
Bilbonauta · Madrid
Houdini, el musical, en el Teatro Calderón de Madrid
Una hora de magos circulando por el vestíbulo antes de empezar, el suplente en el papel principal en vez del actor titular, y Julia Möller robándose la función ella sola en sus dos canciones.
Una de las razones por las que la idea de quedarnos en Madrid nos resultó tan atractiva fue la posibilidad de ver un musical. Madrid se ha consolidado en los últimos años como la capital del teatro musical en España, con una oferta que incluye desde grandes producciones internacionales hasta creaciones originales españolas. Y entre las propuestas que estaban en cartel, Houdini nos llamó la atención.
La obra¶
Houdini, el musical se estrenó en el Teatro Calderón de Madrid, uno de los teatros más emblemáticos de la Gran Vía, con capacidad para más de 1.700 espectadores. La obra narra la vida de Harry Houdini, el legendario mago y escapista húngaro-estadounidense que se convirtió en una de las figuras más fascinantes del espectáculo de principios del siglo XX.
La historia de Houdini tiene todos los ingredientes de un gran musical: un inmigrante que llega a América con nada y construye una leyenda a base de talento y determinación, una historia de amor con su esposa Bess, rivalidades profesionales, el mundo del vodevil y los espectáculos de variedades de principios del siglo XX, y esa obsesión final por desenmascarar a los falsos médiums que lo enfrentó con espiritistas de todo el mundo.
El libreto recorre su vida desde los humildes comienzos como trapecista en circos ambulantes hasta su consagración como el mayor escapista de la historia, pasando por sus giras europeas, su amistad y posterior enfrentamiento con Arthur Conan Doyle —que creía fervientemente en el espiritismo— y su trágica muerte en 1926 a los 52 años.
El pre-show: una hora antes de la función¶
Una hora antes del comienzo de la función, las puertas del teatro se abren para un pre-show que merece la pena. El vestíbulo y los pasillos del Calderón se transforman en un recorrido inmersivo ambientado en el mundo de Houdini: decorados de época, vitrinas con reproducciones de sus aparatos de escapismo, carteles de sus actuaciones y elementos de atrezo que recrean la atmósfera del vodevil americano de principios del siglo XX.
Pero lo mejor del pre-show son los artistas en vivo. Magos y animadores circulan entre el público realizando trucos de cartas, juegos de mentalismo y pequeños números de magia de cerca que van calentando el ambiente. Es una forma inteligente de preparar al espectador: cuando finalmente te sientas en la butaca, ya estás dentro del universo de la obra.
La función¶
Desafortunadamente, no vimos a Pablo Puyol en el papel protagonista. Puyol, conocido por su papel en la serie Un Paso Adelante y por una sólida carrera teatral que incluye papeles en Grease, La Llamada y otros musicales de éxito, es el Houdini titular de la producción. En su lugar actuaba su cover, Sergio Escribano.
Escribano tiene un físico imponente para el papel y una voz espectacular. Técnicamente impecable: canta en cualquier posición —incluso colgado boca abajo durante uno de los números de escapismo— sin perder potencia ni una nota. Es el tipo de intérprete que te hace respetar el oficio de cantante de musical, donde las exigencias físicas van mucho más allá de simplemente cantar bien. Dicho esto, le faltó algo de carisma, esa presencia escénica que diferencia a un buen intérprete de una estrella. No vi al gran Houdini, al mago que hipnotizaba a multitudes enteras: vi a un personaje más, correcto pero sin ese magnetismo que el papel pide a gritos. He visto a Pablo Puyol en otras obras y es un animal escénico, así que no puedo evitar preguntarme si con él en el papel la percepción general habría sido otra.
La joya indiscutible de la función fue Julia Möller. Cada vez que aparecía en escena, todo lo demás dejaba de existir. Sus dos canciones en solitario fueron, con muchísima diferencia, lo mejor del espectáculo. Möller tiene esa capacidad rara de robarte la atención sin esfuerzo aparente, de hacer que el público olvide que está en un teatro y simplemente se deje llevar. Es una intérprete que entiende que un musical no va solo de cantar bien sino de contar una historia con cada gesto, cada pausa, cada mirada.
La partitura: todos los tópicos en una sola obra¶
Si la interpretación tuvo sus luces y sombras, la partitura es probablemente el punto más débil de la producción. Hay claqué, hay can-can, hay números grupales con coreografías de jazz, hay baladas románticas, hay números cómicos... Todos los tópicos del teatro musical metidos en una única obra, como si alguien hubiera elaborado un checklist de lo que debe tener un musical y hubiera ido marcando casillas.
El resultado es una partitura que intenta abarcar demasiado sin destacar en nada. Las canciones buscan ser pegadizas sin conseguirlo del todo, los números de conjunto son correctos pero genéricos, y falta esa canción que se te queda en la cabeza días después de haber salido del teatro. Es una partitura funcional, que cumple su cometido dentro de la obra, pero que carece de personalidad propia.
La parte técnica¶
Donde la producción no tiene fisuras es en la parte técnica. La escenografía, el vestuario, la iluminación y sobre todo los números de magia e ilusionismo están ejecutados con una precisión admirable. Los trucos de escapismo integrados en la trama funcionan sorprendentemente bien en el formato teatral, y hay momentos de genuino asombro que justifican por sí solos el precio de la entrada.
El Teatro Calderón, con su aforo generoso y su acústica noble, es el marco perfecto para una producción de estas características. La amplificación es limpia, las transiciones escénicas fluidas y el ritmo general de la obra no decae en ningún momento. Se nota la inversión en producción y el mimo en los detalles.
Veredicto¶
Houdini es un musical entretenido que se pasa volando. Lo disfruté muchísimo y lo recomendaría sin dudarlo. Pero tengo que ser honesto: es una obra que cumple con todos los requisitos de un buen musical sin destacar en ninguno. Le falta esa chispa que separa lo bueno de lo memorable, esa canción que no puedes dejar de tararear, ese momento que te pone los pelos de punta.
Quizá el problema sea de ambición: han intentado hacer demasiadas cosas —magia, canto, baile, drama, comedia— y al final todo queda un poco diluido. O quizá simplemente me tocó un día sin Pablo Puyol y con una partitura que, por mucho que lo intenta, no alcanza el nivel de los grandes musicales del género.
En cualquier caso, si estáis en Madrid y os gustan los musicales, id a ver Houdini. Pasaréis un rato estupendo, la producción es de primera y Julia Möller merece el precio de la entrada ella sola.