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Moliceiros de proa alzada y popas pintadas con colores vivos amarrados en el Canal Central de Aveiro, con las fachadas del centro reflejándose en el agua.

Destinos · Portugal · Norte de Portugal

Aveiro en un día desde Oporto: qué ver y por qué no es la Venecia portuguesa

Aveiro está a poco más de una hora de tren de Oporto y llega precedida de una etiqueta que le hace más daño que favor. Sus canales no se excavaron para pasear góndolas, sino para sacar sal y recoger algas, y entender eso cambia por completo la visita. Este es el itinerario de un día por la ciudad del Art Nouveau, los moliceiros y las salinas, sin comparaciones grandilocuentes.

Lectura de 9 minutos

La etiqueta que estorba

Aveiro es la excursión más popular desde Oporto después de Guimarães y también la más discutida, y creo que el problema no está en la ciudad sino en cómo se vende. Llamarla "la Venecia portuguesa" crea una expectativa que ningún sitio del mundo puede cumplir salvo Venecia, y quien llega buscando eso vuelve decepcionado por comparación. Quien llega buscando Aveiro, en cambio, se lo pasa muy bien.

La diferencia no es cosmética, es de fondo. Los canales de Aveiro no se construyeron para el transporte urbano ni para articular una ciudad sobre el agua. Se excavaron para explotar la sal de la ría y para recoger el molico, el alga marina que durante siglos se usó como abono agrícola en toda la comarca. Los moliceiros, esas barcas de proa alzada y popa pintada que hoy pasean turistas, eran embarcaciones de trabajo agrícola. La función era industrial, no ornamental, y por eso el entramado de canales no se parece en nada al veneciano.

Entender esto es lo que convierte una visita correcta en una visita interesante, porque explica también todo lo demás: el Art Nouveau de las fachadas, la prosperidad de finales del XIX, las conserveras, la propia forma de la ciudad. Aveiro tiene una historia genuina y bastante peculiar. No necesita apoyarse en la de otro sitio.

Cómo llegar desde Oporto

El tren sale de São Bento, para en Campanhã y tarda algo más de una hora, con salidas aproximadamente cada hora durante todo el día. El billete cuesta pocos euros y no requiere reserva previa, así que no hay que madrugar ni planificar con antelación: se llega a la estación, se saca el billete y se espera al siguiente. Es probablemente la excursión más cómoda de organizar de todas las que se hacen desde Oporto.

El trayecto va hacia el sur en paralelo a la costa, aunque sin vistas al mar, y la densidad urbana de Oporto va dando paso a campos de cultivo, pueblos pequeños y alguna zona industrial dispersa. Al llegar, la estación de Aveiro tiene su propia versión de azulejos monumentales en el edificio antiguo, un anticipo de lo que espera en la ciudad, y desde ahí son unos quince minutos caminando hasta el centro.

Y aquí una ventaja que se agradece más de lo que parece: Aveiro es completamente llana. Después de varios días de cuestas en Oporto, una ciudad que se recorre entera a pie sin un solo desnivel es un descanso físico real. No hace falta transporte urbano para nada.

La mañana: el Art Nouveau y el centro

El paseo desde la estación ya funciona como visita, porque en ese tramo empiezan a aparecer los edificios que hacen especial a Aveiro: fachadas con motivos florales, balcones de hierro trabajados, azulejos de colores en composiciones que no tienen nada que ver con la azulejería tradicional portuguesa. Es Art Nouveau de principios del siglo XX, la huella visible de una época en la que la sal, el molico y las conservas daban para esos alardes.

La zona norte del centro es donde se concentra lo mejor de ese modernismo. Ahí está el Museu de Arte Nova, instalado en una de las casas más representativas del estilo, con una cafetería en la planta baja que es en sí misma parte de la visita, y en las calles cercanas se encadenan la Casa dos Ovos Moles, el antiguo Hotel As Américas y varias fachadas más que merecen la parada. Es un recorrido de un par de horas que se hace mirando hacia arriba constantemente.

Bajando hacia el centro aparecen el Teatro Aveirense, la iglesia de São João con su fachada barroca y el Museu de Aveiro, instalado en el antiguo Convento de Jesus, que guarda el sepulcro de la princesa Santa Joana y una notable colección de arte sacro. Si no te apetece entrar a museos, la fachada del convento ya justifica el desvío. Y junto al Forum Aveiro está el pasaje peatonal que en los últimos años se ha llenado de miles de cintas de tela de colores atadas a las barandillas: una intervención sencilla, casi naíf, pero visualmente muy potente y que se ha convertido en uno de los puntos más fotografiados de la ciudad.

El mediodía: los ovos moles y dónde comer

El dulce típico de Aveiro son los ovos moles, una crema de yema de huevo y azúcar envuelta en una fina oblea con forma de concha, pez o barril, que se elabora aquí desde que las monjas de los conventos locales empezaron a aprovechar las yemas sobrantes. Tienen denominación geográfica protegida y se venden en cajas de madera por toda la ciudad. Son intensamente dulces, así que dos o tres bastan, pero probarlos es obligatorio.

Para comer, la zona de los canales concentra los restaurantes más turísticos y las calles interiores del centro los más honestos. Es una ciudad de ría y de mar, así que el pescado y el marisco están por encima de la media, y las enguias, las anguilas de la ría preparadas en caldeirada o fritas, son la especialidad local para quien se atreva con ellas.

Un consejo de calendario: Aveiro se llena mucho los fines de semana y en verano, con grupos y excursiones organizadas desde Oporto llegando a media mañana. Si puedes elegir el día, un día laborable fuera de temporada alta cambia bastante la experiencia.

La tarde: los canales y los moliceiros

El Canal Central es el corazón de la postal: canales modestos flanqueados por edificios de colores, los moliceiros amarrados con sus popas pintadas, muchas con motivos humorísticos y bastantes de ellos con un sentido del humor considerablemente picante, cosa que a los grupos escolares les hace mucha gracia y a algunos visitantes les descoloca.

El paseo en moliceiro dura unos cuarenta y cinco minutos y recorre los canales principales con explicaciones a bordo. Es la actividad estrella y la que más se vende, y merece la pena si te apetece la experiencia, aunque conviene saber que se ve prácticamente lo mismo caminando por los muelles y con menos gente alrededor. Si vas con poco tiempo, yo priorizaría el Art Nouveau y las salinas antes que el paseo en barca.

Junto al canal está también el mercado del pescado, el Mercado do Peixe, un edificio de hierro del XIX rehabilitado, con la lonja en la planta baja y restaurantes arriba, que es de esos sitios donde la ciudad todavía se comporta como lo que era. A partir de ahí se puede seguir el canal hacia el sur, hacia los barrios de casas bajas de pescadores, que tienen un carácter mucho más doméstico y que casi ningún visitante recorre.

El respiro verde y las salinas

Si en algún momento del día apetece bajar el ritmo, el parque Infante Dom Pedro es el sitio. Senderos bien cuidados, bancos a la sombra, un estanque y ese aire señorial de los jardines portugueses del XIX. Después de varios días de callejeo urbano en Oporto, una hora ahí sentado hace más por el viaje de lo que parece.

Y luego están las salinas, que para mí son lo mejor de Aveiro y lo que menos se visita. Caminando desde el centro se llega al ecomuseo Marinha da Troncalhada, una salina en explotación que se puede recorrer y donde se ve el proceso tal como se ha hecho durante siglos. El paisaje es raro y fascinante: una retícula geométrica de balsas rectangulares llenas de agua que reflejan el cielo, con los montículos de sal brillando al sol de la tarde y las aves de la ría moviéndose alrededor.

Ahora bien, aviso de servicio público. Las salinas no gustan a todo el mundo. La primera vez que estuve allí, mi pareja las encontró un paisaje desolado y sobre todo se quejó del olor, que es intenso y peculiar, y no le faltaba razón en lo del olor. Es una visita que engancha a quien le interese el paisaje industrial y la historia económica de un sitio, y que puede resultar decepcionante a quien busque simplemente algo bonito. Sabiendo eso, cada cual elige.

Si te sobra tiempo: Costa Nova

A unos quince minutos en autobús está Costa Nova, y ahí está la imagen que mucha gente asocia realmente a Aveiro sin saber que no está en Aveiro: los palheiros, las antiguas casetas de pescadores pintadas con rayas verticales de colores frente al mar. Fueron almacenes de aparejos y hoy son casas de veraneo, y la hilera completa junto al canal es de una fotogenia difícil de exagerar.

Costa Nova tiene además una playa atlántica enorme y un ambiente de pueblo costero que contrasta con el urbanismo del centro de Aveiro. Añadirla convierte la excursión en jornada completa bien apretada, así que hay que decidirlo por la mañana y no improvisarlo a las seis de la tarde.

Con Costa Nova o sin ella, Aveiro es una excursión de día completo si te la tomas con calma y de media jornada larga si vas al centro, los canales y poco más. En el pilar sobre excursiones desde Oporto está comparada con el resto de opciones para decidir cuál encaja mejor en tu viaje, y en el diario de mi viaje de mayo de 2022 está contada esta jornada sobre el terreno, con la discusión sobre las salinas incluida.

Entonces, ¿merece la pena?

Sí, con una condición: ir sin la comparación puesta. Aveiro no es una ciudad monumental ni pretende serlo, y si la mides con la vara de Guimarães o de Braga sale perdiendo. Lo que ofrece es otra cosa: un conjunto Art Nouveau de primer nivel, un paisaje de ría y salinas que no se parece a nada más en el norte de Portugal, una gastronomía dulce con identidad propia y un centro llano y agradable donde se pasea sin esfuerzo.

Si tu viaje solo permite una excursión, la mía sería Guimarães. Si permite dos, añadiría Braga. Aveiro es la tercera de la lista, y en un viaje de una semana entra perfectamente y aporta un contraste que las otras dos no dan. Lo único que le sobra es esa etiqueta veneciana que lleva pegada, que oscurece lo que la ciudad tiene de propio más de lo que lo ilumina.