Después de cuatro años explorando las Islas Canarias con resultados excelentes, en junio de 2009 decidimos cambiar de archipiélago y probar nuestra fórmula de viaje en las Baleares. Mallorca, la isla más grande del archipiélago mediterráneo, prometía una experiencia completamente diferente: paisajes más verdes, calas de aguas cristalinas y un patrimonio histórico milenario que contrastaría con los paisajes volcánicos canarios.
La estrategia siguió siendo la misma: paquete vacacional con vuelos desde Bilbao, traslados incluidos y media pensión en un hotel de Alcúdia. Esta zona del norte de la isla, famosa por sus extensas playas de arena blanca y su ambiente familiar, se presentaba como la base perfecta para explorar toda Mallorca manteniendo nuestro ritmo de mañanas turísticas y tardes de relax.
Una semana completa en junio, con el coche de alquiler como compañero inseparable, para descubrir si la magia mediterránea podía igualar el encanto atlántico que tanto nos había conquistado en Canarias.
La fórmula probada en aguas mediterráneas #
Cuatro años de experiencia insular nos habían enseñado que la combinación de paquete vacacional y coche de alquiler proporcionaba la libertad perfecta para conocer un destino sin renunciar al confort del descanso hotelero. Mallorca, con sus dimensiones manejables y su excelente red de carreteras, parecía el escenario ideal para probar esta fórmula en el Mediterráneo.
Alcúdia, con su doble personalidad de pueblo histórico amurallado y moderno destino de playa, ofrecía lo mejor de ambos mundos. Las playas de arena fina de la bahía garantizaban el componente de relax vespertino, mientras que la ubicación estratégica en el norte facilitaba el acceso tanto a la Serra de Tramuntana como a las calas del este y sur.
La rutina se estableció rápidamente: desayuno buffet en el hotel, recogida del coche y exploración hasta media tarde, regreso para disfrutar de la playa de Alcúdia o la piscina del hotel, cena y paseos nocturnos por el casco histórico. Un ritmo que nos permitiría conocer la diversidad mallorquina sin agotarnos.
Palma: catedral, historia y elegancia mediterránea #
Ninguna visita a Mallorca está completa sin dedicar tiempo a Palma, una de las capitales mediterráneas más elegantes y con mayor patrimonio histórico. La Catedral de Santa María, conocida como La Seu, domina visualmente la bahía con su silueta gótica espectacular, creando una de las estampas urbanas más hermosas del Mediterráneo.
El casco histórico palmesano, con sus callejuelas medievales, patios señoriales y palacios renacentistas, cuenta la historia de una ciudad que ha sido testigo de culturas romana, árabe, judía y cristiana. Cada plaza, cada rincón, revela capas de historia acumuladas durante más de dos milenios.
El Paseo del Borne y las zonas comerciales del centro ofrecen el contraste de la Palma moderna, cosmopolita y sofisticada. Los cafés con terrazas invitan a la contemplación del trasiego urbano mediterráneo, mientras que el puerto deportivo muestra la cara más exclusiva y náutica de la ciudad.




Valldemossa: Chopin, Cartuja y paisaje de montaña #
La excursión a Valldemossa nos transportó al corazón romántico de Mallorca. Este pueblo de la Serra de Tramuntana, famoso por haber albergado a Frédéric Chopin y George Sand durante el invierno de 1838, conserva una atmósfera de retiro cultural y belleza arquitectónica única.
La Real Cartuja, con sus celdas monacales convertidas en museo, permite revivir la estancia del compositor polaco y la escritora francesa. Los jardines, los claustros y las estancias reconstruidas evocan esa época romántica cuando Valldemossa era refugio de artistas y intelectuales europeos.
El pueblo en sí, con sus casas de piedra dorada, calles empedradas y jardines floridos, representa la esencia más auténtica de la arquitectura tradicional mallorquina. Las vistas panorámicas sobre los valles circundantes y el Mediterráneo completan un conjunto paisajístico de extraordinaria belleza.


Deià: paraíso de artistas en la costa norte #
Muy cerca de Valldemossa, Deià nos ofreció otra perspectiva del magnetismo que la Serra de Tramuntana ejerce sobre los creadores. Este pequeño pueblo, que ha atraído durante décadas a escritores, pintores y músicos de todo el mundo, mantiene una atmósfera bohemia y cosmopolita única en Mallorca.
Las casas de piedra distribuidas por las laderas de la montaña, los jardines mediterráneos y las vistas sobre calas escondidas crean un conjunto de belleza casi irreal. Se entiende perfectamente por qué Robert Graves eligió este lugar como refugio creativo durante gran parte de su vida.
La cala de Deià, accesible por un sendero serpenteante, ofrece una experiencia de baño en un entorno natural protegido. Las aguas cristalinas entre rocas y la vegetación mediterránea que llega hasta la orilla crean una sensación de paraíso privado.


Sóller y su tren: valle de naranjos y nostalgia ferroviaria #
La excursión a Sóller combinó paisaje, historia y una experiencia de transporte única. El famoso tren de Sóller, inaugurado en 1912, nos transportó desde Palma hasta este valle interior atravesando túneles y viaductos que son obras de ingeniería admirables.
El valle de Sóller, conocido como el "valle de oro" por sus extensos naranjales, ofrece un contraste verde y fértil con los paisajes más áridos del sur de la isla. El pueblo conserva arquitectura modernista de principios del siglo XX, consecuencia de la prosperidad que trajo el comercio de cítricos con Francia.
El tranvía que conecta Sóller con su puerto añade un toque de nostalgia a la experiencia. El Puerto de Sóller, enclavado en una bahía circular protegida por montañas, combina tradición pesquera con turismo tranquilo, creando un ambiente relajado y auténtico.


Formentor: la península de los paisajes épicos #
La carretera hacia el Cabo de Formentor nos regaló algunos de los paisajes más espectaculares de todo el viaje. Esta península del extremo norte de Mallorca combina acantilados vertiginosos, calas escondidas y miradores que abarcan panorámicas marítimas de amplitud cinematográfica.
El Mirador des Colomer ofrece vistas sobre islotes rocosos que emergen de aguas de color turquesa intenso. Es uno de esos lugares donde la fotografía nunca logra capturar completamente la sensación de grandeza y belleza que produce la contemplación directa.
La Playa de Formentor, considerada una de las más hermosas de Mallorca, combina arena blanca finísima con aguas cristalinas en un entorno de pinares que llegan hasta la orilla. El contraste entre el verde intenso de la vegetación y el azul del Mediterráneo crea composiciones naturales de perfecta armonía cromática.


Artà y las Cuevas del Drach: maravillas subterráneas #
La zona este de Mallorca nos deparó experiencias completamente diferentes. Las Cuevas del Drach, cerca de Porto Cristo, nos sumergieron en un mundo subterráneo de formaciones calcáreas milenarias. Estas cavernas, con sus estalactitas, estalagmitas y lagos subterráneos, constituyen uno de los espectáculos geológicos más impresionantes de las Baleares.
El concierto de música clásica en el lago Martel, con la acústica natural de la cueva potenciando la experiencia sonora, añade una dimensión artística única a la visita. La navegación posterior por el lago subterráneo crea una sensación de irrealidad que permanece en la memoria.
El pueblo de Artà, con su santuario en lo alto de una colina y sus calles medievales, representa la Mallorca más tradicional y menos turística. Las vistas desde el santuario abarcan campos de cultivo, molinos de viento y el mar, componiendo una panorámica rural que evoca la Mallorca agrícola de siglos pasados.


Felanitx y el Santuario de Sant Salvador: panorámicas desde las alturas #
Una de nuestras excursiones más espectaculares nos llevó hasta Felanitx y su famoso Santuario de Sant Salvador, situado en la cumbre de una montaña que domina todo el sureste de Mallorca. Este pueblo del interior, conocido por ser la cuna del pintor Miquel Barceló y por su tradición vinícola, nos sirvió como punto de partida para una de las subidas más rewarding de todo el viaje.
El Santuario de Sant Salvador, construido en el siglo XIV y reformado en siglos posteriores, se alza a 509 metros de altitud ofreciendo vistas panorámicas que abarcan prácticamente toda la isla. La carretera serpenteante hasta la cumbre ya constituye una experiencia en sí misma, con paisajes cambiantes que van desde campos de cultivo hasta bosques mediterráneos.
Desde la explanada del santuario, las vistas abarcan desde la Serra de Tramuntana hasta el Cabo de Ses Salines, pasando por las costas de Santanyí y la isla de Cabrera en el horizonte. El gran Cristo que corona la montaña, visible desde muchos puntos de la isla, se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de Mallorca. Es uno de esos lugares donde la dimensión espiritual se combina con el espectáculo paisajístico para crear una experiencia memorable.




Alcúdia: historia romana y playas familiares #
Nuestro hotel en Alcúdia nos permitía alternar las excursiones con el disfrute de una de las zonas más completas de Mallorca. La ciudad vieja, con sus murallas medievales perfectamente conservadas, alberga restos romanos que recuerdan que Pollentia fue una de las ciudades más importantes de la Mallorca antigua.
Las playas de la bahía de Alcúdia, con kilómetros de arena blanca y aguas poco profundas, ofrecen condiciones ideales para el turismo familiar. La infraestructura turística es excelente, pero sin llegar a los excesos de otras zonas más masificadas de la isla.
Los paseos vespertinos por el casco histórico, después de las jornadas de turismo y playa, nos permitían experimentar la vida local alcudiense. Los restaurantes con terrazas en las plazas medievales crean un ambiente perfecto para las cenas tranquilas después de días intensos de exploración.


Lluc: el corazón espiritual de Mallorca #
Una de nuestras excursiones más memorables nos llevó hasta el Santuario de Lluc, considerado el centro espiritual y geográfico de Mallorca. Situado en plena Serra de Tramuntana, este monasterio del siglo XIII constituye el principal lugar de peregrinaje de la isla y uno de los conjuntos arquitectónicos religiosos más importantes de las Baleares.
El santuario, dedicado a la Virgen de Lluc, patrona de Mallorca, se alza en un valle montañoso rodeado de encinas y pinos que crean una atmósfera de recogimiento y paz. La basílica, con su fachada barroca y su interior gótico, alberga la imagen de la "Moreneta", venerada por los mallorquines desde hace más de siete siglos.
Los jardines botánicos que rodean el complejo monástico y las rutas de senderismo que parten desde Lluc hacia las cumbres de la Tramuntana añaden una dimensión natural a la experiencia espiritual. Es uno de esos lugares donde la historia, la religiosidad y el paisaje de montaña se combinan para crear una experiencia única, muy alejada del bullicio turístico costero.


Reflexiones sobre el contraste mediterráneo #
Mallorca demostró tener una personalidad completamente diferente a las Islas Canarias, confirmando que cada archipiélago español ofrece experiencias únicas. La mayor presencia de vegetación, consecuencia del clima mediterráneo, crea paisajes más verdes y jardinescos que contrastan con la austeridad volcánica canaria.
El patrimonio histórico mallorquín, acumulado durante más de dos milenios de civilizaciones mediterráneas, añade profundidad cultural a la experiencia vacacional. Cada pueblo, cada monumento, cuenta historias de romanos, árabes, cristianos y la nobleza europea que ha elegido Mallorca como refugio.
La infraestructura turística balear, más madura y sofisticada que la canaria, ofrece mayor variedad de experiencias culturales y gastronómicas. Sin embargo, esta sofisticación a veces se traduce en mayor masificación y precios más elevados.
Nuestra primera experiencia balear con la fórmula "paquete + coche de alquiler" resultó exitosa, aunque las distancias menores y la mayor densidad turística de Mallorca crearon una dinámica diferente a la vivida en Canarias. Es un destino que combina perfectamente cultura, naturaleza y relax, pero con una personalidad mediterránea que requiere adaptarse a ritmos y ambientes diferentes.
La semana de junio de 2009 en Alcúdia quedó marcada como nuestro descubrimiento del Mediterráneo insular, una experiencia que nos demostró que España ofrece dos modelos insulares complementarios: el atlántico canario y el mediterráneo balear, cada uno con su propia magia y atractivos únicos.

Juanjo Marcos
Desarrollador y diseñador web actualmente afincado en Bilbao. Desde que tengo uso de razón viajar es una de mis grandes pasiones, junto a la tecnología, la fotografía y los largos paseos sin rumbo definido.
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