
Qué ver en Durrës: la ciudad más antigua de Albania
Guía de los monumentos dispersos entre la vida cotidiana de una ciudad portuaria
Durrës no funciona igual que Berat o Gjirokastra. No tiene un casco histórico perfectamente delimitado que recorrer siguiendo un itinerario señalizado. Sus monumentos están dispersos por el tejido urbano, mezclados con bloques de apartamentos, talleres y cafeterías, como capas geológicas que asoman aquí y allá sin demasiado orden aparente. Eso puede resultar desconcertante al principio, pero es también lo que la hace genuina: Durrës es una ciudad viva que convive con su historia en lugar de exhibirla en vitrinas. Esta guía recorre los lugares que merecen una parada, con el aviso previo de que los monumentos suelen estar cerrados los lunes.
El anfiteatro romano: el más grande de los Balcanes, enterrado bajo la ciudad¶
El anfiteatro romano de Durrës es el monumento más importante de la ciudad y uno de los más extraordinarios de toda Albania, aunque su aspecto actual puede decepcionar a quien llegue esperando algo como el Coliseo. Construido a principios del siglo II d.C. bajo el emperador Trajano, tenía capacidad para veinte mil espectadores y un eje mayor de 132 metros. Era el anfiteatro más grande construido jamás en la península balcánica.
Lo que hace verdaderamente singular a este anfiteatro es su historia posterior al declive romano. Cuando dejó de utilizarse para los espectáculos de gladiadores en el siglo IV, los habitantes comenzaron a construir dentro de él: primero capillas cristianas paleocristianas en el siglo V, luego casas durante el período otomano. La ciudad creció literalmente sobre el anfiteatro, sepultándolo y olvidándolo durante siglos hasta que unos trabajadores lo redescubrieron accidentalmente en 1966 mientras realizaban obras en el barrio.
Hoy, el anfiteatro está parcialmente excavado y parcialmente todavía bajo edificios modernos habitados. Desde las calles elevadas que lo rodean se obtiene una panorámica que permite apreciar la forma elíptica, los restos de las gradas y los muros de la arena. La perspectiva desde arriba, con los bloques de apartamentos asomando por encima de los muros romanos, es una de las imágenes más llamativas de toda Albania: la superposición de dos mil años de historia en un solo encuadre.
Dentro del recinto —cuando está abierto, que no es los lunes— se puede bajar al nivel de la arena y ver los restos de las capillas paleocristianas del siglo V, incluyendo fragmentos de mosaicos y parte de un fresco que han sobrevivido en estado sorprendente. Los carteles informativos explican bien la evolución del edificio desde anfiteatro a lugar de culto cristiano, un proceso que ocurrió en muchos anfiteatros del Imperio pero que aquí tiene una visibilidad especialmente dramática.
La torre veneciana y las murallas: el rastro medieval¶
Muy cerca del anfiteatro, integrada en lo que queda del sistema de murallas históricas de la ciudad, se encuentra la Torre Veneciana, construida en el siglo XV sobre restos de fortificaciones bizantinas del siglo V. Con dieciséis metros de diámetro y muros de casi cuatro metros de grosor, es un ejemplo sólido de la arquitectura militar veneciana en el Adriático.
Tras el terremoto de 2019, que causó daños considerables en todo el país, la torre fue restaurada con fondos del proyecto europeo EU4Culture y reconvertida en el primer Centro de Interpretación del Patrimonio de Albania, con instalaciones de realidad virtual y contenido multimedia sobre la historia de la ciudad. La visita al interior —cuando está operativa— ofrece una perspectiva de la Durrës antigua que complementa bien la visita al anfiteatro.
Siguiendo los tramos de muralla que serpentean por el casco histórico se pueden encontrar otros restos de las distintas fases constructivas de las defensas de la ciudad: la muralla original de época griega, ampliada por los romanos, reconstruida por el emperador Anastasio en el siglo V, reforzada por Justiniano, modificada por los venecianos. Cada período ha dejado su huella en la piedra, aunque hay que tener buen ojo para distinguirlas.
El Museo Arqueológico: el contexto que lo ordena todo¶
El Museo Arqueológico de Durrës está ubicado en un edificio moderno junto al paseo marítimo y es, en términos estrictos de colección, el museo más rico de Albania después del Histórico Nacional de Tirana. Alberga piezas procedentes de las excavaciones en Durrës y en la región circundante: cerámica griega e iliria, esculturas romanas, joyas, monedas, objetos litúrgicos byzantinos.
La pieza que no está en este museo es la más famosa de Durrës: el Mosaico de la Belleza —conocido en albanés como Bukuroshja e Durrësit—, un extraordinario mosaico del siglo IV a.C. que fue trasladado al Museo Histórico Nacional de Tirana, donde puede verse hoy. Una decisión discutible desde el punto de vista de la coherencia patrimonial, pero que habla de la centralización cultural que caracterizó al régimen comunista.
El museo permanece cerrado los lunes, y en temporada baja los horarios pueden ser reducidos. Conviene comprobarlo antes de planificar la visita como punto central del día.
El Balcón de Durrës: las vistas que justifican la subida¶
El punto más alto accesible del centro histórico de Durrës —informalmente conocido como el Balcón de Durrës— es un promontorio elevado en la parte más alta del casco antiguo, por encima de la mezquita, que forma parte del sistema de fortificaciones antiguas. No hay señalización turística que lleve hasta él, y el camino serpentea por calles residenciales que no parecen llevar a ningún mirador especial. Hay que preguntar a los locales, que indican el camino sin problema y con la amabilidad característica de los albaneses.
La subida es empinada y requiere buenos pulmones, pero las vistas desde arriba compensan el esfuerzo. Hacia el oeste, el Adriático se extiende hasta el horizonte, con la luz cambiando según la hora del día —dorada al atardecer, brillante al mediodía, difusa y casi metálica en los días de invierno. Hacia el norte y el sur, la costa de Durrës se alarga kilómetros. Hacia el este, las montañas albanesas cierran el horizonte.
La ciudad vista desde arriba no es particularmente hermosa en el sentido convencional: es una mezcla desordenada de bloques comunistas, construcciones nuevas y calles sinuosas del casco antiguo que conviven sin demasiada armonía. Pero esa perspectiva desde lo alto ayuda a entender la geografía que hizo de Durrës durante siglos una ciudad estratégica: el promontorio rocoso sobre el mar, fácilmente defendible, con el interior accesible por el valle que se abre hacia el este. Ver el territorio es entender la historia.
El paseo marítimo: kilómetros de Adriático en diciembre¶
El paseo marítimo de Durrës es uno de los mejores de Albania, con un pavimento ancho y bien mantenido, palmeras que le dan un aire mediterráneo, y el Adriático como compañía permanente. En verano es el epicentro del turismo costero albanés, con hoteles, chiringuitos y playas que atraen a gran parte de los turistas que visita el país. En diciembre, con el turismo reducido al mínimo y la temperatura fresca pero agradable, tiene la calidad de los espacios que recuperan su escala humana fuera de temporada.
Recorrer el paseo de sur a norte —desde la zona del puerto hacia el extremo norte— lleva aproximadamente una hora a paso tranquilo. El camino permite ver la ciudad desde el mar: la torre veneciana, los tejados del casco antiguo, los bloques comunistas pintados de colores en la parte alta. En el extremo norte del paseo, donde este se ensancha con unas gradas de hormigón mirando al mar, hay una escultura de un pescador en bronce que resume bien el carácter portuario y marítimo que Durrës ha tenido durante veintiséis siglos.
La plaza central y la mezquita Fatih¶
El centro urbano de Durrës gravita en torno a la Plaza de la Libertad —Sheshi i Lirisë—, donde se concentran el ayuntamiento, el teatro municipal y la Gran Mezquita Fatih, construida en el siglo XV durante el período otomano. La mezquita tiene una arquitectura sobria que contrasta con los edificios más elaborados que se ven en otras ciudades albanesas, pero su presencia en el corazón de la ciudad es un recordatorio de los cuatrocientos años de dominio otomano que moldearon también la Durrës moderna.
La plaza es un buen punto de orientación para organizar la visita: el anfiteatro está a pocos minutos hacia el norte, la torre veneciana y las murallas hacia el este, y el paseo marítimo hacia el oeste. La zona tiene varios cafés y restaurantes donde comer, aunque los más cercanos al paseo marítimo suelen tener precios más altos que los del barrio. Vale la pena alejarse un par de calles del frente costero para encontrar opciones más acordes con el nivel de precios habitual en Albania.
Consejos prácticos¶
Durrës se visita cómodamente en un día completo desde Tirana, que está a unos cuarenta y cinco kilómetros. El minibús —la opción más habitual— cubre el trayecto en unos cuarenta y cinco minutos a una hora, con salidas frecuentes desde la zona de la estación interurbana de Tirana.
El lunes es el peor día para visitar: el anfiteatro, el museo arqueológico y la torre veneciana suelen estar cerrados. El resto de la semana, comprueba los horarios con antelación, especialmente en temporada baja, cuando algunos monumentos reducen su tiempo de apertura.
Una advertencia sobre los restaurantes del paseo marítimo: algunos utilizan la táctica de exhibir menús o precios en el exterior que luego no están disponibles, una forma de atraer clientes con precios atractivos que no existen. Pedir confirmación de los platos y precios antes de sentarse evita decepciones.
Durrës no es una ciudad espectacular en el sentido visual inmediato. No tiene la fotogenia de Berat ni el dramatismo de Gjirokastra. Pero tiene algo que ninguna otra ciudad albanesa puede ofrecer: la sensación de estar pisando una de las rutas más transitadas de la historia occidental, el punto donde la Vía Appia romana se convertía en Vía Egnatia, donde Europa occidental entregaba el testigo a Europa oriental. Ese peso histórico no es visible a primera vista, pero se siente cuando se sabe lo que hubo aquí.