
Cómo ir del aeropuerto de Bucarest al centro
El aeropuerto Henri Coandă está a menos de veinte kilómetros del centro de Bucarest y hay tres formas razonables de cubrir esa distancia: el autobús exprés, el tren hasta la estación del Norte y el taxi. Cada una tiene su momento, y hay un detalle sobre los billetes que sorprende a casi todo el mundo al aterrizar.
El aeropuerto internacional Henri Coandă, que casi todo el mundo sigue llamando Otopeni por la localidad donde se levanta, está a unos diecisiete o dieciocho kilómetros al norte del centro de Bucarest. Es la puerta de entrada de prácticamente todos los vuelos internacionales a Rumanía, incluidos los de bajo coste, y llegar al centro desde allí es sencillo y barato.
Lo que no es tan sencillo es enterarse de cómo funciona el sistema de billetes antes de plantarse en la parada, sobre todo porque circula muchísima información desactualizada. El detalle más importante es este: en el autobús no se venden billetes. Ni al conductor ni a bordo. Hay que resolverlo antes de subir.
El autobús exprés, la opción más directa¶
La línea que conecta el aeropuerto con el centro es la 100 Express. Si has leído en alguna guía que el autobús del aeropuerto es el 783, esa información está caducada: la línea se renumeró en diciembre de 2023 y mantiene exactamente el mismo recorrido, pero ya nadie la señaliza con el número antiguo. También aparecen por ahí referencias a las líneas 780, 782 y 784, todas ellas suprimidas.
La 100 sale de la zona de llegadas, funciona las veinticuatro horas del día y pasa cada quince minutos aproximadamente durante el día y cada media hora por la noche. Es una línea exprés, así que solo para en un puñado de puntos importantes: Primăria Otopeni, el aeropuerto de Băneasa, Piața Presei, Piața Victoriei, Piața Romană, Universitate y Piața Unirii, que es el final del trayecto. El recorrido completo ronda los cuarenta o cuarenta y cinco minutos, aunque en hora punta puede alargarse bastante, porque el tráfico de Bucarest es de los peores de Europa.
Esa lista de paradas es la clave para decidir dónde bajarse. Si te alojas en el casco antiguo, tu parada es Piața Unirii o Universitate. Si estás en la zona norte del centro, bájate en Piața Victoriei. Y en cualquier caso, todas ellas conectan con la red de metro, así que desde ahí se llega a cualquier punto de la ciudad sin complicaciones.
Cómo pagar el billete del autobús¶
Aquí está la trampa clásica de Bucarest. El conductor no vende nada, así que hay tres formas de resolverlo antes de subir.
La primera y más cómoda, si tu tarjeta bancaria es contactless, es pagar directamente en el validador del autobús acercando la tarjeta. Es la manera más rápida y la que evita cualquier gestión previa. La segunda es comprar en la máquina expendedora que hay junto a la propia parada, o en el quiosco de la zona de llegadas cuando está abierto. Y la tercera es usar la aplicación municipal de pago, que funciona bien pero requiere registrarse, algo que no siempre apetece al aterrizar de madrugada.
Si compras billete físico, ten en cuenta que no se vende un viaje suelto: lo que te dan es una tarjeta recargable con un mínimo de dos trayectos cargados. La buena noticia es que esa tarjeta sirve también para la vuelta al aeropuerto días después, así que guárdala. Y si viajáis dos personas, la misma tarjeta vale para ambos: se valida dos veces al subir. El coste del trayecto es de menos de un euro, y el billete es válido durante noventa minutos en el resto de líneas de superficie, lo que permite encadenar un transbordo si tu alojamiento queda desviado.
El tren hasta la estación del Norte¶
Desde 2020 existe conexión ferroviaria entre el aeropuerto y Gara de Nord, la estación principal de Bucarest. La estación de tren está justo enfrente de la terminal de llegadas, se accede a ella por escaleras o ascensor y está bien señalizada. El trayecto ronda los veinte o veinticinco minutos, y ahí está su gran ventaja: es inmune al tráfico, cosa que el autobús no.
La contrapartida es la frecuencia. Los trenes circulan aproximadamente cada cuarenta minutos, así que puedes encontrarte esperando más de lo que habrías tardado en llegar en autobús. El billete es algo más caro que el del autobús, pero sigue estando muy lejos de resultar caro en términos europeos.
El otro inconveniente es el destino. Gara de Nord no está en el centro: queda al noroeste y hay que enlazar con el metro para llegar al casco antiguo. Si tu alojamiento está cerca de la estación, o si vas a coger un tren hacia Brașov o hacia cualquier otro punto del país nada más aterrizar, el tren es sin discusión la mejor opción. Si vas directo al centro, el autobús te deja más cerca.
Taxi y aplicaciones de transporte¶
El taxi desde Otopeni tiene mala fama histórica, y en parte por eso el aeropuerto implantó un sistema de quioscos con pantalla táctil en la zona de llegadas. Se selecciona el tipo de vehículo según el número de pasajeros y el equipaje, la máquina imprime un tíquet con el número del taxi y la tarifa por kilómetro, y con ese papel se sale a la parada. Es un sistema que funciona y que conviene usar.
La regla de oro, que no ha cambiado en años, es no aceptar nunca el ofrecimiento de nadie que se acerque a ofrecerte transporte dentro de la terminal. No son taxis oficiales y las tarifas que aplican no tienen ninguna relación con las legales. Si alguien te aborda antes de que hayas llegado a la parada, la respuesta es no.
Las aplicaciones tipo Uber o Bolt funcionan con normalidad en Bucarest y suelen ser competitivas, con la ventaja de que el precio queda cerrado en la propia app. La recogida se hace en la zona señalizada para vehículos de plataformas, dentro del aparcamiento, no en la puerta de llegadas. Y si llegas de madrugada con equipaje voluminoso o viajas en grupo, un traslado privado reservado con antelación tampoco resulta desproporcionado repartido entre varias personas.
Qué opción elegir según tu llegada¶
Si aterrizas de día, vas al casco antiguo y viajas ligero, el autobús 100 es la respuesta casi siempre: sale cada cuarto de hora, te deja en pleno centro y cuesta menos de un euro. Es la opción por defecto y no hay mucho más que pensar.
Si llegas en plena hora punta, entre las siete y las diez de la mañana o entre las cuatro y las ocho de la tarde, el tren compensa aunque tengas que enlazar con el metro, sencillamente porque el autobús puede quedarse atrapado en un atasco de cuarenta minutos largos. Y si aterrizas de madrugada, ten presente que la 100 sigue funcionando toda la noche con frecuencia reducida, cosa que muchos viajeros desconocen y que evita tener que recurrir al taxi por defecto.
Un último apunte práctico: antes de salir de la terminal, saca efectivo en un cajero en lugar de cambiar dinero en las casas de cambio del aeropuerto, donde el tipo es sistemáticamente malo. Rumanía sigue usando el leu y, aunque el pago con tarjeta está muy extendido, conviene llevar algo suelto para transporte y pequeñas compras. Y como todas estas cosas cambian, confirma horarios y tarifas en la web oficial del aeropuerto antes de viajar.