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Vista oscura del Castillo de Praga y el Río Vltava, perfecta para fotografía de viaje.

Destinos · República Checa · Praga

Praga en 2 días: el plan completo

Itinerario para dos jornadas que van más allá del circuito estándar

Lectura de 8 minutos

Dos días en Praga permiten lo que un solo día no: bajar el ritmo, explorar con detenimiento, salir del circuito más transitado y descubrir la ciudad que vive detrás de los monumentos. El primer día cubre los imprescindibles con tiempo suficiente para no correr; el segundo se adentra en barrios menos visitados, museos y en la Praga que no cabe en las fotografías de portada.

Día 1: El Castillo, el Puente de Carlos y la Ciudad Vieja

El primer día sigue el itinerario descrito en detalle en el artículo de Praga en 1 día: Malá Strana y el Castillo por la mañana, el Puente de Carlos al mediodía, la Plaza de la Ciudad Vieja y el Barrio Judío por la tarde. Este recorrido cubre los monumentos que no pueden saltarse en ninguna visita y establece la estructura espacial de la ciudad —los dos lados del Moldava, el Castillo dominando desde lo alto, los puentes como conexión— que hace que el resto de la visita tenga sentido.

La única diferencia respecto al itinerario de un solo día es que el segundo día existe: eso permite no agotar el primero y terminar con energía suficiente para disfrutar de la Praga nocturna, que tiene sus propios argumentos.

Día 2: Josefov en profundidad, Vinohrady y Žižkov

El segundo día empieza con más calma y en sentido diferente. La Praga de los barrios tiene un carácter completamente distinto al de la Ciudad Vieja monumental, y es aquí donde la ciudad revela que no es solo un escenario histórico sino un organismo vivo con su propia cultura contemporánea.

La mañana: el Barrio Judío y el contexto del Holocausto

Si el primer día el paso por el Barrio Judío fue rápido, el segundo permite dedicarle el tiempo que merece. La Sinagoga Pinkás con sus setenta y siete mil nombres —víctimas del Holocausto procedentes de Bohemia y Moravia— es uno de los memoriales más impresionantes de Europa y necesita tiempo propio. La sala tiene esa cualidad de los mejores memoriales: no espectacular ni manipuladora, sino directa. Los nombres escritos a mano, el silencio, la escala humana de la tragedia multiplicada setenta y siete mil veces.

La Sinagoga Española permite contrastar la sobriedad de Pinkás con la opulencia del orientalismo europeo del siglo XIX: su interior, con mosaicos dorados y motivos geométricos que parecen más una mezquita andaluza que una sinagoga centroeuropea, es un testimonio de cómo la comunidad judía asimilada del siglo XIX intentó integrarse en la cultura dominante adoptando su vocabulario artístico.

El Cementerio Judío (Starý židovský hřbitov) con sus doce capas de tumbas superpuestas merece la media hora o más que muchos visitantes no le dedican: hay que caminar despacio por los senderos entre lápidas, fijarse en las fechas, en los símbolos heráldicos de los monumentos familiares, en las piedrecitas que se dejan sobre las lápidas —práctica judía que no implica flores sino la permanencia del recuerdo frente a la impermanencia de lo orgánico.

A media mañana: el cementerio de Vyšehrad

A quince minutos en metro desde el centro, la fortaleza de Vyšehrad es la roca legendaria donde la princesa Libuše —según la mitología fundacional checa— profetizó la grandeza de Praga. El promontorio domina el Moldava desde el sur con vistas extraordinarias sobre el centro histórico y sobre el nuevo desarrollo arquitectónico de la ciudad contemporánea.

El Cementerio de Vyšehrad —el Panteón nacional checo— es el lugar de enterramiento de figuras tan diversas como el compositor Antonín Dvořák, el violinista Jan Kubelík, la escritora Božena Němcová, el pintor Alfons Mucha y docenas de otros artistas, escritores y científicos checos. La sección central del cementerio, el Slavín, es una tumba colectiva monumental con una decoración escultórica de alta calidad. El paseo por el cementerio combina la reflexión sobre la historia cultural checa con el contraste entre la solemnidad del lugar y las vistas sobre el río y la ciudad.

Tiempo estimado: 1 hora y media.

Al mediodía: Vinohrady

El barrio de Vinohrady —literalmente "los viñedos"— es la respuesta a la pregunta de cómo vivía la burguesía praguesa de finales del siglo XIX y principios del XX. Sus edificios de apartamentos de seis plantas con fachadas de estuco decorado, sus amplias avenidas con tilos y plátanos, sus cafeterías de ambiente de barrio y su vida cotidiana sin vocación turística crean una atmósfera completamente diferente al centro histórico.

El Mercado de Jiřák (náměstí Jiřího z Poděbrad) tiene los sábados por la mañana un mercado de agricultores y productores locales que es uno de los mejores de la ciudad para probar trdelník auténtico (el postre de masa espiral enrollada en un palo que venden en versión industrializada en todos los puestos turísticos), conservas caseras, quesos y embutidos locales.

La Iglesia del Sagrado Corazón (Kostel Nejsvětějšího Srdce Páně), en la plaza Jiřák, es un edificio de 1932 del arquitecto Jože Plečnik —el esloveno que también diseñó gran parte del centro de Liubliana— que resulta completamente inesperado: una fachada de ladrillo con una enorme torre en el centro que mezcla referencias paleocristianas, arquitectura vernácula y modernismo en una síntesis que todavía desconcierte a quienes lo ven por primera vez.

Comer en Vinohrady: la densidad de restaurantes de calidad y precio razonable en este barrio es alta. La cocina checa clásica en cualquier pivnice, o las opciones de cocina internacional que han ido abriendo en los últimos años.

Tiempo estimado: 2 horas.

Por la tarde: Žižkov y la Torre de Televisión

Al noreste de Vinohrady, el barrio de Žižkov es el contrapunto popular y un poco desaliñado de su vecino burgués. Nombrado en honor a Jan Žižka, el general hussita que resistió cinco cruzadas con sus tropas, Žižkov fue históricamente el barrio obrero de Praga y tiene hoy la mayor concentración de bares y locales de ocio nocturno por habitante de la ciudad.

En la colina que domina el barrio está la Torre de Televisión (Žižkovský vysílač), construida entre 1985 y 1992 en el período final del comunismo. La torre —de 216 metros, la más alta de la República Checa— tiene una apariencia que divide a la ciudad entre quienes la consideran una monstruosidad y quienes la ven como un monumento honesto a la arquitectura brutalista de su época. Lo que nadie discute es que desde el mirador a 93 metros las vistas panorámicas de Praga son extraordinarias: el centro histórico al oeste, el monte Blanco donde se decidió el destino de Bohemia en 1620, los barrios de apartamentos comunistas al este. Las esculturas del artista David Černý que trepan por el exterior de la torre —bebés de bronce enormes con pantallas de televisión en lugar de caras— añaden una nota de surrealismo visual que resulta apropiada para el conjunto.

Tiempo estimado: 1 hora y media.

Por la noche: el casco antiguo de noche

El día termina de regreso al centro histórico, que de noche tiene un carácter diferente al de las horas de mayor afluencia turística. La Plaza de la Ciudad Vieja iluminada, el Puente de Carlos con los turistas menos densos y la luz sobre las estatuas barrocas, el Castillo reflejado en el Moldava desde la orilla opuesta: Praga nocturna es una de las ciudades más fotogénicas de Europa y la comparación con las horas diurnas es siempre a favor de la noche.

Para cenar: los restaurantes del Barrio Menor (Malá Strana) tienen menos tránsito turístico por las noches que los de la Ciudad Vieja, y algunos de los mejores locales de cocina checa contemporánea están en las calles que rodean la iglesia de San Nicolás. Para terminar el día: cualquier bar de jazz en la Ciudad Vieja, o el ambiente de los pubs de Žižkov si se prefiere algo más local y menos turístico.

Notas adicionales para dos días

Con dos días en Praga y si queda espacio en el itinerario, hay dos lugares que merecen mención:

La Ópera del Estado (Státní opera), frente al Museo Nacional al final de la Avenida Wenceslao, es uno de los teatros líricos más hermosos de Europa Central. Con una arquitectura neo-rococó de 1888 que habla del esplendor imperial, las entradas para funciones de ópera o ballet son notablemente más baratas que en Viena o Berlín. Asistir a una representación aquí es una de las experiencias que hacen de Praga una ciudad para volver.

La Casa de Baile (Tančící dům), en la orilla del Moldava cerca de Palacký Bridge, fue construida en 1996 por el arquitecto Frank Gehry y su colaborador Vlado Milunić. El apodo "Fred y Ginger" —por la forma de las dos torres, una curvilínea y otra más rígida, que parecen una pareja de baile— resume el efecto visual del edificio. En un contexto de arquitectura histórica densa, este deconstructivismo tardío resulta a la vez atrevido y festivo.