
La historia de Berat: más de dos mil años entre imperios, religiones y resiliencia
Griegos, romanos, bizantinos, otomanos y comunistas en la ciudad de las mil ventanas
Berat no es solo una ciudad bonita. Es un palimpsesto arquitectónico y cultural donde cada siglo ha dejado una capa de civilización sobre la anterior, sin borrarla del todo. Griegos, ilirios, romanos, bizantinos, búlgaros, serbios, otomanos, comunistas: todos han pasado por aquí, y todos han contribuido a construir lo que hoy es uno de los rincones más extraordinarios de los Balcanes. Entender la historia de Berat es entender por qué merece la pena conocerla.
Antipatreia: los orígenes griegos de la ciudad¶
La historia documentada de Berat comienza en el siglo IV a.C., cuando fue fundada como ciudad griega con el nombre de Antipatreia, en honor al general macedonio Antipatro, lugarteniente de Alejandro Magno. Sin embargo, el asentamiento humano en esta colina estratégica sobre el río Osum es sin duda anterior. Los ilirios, el pueblo indoeuropeo que habitaba estas tierras antes de la expansión griega, ya conocían las ventajas del lugar: una colina de difícil acceso, un río como barrera natural, y el control visual de todo el valle circundante.
La posición de Berat la convertía en un punto de control clave en las rutas comerciales y militares que cruzaban la región de Epiro. Los muros que levantaron los griegos sobre la colina —hoy integrados en las sucesivas capas de la fortaleza— ya respondían a esa lógica defensiva que continuaría siendo válida durante más de dos milenios.
La conquista romana y el renombre de Pulcheriopolis¶
En el año 200 a.C., durante las Guerras Macedónicas, las legiones romanas tomaron la ciudad. Bajo dominación romana, Berat pasó a conocerse por distintos nombres a lo largo de los siglos, siendo el más notable Pulcheriopolis, que en griego tardío podría interpretarse como "ciudad hermosa" —una intuición que los viajeros modernos confirman cada vez que la ven aparecer al doblar una curva.
El período romano no dejó monumentos tan visibles como en otras ciudades del Imperio, pero contribuyó a consolidar la red de calzadas que conectaban la región con el Adriático y con el interior balcánico. La Via Egnatia, la gran vía romana que unía Dyrrachium (actual Durrës) con Bizancio, discurría a no demasiada distancia de aquí, y Berat funcionó como nudo secundario en esa red de comunicaciones que estructuraba el Ilírico romano.
El período bizantino: iglesias, murallas y frescos¶
Tras la división del Imperio Romano en el año 395, Berat quedó dentro de la mitad oriental, la que sobreviviría como Imperio Bizantino durante más de un milenio. Fue precisamente bajo el dominio bizantino cuando la ciudad vivió uno de sus períodos de mayor esplendor constructivo. Las murallas del castillo que vemos hoy en gran parte pertenecen a las campañas de construcción y refuerzo de los siglos V, VI y XIII.
El nombre Bellegrada —"ciudad blanca" en eslavo— aparece en las fuentes de este período, y es el origen directo del nombre actual. Berat, en albanés, no es más que la evolución fonética de ese término eslavo, adoptado durante los siglos en que pueblos eslavos como los búlgaros y serbios alternaron el control de la región con los propios bizantinos.
Durante el período bizantino se construyeron las numerosas iglesias que todavía se conservan dentro del recinto amurallado. Se cuentan más de veinte, varias de ellas del siglo XIII, con frescos de iconografía ortodoxa en un estado de conservación sorprendente. Estas iglesias hablan de una ciudad que era sede episcopal importante, centro de la vida religiosa y cultural de la región. La Iglesia de la Santa Trinidad, que hoy alberga el Museo Onufri, es el ejemplo más visitado, pero dentro del castillo puede encontrarse una docena de pequeñas iglesias casi intactas que raramente aparecen en las guías convencionales.
Búlgaros, serbios y el período medieval¶
Entre los siglos IX y XIV, Berat vivió un período de disputas entre los grandes poderes regionales. El Primer y Segundo Imperio Búlgaro la controlaron en distintos momentos. Los serbios, bajo el Imperio de Stefan Dušan en el siglo XIV, la incorporaron brevemente a su expansión territorial. Los propios albaneses, bajo el principado de los Musachi, la reclamaron como parte de sus dominios.
Esta inestabilidad política no impidió el florecimiento cultural. Berat siguió siendo una ciudad activa, con una población mixta donde el griego, el eslavo y el albanés convivían, y donde la Iglesia Ortodoxa mantenía su influencia aunque el poder secular cambiara de manos con cierta frecuencia. El castillo fue reforzado y ampliado en varias ocasiones a lo largo de este período, y su perímetro de más de 2.500 metros de muralla es en parte producto de estas sucesivas intervenciones.
La llegada de los otomanos: una nueva civilización sobre las ruinas¶
En 1417, el Imperio Otomano tomó el control de Berat. Este momento marca el inicio de la transformación más profunda de la ciudad: la que modeló la imagen que ha llegado hasta nosotros. Los otomanos no destruyeron lo que encontraron —esa es una simplificación histórica que no resiste el análisis—, sino que lo superaron, lo adaptaron, y añadieron sus propias capas.
Se construyeron mezquitas, hammams y bazares. El barrio de Mangalem, con sus casas de arquitectura otomana características, tomó forma durante estos siglos. La Mezquita Roja (Xhamia e Kuqe), cuya torre de ladrillo rojo del siglo XV sobrevive parcialmente dentro del castillo, es uno de los testimonios más antiguos de esta presencia otomana. A ella siguieron otras mezquitas en la ciudad baja, aunque muchas fueron destruidas o transformadas durante el período comunista.
Lo más notable del período otomano en Berat no es la imposición de una cultura sobre otra, sino precisamente lo contrario: la convivencia. El barrio de Gorica, en la orilla sur del Osum, mantuvo su carácter cristiano durante toda la época otomana. Las iglesias siguieron funcionando. Los matrimonios mixtos entre familias musulmanas y cristianas no eran raros. Berat se convirtió en un ejemplo de ese pragmatismo otomano que, especialmente en ciudades pequeñas y alejadas del centro del poder, permitía la coexistencia de distintas tradiciones religiosas y culturales bajo el paraguas de la pax ottomana.
El siglo XVI y el maestro Onufri¶
Dentro de este período otomano destaca un nombre que merece mención especial: Onufri, el gran maestro de la pintura de iconos albanesa. Activo en Berat a mediados del siglo XVI, Onufri fundó aquí una escuela iconográfica cuya influencia se extendió por Albania, Macedonia y Grecia. Formado probablemente en Venecia —lo que explicaría la influencia renacentista visible en su obra—, supo crear un estilo propio que fundía la tradición iconográfica ortodoxa con elementos del humanismo italiano.
Sus obras se reconocen por el uso de un rojo intenso y luminoso cuya fórmula secreta, al parecer, murió con él. Los expertos que han analizado sus pigmentos no han logrado identificar con precisión el proceso que le permitía conseguir ese efecto. Este misterio técnico no hace sino añadir un aura de singularidad a una figura artística que merece ser conocida mucho más allá del mundo académico especializado.
El período comunista: modernización y destrucción del patrimonio¶
En 1944, Albania quedó bajo el control del Partido Comunista liderado por Enver Hoxha, quien gobernaría el país con mano de hierro hasta su muerte en 1985. El régimen de Hoxha fue uno de los más radicales de Europa: en 1967, Albania fue proclamada oficialmente el primer estado ateo del mundo, una distinción tristemente única en la historia.
Para Berat, esto significó el cierre y en muchos casos la destrucción o la reconversión de sus monumentos religiosos. Algunas iglesias dentro del castillo fueron convertidas en almacenes o depósitos. Mezquitas fueron derribadas. La Mezquita del Plomo (Xhamia e Plumbit), una de las más hermosas de la ciudad baja, fue destruida durante este período. El patrimonio religioso, que es la columna vertebral del valor histórico de Berat, fue tratado como un problema a resolver en lugar de como una riqueza a preservar.
Al mismo tiempo, el régimen llevó a cabo una política de construcción de bloques de viviendas en estilo soviético que rodearon el núcleo histórico sin demasiada planificación. La diferencia estética entre el casco histórico y estos desarrollos es hoy uno de los problemas visuales más evidentes de Berat. Estos edificios no son patrimonio en ningún sentido del término, pero tampoco resultan fáciles de eliminar porque siguen siendo hogares.
La obsesión de Hoxha por la seguridad también dejó otra huella paradójica: los búnkeres. Albania está sembrada de más de 170.000 búnkeres de hormigón construidos entre los años sesenta y ochenta, y los alrededores de Berat no son una excepción. Estos hongos de hormigón, diseñados para resistir una invasión que nunca llegó, son hoy uno de los símbolos más extraños y reconocibles del paisaje albanés.
La transición post-comunista y el reconocimiento UNESCO¶
Tras la caída del comunismo en 1990-1991, Albania vivió una transición turbulenta. El colapso del Estado en 1997 —provocado por el hundimiento de los esquemas piramidales financieros en los que había invertido gran parte de la población— generó una situación de caos que también afectó al patrimonio histórico. En ese período de anarquía, algunas construcciones ilegales comenzaron a aparecer en zonas de amortiguamiento del casco histórico de Berat, un problema que todavía no ha sido completamente resuelto.
Sin embargo, el período post-comunista también trajo el reconocimiento internacional que Berat merecía. En 2005, el casco histórico fue incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, y en 2008 la declaración se amplió para incluir también Gjirokastra como segundo sitio albanés en la lista. La declaración reconoce explícitamente que Berat y Gjirokastra son "ejemplos excepcionales de carácter arquitectónico típico del período otomano" y que "dan testimonio de la diversidad de culturas del mundo islámico, ortodoxo y romano-católico".
Este reconocimiento ha tenido efectos contradictorios. Por un lado, ha atraído financiación para la restauración de monumentos y ha puesto a Berat en el radar del turismo internacional. Por otro, el incremento de visitantes —que se ha multiplicado por cuatro desde la declaración— plantea preguntas sobre la sostenibilidad del modelo. El terremoto de noviembre de 2019, de magnitud 6.4 y el más intenso registrado en Albania en cuarenta años, dañó secciones de las murallas del castillo que aún esperan reparación completa, añadiendo urgencia al debate sobre la conservación.
Berat hoy: entre el patrimonio y el presente¶
La Berat de hoy es una ciudad de unos 30.000 habitantes que intenta equilibrar su rol como destino turístico con las necesidades cotidianas de quienes viven aquí. El castillo sigue habitado —algo extraordinariamente raro en Europa—, los barrios históricos de Mangalem y Gorica mantienen su carácter residencial, y la vida discurre en sus calles empedradas con la misma naturalidad de siempre.
Quizás el legado más importante de su larga historia no sea ningún monumento concreto, sino la capacidad de convivencia que ha demostrado a lo largo de los siglos. En un territorio donde griegos, romanos, bizantinos, otomanos y albaneses se han sucedido sin borrarse mutuamente, donde musulmanes y cristianos han compartido barrio y familia durante generaciones, Berat es una lección silenciosa sobre cómo la historia puede acumularse sin destruirse. Eso, en el siglo XXI, es un patrimonio tan valioso como cualquier fresco del siglo XIII.