
Qué ver en el norte de Malta: playas, Popeye Village y la Laguna Azul
Guía del norte de Malta: las playas de arena de Għadira, Golden Bay y Għajn Tuffieħa, el pueblo de Mellieħa y sus refugios, la Torre Roja, Popeye Village y su mirador gratuito, St Paul's Bay y la excursión a Comino y la Laguna Azul. Con precios de 2026, líneas de autobús y cuándo compensa cada cosa.
Qué ver en el norte de Malta¶
El norte es la Malta de las vacaciones: aquí están las pocas playas de arena que tiene el país, la mayoría de los hoteles familiares, el embarcadero desde el que se va a Gozo y a Comino, y el decorado de cine más fotografiado de la isla. Es también la zona con la peor prensa entre los viajeros que buscan historia y monumentos, y en parte con razón. Esta guía cuenta qué merece la pena de verdad, qué se puede ver gratis, cuánto cuesta lo que se paga y cómo llegar a cada sitio en autobús.
Un norte para bañarse, no para hacer cola en museos
Conviene saber a qué se va. Al norte de la línea que va de Buġibba a Mġarr, el paisaje cambia: aparecen colinas más abiertas, valles agrícolas, bahías amplias y una costa mucho menos edificada que la del centro. No hay aquí nada comparable a La Valeta ni a Mdina, ni ningún yacimiento del calibre de los del sur. Lo que hay es playa, mar y excursiones marítimas.
Eso lo convierte en la zona ideal para dos perfiles muy concretos: quien viaje con niños y quiera un viaje de piscina, arena y actividades, y quien quiera combinar dos o tres días de cultura con un par de jornadas de descanso. También es la base natural de quien vaya a hacer excursiones a Gozo y Comino, porque la terminal de ferris de Ċirkewwa está justo aquí arriba.
La contrapartida es que la zona de Buġibba y Qawra, donde se concentra buena parte del alojamiento barato, es urbanísticamente bastante desordenada, con bloques de apartamentos, restaurantes con cartas en cinco idiomas y poco encanto local. Mellieħa, un poco más al norte y en alto, es una alternativa mucho más agradable para dormir.
Mellieħa, el pueblo del norte
Mellieħa está encaramada a una colina con vistas a la bahía y es el pueblo con más carácter de toda la zona. Su santuario de la Virgen, excavado en parte en la roca, guarda un fresco que la tradición atribuye a san Lucas y es lugar de peregrinación desde hace siglos; encima se levanta la parroquia decimonónica, que domina el paisaje desde la carretera.
Debajo del pueblo hay algo que casi nadie visita y que merece la pena: los refugios antiaéreos. Son galerías excavadas a mano en la roca durante la Segunda Guerra Mundial, con habitaciones familiares, una sala de partos y letrinas, donde la población se metía durante los bombardeos. Malta fue el lugar más bombardeado del conflicto por su posición estratégica, y recorrer estos túneles explica mejor esa historia que cualquier museo con vitrinas.
Al pie del pueblo se extiende Għadira Bay, la playa de arena más grande de Malta. Es amplia, de aguas poco profundas y con todos los servicios, ideal con niños y absolutamente llena en verano; detrás hay una reserva natural con humedales y observatorio de aves que en primavera y otoño está bastante bien. Desde La Valeta se llega con las líneas 41, 42 y 49; desde Sliema con la 222 y desde Buġibba con la 221.
Popeye Village: el decorado que nunca se desmontó
En Anchor Bay, a unos minutos de Mellieħa, está el conjunto de casitas de madera de colores que sale en todas las fotos. No es una aldea de pescadores reconvertida, como parece de lejos: es un decorado de cine. Se construyó entre 1979 y 1980 para el Popeye de Robert Altman protagonizado por Robin Williams, se trajeron troncos desde Holanda y tejas de madera desde Canadá, y en la obra participó medio pueblo de Mellieħa. Cuando terminó el rodaje, a alguien se le ocurrió que en lugar de derribarlo se podía cobrar entrada, y hoy es un parque temático familiar.
Los precios de 2026 son estos: veinticinco euros por adulto en temporada alta, del 1 de junio al 30 de septiembre, y dieciséis para niños de tres a doce años y jubilados; dieciocho euros en temporada media, en mayo y del 1 de octubre al 5 de noviembre; y algo menos en invierno. La entrada incluye todo lo de dentro: el decorado, los paseos en barca por la bahía, las funciones de animación con los personajes, el museo del cómic, el documental del rodaje, el minigolf y, en verano, las piscinas, el circuito hinchable de agua y las hamacas.
Mi valoración es la misma que la de mucha gente que ha estado: como atracción interesa sobre todo si se viaja con niños, y a veinticinco euros por cabeza en agosto solo compensa si se va a pasar el día entero aprovechando el baño y las actividades. Para un adulto que solo quiera ver las casitas y hacer la foto, es caro.
Y aquí está el consejo que justifica esta sección: la vista más famosa del sitio es gratis. Desde el mirador de la carretera, unos metros antes de bajar al aparcamiento, se ve la bahía entera cerrada por acantilados, el agua turquesa y el pueblo de colores encajado al fondo. Al atardecer, con el sol cayendo justo detrás, es uno de los puntos más fotogénicos de Malta y verlo desde ahí no cuesta un céntimo. En autobús, la única línea que para en la puerta es la 101, que une Ċirkewwa con el pueblo de Mġarr y pasa una vez por hora; lo habitual es llegar primero a Għadira y transbordar allí.
Las playas: Golden Bay, Għajn Tuffieħa y las demás
Malta tiene muy poca arena y casi toda está aquí arriba. La más accesible después de Għadira es Golden Bay, una bahía dorada rodeada de acantilados bajos, con hotel, servicios y aparcamiento, a la que llega el autobús directo desde varias zonas y que en verano se llena pronto.
Justo al lado, separada por un promontorio, está Għajn Tuffieħa, y es bastante mejor. Para bajar hay que descender más de un centenar de escalones, y ese pequeño esfuerzo filtra a la mitad de la gente: la arena es más rojiza, el entorno está mucho menos urbanizado y desde el promontorio que las separa hay una de las mejores vistas de costa de la isla. La siguiente cala, Ġnejna, es aún más tranquila y tiene el encanto añadido de los boathouses, esas casetas de pescadores excavadas en la roca.
En el extremo norte quedan Paradise Bay, pequeña y encajada entre rocas junto a la terminal de ferris, y Armier, más popular entre los propios malteses. Un aviso general para todas: en julio y agosto conviene ir temprano, no solo por sitio sino porque el autobús de vuelta a media tarde va a rebosar de gente que baja de la playa, y esa es una de las escenas menos agradables del transporte público maltés.
La Torre Roja y las vistas del canal
En lo alto del acantilado de Marfa, dominando el canal que separa Malta de Comino y Gozo, está la Torre de Santa Águeda, conocida por todos como la Torre Roja por el color de su cal. La mandó levantar el gran maestre Lascaris en 1649 como parte de la red de torres costeras que permitía transmitir señales de humo de punta a punta del país en cuestión de minutos, un sistema de alerta temprana bastante sofisticado para la época.
Se puede visitar por un precio simbólico y lo interesante no es tanto el interior, austero, como la azotea: desde ahí se ve el canal entero, con Comino en medio y la costa de Gozo detrás, y se entiende de un vistazo la geografía del archipiélago. Está en mitad de una zona de campo y matorral, sin sombra, y se llega andando desde la carretera principal en unos veinte minutos.
Alrededor se extiende el parque nacional de Majjistral, la única zona protegida de este tipo en Malta, con senderos por la costa que fuera del verano son un plan excelente: acantilados, campos en terrazas, salinas antiguas y ni un edificio a la vista.
St Paul's Bay, Buġibba y la bahía del naufragio
La bahía de San Pablo es donde la tradición sitúa el naufragio del apóstol camino de Roma, en el año 60. El episodio se cuenta en los Hechos de los Apóstoles, y de ahí arranca, según los malteses, el cristianismo de la isla, algo que ha marcado la identidad del país hasta hoy. Frente a la costa están los islotes de San Pablo, con una estatua del santo plantada encima, y desde el paseo se ven perfectamente.
El pueblo original, St Paul's Bay, conserva un núcleo pequeño con casitas junto al agua y bastante encanto a última hora del día. Lo que ha crecido a su alrededor, Buġibba y Qawra, es otra cosa: la zona hotelera más grande y menos agraciada del país, con paseo marítimo, restaurantes turísticos y una plaza central donde ha aparecido, curiosamente, un pequeño yacimiento megalítico. Ahí están el Acuario Nacional, que funciona bien con niños, y varias de las bases desde las que salen excursiones en barco.
Un poco más al sur, la bahía de Salina conserva las salinas históricas de los Caballeros, cuadrículas talladas en la roca que todavía se ven desde la carretera, y un paseo agradable entre tamarindos. Y hacia el interior, el palacio de Selmun y la bahía de Mistra ofrecen un contrapunto rural a diez minutos de los bloques de apartamentos.
Comino y la Laguna Azul
La excursión estrella del norte es Comino, una isla de tres kilómetros cuadrados casi deshabitada, con una torre de vigía del siglo XVII y un puñado de senderos. Su fama se la debe a la Laguna Azul, un brazo de mar poco profundo entre Comino y el islote de Cominotto donde el fondo de arena blanca vuelve el agua de un turquesa que parece retocado.
Se llega en barco desde Ċirkewwa, con travesías de veinte o veinticinco minutos y billetes de ida y vuelta que rondan los quince euros, y también en excursiones organizadas desde Sliema, Buġibba o Mellieħa, más caras y con más horas de barco. Los últimos regresos suelen ser entre las cinco y las siete de la tarde según el operador, así que conviene confirmarlo antes de quedarse.
Y toca ser honesto: en julio y agosto la Laguna Azul está masificada hasta lo absurdo, con miles de personas al día en una cala pequeña, hamacas ocupando la roca y colas para volver. Fuera de temporada alta, en cambio, sigue siendo un sitio extraordinario. Quien vaya en verano y quiera disfrutarlo tiene dos salidas: coger el primer barco de la mañana o alejarse andando hasta las calas del otro lado de la isla, empezando por la Laguna Cristalina, que está a un paseo corto y recibe una fracción de la gente.
Cómo organizar la zona
El norte se recorre mal en excursiones sueltas desde el centro y muy bien si se duerme aquí. Desde Sliema o San Julián, llegar a Għadira o a Ċirkewwa se lleva una hora larga de autobús, y volver a media tarde en verano es incómodo. Si el plan del viaje incluye playa, dos noches en Mellieħa resuelven la logística de golpe y dejan a mano las playas, Popeye Village, la Torre Roja y el ferry.
Para una jornada suelta, la combinación que mejor funciona es Mellieħa por la mañana con sus refugios, playa o Popeye Village a mediodía y el mirador de Anchor Bay al atardecer. Si lo que interesa es Comino, ese día no da para nada más: barco temprano, día de baño y vuelta.
Y una recomendación final que va en contra de la costumbre: este es el único artículo de la serie donde alquilar coche compensa de verdad. Las playas están mal conectadas entre sí, las líneas transversales son escasas y en verano los autobuses van llenos. Con coche, el norte se ve en dos jornadas cómodas; sin él, hay que elegir.
Los precios y horarios que aparecen en este artículo corresponden a 2026 y pueden variar según la temporada. Conviene confirmarlos en las webs oficiales antes de viajar.