Virgen en su lecho de muerte que los propios habitantes de Ohrid llaman la Capilla Sixtina macedónica, y aunque la comparación pueda parecer exagerada hasta que uno la ve, la escena tiene efectivamente una densidad emocional que resulta sorprendente para una pintura de finales del siglo XIII.

La guía habitual de la iglesia es una mujer con un conocimiento enciclopédico de las pinturas que ofrece explicaciones en inglés francamente notables. La entrada cuesta 100 denares y la visita incluye un recorrido comentado si se llega en el momento adecuado. La fotografía está prohibida en el interior.

El complejo de Plaoshnik: donde comenzó todo

El yacimiento arqueológico de Plaoshnik, situado en la ladera que baja desde la fortaleza de Samuel hacia el lago, es el lugar donde san Clemente estableció su monasterio y su escuela en el siglo IX. Lo que hoy se visita es una combinación de ruinas de diferentes épocas y una iglesia de nueva construcción que data de 2002, el monasterio de los Santos Clemente y Pantaleón, levantado sobre el emplazamiento exacto de la iglesia original que Clemente construyó y donde fue enterrado en el año 916.

Junto al monasterio se encuentran los restos de una basílica paleocristiana del siglo V en forma de trébol, la llamada Basílica Polikonhos, cuya planta con cuatro ábsides es un ejemplo único de arquitectura cristiana temprana en los Balcanes. El conjunto arqueológico permite ver cómo el mismo suelo ha sido sagrado de maneras diferentes durante quince siglos consecutivos, desde los primeros cristianos del Bajo Imperio Romano hasta los monjes medievales eslavos que convirtieron este lugar en el corazón intelectual de su mundo.

El Teatro Antiguo: cuando Ohrid era una ciudad griega

Aunque no es una iglesia, el Teatro Antiguo de Ohrid merece un lugar en cualquier recorrido por el patrimonio histórico de la ciudad. Construido en el siglo II antes de Cristo, es el único teatro helenístico conservado en Macedonia y uno de los poquísimos que sobreviven en toda la región de los Balcanes. Tenía capacidad para entre cuatro mil y cinco mil espectadores, lo que da una idea del tamaño e importancia de la ciudad griega de Lychnidos, que es el nombre que tenía Ohrid antes de la llegada de los eslavos.

Durante el período romano el teatro fue adaptado para albergar combates de gladiadores, algo que se hizo en muchos teatros griegos del Mediterráneo oriental durante esa época. Lo más llamativo es que hoy sigue en uso: cada verano el Festival de Verano de Ohrid programa representaciones en su escenario, y sentarse en esas gradas de piedra que llevan dos mil años en el mismo sitio mientras se escucha música o se ve una obra de teatro tiene algo de experiencia difícil de reproducir en cualquier otro lugar de Europa.