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Fachada exterior del edificio Beta II de Zorrotzaurre, vista desde el Beta I

Bilbao

El edificio Beta II de Zorrotzaurre

De ampliación de una tornillería a fábrica de ideas

En Zorrotzaurre hay un edificio al que casi nadie llega de frente. El Beta II queda en segunda fila, detrás del Beta I, con la entrada por Olagorta kalea y no por la ribera, y hay que ir a buscarlo. Durante años fue exactamente lo que parece desde fuera, la trasera de una fábrica de tuercas y tornillos, cerrada y sin uso. Hoy está lleno de estudiantes: es Bilbao As Fabrik, la casa de Mondragon Unibertsitatea en la isla.

Si el Beta I es la fábrica original, la de comienzos de los cincuenta, el Beta II es su ampliación de 1963, más alta y con otra ambición. También su segunda vida ha sido distinta. Donde DigiPen se instaló en un edificio reformado hasta borrar el taller, aquí se ha querido lo contrario: que la fábrica se siga notando y que todo gire alrededor de un gran patio interior.

La trasera de una fábrica de tornillos

Beta fue una empresa de tuercas y tornillos que se instaló en la ribera de Zorrotzaurre a principios de los años cincuenta, cuando el canal de Deusto apenas se empezaba a excavar. La fábrica original, obra de Francisco García Alquegui y del ingeniero Juan José Abrisqueta, es el edificio que da a la ría y que hoy ocupa DigiPen.

El negocio debió de ir bien, porque una década después hizo falta más sitio. En 1963 el arquitecto José Ignacio Gorostiza proyectó una ampliación hacia el interior de la península, detrás de la fábrica primitiva. Los dos cuerpos funcionaron durante años como una sola instalación, y solo cuando el plan urbanístico de la isla empezó a ponerles nombre pasaron a llamarse Beta I, el de delante, y Beta II, el de detrás.

Me gusta pensar en lo que significa esa posición. El Beta I era la cara de la empresa, la que se veía desde la ría y desde los barcos; el Beta II quedaba detrás, lejos de las miradas. Que hoy sea probablemente el más animado de los dos tiene su gracia.

Un edificio de 1963: ladrillo, hormigón y un jardín en la azotea

El edificio que proyectó Gorostiza tenía planta baja y tres alturas, es decir, era más alto que la fábrica a la que se añadía. Las fachadas se revistieron con plaqueta de ladrillo, que contrasta con los elementos de hormigón que quedan vistos entre los vanos. Es el lenguaje de la arquitectura industrial del desarrollismo: estructura a la vista, ladrillo como piel y grandes huecos acristalados para meter luz en los talleres.

Un detalle lo distinguía del pabellón industrial corriente: la azotea llegó a tener un jardín, que quienes guardan la memoria del barrio recuerdan como impresionante. Cuesta imaginarlo hoy, un jardín sobre una tornillería en plena península fabril, pero es de esas cosas que hacen que un edificio deje de ser solo un contenedor de máquinas.

Hoy el edificio se cuenta de otra manera, en cinco niveles, de la planta cero a la tercera con una entreplanta por medio. Y es, como el Beta I, uno de los diecinueve edificios fabriles que el plan de Zorrotzaurre ha decidido conservar, lo que explica que siga en pie mientras a su alrededor caían otros pabellones.

Años cerrado, hasta que llegó As Fabrik

Beta acabó llevándose la producción a otra localidad vizcaína y el edificio trasero se quedó vacío. Estuvo años abandonado, como tantos en la península, mientras Zorrotzaurre esperaba a que alguien decidiera qué hacer con ella. Ya en manos municipales, hubo que empezar por lo más básico: reforzar la estructura para asegurar que aguantara en pie.

El uso llegó con un proyecto europeo, Bilbao As Fabrik, que el Ayuntamiento presentó en 2017 junto a Mondragon Unibertsitatea y otros socios. El nombre lo dice casi todo: una fábrica, pero de servicios avanzados para la industria, con aulas, laboratorios y sitio para empresas recién nacidas bajo un mismo techo. Para un edificio que había hecho tornillos, no era mal relevo.

La obra grande empezó en el otoño de 2019 y tenía que estar lista para el curso siguiente, pero se cruzó la pandemia: dos semanas de parón total y materiales que no llegaban. Los primeros alumnos tuvieron que esperar a enero de 2021. En conjunto, el proyecto ha movido más de doce millones de euros, buena parte de ellos europeos; sin ese dinero, el Beta II probablemente seguiría cerrado.

Por dentro: un atrio en el corazón de la fábrica

La reforma, del estudio IA+B Arquitectos, parte de una decisión clara: no disimular la fábrica. El interior se organiza en torno a un atrio abierto a todas las plantas, un gran vacío central que reparte la luz y permite entender el edificio de un vistazo. A su alrededor, lo que necesita cerrarse se resuelve como cajas de madera y vidrio colocadas dentro de la nave, y hay dos auditorios en forma de graderío abiertos a ese espacio común.

Atrio de entrada del edificio Beta II, abierto a todas las plantasAuditorio del edificio Beta II visto desde la parte superior
El atrio central y uno de los dos auditorios en graderío que se abren a él

Quienes mejor lo describieron fueron los primeros estudiantes, el día que lo estrenaron. «Muy luminoso», «muy amplio», con más salas y más espacios para trabajar en común que la sede de la que venían; uno de ellos lo resumió diciendo que allí sí daba la sensación de ir a la uni. Es difícil pedirle más a una antigua tornillería.

Zona de uso polivalente del edificio Beta II con mesas con ruedas para facilitar su movilidadSala de reuniones en el tercer piso del edificio Beta II
Una zona polivalente con mesas con ruedas y una sala de reuniones en las plantas superiores

Es justo la estrategia contraria a la del Beta I. Allí la reforma conservó la fachada y rehízo el interior hasta no dejar rastro del taller; aquí la fábrica sigue siendo el argumento, y lo nuevo se presenta como algo que se ha instalado dentro. Dos edificios de la misma empresa, a pocos metros uno de otro, y dos maneras muy distintas de darle una segunda vida a un pabellón.

Por fuera: ladrillo, cristaleras y lamas de madera

Por fuera sigue siendo, en lo esencial, el edificio de 1963. Se rehabilitaron las fachadas de ladrillo caravista y se rehicieron las grandes cristaleras, que son las que llenan de luz el interior. Sobre los paños restaurados se añadieron lamas de madera, el toque que avisa de que dentro ya no hay máquinas.

Lo que no se ve es el abrigo. Buena parte de la fachada lleva ahora aislamiento térmico por el exterior, porque en 1963 nadie pensaba en lo que costaba calentar una fábrica y hoy un campus no se puede permitir ese despiste. Es una de esas mejoras discretas que distinguen una rehabilitación seria de un lavado de cara.

Merece la pena rodearlo despacio. Desde la plaza se aprecia bien cómo se relaciona con el Beta I, más bajo y más antiguo, y cómo los dos comparten material, el ladrillo, pero no proporciones ni carácter.

Un cura en bicicleta a la puerta

Fuera del edificio hay una escultura que desconcierta a quien no conoce la historia: un cura en bicicleta, de tres metros de alto, en hierro oxidado. Es José María Arizmendiarrieta, el sacerdote que llegó a Mondragón en los años cuarenta, fundó allí una escuela profesional y acabó poniendo en marcha el movimiento cooperativo del que salieron la Corporación Mondragon y, con el tiempo, la universidad.

La pieza se colocó en mayo de 2022, para celebrar los veinticinco años de Mondragon Unibertsitatea, y salió del taller Laboratorios para el Arte de Estudios Durero. La bicicleta no es un capricho: era su manera habitual de moverse por Mondragón, y la universidad quiso recordarlo así, en un gesto de todos los días.

El sitio tampoco es casual. Arizmendiarrieta defendía que el trabajador solo se emancipa por la educación y por su propio trabajo, y la escultura está en un paisaje de muelles y viejas fábricas que se va llenando de estudiantes. Pocas veces una estatua y su emplazamiento dicen tan claramente lo mismo.

Mondragon Unibertsitatea en la isla

Los primeros 228 estudiantes entraron el 7 de enero de 2021, en una mañana helada y sin ceremonias; la inauguración oficial llegó una semana después. Venían de la sede que la universidad tiene en Uribitarte, y más de uno se sintió pionero: eran los primeros en estrenar una isla que entonces era, sobre todo, un proyecto.

Desde entonces el campus no ha dejado de crecer. De los cerca de 1.200 alumnos que Mondragon Unibertsitatea tiene en Bilbao, unos 900 estudian en As Fabrik, en grados como Ingeniería Mecatrónica, Business Data Analytics o Humanidades Digitales Globales. El edificio se lo cede el Ayuntamiento, a cambio de que la universidad devuelva a la ciudad actividad y gente joven.

Lo que distingue al campus es la mezcla. Además de aulas hay talleres de prototipado con corte láser, impresión 3D y realidad virtual, y espacio para empresas recién creadas. El modelo dual de Mondragon, en el que el alumno alterna la universidad con el trabajo en una empresa, encaja bien con un edificio que nació como fábrica.

La plaza de los Beta

Entre los dos edificios hay una plaza que se terminó en 2022 y que conviene no pasar por alto. Está pensada para una isla: el pavimento drena el agua y se apoya sobre una base impermeable, por si la ría decide subir más de la cuenta en las mareas vivas.

El mobiliario invita a quedarse: bancos de cedro rojo con jardinera, bancos circulares alrededor de los árboles, hamacas y tumbonas, una bancada corrida y tarimas de bambú, parte de ello bajo una marquesina metálica. Es una plaza de campus, hecha para estudiantes que salen a comer el bocadillo al sol cuando lo hay.

Bajo tierra hay algo más. En una parcela vecina, donde estuvo un pabellón de Astilleros Zamakona, se perforaron sondeos de 150 metros de profundidad para climatizar el Beta II con geotermia. No sale en las fotos, pero dice bastante del tipo de barrio que se quiere construir aquí.

Cómo llegar y cómo visitar el edificio Beta II

El Beta II está en Olagorta kalea, 26 (48014 Bilbao), justo detrás del Beta I. Lo más agradable es llegar caminando desde Deusto, cruzando el puente Frank Gehry y siguiendo la ribera hasta la plaza que comparten los dos edificios; los propios estudiantes que viven en el barrio van andando.

Es un campus universitario en funcionamiento, así que el interior no es de libre acceso. La ocasión para verlo es Open Bilbao: en la edición de 2026 ha estado en el programa el sábado por la mañana, de 10:00 a 14:00, con visitas guiadas de media hora en grupos de veinte personas, y el edificio es accesible. El exterior y la plaza se pueden ver cualquier día.

Lo ideal es visitarlo junto al Beta I, que queda a unos pasos, y comparar. Mismo origen, misma empresa y mismo propietario, y dos resultados que no se parecen en nada. Y antes de irse, un saludo al cura de la bicicleta. Después, la isla da para seguir el paseo por la Papelera, el Pabellón 6 y la ribera.

Vista de la isla de Zorrotzaurre desde la terraza del edificio Beta IIVista de la isla de Zorrotzaurre desde la terraza del edificio Beta II
Vistas de la isla de Zorrotzaurre desde la terraza del Beta II