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El boardwalk de Ohrid: el paseo sobre el agua más bonito de los Balcanes
Una pasarela de madera que cambia por completo la forma de ver el lago
Hay momentos de viaje que no anticipas. Llegas a un lugar con unas expectativas razonables, has leído lo que había que leer, has visto las fotos, crees saber más o menos lo que te vas a encontrar, y entonces algo te descoloca por completo. El boardwalk de Ohrid fue eso para nosotros. No es que no supiéramos que existía, pero ninguna foto le hace justicia y ninguna descripción consigue transmitir la sensación de caminar sobre él por primera vez.
Qué es el boardwalk y dónde empieza¶
El boardwalk de Ohrid es una pasarela de madera construida sobre pilotes que se adentran en las aguas del lago, serpenteando a lo largo de la base de los acantilados de roca calcárea que separan el casco histórico de la pequeña aldea de Kaneo. Es, en esencia, el único camino terrestre que une el puerto de la ciudad vieja con la iglesia de San Juan Kaneo sin tener que remontar la colina, y esa función práctica ha acabado convirtiéndose en un atractivo por sí mismo que muchos visitantes consideran el punto más memorable de toda su visita a Ohrid.
El inicio de la pasarela está junto al puerto, donde el paseo marítimo deja paso a las primeras tablas de madera y el camino comienza a alejarse de la ciudad hacia el oeste, pegado a la base del acantilado. Desde el primer momento la perspectiva cambia radicalmente: a un lado la roca calcárea, a veces cubierta de vegetación que cuelga sobre el camino; al otro, el lago abriéndose hacia Albania con ese azul que en días soleados resulta casi irreal.
Caminar sobre el agua: la experiencia del recorrido¶
Lo que hace especial a este paseo no es un elemento concreto sino la suma de todos ellos funcionando a la vez. La madera cruje suavemente bajo los pies. El sonido de las pequeñas olas rompiendo contra los pilotes crea una banda sonora constante y relajante. En algunos tramos el camino se eleva varios metros sobre la superficie del lago, lo que permite mirar hacia abajo y ver el fondo con una claridad que resulta desconcertante en un lago de estas dimensiones. En otros tramos el agua está tan cerca que, si hay algo de viento, las olas salpican ligeramente los bordes de la pasarela.
La roca del acantilado acompaña todo el recorrido desde la derecha, con texturas y colores que cambian continuamente: ocre, gris, blanquecino, con pequeñas cuevas y grietas que en algún punto esconden incluso una pequeña puerta y una torre que merece la pena buscar con la mirada. La paleta de colores del conjunto —el azul del lago, el ocre de la roca, el marrón cálido de la madera— tiene algo de postal perfectamente compuesta, con la diferencia de que la postal está a tus pies y tú estás caminando dentro de ella.
A lo largo del recorrido hay varios bancos estratégicamente colocados en los puntos con mejores vistas, perfectos para sentarse a contemplar el lago o simplemente para dejar que el momento dure un poco más. No hay prisa posible en el boardwalk: el camino invita a pararse, a mirar, a escuchar.





La revelación de San Juan Kaneo¶
El acantilado que acompaña el recorrido no es recto sino que serpentea, y esas curvas tienen una consecuencia que solo se comprende al caminar: la iglesia de San Juan Kaneo permanece oculta prácticamente durante todo el trayecto. No hay vista progresiva ni silueta que crece poco a poco en el horizonte. El boardwalk avanza entre la roca y el agua sin revelar adónde lleva, hasta que cerca del final el camino dobla una última curva y la iglesia aparece de golpe, perfecta sobre su peña, suspendida entre el acantilado y el lago. Es una revelación, no un crescendo, y resulta mucho más impactante así. Ese elemento de sorpresa es difícil de conseguir hoy en día en cualquier destino turístico, y el boardwalk de Ohrid lo regala sin que nadie lo haya planificado.
Al final de la pasarela el camino se abre a la pequeña zona de Kaneo, con un puñado de restaurantes y casas de huéspedes asomadas al lago y una pequeña playa de piedras donde en verano los locales se bañan. Es aquí donde la mayoría de los visitantes hacen una pausa antes de subir por el sendero que lleva hasta la iglesia y el mirador.
Qué cambia según la época del año¶
Nosotros recorrimos el boardwalk en navidades, con el lago en calma total, el aire limpio y frío de la montaña, y la pasarela prácticamente para nosotros solos. Fue una experiencia extraordinariamente tranquila, casi meditativa. Pero el boardwalk cambia de carácter completamente según el momento en que se visite.
En verano la zona se transforma en uno de los puntos más animados de Ohrid. La playa de Potpesh, en un tramo intermedio del recorrido, se llena de bañistas y tumbonas de alquiler. Los restaurantes de Kaneo sacan sus terrazas al borde del agua y el ambiente es festivo y mediterráneo. Las olas del verano, más frecuentes por el viento del sur, salpican con más energía los bordes de la pasarela, lo que añade un punto de imprevisibilidad al paseo. Al atardecer, cuando la luz del sol rasante convierte el lago en una superficie de cobre y lavanda, el boardwalk se convierte según dicen los que lo han vivido en uno de los espectáculos más bonitos de toda Macedonia.
De noche, el paseo se ilumina con unas farolas en forma de casita, las mismas que se encuentran en las calles del centro histórico, que crean una atmósfera completamente diferente a la del día y que merecen por sí solas una vuelta nocturna si se pernocta en la ciudad.
Un detalle práctico: el taxi en barco¶
Para quienes no quieran repetir el recorrido en sentido inverso —o simplemente quieran añadir una perspectiva diferente—, existe la opción de volver al puerto en uno de los pequeños taxis acuáticos que operan desde la base de la iglesia de San Juan Kaneo. El precio ronda los 300 denares por persona y el trayecto, breve pero con unas vistas extraordinarias de la iglesia y los acantilados desde el agua, es una forma magnífica de cerrar el recorrido. Los mismos barqueros suelen ofrecer una extensión del trayecto que bordea la punta del acantilado para ver las cuevas y playas naturales al norte de Kaneo, por un precio adicional de unos 200 denares más.
Por qué el boardwalk merece un artículo propio¶
En cualquier otra ciudad europea, una infraestructura así tendría nombre propio en todas las guías, cola de visitantes y precios de entrada. En Ohrid es simplemente el camino que lleva a la iglesia, gratuito y accesible a cualquier hora, sin más protocolo que poner un pie delante del otro. Esa normalidad con la que la ciudad convive con algo tan extraordinario dice mucho de Ohrid y, en cierto modo, es parte de su encanto. El boardwalk no se presenta como una atracción: es simplemente el sitio por donde pasa la gente para ir de un lado a otro, y precisamente por eso resulta tan genuino.
Si tuviera que elegir un único recuerdo de todo lo que vimos en Macedonia del Norte, probablemente elegiría ese momento en que la silueta de San Juan Kaneo empezó a crecer frente a nosotros mientras caminábamos sobre el agua, con el lago al fondo y el crujido de la madera bajo los pies. No es el monumento más antiguo ni el más importante. Pero es, sin duda, el más emocionante.