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Una vista pintoresca del histórico Puente de Carlos y la arquitectura circundante en Praga sobre el río Vltava.

Destinos · República Checa · Praga

Qué ver en Praga: del castillo al barrio judío

Guía de la ciudad con más arquitectura medieval intacta de Europa Central

Lectura de 9 minutos

Praga tiene un problema de belleza: es tan fotogénica, tan acumulativamente hermosa en cada calle y cada esquina, que corremos el riesgo de verla como un escenario y no como una ciudad. Las torres góticas, los puentes de piedra, los barrios con la misma morfología que tenían en el siglo XIV: todo invita a tratarla como un parque temático de la Europa medieval. Y Praga lo hace difícil, porque efectivamente gran parte de esa belleza es real y fue preservada por la circunstancia extraña de que no fue bombardeada en la Segunda Guerra Mundial ni fue demolida durante el comunismo —las autoridades soviéticas querían hacerlo, pero la ciudad era demasiado valiosa como atractivo turístico para los países del bloque—.

Lo que Praga requiere del visitante es voluntad de ir más allá del circuito estándar: el Puente de Carlos, el Reloj Astronómico y el Castillo son imprescindibles, pero la ciudad tiene capas que se descubren alejándose de las rutas más transitadas.

El Castillo: Hradčany

El Castillo de Praga —más que un castillo, un recinto amurallado de setecientos metros de longitud que es el conjunto de edificios del período medieval más grande del mundo— domina la ciudad desde lo alto de la orilla izquierda del Moldava. Ha sido sede de los reyes bohemios, los emperadores del Sacro Imperio Romano, los presidentes de la República y hoy del presidente de la República Checa. Contemplarlo iluminado desde la orilla opuesta, especialmente de noche, es una de las vistas más impresionantes de Europa Central.

Dentro del recinto, la Catedral de San Vito es el edificio principal. Su construcción comenzó en 1344 bajo el rey Carlos IV y no terminó hasta 1929, lo que explica que la fachada principal sea de estilo gótico tardío-neogótico mientras que algunas capillas interiores tienen decoración art nouveau. Las vidrieras son el elemento más extraordinario del interior: en particular la ventana diseñada por Alfons Mucha para la capilla de San Wenceslao, con su estética Art Nouveau inconfundible que contrasta de forma llamativa con el contexto gótico que la rodea.

El Palacio Real —la residencia de los reyes bohemios antes de que la corte se trasladara a Viena con los Habsburgo— tiene una sala principal, la Sala Vladislav, que es uno de los espacios interiores más impresionantes del gótico tardío checo: una nave inmensa con bóvedas de crucería nervada que se entrelaza en patrones geométricos de una complejidad que apunta al Renacimiento. Los torneos de caballería se celebraban aquí, dentro del edificio.

El Callejón del Oro (Zlatá ulička) es una calle en miniatura de casitas adosadas al muro interior del castillo que en el siglo XVI albergó a artesanos y soldados de la guarnición. La leyenda de los alquimistas que aquí vivían buscando la piedra filosofal para el emperador Rodolfo II es más poética que histórica —Rodolfo II sí era aficionado a la alquimia y la astrología, pero los artesanos del callejón eran orfebres, no alquimistas—. Franz Kafka vivió aquí brevemente durante su época de escritura más intensa, y hay una placa que lo recuerda.

El Barrio Judío: Josefov

El barrio judío de Praga es uno de los más antiguos y mejor documentados de Europa, y tiene la singularidad trágica de que gran parte de sus monumentos sobrevivieron gracias a los nazis: Hitler planeó convertir Praga en un "museo de una raza extinguida" tras la guerra, y por eso las sinagogas y el cementerio fueron preservados mientras la población judía era deportada y exterminada.

La comunidad judía de Praga era una de las más importantes de Europa Central antes del Holocausto. El barrio —conocido como Josefov por el emperador José II, que en 1781 emitió el Edicto de Tolerancia que mejoró la situación legal de los judíos en el Imperio Habsburgo— había sido gueto obligatorio durante siglos: una zona amurallada a la que los judíos debían retirarse a partir de cierta hora y de la que no podían salir sin permiso.

Las sinagogas son el patrimonio más visible. La Sinagoga Española, con su interior de estilo mozárabe-orientalista que parece más una mezquita que una sinagoga, es la más ornamentada visualmente. La Sinagoga Pinkás tiene las paredes cubiertas con los nombres de los setenta y siete mil judíos checos y moravos deportados y asesinados en los campos de exterminio: setenta y siete mil nombres escritos a mano en la piedra. Es uno de los memoriales más sobrecogedores de Europa. La Sinagoga Vieja-Nueva, del siglo XIII, es la sinagoga en uso más antigua de Europa; según la leyenda, en su desván se guarda el Golem de barro que el rabino Loew creó para defender a la comunidad judía de los pogroms.

El Cementerio Judío —el único donde tenían permiso para enterrar a sus muertos durante siglos— tiene doce capas de tumbas superpuestas, porque el espacio era limitado y no podía ampliarse. Las lápidas, algunas inclinadas y cubiertas de musgo, amontonadas en aparente desorden pero siguiendo una lógica de respeto y necesidad, forman una imagen que no se parece a ningún otro cementerio del mundo.

El Puente de Carlos

El Puente de Carlos (Karlův most) fue construido entre 1357 y 1402, tiene 516 metros de longitud y descansa sobre dieciséis arcos de piedra. Fue el único puente de Praga durante cuatro siglos y hoy es el símbolo de la ciudad. Las treinta estatuas barrocas que lo flanquean —añadidas entre los siglos XVII y XIX— representan santos y figuras religiosas, y la más venerada es la de San Juan Nepomuceno, el canónigo arrojado al Moldava desde el puente en 1393 por orden del rey Wenceslao IV. Tocar la placa de bronce que representa su caída en el agua da, según la tradición, buena suerte y garantiza el regreso a Praga.

El consejo universal es visitarlo al amanecer o al anochecer, cuando la luz rasante hace que las estatuas proyecten sombras dramáticas y cuando el gentío del mediodía —centenares de personas en cada dirección— ha desaparecido o todavía no ha llegado. A las siete de la mañana de un día entre semana, con niebla sobre el Moldava y las torres del castillo asomando entre la bruma, el Puente de Carlos es una de las experiencias visuales más hermosas de Europa. A mediodía en agosto, es una prueba de aguante entre la multitud.

La Plaza de la Ciudad Vieja y el Reloj Astronómico

La Plaza de la Ciudad Vieja (Staroměstské náměstí) es el corazón histórico de Praga: un espacio grande rodeado por fachadas de diferentes estilos que acumulan ocho siglos de arquitectura sin aparente contradicción. El gótico de la iglesia de Nuestra Señora del Týn —con sus dos torres asimétricas y puntiagudas que dominan el lado este de la plaza— convive con el barroco de las fachadas adyacentes y con el palacio renacentista del Ayuntamiento.

El Reloj Astronómico (Orloj), instalado en la torre del Ayuntamiento desde 1410, es una pieza de mecánica medieval que funciona, muestra la hora, la posición del sol y la luna y el ciclo del calendario. Cada hora en punto, dos ventanas se abren y los doce Apóstoles desfilan brevemente, flanqueados por las figuras alegóricas de la Muerte, la Vanidad, la Codicia y la Lujuria. El mecanismo es mucho más interesante que el espectáculo en sí —que es breve y no especialmente impresionante— pero la explicación de cómo funciona el dial exterior del reloj, que es una representación del universo ptolemaico, es fascinante.

Junto a la plaza, la torre del Ayuntamiento puede subirse en ascensor para obtener vistas sobre los tejados de la Ciudad Vieja: una perspectiva que ayuda a entender la morfología medieval de Praga mejor que cualquier mapa.

Malá Strana: el barrio menor

En la orilla izquierda del Moldava, entre el Puente de Carlos y el Castillo, el barrio de Malá Strana (Barrio Menor) es el espacio mejor conservado de la Praga barroca. Sus calles empedradas, sus palacios con portones monumentales, sus jardines en terrazas sobre la ladera del Hradčany y su iglesia principal —la iglesia de San Nicolás, con su cúpula verde que es uno de los elementos visuales más reconocibles del skyline de Praga— crean un ambiente que oscila entre lo señorial y lo pintoresco.

El Jardín de Vrtba (Vrtbovská zahrada), escondido tras un portón en una calle lateral, es uno de los jardines barrocos en terraza mejor conservados de Europa Central y es relativamente poco visitado. Los jardines del Palacio Ledebour y los jardines del Palacio Kolowrat, también en Malá Strana, pueden recorrerse en ruta hasta el Castillo.

El barrio Vinohrady

A quince minutos a pie del centro histórico, al este de Wenceslao, el barrio de Vinohrady representa la Praga burguesa de finales del siglo XIX y principios del XX: edificios de apartamentos de seis plantas con fachadas de estuco ornamentado, amplias avenidas, parques y una vida de barrio que los habitantes del centro turístico han perdido. Las cafeterías de Vinohrady —más tranquilas y más baratas que las del centro— son el Praga local de las mañanas de domingo. La iglesia de San Ludmila, en la plaza Náměstí Míru, tiene la escala de las grandes iglesias neogóticas centroeuropeas.

La cerveza checa

Imposible hablar de Praga sin mencionar la cerveza. La República Checa tiene el mayor consumo de cerveza per cápita del mundo, y Praga tiene cervecerias que llevan en funcionamiento siglos. La más famosa es U Fleků, que lleva elaborando su propia lager oscura desde 1499 —ininterrumpidamente, bajo diferentes nombres y propietarios— y que sirve únicamente ese tipo de cerveza, en jarras de medio litro, a unas tarifas que han ido subiendo con los años pero que siguen siendo razonables para la calidad y el ambiente que ofrecen. Los bancos de madera corridos, los camareros con delantal, los acordeonistas que tocan en el patio: U Fleků es turístico pero lo es con razón y sin disculpas.

Más allá de la cerveza, los pubs checos —las pivnice— son el espacio social de la ciudad. El ambiente de un pivnice de barrio —poca luz, mesas de madera, conversaciones en checo— es uno de los más acogedores y menos performativos de Europa Central.