Saltar al contenido
Vista aérea escénica de Praga que muestra arquitectura histórica, un puente y parques exuberantes.

Destinos · República Checa · Praga

La historia de Praga: de capital medieval a corazón de Europa Central

Del Sacro Imperio Romano al Protectorado Nazi, el comunismo y la Revolución de Terciopelo

Lectura de 10 minutos

Praga tiene la paradoja de ser una de las ciudades más fotografiadas de Europa y al mismo tiempo una de las menos comprendidas fuera de sus fronteras. Su belleza visual —esa acumulación de torres góticas, fachadas barrocas y puentes de piedra que parecen construidos para el turismo pero que son completamente anteriores a él— tiende a oscurecer la historia extraordinariamente densa que hay detrás de cada edificio. La capital checa no es solo un decorado medieval bien conservado: es el escenario de algunos de los episodios más cruciales de la historia europea del último milenio, desde el apogeo del Sacro Imperio Romano hasta el laboratorio político del comunismo tardío.

Los orígenes: Bohemia y la fundación del castillo

El primer asentamiento documentado en la colina que hoy ocupa el Castillo de Praga data de finales del siglo IX. Según las crónicas medievales, la princesa Libuše —figura semi-legendaria, mitad profetisa mitad fundadora— contempló el valle del Moldava desde las alturas y profetizó la construcción de una ciudad cuya gloria tocaría las estrellas. Su nombre, Praha, vendría de la palabra checa práh (umbral), aunque los etimólogos discuten esta derivación.

Lo que no es legendario es que el castillo —Hradčany— fue construido por el duque Bořivoj de la dinastía Přemyslida alrededor del año 880, y que en el año 973 se estableció aquí un obispado. La fundación de la Ciudad Vieja (Staré Město) al otro lado del río comenzó en el siglo X, y la Ciudad Nueva (Nové Město) fue planificada y construida por el rey Carlos IV en 1348, cuando Praga ya era una de las ciudades más grandes de Europa.

Carlos IV y el apogeo medieval

El siglo XIV fue el período de mayor esplendor de la historia praguesa. El rey Carlos IV (1316-1378), que fue simultáneamente rey de Bohemia y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, eligió Praga como capital de su vasto dominio e invirtió en ella a una escala que no tenía precedentes: fundó la Universidad Carolina (la primera de Europa Central, en 1348), ordenó la construcción del Puente de Carlos (el más largo y mejor dotado de su tiempo), financió la catedral de San Vito y transformó el Castillo en un palacio digno del Imperio.

Bajo Carlos IV, Praga llegó a tener entre 50.000 y 100.000 habitantes, convirtiéndola en la cuarta ciudad más grande de Europa. Su posición en el corazón del continente, las rutas comerciales que la cruzaban y el patronazgo imperial que atraía artistas, arquitectos y eruditos de toda Europa convirtieron a Praga en un centro cultural y político sin parangón en esa época.

La Reforma hussita: la primera rebelión religiosa de Europa

Un siglo después de Carlos IV, Praga fue el epicentro de la primera gran rebelión religiosa de la historia europea. Jan Hus (1369-1415), predicador y rector de la Universidad Carolina, comenzó a criticar los abusos de la Iglesia católica con décadas de antelación a Lutero: la venta de indulgencias, la corrupción del clero, la riqueza obscena de las instituciones religiosas. Sus sermones en la capilla de Belén de Praga —en checo, no en latín, lo que significaba que el pueblo podía entenderlos— convirtieron sus ideas en un movimiento de masas.

Convocado al Concilio de Constanza con garantías de salvoconducto, Hus fue arrestado, juzgado por hereje y quemado vivo en 1415. Su muerte desencadenó en Bohemia las Guerras Hussitas (1419-1434): una serie de conflictos donde las milicias bohemias —motivadas tanto por la reforma religiosa como por el resentimiento contra la nobleza alemana— derrotaron repetidamente a los ejércitos cruzados enviados para aplastarlas. El movimiento hussita sobrevivió y Bohemia mantuvo una iglesia semi-independiente de Roma durante décadas, anticipando la fragmentación religiosa que la Reforma protestante completaría un siglo después.

Los Habsburgo y la Defenestración de Praga

El siglo XVI trajo a los Habsburgo. En 1526, después de que el rey Luis II de Bohemia muriera sin herederos en la batalla de Mohács contra los otomanos, la corona de Bohemia pasó a Fernando I de Habsburgo. Praga siguió siendo capital del Imperio bajo el emperador Rodolfo II (1576-1612), un monarca excéntrico y coleccionista compulsivo que convirtió la ciudad en el mayor centro de arte y ciencia de Europa: su corte atrajo a Tycho Brahe, Johannes Kepler y a docenas de artistas, astrólogos y alquimistas.

Pero el conflicto religioso latente estalló en mayo de 1618 con la famosa Segunda Defenestración de Praga: representantes protestantes de la nobleza bohemia, furiosos por la revocación de sus privilegios religiosos, arrojaron por una ventana del Castillo a dos gobernadores católicos y a un secretario. Los tres sobrevivieron —cayeron en un montón de basura o fueron sostenidos por ángeles, según de quién sea la versión— pero el episodio desencadenó la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), el conflicto más destructivo de la historia europea hasta las guerras mundiales.

La derrota protestante en la batalla de la Montaña Blanca (1620), justo a las afueras de Praga, tuvo consecuencias devastadoras para Bohemia: los líderes de la rebelión fueron ejecutados en la Plaza de la Ciudad Vieja, la nobleza protestante fue expropiada y exiliada, y Bohemia fue reincorporada al Imperio con la condición de convertirse al catolicismo o emigrar. La germanización de la aristocracia bohemia, el declive de Praga como capital imperial (Viena tomó ese papel) y la reducción de la población a la mitad marcaron el siglo XVII como un período de trauma y eclipse.

El siglo XIX: el Despertar Nacional

Bajo el dominio Habsburgo, el checo sobrevivió como lengua del pueblo campesino mientras las élites hablaban alemán. El proceso de renacimiento cultural checo (Obrození) comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII y se aceleró en el XIX: lingüistas y literatos —Josef Dobrovský, Josef Jungmann— codificaron la gramática checa, compilaron diccionarios y establecieron las bases de una lengua literaria moderna. El historiador František Palacký escribió la historia de Bohemia desde el punto de vista checo, no alemán.

El Teatro Nacional de Praga, inaugurado en 1883 con una representación de la ópera Libuše de Bedřich Smetana, fue el símbolo más visible de este renacimiento: construido con donaciones populares con el lema "el pueblo para sí mismo" (Národ sobě), representaba la afirmación de una identidad nacional que la clase dirigente germánica negaba.

La Primera República y Tomáš Masaryk

El derrumbe del Imperio Austro-Húngaro al final de la Primera Guerra Mundial permitió la fundación de Checoslovaquia el 28 de octubre de 1918. El nuevo Estado —obra diplomática e intelectual de Tomáš Garrigue Masaryk y Edvard Beneš— unió a checos y eslovacos en una república democrática que, entre las dos guerras mundiales, fue el único Estado estable y democrático de Europa Central: mientras Alemania caía en el nazismo, Hungría y Polonia en regímenes autoritarios, y Austria en la guerra civil, Checoslovaquia mantenía elecciones libres, prensa independiente y un nivel de vida que era el más alto de la región.

Praga era la capital de este experimento democrático y vivió en los años veinte y treinta uno de sus períodos de mayor actividad cultural: el expresionismo alemán convivía con el funcionalismo checo, Kafka escribía en alemán sobre la burocracia, Jaroslav Hašek publicaba las aventuras del buen soldado Švejk, y la República de Weimar enviaba sus intelectuales a refugiarse aquí cuando la situación en Alemania se volvía insostenible.

El Protectorado Nazi y la ocupación

El Acuerdo de Múnich de septiembre de 1938 —firmado por Gran Bretaña, Francia, Italia y Alemania, sin representación checa— entregó los Sudetes a Hitler. En marzo de 1939, las tropas alemanas ocuparon el resto de Bohemia y Moravia sin resistencia armada, estableciendo el Protectorado de Bohemia y Moravia. Praga se convirtió en sede del protectorado bajo el mando del Reichsprotektor, primero Konstantin von Neurath y desde 1941 el sádico Reinhard Heydrich.

La resistencia checa asesinó a Heydrich en mayo de 1942, en una operación paracaidista coordinada desde Londres. La represalia nazi fue brutal: las aldeas de Lidice y Ležáky fueron arrasadas completamente —sus habitantes asesinados o deportados— como ejemplo de lo que ocurriría con cualquier acto de resistencia. La comunidad judía de Praga —que antes de la guerra tenía aproximadamente noventa y dos mil personas en Bohemia y Moravia— fue casi completamente exterminada: ochenta mil murieron en Auschwitz, Terezín y otros campos de exterminio.

El comunismo y Praga como laboratorio político

La liberación llegó en mayo de 1945, con el Ejército Rojo entrando por el este y el Ejército estadounidense avanzando desde el oeste pero deteniéndose en el límite acordado con Stalin. Las elecciones de 1946 dieron al Partido Comunista el 38% de los votos —la proporción más alta obtenida por un partido comunista en elecciones libres en Europa—, pero el resultado fue insuficiente para gobernar en solitario. El Golpe de Febrero de 1948 —una combinación de presión soviética, crisis política interna y movilización de las milicias obreras— instaló a los comunistas en el poder en forma definitiva.

La Praga de los años cincuenta vivió los procesos más violentos del estalinismo checoslovaco: los juicios de Slánský, donde dirigentes comunistas fueron ejecutados acusados de traición, algunos de ellos por motivaciones claramente antisemitas. La ciudad fue transformada urbanísticamente al gusto soviético en algunas zonas, aunque el casco histórico fue relativamente respetado por su valor turístico.

La gran ruptura fue la Primavera de Praga de 1968. El nuevo secretario general del Partido, Alexander Dubček, comenzó a introducir reformas que él llamó "socialismo con rostro humano": libertad de prensa, pluralismo político limitado, descentralización económica. El experimento duró ocho meses. En la noche del 20 al 21 de agosto de 1968, los tanques del Pacto de Varsovia —soviéticos, polacos, húngaros, búlgaros y alemanes del Este— entraron en Checoslovaquia y aplastaron la reforma. La "normalización" que siguió bajo Gustáv Husák devolvió al país a la más estricta ortodoxia soviética y supuso la expulsión o emigración de cientos de miles de ciudadanos.

La Revolución de Terciopelo y el presente

El sistema comunista se desmoronó en noviembre de 1989. Las manifestaciones comenzaron el 17 de noviembre —con una represión policial brutal de una marcha de estudiantes en la Avenida Nacional— y se extendieron rápidamente: el dramaturgo y disidente Václav Havel, que había pasado años en la cárcel por sus escritos críticos con el régimen, se convirtió en el líder visible de la oposición desde el balcón del teatro Magic Lantern. En diciembre de 1989, Havel era presidente de la República Checoslovaca. La transición fue tan pacífica que mereció el nombre de Revolución de Terciopelo.

En 1993, la federación checoslovaca se disolvió de forma pactada en dos Estados: la República Checa y Eslovaquia. Praga quedó como capital de la primera, con la Unión Europea ingresada en 2004 y el euro todavía no adoptado (la República Checa mantiene la corona checa). La ciudad ha pasado por una transformación turística acelerada desde los noventa: la que fue durante décadas una capital cerrada al turismo occidental se convirtió rápidamente en uno de los destinos más visitados de Europa, con las ventajas e inconvenientes que eso implica.

Lo que el visitante ve hoy —los tejados medievales, los puentes de piedra, el castillo sobre el río— es el resultado de siglos de estratificación histórica, de luchas que dejaron su huella en cada piedra y de circunstancias que preservaron lo que en otras ciudades fue destruido. Entender esa historia no es imprescindible para disfrutar de Praga, pero lo es para no reducirla a su apariencia.