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Málaga desde las murallas de la Alcazaba, con la torre de la catedral asomando a la izquierda, el caserío blanco extendiéndose hasta los montes y el teatro romano y sus palmeras justo debajo.

Diarios de viaje · España · Málaga

Málaga, reencuentro tres décadas después

Después de casi tres décadas, regreso a Málaga con la curiosidad de redescubrir una ciudad que, según dicen, se ha transformado radicalmente. El reencuentro con un viejo amigo tras 18 años sin vernos es el pretexto perfecto para esta escapada invernal.

5 días Lectura de 20 minutos

Málaga, un reencuentro treinta años después

Introducción al viaje

Mi única visita anterior a Málaga había sido en los años universitarios, a finales de los noventa, y el recuerdo que me quedó era vago y poco favorecedor: una playa de arena oscura en pendiente, una catedral con aspecto descuidado que no terminó de convencer, y la sensación de una ciudad a medio hacer. Durante años, cada vez que alguien mencionaba Málaga, era esa imagen la que me venía a la cabeza. Pero en los últimos tiempos no paraban de llegar noticias distintas: que se había transformado por completo, que el puerto era una pasada, que los museos habían multiplicado la oferta cultural.

El momento de comprobarlo llegó en febrero de 2025, con una excusa adicional: en Málaga vive Ángel, antiguo compañero de trabajo al que no veíamos desde hacía dieciocho años. Reencuentro y curiosidad por la ciudad, la combinación perfecta para esta escapada invernal.

El interior del aeropuerto de Málaga.

Día 1. Llegada a Málaga treinta años después

El vuelo salía de Bilbao a las 19:00h. Puntual en la salida, puntual en la llegada a las 20:30h. El aeropuerto de Málaga sigue siendo de una escala que sorprende: enorme, moderno, sin la sensación de saturación que tienen otros terminales comparables. Ángel y Rosmari nos esperaban a la salida, y después de los abrazos nos dirigimos directamente a casa de nuestros anfitriones, donde pasaríamos los siguientes días.

Tras dejar las mochilas, salimos a cenar. El clima de febrero en Málaga era parecido al que habíamos dejado en Bilbao esa semana: días templados, noche fresca pero llevadera. Nos llevaron al Niña Bonita, un mexicano de El Palo que funciona íntegramente sin gluten, una condición necesaria para nuestros anfitriones. Lo destacable no era solo la adaptación a la intolerancia sino la autenticidad de la cocina: tacos de diferentes variedades, guacamole casero, el picante servido aparte para que cada quien ajuste. Nada de la versión domesticada al paladar español.

La cena se extendió entre platos y conversación, recuperando el hilo de dieciocho años en fragmentos: compañeros de trabajo de entonces, lugares que existieron y ya no, vidas que tomaron rumbos distintos. De vuelta en casa, la charla continuó hasta pasadas las dos de la madrugada, con una copa de vino dulce malagueño que resultó demasiado dulce para el gusto de uno de nosotros pero que mereció la prueba. Al día siguiente empezaba la ciudad.

Catedral de Málaga y edificios del centro histórico

Día 2. Calle Larios, la Alcazaba y el atardecer en el Muelle Uno

La noche anterior se había alargado hasta las dos, así que la mañana del miércoles empezó sin prisa. Después de desayunar en casa, el primer trámite fue práctico: conseguir una tarjeta de transporte. El sistema malagueño permite cargar bloques de diez viajes, lo que deja cada trayecto a 42 céntimos —casi un tercio del precio del billete comprado en el propio autobús— y la tarjeta es válida para dos personas simultáneamente. Con eso resuelto, tomamos el bus hasta Alameda Principal para empezar desde el centro.

Calle Larios en pleno Carnaval

De Alameda Principal al centro histórico hay un paseo corto. La calle Marqués de Larios, inaugurada en 1891, es el eje peatonal principal de Málaga: 300 metros rectos, anchura uniforme, pavimento de mármol que refleja la luz, y edificios de estilo ecléctico burgués con balcones de forja y miradores acristalados que forman un conjunto homogéneo poco habitual en los cascos históricos españoles. Lleva el nombre de Manuel Domingo Larios y Larios, segundo Marqués de Larios, impulsor de la industrialización malagueña del siglo XIX.

Esa semana la calle estaba decorada para el Carnaval: cortinas luminosas doradas colgando a los lados, figuras de líneas sencillas iluminadas cruzando de lado a lado sobre la vía, personajes festivos en contornos de luz alternando con cascadas de pequeñas luces blancas. De día el efecto era llamativo; de noche debía de ser otra cosa.

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La calle Larios y sus alrededores

La Plaza de la Constitución

Al final de la calle Larios se abre la Plaza de la Constitución, el corazón histórico de la ciudad desde la época musulmana, cuando era conocida como Plaza de las Cuatro Calles por ser el punto de convergencia de las arterias principales de la medina. A lo largo de los siglos ha acumulado nombres: Plaza Mayor, Plaza Real, Plaza de la Libertad, Plaza de la República. La forma irregular del espacio, heredada del urbanismo andalusí, contrasta con la geometría rigurosa de Larios.

Con el Carnaval instalado en la plaza, un gran escenario ocupaba buena parte del centro, rodeado de carpas, puestos de disfraces y casetas de bebida. La Fuente de Génova, obra renacentista del siglo XVI traída desde Génova y que ha cambiado de ubicación varias veces a lo largo de la historia de la ciudad, quedaba completamente cubierta por las estructuras del montaje festivo. La plaza funcionaba como se ha supuesto que debe funcionar desde siempre: como lugar de encuentro donde la ciudad se vuelca.

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La Plaza de la Constitución

El Ateneo de Málaga

Caminando por la calle Compañía, la fachada del Ateneo de Málaga invitó a entrar. El edificio ocupa lo que fue una escuela jesuita y luego el Instituto Vicente Espinel. Fundado en 1966, funciona como centro de actividad cultural con programación continua, alejado de los circuitos turísticos más transitados.

Esa semana presentaba dos exposiciones: «La fragilidad del acero» de Juanjo Almeda, con esculturas en acero realizadas mediante soldadura eléctrica en la Sala Pérez Estrada, y «Los adioses» de Mariló Jiménez Baena en el Espacio Frank Rebajes, un proyecto fotográfico sobre la historia de un matrimonio que emigró del pueblo a la ciudad. El edificio en sí —techos altos, escaleras señoriales— justificaba la parada independientemente de la programación.

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El Ateneo de Málaga y sus exposiciones

La Catedral: La Manquita

Con un helado artesanal comprado en una pequeña heladería del casco antiguo, continuamos hasta la Catedral. Los malagueños la llaman "La Manquita" porque le falta la torre sur, inacabada. La construcción arrancó en 1528 sobre los restos de la antigua mezquita mayor, con proyecto original de Diego de Siloé, aunque pasaron por ella otros arquitectos —entre ellos Andrés de Vandelvira— en un proceso constructivo que se extendió hasta el siglo XVIII. El resultado mezcla Renacimiento, Gótico y Barroco de forma orgánica.

La fachada principal es una composición barroca en dos cuerpos: columnas corintias, portones flanqueados por columnas salomónicas, medallones con relieves de la Virgen y los santos patronos de la ciudad, San Ciriaco y Santa Paula. Lo que sorprendió fue el estado de la piedra: limpia, con el tono dorado original recuperado, sin el oscurecimiento que se recordaba de hace treinta años. El tejado estaba en obras, con andamios visibles, pero eso no restaba presencia al conjunto. Desde la Plaza del Obispo, donde también se enfrenta al Palacio Episcopal del siglo XVIII, las proporciones se aprecian en su medida real.

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La Catedral de Málaga

La Alcazaba

Pasando junto al Museo de Málaga —guardado para otra ocasión— llegamos a la Alcazaba. La entrada combinada con el Castillo de Gibralfaro cuesta 5,50€ por persona y el ticket es válido durante 48 horas, lo que permite repartir las dos visitas en días distintos.

La Alcazaba es una fortaleza palaciega de origen árabe, construida principalmente entre los siglos XI y XIV durante el dominio musulmán. Su particularidad es la doble función: edificio defensivo y palacio residencial al mismo tiempo. Se organiza en dos recintos amurallados, el exterior de carácter más militar y el interior con las dependencias palaciegas. Las restauraciones realizadas a lo largo del tiempo son evidentes, pero el conjunto mantiene un equilibrio que deja imaginar el original. Los patios con vegetación, las fuentes, las albercas, el uso del agua como elemento arquitectónico central: todo reconocible como parte de la tradición hispanomusulmana.

Lo que ninguna restauración puede fabricar son las vistas. Desde las torres y miradores de la Alcazaba se abre una panorámica sobre la ciudad, el puerto y el Mediterráneo que es la mejor razón para subir. El azul del mar, el blanco del casco urbano, el verde de la vegetación en las laderas del monte Gibralfaro. Pasamos más de dos horas en el recinto.

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La Alcazaba de Málaga y las vistas sobre la ciudad, el puerto y el Mediterráneo desde sus miradores

El Teatro Romano

A la salida de la Alcazaba, al pie de la fortaleza, está el Teatro Romano. Descubierto en 1951 durante unas obras para construir un jardín, fue levantado en el siglo I a.C. durante el reinado de Augusto y estuvo en uso hasta el siglo III d.C. Lo que hace el lugar especialmente denso es la superposición: la Alcazaba se construyó siglos después reutilizando materiales del propio teatro, dejando tres capas de historia apiladas en el mismo punto —romana, musulmana, cristiana. El graderío semicircular conserva bien su estructura, dividida en los tres sectores tradicionales: ima, media y summa cavea. La entrada es gratuita y hay un pequeño centro de interpretación junto al yacimiento.

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El Teatro Romano de Málaga

La Plaza de la Merced y el barrio de Picasso

Después de una comida tardía en el casco antiguo, el recorrido continuó hacia la Plaza de la Merced. Este espacio rectangular, con el monumento a Torrijos en el centro, tiene relevancia directa en la historia del arte: en el número 15 nació Pablo Picasso el 25 de octubre de 1881. La Casa Natal funciona hoy como fundación y museo. Las terrazas que rodean la plaza estaban animadas a pesar de la hora, y los edificios de los siglos XVIII y XIX que la enmarcan componen un conjunto equilibrado.

Desde allí, caminando por San Agustín o Granada, se llega al Museo Picasso, instalado en el Palacio de Buenavista, edificio renacentista del siglo XVI. El museo, inaugurado en 2003, alberga más de 200 obras del artista y ha sido uno de los motores principales de la transformación cultural de la ciudad en las últimas décadas. En esta ocasión no entramos, pero nos detuvimos ante la fachada y el patio interior visible desde la entrada. Las calles del entorno tienen la mezcla característica del casco antiguo rehabilitado: fachadas cuidadas, comercio local, restaurantes con encanto.

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La Plaza de la Merced y el casco antiguo de Málaga

El Muelle Uno al atardecer

Al acercarse la tarde, nos dirigimos al puerto. Primero el área de atraque de los trasatlánticos, con esa escala que siempre impresiona, y después el Muelle Uno. Este espacio fue durante décadas de uso exclusivamente portuario; su reconversión en paseo comercial y de ocio forma parte del proyecto "Palmeral de las Sorpresas", diseñado por el arquitecto Jerónimo Junquera. El resultado es un paseo que conecta la ciudad con el frente marítimo: pérgolas blancas de forma ondulada que dan sombra, hileras de palmeras, espacios abiertos. La terminal de cruceros, obra del arquitecto malagueño Ángel Asenjo, se integra sin estridencias en el conjunto. El Centre Pompidou Málaga, con su estructura cúbica multicolor diseñada por Javier Pérez de la Fuente y Juan Antonio Marín Malavé, añade un punto de arte contemporáneo al borde del agua.

Pese a algunas nubes en el horizonte, el atardecer desde el puerto resultó limpio: dorados, naranjas y rojizos tiñendo el cielo y reflejándose en el agua, con la Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro iluminados en la colina al fondo. Nos quedamos hasta que cayó la noche, viendo cómo la ciudad iba encendiéndose.

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El puerto de Málaga y el Muelle Uno

De vuelta en casa de Ángel y Rosmari, la jornada terminó con pizza y cine.

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La noche en Málaga
Puerto de Málaga con embarcaciones y palmeras

Día 3. Gibralfaro, tapeo y el Soho

El jueves arrancó tarde, como habíamos arrancado los días anteriores. Desayuno en casa y luego al autobús rumbo al Castillo de Gibralfaro, la segunda parte de la entrada combinada que habíamos sacado el día anterior en la Alcazaba.

El Castillo de Gibralfaro

El nombre viene del árabe "Jbel" (monte) y del término "faro", que recuerda el asentamiento fenicio que ocupó esta cima como punto de vigilancia y señalización. Lo que se visita hoy es la fortaleza levantada principalmente en el siglo XIV por el sultán Yusuf I de Granada, quien reforzó esta posición estratégica a 131 metros sobre el nivel del mar para defender la Alcazaba y la ciudad. La comunicación entre ambos monumentos se hacía a través de la Coracha, un pasadizo fortificado que todavía es visible.

El diseño militar es eficaz y bien conservado: murallas dobles en algunos tramos, ocho torres albarranas para defensa avanzada y, en el interior, un aljibe capaz de almacenar hasta 40.000 litros de agua de lluvia —fundamental para resistir asedios prolongados. Esta capacidad de almacenamiento habla de la sofisticación técnica del período andalusí tanto como cualquier elemento decorativo.

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Recorriendo el Castillo de Gibralfaro

En 1487, tras tres meses de asedio, los Reyes Católicos tomaron Gibralfaro. Fue uno de los últimos bastiones musulmanes en caer en la península, y el episodio quedó grabado en el escudo de la ciudad de Málaga, donde aparecen Fernando e Isabel junto a la fortaleza. El castillo siguió siendo cuartel de tropas hasta 1925, cuando pasó a manos civiles. En 1931 fue declarado Bien de Interés Cultural.

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Recorriendo el Castillo de Gibralfaro

El recorrido por el adarve, el camino de ronda sobre las murallas, ofrece vistas de 360 grados: al norte la serranía malagueña, al sur el Mediterráneo abierto, y abajo toda la ciudad como un plano en relieve que mezcla la trama histórica con los ensanches más recientes. La bahía completa, el puerto con los cruceros, la plaza de toros de La Malagueta, los jardines históricos. El Centro de Interpretación del interior tiene reproducciones de armas, utensilios y uniformes militares que ayudan a situar la vida cotidiana en la fortaleza durante la época medieval. Pasamos más de dos horas en el recinto.

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Centro de Interpretación del Castillo de Gibralfaro

Descenso a pie y jardines junto al Ayuntamiento

Aunque habíamos subido en autobús, bajamos a pie. El descenso permite ver la ciudad desplegarse desde distintas alturas, revelando la relación entre las colinas, el casco antiguo y el frente marítimo que desde arriba se intuye pero no se lee igual. El camino llevó hasta los jardines junto al Ayuntamiento, con su fachada de arquitectura institucional elegante, y por la Avenida de Cervantes donde también están la sede del Banco de España y uno de los edificios de la Universidad de Málaga.

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Jardines de Pedro Luis Alonso y edificios en la Avenida de Cervantes

Tapeo en el casco antiguo

Con el estómago reclamando atención, nos adentramos en el casco histórico en busca de un bar donde tapear. El pescado fresco y los productos de temporada dominan la carta en este tipo de establecimientos: pequeñas raciones que se van acumulando hasta componer una comida completa mientras avanza la conversación. La costumbre andaluza del tapeo tiene esa lógica de alargar el tiempo de la mesa sin que parezca un propósito premeditado.

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Casco antiguo de Málaga

La Málaga sin circuito turístico

Después de comer, el recorrido se extendió hacia la zona occidental del casco antiguo, la parte que no habíamos pisado el día anterior. A medida que nos acercábamos al río Guadalmedina, el ambiente cambiaba: menos terrazas orientadas al turista, más comercio de barrio, un ritmo más pausado. El contraste con la calle Larios o la Plaza de la Constitución era evidente, no como juicio de valor sino como constatación de que la ciudad tiene capas distintas de uso y que las más interesantes no siempre están en los mapas.

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Casco antiguo de Málaga

El Mercado de Atarazanas, cerrado

El Mercado de Atarazanas tenía pendiente de visita. Es conocido tanto por su arquitectura de hierro del siglo XIX como por ser el epicentro gastronómico de la ciudad. Llegamos cuando ya había cerrado. Los mercados tradicionales cierran temprano por la tarde y ese detalle hay que tenerlo en cuenta para la próxima vez.

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Mercado de Atarazanas

El Soho y el arte urbano

Cruzando la Alameda Principal llegamos al Soho, el barrio que ha pasado en pocos años de zona degradada a distrito artístico de la ciudad. El street art es el motor de esa transformación: artistas locales e internacionales han intervenido las fachadas con murales de gran formato que convierten cada manzana en una secuencia de obras al aire libre. El resultado es un barrio que tiene una identidad visual propia, diferente al casco histórico rehabilitado y diferente también al Muelle Uno. Dedicamos un buen rato a fotografiar los murales.

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El Soho de Málaga

Por la noche, de vuelta con Ángel y Rosmari, hubo hamburguesas caseras con patatas fritas y algún incidente de cocina que queda en la memoria privada del viaje.

Calle Larios de Málaga con edificios históricos y visitantes

Día 4. Día de Andalucía bajo alerta naranja

El viernes 28 de febrero amaneció con alerta naranja por lluvia en toda la provincia. Más de 30 litros por metro cuadrado caerían ese día sobre la capital. Para añadir un condicionante más, era el Día de Andalucía y la mayoría de comercios permanecerían cerrados. El itinerario previsto se descartó y tocó improvisar una jornada de museos.

El Pompidou con entrada gratuita

La primera parada fue el Centre Pompidou Málaga. Al ser festivo autonómico, la entrada era gratuita para todos los visitantes, lo que hacía la opción todavía más razonable para un día de lluvia.

El Pompidou malagueño es la primera sede del centro de arte parisino fuera de Francia. Ocupa una estructura cúbica multicolor en el puerto, conocida como "El Cubo", diseñada por los arquitectos Javier Pérez de la Fuente y Juan Antonio Marín Malavé. Desde el exterior ya comunica claramente que es un espacio diferente al resto del entorno portuario. En el interior, la colección permanente del Centre Pompidou de París llega en forma de selección cuidada: Frida Kahlo, Francis Bacon, René Magritte y otras figuras del arte del siglo XX y XXI. La exposición está organizada por secciones temáticas que recorren las principales corrientes de ese período. No es un espacio grande, pero está bien aprovechado y dos horas son suficientes para verlo con calma.

A la salida, con la lluvia sin parar, dimos una vuelta por los locales del Muelle Uno, que permanecía abierto pese a la jornada festiva.

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Museo Pompidou de Málaga

Papulinos y el plan de la tarde

Mientras caminábamos por el muelle, Ángel y Rosmari llamaron para recogernos en coche y comer juntos. Nos llevaron a Papulinos, un restaurante que no conocíamos y que resultó una buena elección. Durante la comida, los anfitriones sugirieron visitar por la tarde el Museo Ruso, instalado en el antiguo edificio de la Tabacalera. El edificio en sí ya merece la visita: la antigua Real Fábrica de Tabacos de Málaga es un monumento industrial del siglo XIX con una presencia considerable. Tras la comida, nos despedimos y nos acercamos hasta allí en autobús.

El Museo Ruso, cerrado por motivos técnicos

Un trabajador del museo nos recibió en la puerta para informarnos de que el centro estaba cerrado ese día por motivos técnicos. El empleado ofreció entradas para otro día, gesto que agradecimos aunque no podíamos aprovechar al ser el penúltimo día de la estancia. Valoramos acercarnos al Museo del Automóvil, ubicado justo al lado, pero no encajaba especialmente con nuestros intereses.

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La Tabacalera es el nombre por el que localmente se conoce a la antigua Real Fábrica de Tabacos de Málaga

La Casa Natal de Picasso

Con la lluvia todavía activa, cogimos el autobús de vuelta al centro para aprovechar otro de los espacios con entrada gratuita por el Día de Andalucía: la Casa Natal de Picasso.

La primera parada fue la Fundación Pablo Ruiz Picasso, donde visitamos la exposición temporal «J. Fín (1916-1969). Hacia la liberación poética». Se trataba de la primera muestra antológica en Andalucía dedicada a José Vilató Ruiz —conocido artísticamente como J. Fín—, hijo de Lola Ruiz Picasso, hermana del pintor malagueño.

Después entramos en la Casa Natal propiamente dicha, en el número 15 de la Plaza de la Merced. Picasso nació aquí el 25 de octubre de 1881, en este edificio de principios del siglo XIX que la fundación gestiona como espacio de visita. La experiencia fue bastante inferior a lo esperado: el espacio es reducido, apenas conserva elementos originales de cuando la familia Ruiz Picasso vivía allí, y el contenido expositivo se limita a documentos personales, fotografías familiares y reproducciones de obras tempranas. La planta dedicada a su infancia y primeros años de formación en Málaga tiene interés histórico, pero la escasez de piezas originales relevantes deja la visita con una sensación de oportunidad desaprovechada, especialmente tratándose de la ciudad natal de uno de los artistas más importantes del siglo XX.

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Casa Natal de Picasso

La Malagueta después de la lluvia

Al salir de la Casa Natal había dejado de llover. Aprovechando la tregua meteorológica, nos acercamos a la playa de la Malagueta, a unos diez minutos a pie del centro histórico. Es una playa urbana que se extiende más de un kilómetro, flanqueada por el paseo marítimo. Después del temporal, la arena estaba oscurecida por el agua y el mar mostraba olas más pronunciadas de lo habitual, con el color azul intenso que toma el Mediterráneo en días revueltos. Las letras gigantes de "MALAGUETA" en la entrada de la playa brillaban con los últimos rayos de sol. Algunos locales paseaban por la orilla con abrigo, los chiringuitos cerrados o con escasa actividad. El cielo, despejándose gradualmente, regaló una transición de colores mientras el sol se ocultaba: naranjas que se reflejaban en el agua, con la silueta de la Alcazaba visible al fondo.

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Atarceder en la playa de la Malagueta

De noche, de vuelta en casa de Ángel y Rosmari, la sorpresa que habíamos adelantado durante la comida resultó ser una bandeja de sushi de dimensiones que no habíamos visto en ningún sitio anterior. La velada se alargó entre conversación y la certeza de que al día siguiente tocaba volver.

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La más impresionante bandeja de sushi de la historia
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Día 5. Último día, croquetas y el tren al aeropuerto

El sábado era el último día. El vuelo de vuelta a Bilbao salía a las 19:00h, así que todavía había mañana y parte de la tarde disponibles. Nos levantamos sin prisa, como habíamos hecho toda la semana.

El desayuno con Ángel y Rosmari derivó en una conversación larga sobre un proyecto personal en el que estaban trabajando. Compartimos los detalles, desde la concepción hasta la ejecución, y la charla fue tomando cuerpo: surgieron preguntas, sugerencias, opiniones. No fue una conversación de cortesía sino una de esas en las que uno se involucra de verdad. Cuando levantamos la vista del reloj había llegado la hora de la comida y no habíamos salido de casa en todo el día. No había ningún monumento que mereciera interrumpirlo.

A mediodía, los anfitriones prepararon una comida completa: croquetas caseras, boquerones fritos y pollo con arroz. El tipo de menú que en un restaurante requeriría cierta búsqueda y no garantizaría ese resultado. Comimos con calma, sin el ritmo de los días anteriores dedicados a recorrer la ciudad.

Después de comer, Ángel nos acompañó hasta la estación de tren. El trayecto hasta el aeropuerto es rápido, pocas paradas. En el aeropuerto hubo un cambio de puerta a última hora, sin mayor complicación, y el vuelo salió puntual.

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Haciendo tiempo en el aeropuerto de Málaga

Málaga había resultado exactamente lo que los comentarios de los últimos años prometían: una ciudad transformada en profundidad desde los noventa, con una oferta cultural y un espacio público que hacen honor a su tamaño y a su posición en el Mediterráneo. Queda pendiente el Museo Picasso, el Mercado de Atarazanas a la hora correcta, el Museo Ruso cuando no haya motivos técnicos, y Ronda, que Ángel y Rosmari describieron con la misma insistencia que los malagueños ponen cuando hablan de su ciudad.

Lo que costó el viaje

Guías y artículos

Información práctica