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El paseo marítimo de Marsaxlokk con los luzzus de colores amarrados frente al mercado dominical.

Destinos · Malta

Qué ver en el sur de Malta: Marsaxlokk, el Blue Grotto y los templos megalíticos

Guía del sur de Malta: el mercado dominical de Marsaxlokk y sus luzzus, la piscina natural de St Peter's Pool, el paseo en barca del Blue Grotto, los templos de Ħaġar Qim y Mnajdra y el hipogeo de Ħal Saflieni. Con líneas de autobús, precios, horarios y cómo repartirlo para no pasar el día en la carretera.

Lectura de 11 minutos

Qué ver en el sur de Malta

El sur es la parte de Malta que menos gente recorre y la que mejor conserva el país real: pueblos de pescadores, campos de labor, una industria portuaria que nadie fotografía y, entremedias, algunos de los templos más antiguos del mundo. Aquí está el mercado más famoso de la isla, la mejor excursión en barca y el conjunto megalítico que hay que reservar con meses de antelación. Esta guía cuenta qué ver, cuánto cuesta, cómo llegar en autobús y cómo repartirlo para que la jornada no se convierta en un vía crucis de transbordos.

Un sur distinto del resto de la isla

Conviene ajustar expectativas antes de bajar del autobús. El sur maltés no es la costa turística de Sliema y San Julián ni las bahías de arena del norte: es la zona donde está el puerto franco, la central eléctrica, la terminal de gas y buena parte del tejido industrial del país, todo ello conviviendo a pocos metros de calas preciosas y de yacimientos prehistóricos. Esa mezcla desconcierta a quien llega esperando una postal, y es justamente lo que hace la zona interesante.

También es la parte más maltesa en el sentido cultural. Aquí se habla menos inglés en la calle, se come más barato, las fiestas patronales se viven con una intensidad notable y la política se discute en el bar sin disimulo. Malta es un país pequeño donde las elecciones movilizan a una proporción de población que en el resto de Europa sería impensable, y en estos pueblos se nota.

Y es, sobre todo, la zona con más prehistoria por metro cuadrado del Mediterráneo. Los templos megalíticos malteses se levantaron entre el 3600 y el 2500 antes de Cristo, son anteriores a las pirámides de Egipto y a Stonehenge, y los tres conjuntos más importantes de la isla grande están todos aquí abajo.

Marsaxlokk y su mercado dominical

Marsaxlokk es un pueblo pesquero de unos tres mil habitantes al que todo el mundo va en domingo, y con razón. El mercado se extiende a lo largo de todo el paseo marítimo, ocupa varios cientos de metros y vende de todo: pescado, verdura, ropa, souvenirs, miel local y esa mermelada de cebolla que acompaña medio recetario maltés. Su origen es estrictamente pesquero y el domingo sigue siendo el día grande, aunque el puesto de pescado ha ido perdiendo peso frente al textil y al bazar. Hay mercadillo también entre semana, más pequeño y más local, para quien no pueda ir en domingo.

El consejo importante es de horario: hay que llegar temprano. Entre las siete y media y las ocho y media se ve el mercado de pescado de verdad, con los pescadores descargando; a partir de las once el paseo se satura de grupos y a mediodía el sol sobre un paseo sin sombra es implacable. Desde La Valeta se llega con las líneas 81 y 85, y los domingos hay además una línea directa, la TD10, que tarda menos pero cuesta el doble y no está incluida en las tarjetas Explore. Desde el aeropuerto, la 119.

El telón de fondo son los luzzus, esas barcas de colores con un ojo pintado en la proa que salen en todas las fotos de Malta. El ojo no es decorativo: es una herencia fenicia, el ojo de Osiris o de Horus según a quién se pregunte, que protege al pescador de la mala fortuna y le señala el camino de vuelta a casa. Tres mil años de continuidad en una barca de fibra amarrada frente a una terraza donde sirven cerveza local. La bahía es la mayor del sur de la isla y ha visto pasar la flota otomana que sitió Malta en 1565, el desembarco de Napoleón en 1798 y, ya en 1989, la cumbre entre Bush y Gorbachov, celebrada a bordo de barcos fondeados aquí en medio de un temporal descomunal y con la que muchos dan por terminada la Guerra Fría. No está mal para un pueblo de tres mil habitantes.

Una advertencia honesta: al fondo de la bahía se ve la terminal de gas y la central eléctrica, y no hay ángulo que las esconda del todo. Quien vaya buscando un pueblo de postal intacto se llevará un chasco; quien acepte la mezcla, disfrutará del sitio. Para comer, los restaurantes del paseo son correctos pero caros para lo que ofrecen; un par de calles hacia dentro se come mejor y más barato.

St Peter's Pool, solo si te vas a bañar

A unos treinta o cuarenta minutos andando desde Marsaxlokk, en dirección a la punta de Delimara, está St Peter's Pool, una piscina natural excavada por el mar en la roca caliza junto al faro decimonónico. La caminata tiene cuestas arriba y abajo, no hay apenas sombra y en verano el sol pega de verdad, así que mucha gente prefiere el taxi acuático que sale del propio puerto de Marsaxlokk, una opción que uno agradece más de lo que espera.

La cala es innegablemente bonita, con la piedra blanca pulida por el oleaje formando plataformas naturales sobre un agua de un azul casi irreal, y es uno de los mejores sitios de la isla para saltar desde las rocas. Pero seré claro: si no llevas intención de bañarte, no compensa el esfuerzo. Es un sitio para pasar la mañana entera con toalla, nevera y bocadillo, no para mirar cinco minutos y darse la vuelta.

Quien vaya, que lo haga temprano y con calzado que agarre, porque la roca resbala mojada, no hay ni una sombra natural y a mediodía en verano aquello se llena. Y que tenga presente que no hay servicios de ningún tipo: ni chiringuito fiable, ni agua, ni sombrillas de alquiler más allá de lo que monte algún espabilado en temporada alta.

El Blue Grotto y el paseo en barca

En la costa suroeste, junto al pueblecito de Wied iż-Żurrieq, está la Gruta Azul, que en realidad no es una gruta sino un conjunto de cuevas marinas bajo un arco natural de piedra, frente al islote deshabitado de Filfla. La visita consiste en un paseo en barca de unos veinticinco o cuarenta minutos que entra en varias cavernas, donde la luz reflejada en el fondo arenoso tiñe el agua de azules fosforescentes y de tonos morados y anaranjados según la cueva.

Las barcas salen del embarcadero del pueblo, cuestan en torno a ocho o diez euros por persona, funcionan todo el año y no hace falta reservar: se compra el billete allí mismo. Ahora bien, hay dos condiciones que deciden si la visita sale bien. La primera es la hora: por la mañana, más o menos entre las nueve y las once, es cuando la luz entra en las cuevas y cuando el color aparece de verdad; por la tarde el efecto se pierde. La segunda es el mar: en cuanto se levanta oleaje las barcas se quedan amarradas, a menudo sin aviso previo y sin información fiable en internet, así que conviene tener un plan B.

Aunque no se navegue, la parada merece la pena. Desde el mirador de la carretera, unos metros antes de bajar al pueblo, se ve el arco natural entero con el mar debajo, y esa vista no cuesta nada. Se llega desde La Valeta con la línea 74, directa hasta Wied iż-Żurrieq, y también pasa por la zona la 201; la parada Panorama deja a unos minutos andando del mirador.

Ħaġar Qim y Mnajdra

A diez minutos a pie del Blue Grotto están dos de los templos megalíticos más importantes del mundo, y para mí son la visita más impresionante de todo el sur. Ħaġar Qim se levantó entre el 3600 y el 3200 antes de Cristo, con bloques de piedra caliza globigerina de los que uno solo pesa cerca de sesenta toneladas, y Mnajdra, quinientos metros ladera abajo, es algo posterior y está plantado en una terraza sobre el acantilado, mirando al mar y a Filfla.

Lo asombroso de Mnajdra es la precisión astronómica. Su templo sur está orientado de manera que en los equinoccios el primer rayo de sol atraviesa el eje del pasillo principal, y en los solsticios ilumina los bordes de dos megalitos concretos. Es un calendario de piedra construido por una sociedad sin escritura mil años antes que Stonehenge, y sigue funcionando. Ambos conjuntos están protegidos por unas carpas blancas de aspecto discutible que evitan que la piedra se siga erosionando, y que uno agradece cuando comprueba lo que el viento y la lluvia habían hecho con ellas.

La entrada, gestionada por Heritage Malta, incluye los dos yacimientos y un centro de interpretación con audiovisual, y ronda los diez euros. Abren todos los días de nueve a cinco, con última admisión media hora antes, y no hay una sola sombra en el recorrido exterior, así que gorra y agua. Se llega con las mismas líneas que al Blue Grotto, bajándose una parada antes.

El hipogeo de Ħal Saflieni y Tarxien

Esto no es exactamente el sur profundo, sino la zona de Paola, pegada al Gran Puerto, pero encaja en la misma jornada y hay que mencionarlo por una razón práctica: es la visita de Malta que exige planificación con más antelación.

El hipogeo de Ħal Saflieni es un templo subterráneo excavado en la roca en tres niveles, en uso entre el 4000 y el 2500 antes de Cristo, donde se encontraron los restos de miles de personas y donde está la célebre Dama Durmiente. Es Patrimonio de la Humanidad, es único en el mundo y para conservarlo se limita la entrada a unas ochenta personas al día en grupos con horario fijo. La entrada ronda los cuarenta euros y hay que reservarla con dos o tres meses de antelación en la web de Heritage Malta; se liberan unas pocas plazas de última hora a precio más alto, pero contar con ellas es jugársela.

A cinco minutos andando están los templos de Tarxien, mucho menos conocidos y sin problema de plazas, con los relieves en espiral y la estatua colosal que se encontraron en el mismo yacimiento. Y hacia Birżebbuġa, la cueva de Għar Dalam, donde aparecieron huesos de hipopótamos y elefantes enanos junto a los restos de los primeros pobladores de la isla; una visita corta, barata y curiosa, muy cerca de Pretty Bay, esa playa de arena con el puerto franco de contenedores como telón de fondo que resume el sur mejor que ninguna otra imagen.

Cómo repartir la jornada

Aquí está la parte práctica que decide si el día sale bien. El sur se divide en dos bloques que están cerca en el mapa pero mal conectados entre sí en autobús: el bloque este, con Marsaxlokk, St Peter's Pool, Birżebbuġa y Għar Dalam, y el bloque oeste, con el Blue Grotto, Ħaġar Qim y Mnajdra. Ir de uno a otro en transporte público puede llevar hora y media larga, porque casi no hay líneas transversales y muchas combinaciones obligan a subir hasta La Valeta o el aeropuerto para volver a bajar.

Así que hay tres opciones razonables. La primera, dedicar la jornada a un solo bloque y hacerlo con calma. La segunda, hacer los dos pero uniéndolos con un taxi o un Bolt, que en ese trayecto ronda los diez o quince euros y ahorra más de una hora. Y la tercera, si el domingo es el día del mercado y no se quiere renunciar a nada, madrugar de verdad: mercado a primera hora, salida de Marsaxlokk sobre las once y Blue Grotto y templos por la tarde, asumiendo que la luz de las cuevas ya no será la mejor.

Sobre la temporada, el sur se disfruta más fuera de julio y agosto, porque casi todo el recorrido es a cielo abierto y sin sombra. Y una advertencia general que vale para toda la isla: los autobuses acumulan retrasos, así que conviene calcular que cualquier trayecto puede costar el doble de lo previsto y salir siempre antes de lo pensado, sobre todo con visitas que cierran a las cinco. Los horarios, las tarjetas y los bonos están explicados con detalle en la guía de transporte público en Malta.

Los precios y horarios que aparecen en este artículo corresponden a 2026 y pueden variar según la temporada. Conviene confirmarlos en las webs de Heritage Malta y Malta Public Transport antes de viajar.